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La cultura griega hoy

Lair Soto, Verónica

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº39

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº39

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición VIII Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año VII, Vol. 39, Junio 2011, Buenos Aires, Argentina | 130 páginas

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Introducción

El trabajo se centra en los cánones de belleza impuestos por la cultura griega, la instauración del culto a la imagen y la importancia del equilibrio para llegar a lo bello, basando estos patrones en estudios de ciencias exactas como la matemática, además de otra ciencias como la filosofía. Además, el trabajo relata la herencia de este ideal de belleza y cómo es interpretado e implementado en la cultura occidental actual a pesar del paso del tiempo.

Cultura estética griega hoy

El concepto de belleza se relaciona con distintos aspectos de la existencia humana ya que fue estudiado por diferentes ciencias como la filosofía, historia, sociología y psicología social. Comúnmente se la define como una experiencia perceptiva que provoca placer, o un sentimiento satisfacción y admiración. Esta experiencia involucra a los 5 sentidos, provocando así una mezcla sensorial muy importante.

Los ideales de belleza, también llamados cánones, son el conjunto de características que una sociedad considera atractivo o agradable a los sentidos. Al depender de la sociedad en la que se desarrolla son variables y diferentes entre las distintas culturas.

Cultura estética en Grecia

A lo largo del tiempo la belleza y sus cánones fueron cambiando como también traspasando generaciones y culturas. Pero se puede afirmar que la preocupación estética fue marcada e instaurada fuertemente en Grecia, la que fue llamada como la “civilización de la belleza” que dejó como herencia estos ideales clásicos de belleza a la cultura occidental de la actualidad.

Los griegos comenzaron su idea de belleza basándose en la simetría, notaron que los objetos que poseían dicha cualidad eran más llamativos y agradables a la vista. Fue así como después de numerosos estudios, concluyeron que la belleza se concebía como el resultado de cálculos matemáticos, medidas, proporciones y cuidado por el equilibrio.

Estos cánones se demuestran en sus esculturas, las cuales sufren modificaciones a través de los tres periodos artísticos griegos: Arcaico, Clásico y Helenístico.

El primero se caracteriza por el exceso de simetría, rigidez, la falta de expresión en los rostros –escultóricos– con cierta sonrisa amanerada (llamada sonrisa arcaica) y la representación de los cuerpos hecha con una geometría muy marcada.

Cuando evoluciona al período clásico las formas se estilizan llenándose de delicadeza y gracia. El tercer período se caracterizó por la exageración de actitudes y la representación de imágenes trágicas y retratos.

Por supuesto que había una clara diferencia entre el ideal de mujer y el ideal de hombre. Las esculturas de las mujeres, aunque proporcionadas, representaban a mujeres más bien robustas y sin sensualidad, los ojos eran grandes, la nariz afilada, boca y orejas ni grandes ni pequeñas, las mejillas y el mentón ovalados, dando así un perfil triangular; el cabello ondulado detrás de la cabeza, y los senos pequeños y torneados.

En cambio el ideal masculino estaba basado directa y exclusivamente en los atletas y gimnastas, puesto que a los atletas y a los dioses se les atribuían cualidades como: equilibrio, voluntad, valor, control y belleza. Algunos de estos rasgos los podemos encontrar en esculturas como el Doríforo de Policleto, El Apolo de Belvedere y la Venus de Milo que nos sirven como ejemplos del ideal artístico y de la concepción de lo bello.

Con el paso del tiempo se observa que algunas de estas esculturas están dotadas de un movimiento excesivo (época helenística) contra la rigidez reinante de la época arcaica. A través de esta representación del movimiento se observan también cómo los músculos de estas esculturas se marcan todavía más y comienzan a observarse figuras con el pelo más largo e incluso con barba y bigote; lo que hace pensar que en ese período algunas modas habían cambiado.

