1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº42 >
  4. El candombe: Carlos Páez Vilaró

El candombe: Carlos Páez Vilaró

Turcaloro, Luciana

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº42

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº42

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición IX Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año VIII, Vol. 42, Noviembre 2011, Buenos Aires, Argentina | 121 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Introducción:

En este ensayo se presenta la biografía del artista Carlos Páez Vilaró, sus inicios y vinculación con el candombe. Se elige una obra y se desarrolla la explicación de cada personaje, sus colores y elementos presentes en el cuadro. Además se expone una reflexión personal sobre la opinión que merece el artista como tal.

Desarrollo:

Carlos Páez Vilaró nació en Montevideo, Uruguay, el 1º de noviembre de 1923. Eligió unir los apellidos de sus padres, (Miguel Páez Formoso y Rosa Vilaró Braga) como si se tratara de un apellido compuesto, lo que estampa en sus obras, ya sean cuadros, murales, el frente de un avión o hasta en los patrulleros que vigilan el balneario uruguayo.

Marcado por una fuerte vocación artística partió en su juventud a Buenos Aires, donde se vinculó al medio de las artes gráficas, como aprendiz de cajista de imprenta en Barracas y Avellaneda. A su regreso a Uruguay, en la década del 40, motivado por el tema del candombe y la comparsa afro-oriental y vinculándose estrechamente a la vida del conventillo “Mediomundo”, se internó en el campo del arte. Su primer cuadro lo pintó en Argentina mientras daba los primeros pasos en una agencia de publicidad. Hizo más de 4000 obras entre óleos y acrílicos. Realizó 145 exposiciones individuales y participó en otras 50 colectivas.

El sol, un símbolo que adora, siempre ilumina sus pinturas.

Además hizo grabados, dibujos, acuarelas, gofrados. Con su arte pudo dejar su marca en lugares insólitos, como por ejemplo, el fondo de la piscina del hotel Conrad.

Conoció a Picasso, Dalí, De Chirico y Calder en sus talleres y vivió con el Dr. Albert Schweitzer en el leprosario de Lambaréné.

Escribió 14 libros, hizo letras para decenas de candombes.

Tras su encuentro con Picasso, que le obsequió cerámicas que expone en Casapueblo, también se dedicó a ese arte.

Construyó Casapueblo en Punta Ballena. Usó su imaginación y las manos para moldear paredes y techos que rompen con la idea de lo plano. Vió que podía forrar madera con alambre y que con el portland podía cubrir espacios, hacer ventanas y puertas. Todo creció con la ayuda de sus amigos.

Realizó más de cincuenta murales de enormes dimensiones, dentro de nuestro país como en diferentes países por donde ha viajado o residido. La mayor parte de ellos se encuentran al aire libre, es decir, obras populares para que las disfruten todos. Realizó una serie de jarrones decorados con máscaras donde se percibe el poder que ejerce la cultura africana en su arte.

Páez Vilaró, integrando la Expedición Francesa “Dahlia”, logró realizar en África, el film Batouk, distinguido para clausurar el Festival de Cannes. En toda su vasta trayectoria de realizaciones y a pesar de los viajes y los cambios experimentados en su pintura durante el medio siglo de acción, el artista mantuvo con firmeza su lealtad al tema afro-uruguayo, al que le sigue dedicando las mejores horas o acompañándolo a repicar el tambor, cuando cada año se celebra la ceremonia de “las llamadas”.

Obra El Candombe

En esta pintura mural que expone el artista al aire libre, se muestra notoriamente una “llamada”. Las llamadas son la fiesta del candombe (música popular afro-uruguaya), donde los músicos salen a tocar a las calles. Las llamadas forman parte también del carnaval uruguayo, allí compiten las denominadas “comparsas lubolas” (lubolo significa blanco pintado de negro).

