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¿Desigualdad?

Gutiérrez, Esteban

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011

Año VIII, Vol. 43, Diciembre 2011, Buenos Aires, Argentina | 99 páginas

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Síntesis

El cuento, nace a partir de la comunicación oral misma, nuestros antepasados trasmitían sus costumbres, tradiciones, experiencias, conocimiento, cultura a través del lenguaje.

El cuento realista se configura como una estética a finales del siglo XIX, dando origen a la novela y narrativa. Sus particulares características otorgan mucha verosimilitud a lo que se está contando, de allí su nombre. Los autores de cuentos realistas, luego de realizar una minuciosa observación, centran su atención en los aspectos más vulgares de una sociedad, para construir su narrativa, con el único objetivo de denunciarla.

Introducción

El presente cuento (¿Desigualdad?) toma como estética las características del cuento realista (siglo XIX), para lo cual plantea el juego de descubrir qué se tiene en común con personajes supuestamente desconocidos, proponiendo incluso a los lugares: calles, ciudades; como verdaderos personajes, dentro de la historia. ¿Desigualdad?, ubica a la ciudad de Buenos Aires como el hilo conductor de la trama.

En un comienzo, gira en torno a los nombres, llegando al extremo de crear un personaje según un nick de Internet y teniendo en cuenta que el nick es una manera de autodefinirse. Propone, además, debatir sobre si lo que tenemos, o no, en común con otra persona, se asume, o no, como afinidad entre ambos.

Investigación exploratoria del tiempo y espacio de la historia

El cuento realista

El cuento realista nace del realismo con el que nuestros antepasados compartían sus tradiciones y costumbres, se configura como posición estética a finales del siglo XIX y da origen a la narrativa, cuento y novela; otorgándoles de verosimilitud.

El realismo literario (Siglo XIX) es considerado como el espejo de lo cotidiano, el autor parte de la observación de su entorno e intenta plasmarla en su obra. No obstante, el realismo se centra en temas triviales a los cuales, mediante el recurso de la descripción, el escritor intenta darles vida de la manera más verosímil posible, ya que, por su complicidad y multiplicidad, sería imposible describir la realidad en su totalidad. El artista no falsifica la realidad, la plantea en la observación y la proyecta en su obra como un juego de espejos.

Mientras el arte actual evoluciona, con el tiempo, presentándose como algo irreal, la literatura no solamente refleja la realidad externa y visible, sino también la invisible, la infinita.

Características del cuento realista

El autor propone una idea verdadera, reflejo del mundo que lo rodea y del cual observó sus múltiples aspectos: material, moral, religioso, económico, político… Las obras resultan, entonces, verdaderos cuadros de vida: las creencias, la lengua y las tradiciones del hombre contemporáneo. La anécdota se constituye un pretexto para la descripción de caracteres y costumbres.

El narrador en tercera persona gramatical, mediante la observación directa, narra los hechos con objetividad. El cuento realista reproduce un lenguaje propio de los personajes, que puede variar con relación al nivel social, nacionalidad, ubicación geográfica de cada personaje (modismos).

El cuento realista se presta para una descripción minuciosa y detallada de tiempo y espacio, incorpora el contorno humano que atribuye un clima de realidad a la narración.

El narrador centra su punto de observación en los aspectos más vulgares de la sociedad, con una intención de denunciarlos.

El desarrollo del tiempo es lineal y cronológico (realismo), además de poder especificarse fechas (años, meses, días, horas, minutos, segundos) los hechos son preferentemente inmediatos o contemporáneos al escritor.

Los personajes se apegan a un estereotipo de la clase o especie a la que pertenecen. La inclusión de muchos diálogos para la presentación y caracterización de los personajes, explica la ideología que cada uno profesa con su conducta.

En resumen, la definición de cuento realista responde a la representación seria y a veces trágica de la realidad. El autor refleja, con la mayor verosimilitud posible, en sus obras la realidad que percibió mediante la observación.

Marco temporal

La historia a narrar se desarrolla en tiempo presente debido a los recursos tecnológicos usados. El tiempo de duración de la narración viene determinado por el desarrollo de los acontecimientos, con la excepción de dos elipsis que están colocadas luego del inicio y antes del desenlace. Los hechos se desarrollan de manera lineal y en un orden cronológico.