Las fundaciones de artistas y filósofos griegos también han suministrado el estándar para la belleza masculina en la civilización occidental. El romano ideal fue definido como alto, musculoso, de piernas largas, con una cabeza llena de pelo fuerte (signos de fortaleza y juventud), la frente alta y amplia (un signo de inteligencia), una nariz fuerte y el perfil perfecto, una boca pequeña, y una de mandíbula poderosa. Esta combinación de factores, produciría una mirada de una masculinidad bella.

Uno de esos filósofos fue Platón siendo el primero que trató sobre conceptos estéticos como centro de muchas de sus reflexiones, sobre todo en temas relativos a la belleza: en Hipias mayor plantea la belleza de los cuerpos; en Fedro la belleza de las almas y en El banquete la belleza en general.

Se percibe una clara evolución: de la búsqueda de una noción general de belleza del Hipias, utilizando el sistema socrático de comparación, deduce en el Fedro que la belleza está más allá de la realidad que nos envuelve; y por último en El banquete identifica la búsqueda de la belleza con la propia vida humana, siendo el amor la forma de acceso. Asimismo, en el Protágoras, habla del arte, que es la capacidad de hacer cosas por medio de la inteligencia, a través de un aprendizaje.

Para Platón, el arte tiene un sentido general, es la capacidad creadora del ser humano.

En Hipias mayor –a través de un diálogo entre Hipias y Sócrates– Platón busca la belleza perfecta, la “belleza ideal platónica”.

Proporciona varias definiciones de belleza, como la “conveniencia”, la adecuación a una finalidad, que hace que un objeto parezca bello; o la “utilidad”, relacionando la belleza con el bien, con la dimensión moral, marcando la idea de que lo bello lleva a lo bueno, a la bondad, y así esa relación causa y efecto.

En el texto Fedro explica de forma mítica el origen del ser humano, así como su teoría del conocimiento basado en las “ideas”. Sócrates cuenta a Fedro que el alma es como un carro tirado por dos caballos, uno manso y otro bravo, dirigidos por la razón. Este alma se encuentra originariamente en el mundo de las ideas, pero al encarnarse en un cuerpo las olvidan en mayor o menor grado. Para Platón, el conocimiento es el recuerdo de estas ideas y que a través del estímulo que ofrecen pueden conducirnos a ellas a través de un procedimiento que se identifica como “amor”. Así, el amor por las cosas bellas puede conducirnos a la idea de belleza, perfecta e ideal.

En El banquete manifiesta que el hombre tiene inclinación a buscar la perfección, la belleza, y que ésta se puede conseguir a través del amor, que es un camino de conocimiento, una energía que nos orienta. Distingue dos clases de amor: el “popular”, relacionado con el cuerpo, las formas y las acciones; y el “celestial”, asociado a la virtud y el intelecto. El amor es la búsqueda de la belleza. Primero la belleza física (amor de los cuerpos), y después la belleza espiritual (amor de las acciones) ambas en perfecto equilibrio (volviendo a la idea de simetría) llegando por fin a la belleza ideal, al amor por la ciencia. Se pasa pues del cuerpo a la virtud, y de aquí a la esencia. El amor ideal –el llamado “amor platónico”– es infinito, no tiene tiempo ni forma.

Este filósofo será así el origen de dos de las teorías sobre la belleza más defendidas a lo largo de la historia: la belleza como “armonía y proporción” (simetría y equilibrio) y la belleza como “esplendor”. Postula que la belleza es independiente de su soporte físico, así como también que no depende de la visión, ya que a menudo nos engaña: la visión que viene desde los sentidos es superada por la visión intelectual, que es la que proviene de la filosofía. El concepto de belleza de Platón es muy amplio, abarcando tanto la belleza física como espiritual, la moral y cognoscitiva, la belleza de los cuerpos, tanto como la de colores, sonidos, leyes, actitudes morales, etc. Relacionando siempre belleza con bondad, que para él son sinónimos.

Después de esta observación es evidente que estos ideales de belleza llevaron a la civilización griega a mantener sus cuerpos en excelente estado armónico y equilibrado y que esta preocupación no se relacionaba solo con verse bellos sino también mantener dicho atributo. Fue así como implementaron baños con agua fría y ejercicio.

