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  4. Florentina

Florentina

Salcedo, Manuel

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011

Año VIII, Vol. 43, Diciembre 2011, Buenos Aires, Argentina | 99 páginas

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Síntesis

Florentina, de veintidós años de edad, se encuentra en un estado depresivo por la reciente muerte de su madre, pese a nunca haber recibido los cuidados necesarios de ésta y siempre haberse creado un vínculo bastante distante. No vivían juntas ni existía comunicación de por medio, solo un mero vínculo material.

Florentina se siente trastornada por no haber podido compartir más tiempo con su madre, muy sola y a su vez abandonada por un novio del que quedó embarazada.

Entra en un estado de inestabilidad profundo que la lleva a sentirse incapaz de ser madre. Traer un hijo al mundo sería lo peor que le pudiese pasar.

Sentía, dada su experiencia, que lo terminaría abandonando y se terminaría repitiendo la historia. Es por ello que acude al médico y decide abortar.

Florentina, en un sueño, escucha la voz de su madre, quien la llevará por distintas aventuras. Llegará así al restaurante Sinclair en el que se enterará de que existe un misterioso cuadro que podría ayudarla a solucionar más de un problema.

Va hacia la casa del esposo de su madre a recuperarlo y una vez que lo tiene en sus manos, se sumergirá en un bosque en el que tendrá que vencer pruebas y obstáculos hasta encontrarse con su madre. En el reencuentro, éstas se reconciliarán y Florentina abrirá los ojos para darse cuenta de que la mejor alternativa no es abortar, sino perdonar y amar.

Introducción

El presente trabajo tratará sobre una adaptación de la historia de un miembro de mi familia: mi abuela. Se tomarán distintos hechos de la vida real que se asociarán al mundo ficcional. El relato tiene elementos surrealistas como las aventuras en el sueño y todas las pruebas que tuvo que pasar.

Lo cierto es que Florentina nunca tuvo una relación estrecha con su madre, quedó embarazada no queriendo tener en primera instancia a su hijo, tuvo una curiosa conexión con su difunta madre junto a otro tipo de terapias que la hicieron cambiar de opinión y hoy en día agradece lo bello que es vivir.

Investigación exploratoria

Cuando me dijeron que debía realizar una historia sobre algún familiar mío, lo primero que se me vino a la mente fue en escribir sobre mi tatarabuelo quien fue un terrateniente en el norte de Perú. Me di cuenta de que podría resultar una historia interesante dado que explotaba a los chinos culíes y fue el motivo que desató el combate de 2 de Mayo (Batalla Perú-España).

Indagando y conversando con mi padre, empezamos a charlar sobre la vida de mi abuela y me contó la importancia de las relaciones familiares y cómo se desenvolvió el episodio entre ella y su madre. Era un tema delicado. No obstante, me contó con cautela los episodios de su relación, el tema del no desear el nacimiento de un hijo debido al trauma y lo aprendido tras esta experiencia. Escuche la historia, tome nota de ello y ante mis dudas realicé una serie de preguntas a manera de entrevista. A partir de ello, combiné hechos reales con mi imaginación para crear un relato ficcional surrealista que nos da una enseñanza de vida.

Florentina

El ataúd negro estaba siendo enterrado. La Señora Zucker residía en él. En el funeral había muchas personas, entre ellas periodistas y prensa. Hombres vestidos con saco y corbata hablaban de negocios. Mujeres con largos atuendos comentaban la pérdida y el espanto de que su marido, James O´Connor, no se encontrara presente.

Las miradas de aquellas pintorescas damas caían sobre Florentina Cooper Zucker, hija de la difunta. Esta joven de veintidós años, con un mes de embarazo, se encontraba desconsolada, pese al continuo olvido de su madre cuando estaba en vida.