Las llamadas nacen en la época colonial cuando los esclavos africanos se juntaban para tocar su música y salían a las calles llamando con el sonido de las lonjas a sus compañeros. Si bien existen manifestaciones de cultura afro en otros países de Sudamérica, el candombe es típicamente uruguayo, formando parte de esa cultura y de su música popular.

El profundo amor de Páez Vilaró por el candombe nació un día que se encontraba pintando al aire libre y escuchó un ruido ensordecedor y acompasado de tambores. Fue entonces cuando dejó sus pinceles en suspenso y salió al encuentro de esa música. Sintió que sonaba a lo lejos, entre las calles, un mensaje fascinante. Siguió el tam tam y cuando estuvo al lado de esa multitud comprobó que era una comparsa pobre, cuyos integrantes iban vestidos como podían. Era un grupo de negros tamborileros y ágiles bailarines que habían salido a dar serenatas recolectando dinero para los festejos de Navidad.

Transpirando, con sus rostros lavados por la felicidad, aquellos tamborileros parecían venir tocando desde el principio de la historia. Sus vestimentas eran desiguales, sólo emparejadas por la pobreza. Sin embrago, había en ellos una maestría peculiar: traían al viejo “yuyero” que vaticinaba el mal tiempo y anunciaba nuevos amores, traían a la “mama vieja”, una morena que se movía como una muchacha, siendo símbolo de la eterna juventud. También traían al famoso “escobero”, trazando malabares en el aire con su escoba, como si se tratase de un magnífico bastonero militar, era quien dirigía y animaba el grupo, y con sus movimientos de bastón daba inicio y finalización al candombe. Su trabajo significa buenos augurios para la comparsa, ya que con sus pases mágicos aleja los malos presagios; el escobero abre los caminos con su escobilla para que la comparsa tenga un buen desempeño.

Además, entre los personajes que se encuentran al final de cada comparsa, son negros que llevan símbolos de estrellas y medias lunas, que tienen un significado religioso y representan la luz que tiene la comparsa. Por último, se encuentran los portabanderas, con gigantes banderas que muestran los colores que identifican cada comparsa.

Paéz Vilaró, ese día siguió al séquito, y mientras iba avanzando, se sentía cada vez más cercano a esa banda. En aquel candombe, surgido del anonimato y enmarcado por la mayor humildad, había descubierto dentro del artista su razón para comenzar a pintar con más fuerza y más fe que nunca sobre los descendientes africanos en Montevideo.

En un primer momento, se deslumbra e inspira en obras de Pedro Figari, especialmente por la temática, por el compromiso, por el respeto y su forma de homenajear a la raza afrouruguaya.

El interés despertado por esa temática lo llevó muy lejos, por esa razón comenzó a visitar el conventillo Mediomundo lugar emblemático del barrio sur, demolido en tiempos de dictadura.

Tan frecuentes fueron sus visitas, que pasó a ser un inquilino más del conventillo, habitado en su mayoría por familias de raza negra, empleados como personal de servicio doméstico y que tenían como mayor disfrute una vez al año su fiesta de danza y tambor: “las llamadas”.

La negritud, como define Páez Vilaró, le abrió sus brazos y su vida, ofreciéndole la riqueza de su folklore para que pudiera expresarse como artista. Comenzó dibujando diseños de ropa para lubolos, decorando sus caras, tambores y estandartes.

También compuso temas para canciones de candombe y se integró a la comparsa “Morenada” tocando el tambor, ritual que continúa practicando hasta estos tiempos a los 87 años.

Cuando agotó el tema del candombe en su pintura, decidió partir al continente africano para investigar las raíces de la raza que lo inspiró. El continente negro también apuntaló su pasión brindándole sus selvas, sus ríos, sus tribus y aldeas y sus animales. Del mismo modo que se instaló en un conventillo en Montevideo, solicitó permiso en una tribu de África para integrarse a la comunidad. La influencia que ejerció la cultura afro-uruguaya primero y la africana después, acompañará a Páez Vilaró a lo largo de toda su producción artística.