De esta manera se transformaron en una de las primeras civilizaciones en comercializar y difundir por Europa una cantidad de productos cosméticos (como por ejemplo aceites extraídos de diferentes flores) como parte de ese culto al cuerpo y la importancia de la higiene; en resumen el concepto de la estética. En los baños era donde este amor por el cuidado del cuerpo tenía lugar. Precedían al baño diversos ejercicios físicos que preparaban al cuerpo para recibir el baño, habitualmente realizado con agua fría. También los masajes tenían un papel importante ya que, junto con el baño y los ejercicios gimnásticos, lograban que en el cuerpo no hubiese rastro alguno de grasa ni adiposidad y que se mantuvieran la figura esbelta y la piel tersa.

En síntesis, los griegos y sus cánones de belleza fueron y serán el pilar de la cultura estética de muchas culturas, como por ejemplo la cultura que les fue consecuente: la romana y cruzando el océano llega a Occidente y se mantiene firme hasta el día de hoy.

Su ideario de belleza estaba firmemente basado en ciencias exactas como la matemática que imponía medidas definidas y la simetría ante todo. En otra ciencia como la filosofía, relacionaba la belleza con lo bueno, la moral, lo justo y correcto.

Era imposible escapar de este ideal, ya que era impuesto por la sociedad de manera rígida y autoritaria, no había otra forma de considerarse saludable, equilibrado y correcto.

Cultura estética siglo XXI

Actualmente en Occidente la importancia de la apariencia resulta un problema, y esto hace que muchas personas quieran sentirse de acuerdo con el modelo del físico perfecto, impuesto para no ser marginados socialmente y hasta puede asegurarles un futuro laboral.

El cánon de belleza que condiciona a nuestra cultura es el de un cuerpo delgado y ágil que demuestre a los demás que puede consumir alimentos escogidos y tiene tiempo suficiente para ir al gimnasio, sin dejar de tener una vida laboral activa y exitosa. Es decir que este ideal solo retorna a algo implantado hace siglos por los griegos: el culto a la imagen.

Empezando por el ideal femenino que trata de una figura esbelta, altura superior a la media, apariencia deportiva sin incurrir en lo atlético ni excesivamente musculoso, piel tersa y bronceada, ojos grandes, nariz pequeña, labios gruesos, medidas establecidas (90-60-90), senos firmes, simétricos y sólidos, vientre liso, pelo largo (a partir de los 50 también corto), piernas largas y torneadas y, sobre todo, tener menos de treinta años. La eterna juventud se ha impuesto en la estética: la figura firme y la forma intacta.

El ideal de belleza masculino destaca la importancia del ejercicio físico para conseguir el arquetipo, como había hecho el mundo clásico de Grecia, de modo que la estatura superior a la media, el cabello abundante, la frente ancha, los pómulos prominentes, la mandíbula marcada, las extremidades y el tronco levemente musculosos, la espalda ancha, las piernas largas y deportivas1.

El psiquiatra Luis Rojas Marcos3 –preocupado por lo que él llama tiranía o dictadura de la belleza que hace que un 80% de las mujeres occidentales se sientan insatisfechas con su cuerpo y hasta un 20 % han pasado ya por el quirófano a remodelar su figura– no duda en señalar que el prototipo de belleza de la mujer delgada y siempre joven, causante de los trastornos alimenticios está promocionado por la industria de la belleza, que genera millones a sus manejadores. La obsesión por la imagen ha impedido en muchos casos que la mujer, y también el hombre, puedan desarrollarse social y culturalmente, de modo que es la moda la que provoca la tiranía de la belleza a la que está sometida la sociedad.

En este mismo artículo se asegura que los cánones de belleza han sido casi siempre impuestos por los hombres, que han exhibido a las mujeres como trofeos. La mujer fue apartada de los órganos de gobierno y de las responsabilidades sociales porque la sociedad machista instauró que su función era tener hijos, “cazar marido”, hacerse cargo de la casa y complacer sexualmente al esposo. Para ello desde la adolescencia tuvo que arreglarse para gustar al hombre, el cual diseñó su estética e incluso su comportamiento. El hombre siempre halagó más su aspecto físico que su capacidad intelectual y una mayoría de mujeres se esclavizó. Se trata de la tiranía de la moda, la dictadura de la belleza, como propone este artículo, la que ha producido un índice tan elevado de personas insatisfechas con su físico.