Recordaba como la veía muy discontinuamente, una vez cada tres años, para conversar sobre su vida, su futuro y darle dinero para que pueda subsistir. Florentina vivió con la tía, hermana de la Señora Zucker desde los ocho años, edad en la que fue abandonada.

El funeral terminó y todos marcharon a casa. Florentina sentía una fuerte presión en el pecho. Sabía que algo no andaba bien. Regresó a casa y esa noche no pudo dormir. Entre sábanas y sueños, escuchó la voz de su madre, que la llamaba: Florentina, Florentina, hija mía, ayúdame, ayúdate. Florentina despertó asustada. No pudo dormir más. Los días transcurrieron y el sueño se seguía repitiendo.

Finalmente, una de esas noches, Florentina decidió responder aquella frase que zumbaba sus oídos. ¿Qué hago madre?- preguntó.

-Tienes mucho por hacer, no te dejes vencer, recuerda quién eres- afirmaba la madre -Ve a casa de los O´Connor mañana a la noche, a las tres de la madrugada no habrá nadie. Estarán en una ceremonia. Dirígete al salón de baile, en el se encuentran varios cuadros, uno de ellos lo pinté yo, mi nombre se encuentra en la esquina derecha inferior. Confía en mi Florentina.

Juntas, ganaremos más paz interior, ya lo verás -terminó la madre.

Florentina se encontraba sentada en el Café-Bar Sinclair. No sabía que más hacer. Se sentía totalmente angustiada y lo único que optó por pedir fue una gaseosa helada acompañada con 3 cerezas y una tostada. Aparentemente esto la relajaría y la ayudaría a meditar más sobre esta situación que tanto la estremecía.

Pidió un diario y lo empezó a leer. Tal vez lo han descubierto.

Puede que ya sepan la verdad. Los titulares de noticias no mencionan nada al respecto. Alto. Finalmente lo encontró.

La página nueve indicaba: “Desaparece prestigioso cuadro de casa de la familia O´Connor”. Continuó leyendo, “el delincuente aún no ha sido hallado, la policía anda tras sus pasos”.

A metros suyos, se encontraba una señora de avanzada edad, también sentada, leyendo el diario. Está también se encontraba leyendo la página nueve, y miraba constantemente hacia Florentina. Deseaba entablar una conversación con la fachosa adolescente, pero aún no encontraba el momento indicado.

Faltaba algo. Cuando la comida fue puesta en mesa, la anciana reaccionó.

-Espera, guarda una cereza– dijo la anciana. -Guarda una y ponla en aquel cuadro que tienes escondido– volvió a decir.

Florentina estaba atónita, cerró los ojos un momento para ver si era un sueño, al abrirlos seguía en el mismo lugar, pero ésta anciana había desaparecido. Preguntó al camarero por ella, pero solo obtuvo como respuesta que la mesa había estado desocupada por horas.

-Abortaré sea cual sea el costo, así peligre mi vida doctor- afirmó Florentina. No quería que nazca aquel hijo. Su prometido la había abandonado. Ella ya había pasado por una experiencia similar, habiendo sido ella la abandonada. Esta vez, ella en el rol de madre sabía que no podría criar un hijo sola… no, no podría. Terminaría abandonándolo. Preferiría acabar con el concebido antes de poder tener algún vínculo de por medio.

El médico consintió la decisión. Se firmaron los papeles respectivos. La cita se concretó para la semana siguiente. El doctor se despidió y ella marchó a casa.

El tráfico era sofocante. Uno se demoraba más de veinte minutos en un mismo semáforo. Finalmente llegó. Se dirigió de inmediato al almacén de su hogar, en donde había dejado el cuadro. Colocó la cereza en él. Era el momento perfecto para sumergirse en la aventura. Los grandes bosques la esperaban con ansiedad. El viento soplaba desde ya, susurrando “Ven, esperamos por ti”. Florentina sostenía el cuadro. La pintura contenida en él aceleraba su corazón. Estaba dispuesta a hacerlo.