Conclusiones:

Páez Vilaró es un artista autodidacta porque nunca se adaptó a ninguna regla. Al ser tan libre, logró su propio estilo. Considera que su trabajo es lo que más lo atrapa, lo que más lo mueve y lo motiva, sin importar la técnica que deba abordar o el tipo de obra que deba acometer, ya sea una escultura, una cerámica, un filme, un óleo, un grabado, un mural, un tapiz, un mosaico o un proyecto de arquitectura, porque el artista ha transitado por todas y cada una de las disciplinas mencionadas.

Se lo puede definir como aventurero y audaz, sin preocuparse por las reglas impuestas dentro de la pintura, siempre fiel a su estilo y dispuesto a conservar su libertad. A lo largo de los años conservó su estética. El tema afro-uruguayo es el que siempre lo motivó. Sus obras se refieren a juegos, abstracciones, collages, animales, mujeres, tango, comparsas y bares.

Sus cuadros comenzaron a reflejar el mundo que sentía muy dentro de su alma. Compartió esa vida al natural, tan humilde, dentro del conventillo, logrando la grandeza de su espíritu y se transformó en un hombre con una sensibilidad distinta a la que puede desarrollar un artista.

En lo que respecta a su obra, hay una influencia fundamental de Pedro Figari, que fue el precursor inicial que lo inspiró para comenzar a pintar los candombes y lo vinculó a la vida de los afrodescendientes, a la vida de los negros, de los conventillos y las comparsas. Consideró que si Pedro Figari logró pintar desde el recuerdo, él iba a pintar desde la realidad, involucrándose, viviendo y siendo parte de esas comparsas para reflejar sus sentimientos.

Si hay algo que debo recalcar, es la gratitud de Carlos Páez Vilaró hacia la cultura de la negritud. Públicamente, el artista se reconoce apasionado por ella, es su fuente de inspiración en la pintura y además le permitió introducirse en el alma del candombe, en su atmósfera de sueños y en la realidad cotidiana del trabajo real y esfuerzos puestos en marcha para lucirse como nunca en las festividades paganas para nosotros y cargadas de fe para ellos.

Piensa además que los colores están llenos de significado, por ejemplo, el gris azulado simboliza el prestigio; el violeta, la aristocracia; el ocre pálido, la pobreza; el rojo fuego, la estridencia.

La nostalgia la pinta de azul. El amarillo es el alarido.

En el rosado ve el amanecer del amor; en el verde, la vida; en el negro, la oscuridad, y en el blanco, la ansiedad de la tela vacía. Con sus colores Páez Vilaró le agrega alegría a las calles de su pueblo.

Bibliografía:

http://www.tyhturismo.com/data/destinos/uruguay/paezvilaro.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_P%C3%A1ez_Vilar%C3%B3

http://educasitios.educ.ar/grupo1257/?q=node/67

http://surrealistaracional.com/2010/11/18/ceremonia-del-sol-%E2%80%93-carlos-paez-vilaro/

http://www.aulauruguay.com.ar/15/index.php?option=com_content&view=article&id=2720:carlos-paez-vilaro&catid=233:55&Itemid=300068

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/paez_vilaro.htm

http://www.artealdiaonline.com/Argentina/Periodico/156_Julio_2008/Carlos_Paez_Vilaro

http://www.minube.com/rincon/taller-carlos-paez-vilaro-a110177

http://www.guiacultural.com/guia_regional/regional/argentina/pinturas_paez_vilaro.htm

http://unmardepintura.blogspot.com/2011/05/carlos-paez-vilaro.html

http://www.gente.com.ar/nota.php?ID=14901

http://www.destino-puntadeleste.com/web/presentaran-biografia-depaez-vilaroen-feria-de-buenos-aires/

http://www.leedor.com/notas/403---carlos_paez_vilaro_y_candombe.html


El candombe: Carlos Páez Vilaró fue publicado de la página 33 a página34 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº42

ver detalle e índice del libro