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Vuelta al mundo en “La Argentina”

Ortueta, Agustín

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011

Año VIII, Vol. 43, Diciembre 2011, Buenos Aires, Argentina | 99 páginas

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Síntesis

Este trabajo de investigación relata la niñez, adolescencia y madurez de Emilio, que desde joven se interesó por la colección de cosas extravagantes. La etapa más importante de su vida comenzó a los 20 años al alistarse en la marina argentina.

A partir de allí dio la vuelta al mundo en un buque escuela llamado “La Argentina”.

La historia fue elegida debido al espíritu de aventura y a la fascinación que tenía Emilio por coleccionar objetos, un hábito que fue pasando de generación en generación.

Para el desarrollo se realizaron algunas entrevistas a familiares cercanos y también se tuvo acceso a diferentes materiales traídos de distintas partes del mundo.

Desarrollo

Emilio Alfredo Ferrando o Tito, como le gustó que lo llamaran, nació un 5 de junio en Azul, provincia de Buenos Aires. Con padres separados, vivió junto a su madre y sus dos hermanos en una casa acogedora de la ciudad mientras que su padre, de descendencia italiana y ausente desde que sus hijos eran muy pequeños, pasó su vida en una zona rural donde se dedicó a su campo.

Apenas un año más tarde de finalizar la Segunda Guerra Mundial, y con tan sólo 20 años, “Tito” se lanzó a descubrir el mundo ingresando a la marina argentina. Tras algunos años de servicio y varios viajes cortos, en 1949 emprendió una aventura con la escuela naval en un buque llamado “La Argentina”.

Construido en el año 1937 en los astilleros de Vickers-Armstrong, en Barrow-in-Furness, Inglaterra, el barco lo llevó a dar la vuelta al mundo visitando ciudades como París, Nueva York, Copenhague, Londres, entre otras.

De muy temprana edad tuvo fascinación por guardar todo lo que tenía a su alcance. Los viajes que realizó le permitieron, además de un sin fin de anécdotas, historias y experiencias, seguir sumando diferentes objetos que fue trayendo de cada ciudad entre los cuales se incluían folletos con información, con diseño y discurso de la época, tarjetas de hoteles de cuando descansaban en tierra firme y otros recuerdos que fue juntando a lo largo de los años.

Corría el año 1950, y con ganas de volver para Argentina y casarse, compró en París telas de alta costura y calidad que después darían forma a un vestido de novia único con una cola de más de 13 metros. Contrajo matrimonio dos años más tarde, en el que además de unir lazos estuvo abocado a la construcción una pequeña casa para su esposa y él en la calle Guido Spano.

Gracias a las diferentes amistades que fue cosechando a lo largo de las travesías, “Tito” se había relacionado en Suecia con un operario del puerto de Gotemburgo. Para la fecha de su casamiento, enviaron a su amigo y esposa una invitación a modo de cortesía. Sin muchas esperanzas, y para sorpresa de la pareja, su colega sueco cruzó el océano para asistir con su esposa a la boda.

En 1954, nació el primer fruto del amor. Una de sus dos hijas a la que llamaron Stella, la siguiente, su hermana Claudia, nació en el año 1956.

Claudia, 31 años más tarde, dio a luz a su primer hijo llamado Agustín. Sofía nació en 1995. Su otra hija también le dio 2 nietos, uno en 1992, al que llamaron Mariano y en 1994, María.

Agustín, por ser el primer nieto, fue malcriado desde pequeño por su abuelo, y escuchando desde muy temprana edad algunas de las historias más emocionantes de su vida.

Una de ellas estaba relacionada con el tatuaje que tenía en su brazo izquierdo, que aunque se viese borroso, se podía distinguir una de las plantas del buque en el que supo recorrer el mundo. En el medio, un corazón con el nombre “Rosa”, su esposa. Para esa época tener un tatuaje era un acto propio de marinero, pero gracias a eso podía llevarla a todos lados y tenerla siempre presente sin importar las distancias.