Estaba dispuesta a adentrarse en él. Ya no podía más.

La cereza empezó a convertirse en un líquido morado que se esparcía por todo el cuadro.

Lo hizo. Se encontraba en un largo sendero. El viento se calmó.

Las voces desaparecieron. Se veía el inicio pero no el final. Ella sabía que debía avanzar, sabía que debía entrar. Miró atrás; no había nada, solo un sendero desierto que venía desde muy atrás y continuaba por aquellos árboles. No había otra opción. Decidió entonces caminar.

Todo parecía tranquilo, solo se debía de caminar. Humo. El cielo empezó a cobrar un color gris. El oxígeno empezó a reducirse.

Florentina no entendía que pasaba. Aceleró el paso.

De repente, atrás de ella, un fuego violento ardía sobre las hojas de los árboles. Esta vez corrió. Corrió gritando auxilio.

Pidiendo por favor que alguien la ayude. Iba a morir quemada.

Tropezó y cayó al suelo. El fuego avanzaba cada vez con mayor velocidad. Era inevitable. Sufriría una muerte desastrosa.

Nadie podía salvarla. Absolutamente nadie. Cuando el fuego se impuso frente a sus ojos, de repente llovió. Una intensa lluvia, realmente intensa, atenuó aquel infierno y poco a poco fue apagando las prominentes llamas.

Florentina, malherida, supo levantarse y seguir adelante. Paso horas haciendo un recorrido que no sabía a dónde la llevaba.

La tierra y los árboles llegaron a su fin. Estaba en una pequeña ciudad con muy pocos habitantes. Algunos se encontraban en el piso, llenos de barro, sufriendo de muchas enfermedades.

Otros, rezaban frente a un altar. Un tercer grupo, ayudaba a los enfermeros a recuperarse.

Florentina no pertenecía a ningún grupo: no estaba enferma, no sentía deseos de rezar, ni mucho menos de ayudar. Solo quería saber qué hacer, cómo salir de esta locura a la que se metió. Maldecía el momento en que colocó aquella apetitosa cereza en el cuadro. Repentinamente reaccionó. Supo cual era su misión. Miró hacia arriba de la ciudad. Una escalera de cinco pisos conectaba el suelo con algunas casas y un templo.

Sabía que debía subir. Sabía que por alguna extraña razón la voz de ayuda de su madre provenía de ahí.

Fue una mañana de tormenta. Los truenos no paraban de sonar.

La lluvia era incesante. Florentina se encontraba ya en el hospital. Había transcurrido una semana. Estaba decidida a hacerlo. Decidida a desprenderse de aquel bulto que configuraba en su organismo un pedazo de basura, una carga con la cual lidiar. Es llevada a sala de operaciones en donde se le da un calmante más una dosis de anestesia que la mantendría dormida. La enfermera procedió a la aplicación. Florentina odiaba su vida. No tenía nada bueno. Su madre, siempre ausente, había muerto. Su prometido, la había abandonado hace un mes al saber la noticia del embarazo. Tendría ahora además, una conciencia de homicida. Probablemente vendría el suicidio después. Lo estaba meditando mientras luchaba por dormirse y no pensar más en el futuro. Los párpados se fueron cerrando lentamente viendo cada vez más borroso.

Durmió y soñó. Se vio vestida de manera fachosa, dirigiéndose a un Café-Bar cuyo nombre era Sinclair.

Llena de energías subió las escaleras de la ciudad. Escuchaba en la puerta de las casas llantos de criaturas recién nacidas.

No me mates mamá, cuídame, quiero vivir contigo, déjame crecer a tu lado –manifestaban. Florentina no entendía nada.

Solo sentía un fuerte miedo que la remecía. Las escaleras se acabaron y ella llegó. Un resplandor blanco con muchos pastizales rodeaban a su madre. Había alcanzado la cima. Florentina dejó caer muchas lágrimas por los ojos.

