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Donde descansan las cenizas

Grasso, Dario Martín

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011

Año VIII, Vol. 43, Diciembre 2011, Buenos Aires, Argentina | 99 páginas

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Síntesis

La historia a desarrollar se trata de que Beatriz de 60 años, hija de Juana de 83 recién fallecida tiene la difícil tarea junto a su hermana Noemí de cremar juntas a su madre. El problema, es que Juana nunca les dijo el lugar donde quería que descansaran sus cenizas. ¿Lo podrán descubrir por sí solas? ¿o serán ayudadas por señales de su madre fallecida? El marco temporal de la historia se desarrolla en un lapso de 48 hs. durante un viernes y sábado de enero del año 2005. El cuento está basado en un hecho real.

Introducción

El relato abordar la historia de Beatriz de 60 años, hija de Juana de 83 (recién fallecida). Ella y su hermana Noemí tienen la difícil tarea de cremar a su madre y decidir donde arrojarán las cenizas. El problema, es que Juana nunca les dijo un lugar.

Investigación exploratoria del tiempo y espacio de la historia

El marco temporal de la historia se desarrolla en un lapso de 48hs durante un viernes y sábado de enero del año 2005 en diversos espacios exteriores como una quinta, la ciudad de Baradero y el Cementerio.

Perfil de los personajes

Beatriz es una mujer de 60 años, de cabellera rubia, altura media, delgada y ojos color verde. Es divorciada y posee tres hijos y cinco nietos. Tiene una personalidad fuerte, es muy emprendedora, simpática, luchadora. Da todo por los demás y tiene una particularidad: percibe muy fácilmente los hechos paranormales. Noemí es una mujer de 67 años, de cabellera rubia, ojos color miel, de contextura robusta y estatura media. Tiene una forma de ser muy agradable. Es muy graciosa y simpática. Su personalidad no es tan fuerte como la de su hermana, pero tiene una personalidad importante. Tiene también tres hijos y cuatro nietos. Da la vida por la gente que quiere y es una persona muy solidaria.

Memoria descriptiva y conclusión personal del trabajo

Cuando me enteré que el trabajo práctico final se trataba de escribir una historia de ficción, me preocupé: no me considero muy imaginativo para escribir este tipo de relatos. Decidí tomarlo como un desafío personal más y traté de pensar a partir de ese día, de qué se iba a tratar mi historia. Por muchos esfuerzos que hice, no se me ocurrió nada. Finalmente decidí a redactar una anécdota que me había contado mi mamá sobre hechos relacionados con el fallecimiento de mi abuela. En base a esa idea, comencé a escribir y pude convertirla en una pequeña historia verídica bien relatada. Mi mamá me ayudó a recordar algunos detalles que no recordaba con tanta nitidez y a conseguir las fotos de mi abuela para presentar en el trabajo. Escribir esta historia, me sirvió mucho para aplicar todo lo que estuvimos viendo y estudiando durante toda la cursada, practicar la escritura, los signos de puntuación, etc. Creo que es una muy buena idea como trabajo práctico final debido a que te permite usar tu imaginación libremente, y elegir el género de escritura con el que más cómodo te sientes, combinando también, todo lo aprendido en clase. En mi caso en particular, me puse a recordar mientras escribía momentos vividos con mi abuela que me hicieron sentir muy bien.

Donde descansan las cenizas

Un 7 enero de 2005, Beatriz se dirigía a la quinta donde estaba su familia de vacaciones. Llevaba en su auto un tobogán que ocupaba el haciento delantero y trasero del mismo; que la noche anterior habían dejado los Reyes para sus nietos. A mitad de camino debía detenerse en el cementerio de San Martin a retirar los restos de su mamá fallecida. Era un día de alta temperatura. Una vez llegada al lugar, se acercó hasta una oficina para que le entregasen la urna donde estaban las cenizas de Juana. Se dirigió –entre sudor y lágrimas– hacia su auto, subió y depositó a la pequeña urna en el asiento del acompañante, haciendo, sin darse cuenta, que la misma cayera por el tobogán. Era tal su negación a la muerte y más aún que estuvieran allí los restos de su mamá, que le hizo mucha gracia verla caer por el tobogán se rió preguntándole: - ¿Te gusta? ¿Te divierte? ¿Querés tirarte de nuevo?- En ese mismo momento estalló en llanto como si de repente se diera cuenta de la realidad tan cruel que estaba viviendo. Entre sollozos comenzó a hablar con su mamá; le resultaba tan difícil aceptar su muerte y mucho más, que ahora fuera sólo cenizas. Juana había manifestado tiempo atrás su voluntad de ser cremada. Sin embargo, Beatriz tomó conciencia de que su madre nunca les había dicho qué hacer con sus cenizas. Preocupada comenzó a preguntarle y a enojarse con ella pidiéndole una respuesta que, claro está, nunca obtuvo. Mientras todo esto ocurría llegó finalmente a la quinta y allí se dio cuenta de que no podía bajar a su mamá del auto, debido a que estaban todos los niños y no quería lastimar a nadie con ello. Entonces Juana quedó arriba del auto. Más tarde Beatriz recordó que esa noche tenía el cumpleaños de su amiga Diana, que la había acompañado toda la noche en el velatorio de Juana. Beatriz se encontraba aturdida y angustiada, pero continuando con su negación se dijo: -Mejor voy, no le puedo fallar- Tomó el auto y partió hacia el restaurant donde la estaban esperando. Una vez allí se disculpó por llegar tarde. -¿Qué te pasó?- le dijo Diana.