Marco contextual

El relato propone apegarse la estética usada en el cuento realista detallado en tres actos: el primero se plantea como mensajería instantánea a través de Internet (chat), el segundo acto se desarrolla durante una “primera cita” entre los personajes protagonistas, finalmente el tercer acto se desarrolla, a manera de epílogo con un flashforward de ambos personajes.

Luego de plantearse el primer acto, los personajes deciden encontrarse en una cita en una concurrida calle de Buenos Aires, al nombrarla la ciudad se toma como referencia la cultura, así como la ideología y las costumbres generales de sus habitantes. En cuanto a las calles Florida y Corrientes a las que se hace alusión, se busca ambientar a los personajes de la historia en medio de las demás personas que transitan por allí, enmarcándola en la conversación cara a cara que ambos mantienen.

Se toma nombra al autor Truman Capote, haciendo hincapié en las características que dos personas desconocidas pueden llegar a tener en común.

Perfil de los Personajes

Descripción de personajes

Arco. Nombre: Alejandro González. Profesión: Ingeniero electrónico. País de origen: Cuba. Edad: Cincuenta y dos años de edad.

Danielari88. Nombre: Daniel Arízaga. Profesión: Estudiante de primer año en la carrera de filosofía y letras. País de origen: México. Padre: Médico. Madre: Enfermera. Edad: 21 años.

¿Desigualdad?

arco dice: hola, cómo estás?

danielari88 dice: hola, bien gracias. Vos?

arco dice: y, en casa tranqui

danielari88 dice: sabes, anoche, antes de dormirme, recordé la frase de Truman Cappote que aparece en la peli “Todo sobre mi madre”.

arco dice: ah, sí?

danielari88 dice: “cuando Dios le entrega a uno un don, también le dá un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse”

arco dice:

danielari88 dice: creo que aparece en el prefacio del libro “Música para camaleones”

arco dice: yo prefiero la frase de la que hablamos ayer ja ja ja…

danielari88 dice: ja ja ja. Frase muy controversial, no deberíamos repetirla, ji ji ji… Hey, entonces, sí nos vemos hoy?

arco dice: claro, soy de palabra. Te parece a tipo 18:30?

danielari88 dice: si, perfecto

arco dice: bueno, entonces a esa hora nos vemos, en la esquina de Florida y Corrientes, mi casa está cerca.

danielari88 dice: ok ;) No vayas a faltar!

arco dice: no, tranqui. Bueno, me voy a duchar. Te dejo, un abrazo.

Danielari88 dice: dale, al rato nos vemos. Besos lindo!

Arco dice:

Arco acaba de cerrar sesión

Con el termómetro a 28 grados, Buenos Aires despedía el verano del dos mil once, un veintiuno de marzo. Aquel verano había sido muy particular, se había convertido en un verano interminable, sin embargo, quién no disfrutaba de mirar uno que otro cuerpo: escultural, semidesnudo, bronceado y bonito; desfilar en medio de la calle. Claro, de un sinnúmero de veranos así, los porteños1 ya no pasean sus ojos por dichas esculturas ambulantes de la misma manera que lo haría alguno de esos tantos migrantes que por múltiples razones han escogido aquella ciudad para vivir. Cada extranjero que ha pasado un verano en Buenos Aires debe haber aprendido una regla esencial: cuando el verano viene, el pudor tiene que irse.

Alejandro González, ingeniero electrónico de nacionalidad cubana y personalidad astuta, había escogido la urbe porteña para disfrutar el atardecer de su vida, una vida llena de extremos: sentimentales, económicos y emocionales. Ahora era dueño de una importante agencia de viajes con sucursales alrededor del mundo, todo lo contrario de lo que alguien podría imaginarse de un cubano. A sus cincuenta y dos años de edad llevaba una vida acomodada, digna de quienes han sobrevivido una controversial juventud.

La hora local era 18:30:25, cuando, dejando atrás la isla más bonita descubierta por Colón, arribó al aeropuerto internacional de Ezeiza2, hace quince años, Alejandro. Poseía una carta de invitación para trabajar, emitida por un amigo argentino que había conocido en La Habana, además, una maleta cargada de sueños que a costa de esfuerzo, valor y sacrificio algún día habría de alcanzarlos. Aquella hora y lugar, que podrían no tener importancia para Alejandro, eran, años más tarde, el punto de giro en la vida de Daniel Ovalle.