-Madre, madre, estas acá- dijo Florentina. Hacía mucho que no se veían, probablemente otros tres años.

-Sí, tanto tiempo– respondió la Señora Zucker.

-Florentina, perdón, perdón por haberme portado tan mal contigo; nunca debí dejarte– continúa.

-Fuiste mi hija y actúe de manera egoísta contigo. He estado pagando mucho mis penas. He permanecido en esta ciudad como un mendigo en el barro, llena de enfermedades por años, los cuales fueron días para ti en el mundo real. Sufrí y recé durante décadas para terminar de borrar mis pecados.

Ayudé después también a sanar las heridas a quienes recién llegaban. Una vez hecho esto, se me permitió subir a puertas del cielo; pero no puedo entrar. Me falta algo. Me falta tu perdón.

Pero más allá de tu perdón, mi principal anhelo, es que no te conviertas nunca en un mendigo. Piensa. No te dejes llevar por tus impulsos. Analiza las cosas. Un hijo es lo más preciado que una madre puede tener. El amor y el vínculo que nos une y unirá serán eternos. Unas madres, lo sentimos desde el primer momento en que dan aquella patadita.

Otras cuando lo vemos nacer. Son en muchas ocasiones, que nos damos cuenta tarde, cuando el hijo se independiza. O peor aún, cuando ya estamos muertas y no tenemos la forma de disfrutarlos como hubiésemos querido. Creo que esa es nuestra peor condena. Pero sabemos que algún día nos reencontraremos y recién ahí nos podremos disfrutar. El perdón siempre llega. Los vínculos son eternos querida. Ama y cría a tu hijo. Nada es fácil en la vida. Existen veces en que todo parece un infierno, en que todo parece arder en llamas, pero en la esperanza, en la fe y en la perseverancia está el éxito, está la solución que muchas veces viene como una simple lluvia que apaga nuestro fuego. Detén lo que estás por hacer –terminó de hablar la madre.

Florentina abrió los ojos con increíble asombro. Una gracia invadía todo su cuerpo.

-Madre te perdonó con todo mi corazón. Nos encontraremos algún día y viviremos momentos inolvidables. Puedes ir en paz. Te amo– finalizó Florentina.

-Operemos–dijo el doctor.

Todo estaba listo. Las pinzas en su lugar, la anestesia aplicada.

El estomago con las respectivas cremas sobre él. Era el momento de exterminar una inocente y pura vida. Florentina abrió los ojos.

-No– gritó.

-Deténganse, quiero a mi hijo y lo quiero conmigo toda la vida.

Juntos hoy y juntos siempre– dijo rotundamente la paciente.

La tormenta cesó, la lluvia disminuyó. Se ve un gran resplandor de luz por la ventana de la habitación. Ha salido el sol. Un hermoso arco iris se ve en el cielo. La operación nunca se ejecutó. El doctor y la enfermera se retiraron.

Florentina decidió vestirse. Acarició su panza y sonrió de felicidad.

Sabía que había hecho lo correcto. Sabía que el vínculo había empezado desde aquel momento, mucho antes de la primera patadita, solo con el sentir a ambos corazones conectados, ahora y siempre.

Conclusiones

La experiencia de contar una historia familiar y transformarla en ficción ha sido fructífera. Siento que he tomado de base hechos reales para darles vida en un mundo de ficción, en el cual pude volar con mi imaginación, poniendo paralelos, moralejas, enseñanzas y analogías muy interesantes.

Del mismo modo, pretendo emplear una simbología con el color morado, la cereza, las distintas etapas del purgatorio, la conexión madre-hija y darle una especial importancia al derecho a la vida sobre el aborto.

La vida es el corazón de la humanidad, junto a la salud y los lazos amorosos (entiéndase: de pareja, familia o amigos) que construyen el mundo, siempre con una sonrisa, siempre con una esperanza.


Florentina fue publicado de la página 32 a página35 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

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