En la sociedad actual, el papel femenino ha cambiado radicalmente, la mujer ahora no solamente se arregla para agradar al sexo opuesto sino también para complacer y encajar en todos los ámbitos en los que se desarrolla. Teniendo en cuenta que hoy en día hay muy pocos aspectos, quizás ninguno, que la mujer no realice en comparación al género masculino ya sea trabajar, gobernar, llevar una familia adelante, entre otras.

Los ideales estéticos de hombres y mujeres han seguido unos pocos patrones, de modo que el hombre ideal de la Antigüedad grecolatina, el del Renacimiento y el contemporáneo son similares. Después de haber observado los patrones en el ámbito de nuestra cultura, los cuales van cambiando de una cultura a otra, sorprende ver los ideales de belleza que marca a cada una, como por ejemplo:

(…) en algunos pueblos de Birmania la belleza se mide por los aros que se consigan colocar en el cuello de las mujeres, que puede alcanzar incluso 25 cm., hasta deformarlo por completo (les llaman las mujeres jirafa), de modo que si llegasen a quitárselo se les romperían los huesos del cuello. A las adolescentes de Papúa Guinea les estiran los pechos para dejarlos caídos; así tendrán más posibilidades de casarse. Las etíopes deforman sus labios con discos de arcilla. Las Txucarramae se afeitan la cabeza. Otras se liman los dientes; en otras tribus se estiran las orejas con peso o permiten que les venden los pies desde pequeñas para, con la excusa de la belleza de los pies pequeños, impedir su movimiento2.

El canon visto así, parece un catálogo de torturas, de las que no está exenta nuestra cultura occidental, aunque utilice otros medios. Y no muy distintos, pues qué otra cosa que tortura es la perforación de las orejas para colocar pendientes, los tatuajes, los piercings, el hambre en las dietas, incluso los tacones y el exceso de gimnasia que producen daños en los cuerpos.

Dentro de la cultura occidental y a grandes rasgos, se puede decir que sólo a partir de la época clásica puede hablarse de verdaderos cánones estéticos. De antes sólo podemos hablar de ciertas preferencias o tendencias estéticas que se desprenden de algunas obras de arte antiguas o de diversas fuentes documentales. Así, gracias a algunas estatuas de la Prehistoria como la Venus de Willendorf (Alemania), el canon de belleza era el de la mujer rolliza enfatizando su feminidad y su capacidad procreadora, consideradas protectoras y de buen augurio. Algunas parecen representar mujeres embarazadas, y es muy probable que esas imágenes fueran esculpidas para propiciar la fertilidad de la tribu y, por último la preservación de la especie y de la vida.

Se trata sin duda de un canon estético que representa y relaciona la tierra madre y productora con la mujer madre y protectora. Parece, por último, que esas figuras, junto con los murales que representaban actos sexuales, responden a una motivación primigenia por representar todo aquello que era mágico para el hombre primitivo y que impresionaba sus sentidos: el amor, el sexo y la reproducción.

Desde entonces hasta ahora ha habido muchas modas: la gracia, ligereza y galantería del rococó; la sobriedad de la Ilustración; la moda del dandi inglés, etc. Ahora bien, parece evidente que a partir de los años 60 la tendencia –pese a la individualidad que algunos proclaman– es la de los cuerpos delgados, gran altura, vientres lisos, cabello abundante, ojos grandes, nariz pequeña, labios carnosos, senos simétricos y sólidos, piernas largas y delgadas, cadera marcada aunque no excesiva, cuerpos bronceados, y, sobre todo, jóvenes (sin arrugas). Ha habido leves alternativas, por ejemplo, en los setenta, cuando predominó la estética de figura recta, sin cadera ni pecho, alta y extremadamente delgada, tipo Barbie.