Daniel, de nacionalidad mexicana, hijo de un médico de reconocida experiencia en la ciudad de Saltillito, estado Coahuila de Zaragoza, al noreste de México, y de madre enfermera proveniente de una familia con costumbres muy conservadoras.

Él era un chico apasionado por la literatura, todo lo contrario de lo que alguien podría imaginarse de cualquier jovencito de su edad. A pesar de su personalidad recatada, herencia de su madre, de vez en cuando tenía fuertes impulsos que lo incitaban a romper las reglas. Aquel muchacho, con apenas 21 años, que comenzaba a saborear los primeros bocados de madurez en su vida, había decidido participar en un programa de intercambio universitario que ofertaba la universidad a la que iba. Los estudiantes que se inclinaban a ser parte de este programa debían cursar el tercer año en la carrera de Filosofía y letras, mantener un nivel académico significativamente sobresaliente y contar con el dinero suficiente para los trámites migratorios. Daniel, poseía todas esas cualidades, inclusive, dos de estas en demasía, así que, no le quedaba más que comenzar a llenar las maletas con libros de Borges, Cortázar y Berti. Había arribado al aeropuerto internacional de Buenos Aires el pasado dieciséis de febrero cuando su reloj verde de muñeca, regalo de su padre, marcaban las 18:30:25 horas.

En Buenos Aires, Daniel Ovalle había pasado los últimos 35 días más divertidos de su vida, sentía una particular pasión por la cultura gaucha: que si el asado debía estar acompañado de un buen vino, que si debes encontrar un alfajor que te identifique, que si Boca o River… Sin embargo, le hacía falta encontrar algo, ahora que estaba lejos del obsesivo control de sus padres, algo parecido a un romance en la ciudad de la furia.

Daniel y Alejandro habían llegado puntuales a la cita; Florida y Corrientes, la moderna Babel, festiva como todos los días, recibía a dos desconocidos más que tomando como referencia geográfica la primera calle bonaerense en ser pavimentada, habían decido citarse. Daniel, a pesar de su inexperta juventud, había sentido la necesidad de mirar personalmente a los ojos de Alejandro, para quien este encuentro no representaba más que otro intento por encontrar algo, algo que ni si quiera él podía definirlo.

Luego de una llamada telefónica, al fin, Alejandro pudo divisar a danielari88, Daniel. Sintiéndose ligeramente atraído desde el principio, se acercó y lo saludó con un afectivo beso en la mejilla, propio de las costumbres gauchas; Daniel, también concibió alguna inexplicable afinidad por él, no obstante, le fue imposible evitar sentirse intimidado, por la diferencia de edad, claro.

Ambos, comenzaron a rebuscar un tema de conversación para romper el hielo. Arrancaron hablando sobre las diferencias culturales que cada uno tenía, producto del país del que venían y del impacto que significaba adaptarse a las costumbres de una sociedad “diferente”, diferente en cuanto al estilo de vida. Hablaron durante aproximadamente media hora, mientras andaban en la mitad del asfaltado camino peatonal.

Abriéndose camino entre la gente, iban dejando atrás perfectas fotografías compuestas entre otras cosas de artesanías, música, cultura y gente, gente que al avanzar había olvidado lo que es tener una expresión boquiabierta ante lo novedoso.

Lo novedoso podría haber sido ver a un hombre de 52 años pasear con uno de 21, sin tener ningún vínculo de sangre. No obstante, la gente iba y venía, sin nada, como un elemento más de aquellas fotografías.

Mientras tanto, ni Alejandro, ni Daniel tenían la suficiente valentía como para proponer un tema de conversación más personal, motivo por el cual habían requerido verse.

Daniel, por el contrario, al sentirse un poco intimidado, empezó por contarle cuanto extrañaba a sus padres, amigos, hermanos, tenía dos: Lucas, publicista y Marta, fotógrafa; los dos mayores. Al final, por su edad, siempre resultaba siendo el protegido pero el hecho de estar lejos de todos ellos en este viaje, le había servido para probar como es enfrentarse a la vida solo, sin armas, desde cero.

Afirmaba que lo único que mantenían vivas sus ganas de quedarse, evidentemente, era su pasión por la literatura. Necesitaba conocer a fondo la tierra que inspiró a grandes referentes de las letras latinoamericanas.

Alejandro, solo pudo darse cuenta que lo escuchaba detenidamente.

Aquella necesidad de sólo mirarlo, de vez en cuando y digerir lentamente cada palabra que él decía, era algo misteriosa.

