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Inmigración

Gnarra Russo, Carolina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011

Año VIII, Vol. 43, Diciembre 2011, Buenos Aires, Argentina | 99 páginas

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Historia de mi abuelo

En 1922, en la ciudad de Madolone, Italia, nació Vicente, un joven apuesto e interesante. Hijo de Carmela Ferraro y Salvador Gnarra, fue el cuarto de nueve hermanos, dos mujeres y siete varones.

Su papá trabajaba en el campo, y su mamá, que fue una gran comerciante, vendía en una feria. Por la situación que se vivía en aquella época, lo llevó a trabajar desde muy corta edad, sin a ver finalizado sus estudios primarios.

Con diez años, Vicente comenzó a vender jabones y manteca que los cambiaba por huevos. Más adelante vendía aceite de oliva en el mercado, y cuando terminaba de vender los 50 litros, se ocupaba de atender un puesto de venta de pantalones y camisas.

Al cumplir los 19, como el país se encontraba en una situación de guerra, lo llamaron a asistir al servicio militar, donde permaneció en territorio italiano durante seis meses; y luego lo llevaron a Montenegro, Serbia. Allí se enfrentaron contra Yugoslavia, cuyo jefe era el General Tito. Esta batalla la perdieron los italianos, quedando un mes prisioneros.

Pasado ese mes, Yugoslavia los liberó, tanto a italianos como a alemanes. El ejército italiano los mando a la capital de Albania, Tiranía, durante 40 días a un hospital, para que los curasen de las infecciones contraídas.

Italia se rindió a los americanos, y dejó de ser aliada de los alemanes, entonces éstos les dijeron a los italianos que se encontraban en Albania, que ya no estaban más aliados, proponiéndoles si querían pelear con ellos o ser prisioneros. Mi abuelo, al igual que la mayoría, decidió ser un prisionero. Al elegir esto, los alemanes los llevaron a Yugoslavia a un campo de concentración durante diez meses, haciéndolos trabajar en el ferrocarril. En ese tiempo Rusia ocupó Yugoslavia, y los alemanes se escaparon dejando abandonados a sus prisioneros.

Los rusos reunieron a unos 300 italianos diciéndoles que los iban a mandar a Italia, y les presentaron al comandante ruso.

Pero en lugar de llegar a Italia, los mandaron a Rusia, atravesando Yugoslavia, Bulgaria, para llegar a Rumania. En este país se quedaron dos meses trabajando en la descarga de barcos de cereales, maíz y trigo, luego fueron embarcados, atravesaron el río Danubio, pasando por el mar Negro.

Ya en territorio ruso, los subieron a un tren, con vagones cerrados, y los llevaron a Rostov, permaneciendo desde 1943 hasta 1945. Durante estos años estuvieron en un campo de concentración, tomado por los rusos, y trabajaban ocho horas por día, en construcciones, limpiando ladrillos, barriendo, o limpiando aviaciones.

La guerra finalizó en mayo de 1945, y ese mismo año los enviaron de Rostov a Italia, pasando por Kiev, Varsovia donde permanecieron una semana, siguiendo en otro tren a Berlín.

En Austria, pasaron a estar en manos de los americanos, quienes los llevaron a un hospital y permanecieron una semana para desinfectarlos. De allí fueron enviados a la frontera con Italia.

Al llegar a su país, Vicente bajó del tren y besó el suelo italiano.

A partir de este momento, el ejército italiano se hizo cargo de ellos, llevándolos hasta Verona, donde les dieron ropa y donde tuvieron que relatar todo lo que habían vivido en esos años. De ahí los trasladaron a Bolognia, Roma, donde les dieron la libreta militar.

Mi abuelo, Vicente, llegó a su pueblo el 12 de Noviembre de 1945, donde se reencontró con toda su familia. Su madre se llevó una gran sorpresa al verlo, ya que lo creía muerto.

Conclusión

La realización de este trabajo, fue un proyecto muy importante para mí, ya que pude aprender muchísimo de la vida de mi abuelo; y al mismo tiempo, pude ver de otra manera como fue la historia, no sólo como nos la explican en el colegio o en los libros, sino que pude verla desde una persona que tuvo que asistir involuntariamente.

Hoy, por más que mi abuelo no haya sido del grupo de los triunfadores, yo lo considero como tal, porque valoro todo por lo que tuvo que atravesar, y la manera en que hoy en día nos lo cuenta en cada reunión familiar.


Inmigración fue publicado de la página 28 a página29 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

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