Beatriz tristemente le respondió -pasé a buscar a mi mamá-.

-¿Y dónde está?-

-Arriba del auto-.

-Pero no! ¿Cómo la vas a dejar ahí? Traéla para acá-.

-¿Te parece?-

-Sí, dale-.

Beatriz se dirigió al auto y volvió a la mesa con la urna.

-¿Dónde está?- le preguntó Diana.

Para sorpresa de todos los presentes, Beatriz mostró la bolsita con la urna. A partir de ese momento se desató un humor negro increíble. Al darse cuenta de su olvido, Diana comenzó a reírse a carcajadas sin parar; todos acompañaron y Juana quedó a un costado participando del cumpleaños. Finalizado el festejo, Beatriz, se fue a pasar la noche a la casa de su hermana Noemí para conversar y terminar de decidir qué iban a hacer con la urna. Después de una larga charla, tomaron la decisión de viajar a la mañana siguiente a Baradero (pueblo natal de Juana) y tirar las cenizas en el río del lugar. La mañana del 8 de enero de 2005 Beatriz y su hermana se dirigieron hacia Baradero como lo habían pactado la noche anterior. Una vez montadas en el auto, casi no hablaban del tema, porque la decisión que habían tomado no las terminaba de convencer.

Faltando tres cuadras para tomar el camino que las llevaba al río, había un cartel señalizado “Cementerio”. Noemí, la mayor de las dos, sugirió:

-¿Vamos antes al cementerio a llevarle unas flores a papá?, aunque no sé si me acuerdo a dónde está porque hace 15 años que no vengo-.

Beatriz le respondió:

-yo no te puedo ayudar. Tenía tres años cuando falleció papá y nadie me indicó dónde estaba ni me trajeron a verlo. Pero igualmente podemos ir y buscarlo juntas-.

Compraron flores y una vez allí Beatriz se quedó esperando a que su hermana recorriera los pasillos para encontrar lo que buscaban. Noemí se demoraba entonces Beatriz entró a uno de los pasillos tratando de encontrarla. La llamó y le gritó que volviera y que era mejor dejarlo para otro día.

Hacía mucho calor y estaba parada al rayo del sol. Su hermana le contestó a lo lejos:

-Ya voy ¡tenés razón!-

Beatriz giró hacia el lado donde escuchó la voz, bajó la vista y leyó su apellido en la cruz de la tumba donde se encontraba parada. Se dio cuenta que estaba frente a la tumba de su padre; sin saberlo y sin buscarlo lo había encontrado. Rápidamente se sumó su hermana totalmente sorprendida.

Limpiaron un poco el lugar, colocaron las flores correspondientes y mientras estaban paradas meditando, Beatriz observó la tapa de la tumba y le dijo a su hermana:

-Ayudame, creo que esta tapa se puede correr-. Efectivamente, con un poco de esfuerzo la movieron lateralmente. Allí vieron que entre la tapa y la tierra había un espacio de 30 cm.

Se miraron y Noemí dijo:

-no pensaras que…-

-Sí- respondió Beatriz -justo eso que está pensando-.

Beatriz, anonadada por la situación le dijo a su hermana que la esperara un momento, debido a que iba a ir hasta el auto a buscar una cosa.

A la vuelta, Noemí visualizó a su hermana volviendo con las cenizas de su madre en la mano y juntas las colocaron en el espacio vacío que tenían en la tumba de su padre. Cerraron la tapa y para sorpresa de ambas sintieron un alivio interior muy grande; se dieron cuenta que ese era realmente el lugar donde debían descansar los restos de Juana, junto a su marido.

Tanto habían pedido cómo darse cuenta qué hacer, que estaban convencidas de que habían sido escuchadas y sintieron también que habían sido guiadas por vaya a saber quién o qué, ayudándolas a encontrar a su papá y así “el lugar” para su mamá.

Hoy en día viajan muy seguido a Baradero y les llevan flores a sus padres.


Donde descansan las cenizas fue publicado de la página 47 a página48 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

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