No era un comportamiento habitual en Alejandro, quién alardeaba con frecuencia su capacidad de comunicación. Quizá, en el fondo, él tenía una explicación a este silencio y no quería asumirla: aquel muchacho, Daniel, tenía exactamente las mismas expectativas de vida que él a su edad. Claro, a él no se le presentó la oportunidad de salir a buscarlas, era como si el espíritu de ambos fuese el mismo: libre, optimista, soñador, poético. Lo único que variaba era el punto de partida en la línea de tiempo y unos cuantos billetitos verdes, en aquella época. Ahora, solo había una intención en aquel cincuentón que había atravesado la calle Florida con Daniel, dejarlo ir, apartarse de él. Se había dado cuenta que tenía a su derecha su propia imagen, con varios años menos.

Una hora caminaron, nadie y al mismo tiempo todos los vieron.

Alejandro agregó -fue un gusto haberte conocido, ahora me esperan en una reunión y debo irme. Continuamos a la noche, en el Chat-. Luego de un fuerte apretón de manos, Daniel despidió a aquel hombre maduramente atractivo, por quién comenzaba a sentirse fascinado.

Luego de los años, en dos espacios separados por la oscuridad y el tiempo, ambos se preguntan qué habrá sido de la vida del otro, ya sin ninguna conexión. Y repiten, en su mente, el mismo fragmento del escritor Truman Capote: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio”.

Memorias descriptivas y conclusiones personales

Para desarrollar el presente trabajo práctico final, comencé leyendo algunos textos sobre posibles géneros hacia los cuales podría orientar mi narración.

El género dramático, de acuerdo a mi corta investigación, se orienta hacia el teatro. Por ende, la trama se sostiene en base a los diálogos de los personajes y a la interpretación del público. Por esta razón lo descarté. No obstante su estética, aportó en algún grado a mi trabajo.

Investigué, también, sobre el género romántico. Sin embargo, sentía que la narración que me había propuesto realizar no encajaba en dicho género.

Finalmente, pedí ayuda al maestro, Alberto, quién supo orientarme hacia el que yo consideró, el género exacto al que se orienta mi narración. El cuento realista. Muchas gracias, Alberto.

Avanzando con el trabajo, leí un ensayo sobre el cuento realista. Elaboré un resumen de la definición, características y finalmente procedí a buscar un claro ejemplo que me familiarice con dicho género. El cuento elegido fue La noche mala de José Marín Cañas, en el que señale los recursos usados para la narración.

Siguiendo, busqué leer y leer para poder absorber alguna idea. Declaro que no fue fácil decidir por dónde empezar. Tras leer algunas cosas, escuchar algunas canciones y escucharobservar algunos elementos audiovisuales, pude canalizar algunas ideas sobre título, creación de personajes, trama, contexto y marco temporal.

La segunda etapa fue la del desarrollo en la que creo haberme estancado un poco. Sentía que la estructura que me aportaba el cuento realista, limitaba un poco la orientación de mi narración.

Finalmente, concluido el cuento, elaboré el presente informe que deja como constancia el desarrollo general del proyecto.

Conclusiones

El proceso de desarrollo de cualquier narración, sea esta: oral, escrita, auditiva, visual o audiovisual; atraviesa por un proceso de creación. Durante este proceso, las expectativas y objetivos a los cuales se orientó nuestro proyecto, pueden cambiar drásticamente. No es que esté mal, simplemente es parte del proceso creativo.

La lectura es pieza fundamental en el proceso de creación.

Siempre encontraremos, en ella, algún artilugio del cuál sostenernos y avanzar nuestro proceso. Leer clarifica y estructura nuestras ideas, las moldea de acuerdo a las expectativas que tenemos del resultado final.

Notas

1. adj. Natural de la ciudad de Buenos Aires, capital de la Argentina.

2. Aeropuerto internacional de Buenos Aires - Argentina.

Blibliografía

Bafici(12). “BAL Buenos Aires Lab. CATÁLOGO”. Argentina. Buenos Aires, Gobierno de la ciudad.

Páginas Web:

http://www.turemanso.com.ar/maneras/teoria/realista.html con fecha (30/05/2011)

http://www.youtube.com/watch?v=te3uwnZJO08 con fecha (24/06/2011)

http://vimeo.com/hd#23997002 con fecha (02/06/2011)


¿Desigualdad? fue publicado de la página 44 a página46 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

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