De nuevo las caderas y pechos han adquirido formas más redondeadas y voluminosas en las últimas tendencias.

Conclusión

De modo que, volviendo al punto de inicio, el canon de belleza y el culto a la imagen fueron implantados por la cultura griega, estableciendo juventud, armonía, simetría y equilibrio entre mente y cuerpo como pilares fundamentales de su concepción de lo bello.

Sus ideales fueron heredados por nuestra cultura así como por muchas otras, a pesar de que los hombres han variado estos conceptos muchas veces a lo largo de la historia. Sin embargo, no se alejaron mucho dichos patrones; basta sólo con observar que los griegos son exactamente iguales al canon actual y a muchos de nosotros. Lo que marca la diferencia en los cambios de patrones estéticos es que alejándose de la cultura griega un poco, éstos han respondido a las relaciones entre la imagen y la ideología del poder, especialmente con respecto a las mujeres. Las mismas, a pesar de seguir con este culto a la imagen y la constante meta de la juventud eterna, ya no lo hacen sólo por agradar sino que han sumado a esto la importancia del equilibrio intelectual y físico (tal como ya mencionamos que fue primordial en el canon griego) para poder desempeñar con total eficacia su nuevo rol protagonista en la sociedad, a diferencia del rol que ocupaban en la Antigüedad.

Alicia Giménez-Bartlett ha profundizado en ello en un ensayo titulado La deuda de Eva. Establece que:

(…) la belleza nunca es inocente; siempre hay razones inconfesables detrás de los cánones, en todas las épocas.

Las matronas romanas debían dar ejemplo de dignidad con su sobriedad física; las bellas renacentistas reflejaban en su delgadez la espiritualidad de la época; las nobles francesas de antes de la revolución mostraban con sus hábitos imposibles y pomposos que nada tenían que ver con el populacho.

La modernidad, según la autora –con la cual coincido– es quizá menos teórica pero no más tolerante. Se sustituyen las ideas por el dinero y todo encaja. Los cánones de belleza actuales implican gastar dinero sin medida para alcanzarlo: gimnasios, dietas, siluetas y cirugías promueven la eterna juventud.

La gran mayoría de los humanos han pasado y pasarán por esta imposición del canon de belleza porque así ha sido desde siempre, muy probablemente desde la prehistoria. Vivimos pendientes de nuestra apariencia y sobrevaloramos la mirada del otro, cuando en la mayoría de las veces nuestra mirada sobre nosotros mismos es mucho más cruel, exigente y severa. Es posible que vivir bajo un ideal sea innato en el ser humano aunque eso nos limite y nos condicione, es el orden en el que se desarrolla nuestra sociedad desde hace miles de años y por más que uno se oponga y resista a dichos patrones tarde o temprano cederá, ya sea por su futuro laboral o simplemente siguiendo el instinto humano que nos lleva a pertenecer enteramente al grupo donde convivimos.

Bibliografía

Eco, Umberto. (2004), Historia de la belleza, (trad. de María Pons Irazábal). Barcelona: Lumen, 2005, pp. 9-13.

Rojas Marcos, Luis, (2005) La dictadura de la belleza. Fusión. Revista mensual electrónica.

Alicia Giménez-Bartlett (2002) La deuda de Eva. Barcelona: Lumen S.A., 2002. Ensayo.

Dorothy Schefer Faux (2008) La belleza del siglo. Los cánones en el siglo XXI. Editorial Gustavo Gili. [1]

Lugones Botell, M. et al., (1997) Sexo, cultura y sociedad. Cuba: evolución, Sexología y Sociedad, pp. 20-22 y Orlandini. [2]

Agudo, Ana; Alvarez, Aurora; Hernadez Mazario, (2009) Los cánones de belleza a través del tiempo Universidad de Vallalloid.

Bozal, Valeriano (y otros) (2000). Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas (vol. I). Visor, Madrid.


La cultura griega hoy fue publicado de la página 107 a página110 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº39

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