Luego de casarse y de mudarse junto a ella, su amor fue tan grande que decidió abandonar los extensos estudios en la marina para vivir y pasar más tiempo con su familia. A partir de ese momento fue cuando comenzó a trabajar en la fábrica de explosivos militares Fanazul. Allí estuvo como supervisor del área de carga de granadas y artefactos explosivos hasta su jubilación que ocurrió en el año 1974 por problemas de corazón.

Cada relato que le contaba a Agustín los hacía más unidos, ya que también sus hijas trabajaban en un pequeño comercio en la Avenida 25 de Mayo a tiempo completo y no podían ocuparse del pequeño todos los días. Así fue como lo llevó desde chico, todos los mediodías, a la estación ubicada a diez cuadras de su casa a ver el tren carguero proveniente de Olavarría con destino al centro del país.

Otro curioso gusto que tenía, con el que sorprendía a su nieto, era coleccionar tuercas y tornillos. Acostumbraba salir por las mañanas a hacer mandados en bicicleta, su fiel compañera, que la adoraba como si fuese una hija más. En cada recorrido diario que realizaba, siempre regresaba con alguna cosa de metal para guardar que encontraba tirada en la calle, sin importar su tamaño, forma o color.

El otro vehículo que siempre cuidó con entusiasmo fue su Fiat 600. De color verde manzana, asientos de cuero, pasacasetes original y un motor impecable, solía recorrer sobre esas llantas relucientes las calles de la ciudad los sábados para juntarse a tomar mate con sus amigos en el parque municipal.

Bordeado por un pequeño arroyo, el parque fue y es lugar de reuniones los fines de semana. Mientras el sol se esconde lentamente sobre las sierras, amigos y familia pasan sus tardes allí. Asimismo, es el lugar predilecto desde hace mucho tiempo donde los jóvenes aprenden a conducir, y obviamente Agustín, no escapó a esa tendencia. Sentado en los pequeños asientos, aunque muy cómodos, “Tito” le enseñó a manejar y las reglas básicas de la conducción.

En sus ratos libres pasó horas y horas llenando crucigramas, sin embargo su mayor pasatiempo fue el fútbol. Si bien jugó en la categoría amateur local, se consagró varias veces campeón de la ciudad. Tuvo un paso fugaz por Alumni pero Boca Juniors fue el club que lo vio recorrer todos los domingos la cancha de arco a arco, poner empeño y pelear cada pelota en el mediocampo como si fuese la última, cuál joven de inferiores con el anhelo de jugar en primera división.

De pequeño, Agustín acompañó a su abuelo a la cancha en el Fiat. En el espejo retrovisor acostumbraba a colgar diferentes rosarios que cambiaba semanalmente y alegaba que le daban suerte cada vez que pisaba la cancha. Esa pasión se la inculcó a su nieto y al pasar los años fue él quién lo acompañó los fines de semana a los encuentros en las divisiones inferiores del club.

Sus últimos años los pasó junto a sus cuatro nietos, sus hijas y esposa al tiempo que cuidaba una huerta en el patio del fondo de su casa. Falleció un 23 de noviembre de 1997 por sus problemas de corazón.

Su familia no pudo reparar el dolor y se mudaron a Mar del Plata, buscando nuevas oportunidades laborales y un cambio de vida.

Conclusión

Se puede observar que “Tito” fue una persona que tuvo que madurar siendo muy chico. Le gustó estudiar, pero tuvo que dejar todo para trabajar y ayudar a su familia hasta unirse a la marina. Fue una de esas personas que daban todo por los demás sin esperar nada a cambio. Se jugó por sus sentimientos, sin importar las consecuencias. Apostó al amor, a la familia, a ser más feliz cada día cerca de sus afectos.


Vuelta al mundo en “La Argentina” fue publicado de la página 26 a página27 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

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