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Observar y permitir

Sorrivas, Nicolás

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIX

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIX

ISSN: 1668-1673

XX Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Facultad de Diseño y Comunicación. Universidad de Palermo

Año XIII, Vol. 19, Agosto 2012, Buenos Aires, Argentina | 215 páginas

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Resumen:

Ver, mirar, percibir, observar, advertir, percatarse, al igual que muchos otros, son términos que expresan acciones que requieren nuestra mayor o menor participación activa en la contemplación de un hecho. La educación, desde su concepción formal, ha optado entre estas acciones dando diferentes respuestas a la evaluación tradicional, cuyo génesis podemos situarlo en la teoría del panóptico de Michel Foucault (2005) Sin embargo, la educación contemporánea, sostenida sobre bases poco firmes, como el uso de nuevas tecnologías en el ámbito escolar, y actualizada a diario con cambios sociales y culturales profundos, expresa necesidades mucho más urgentes que obligan, al docente, a bajarse de su torre de vigilancia para mezclarse entre los alumnos con el fin de realizar un plano de situación un tanto más real. En el presente ensayo, propondremos un acercamiento al método socrático como herramienta para el diagnóstico en educación, tomando como disparador el capítulo homónimo de la serie norteamericana House M.D. En él, una paciente mal diagnosticada con esquizofrenia ingresa en el hospital con una trombosis. Entonces, House, como Sócrates, buscará la verdad a través de un juego de ironías con los personajes involucrados. Una vez más, la propuesta de viajar hacia el origen del pensamiento clásico para volver a pensar el presente.

Palabras clave: evaluación – panóptico – educación – tradicional – escuela cientificista – escuela cognitiva – diagnóstico – observación – aprendizaje situado. El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve.

Antonio Machado  

El uso del método socrático como herramienta para el diagnóstico en educación

Introducción

Ver, mirar, percibir, observar, advertir, percatarse, al igual que muchos otros, son términos que expresan acciones que requieren nuestra mayor o menor participación activa en la contemplación de un hecho. La educación, desde su concepción formal, ha optado entre estas acciones dando diferentes respuestas a la evaluación tradicional, cuyo génesis podemos situarlo en la teoría del panóptico de Michel Foucault (2005)

Sin embargo, la educación contemporánea, sostenida sobre bases poco firmes, como el uso de nuevas tecnologías en el ámbito escolar, y actualizada a diario con cambios sociales y culturales profundos, expresa necesidades mucho más urgentes que obligan, al docente, a bajarse de su torre de vigilancia para mezclarse entre los alumnos con el fin de realizar un plano de situación un tanto más real.

En el presente ensayo, propondremos un acercamiento al método socrático como herramienta para el diagnóstico en educación, tomando como disparador el capítulo homónimo de la serie norteamericana House M.D. En él, una paciente mal diagnosticada con esquizofrenia ingresa en el hospital con una trombosis. Entonces, House, como Sócrates, buscará la verdad a través de un juego de ironías con los personajes involucrados. Una vez más, la propuesta de viajar hacia el origen del pensamiento clásico para volver a pensar el presente.

De cárceles, hospitales y escuelas tradicionales

“Observar a todos” era el concepto que encerraba la estructura arquitectónica del panóptico, el centro penitenciario diseñado por el filósofo inglés Jeremy Bentham en 1791. A través de una edificación semicircular, con habitaciones abiertas hacia el interior de un patio y cerradas hacia la libertad, y con la incorporación de una torre de vigilancia en el centro del edificio, la cárcel permitía controlar a todos los prisioneros sin que éstos pudieran saber si estaban siendo observados o no. Bentham no se conformó con proponerlo como un modelo de prisión ideal sino que lo elevó a las edificaciones hospitalarias, a las escuelas y a las fábricas (o sea, a toda institución que velara por la vigilancia y el castigo).

Aunque el diseño tuvo efectos limitados en la época de Bentham, dos siglos más tarde, precisamente en 1975, el filósofo francés Michel Foucault (2005) retomó los conceptos del panóptico simbolizando con él un modelo de sociedad digna del Gran Hermano de George Orwell. Para Foucault, Bentham “…plantea el problema de la visibilidad totalmente organizada alrededor de una mirada dominadora y vigilante”. (Michel Foucault, 2005) Aunque los dichos de Foucault, y aún la historia narrada en “1984”, no hayan perdido vigencia en lo que a la sociedad y los medios se refiere (el escándalo de las Wikileaks es prueba de ello en la actualidad), la propuesta del panóptico ligada a la escuela ya no funciona. La educación tradicional ha muerto dejándole lugar a un nuevo modelo todavía no descubierto o poco desarrollado.

Detengámonos un segundo a analizar la forma tradicional de la evaluación. El texto de Foucault (2005) asegura que “el examen combina las técnicas de la jerarquía que vigila y las de la sanción que normaliza”. Es una mirada que permite calificar, clasificar y castigar y que manifiesta el sometimiento de aquellos que están sometidos. En otras palabras, que “la superposición de las relaciones de poder y de las relaciones de saber adquieren en el examen toda su notoriedad”. Podemos pensar en la organización jerárquica de un hospital como aparato para examinar. El paciente en su carácter de enfermo ingresa a la institución en situación de examen frente a una figura de poder: el doctor. De la misma manera, la escuela tradicional pasa a ser un aparato de examen ininterrumpido que acompaña en toda su longitud la operación de la enseñanza. Hospital y escuela, entonces, buscan adquirir eficiencia científica. Sin embargo, parafraseando a Elliot W. Eisner (2002), el juego que vendría en el último cuarto de siglo sería mucho más complicado.

Nueva era, nueva currícula, nuevas reglas

En La escuela que necesitamos, Elliot W. Eisner (2002) afirma que para 1980 “El ideal de principios del siglo XX de adquirir eficiencia científica en el manejo de las aulas y la enseñanza (…) parecía ajeno, y hasta contrapuesto, al carácter impredecible de los niños de ocho y aun de dieciocho años”. Quedaba claro que la situación educativa había cambiado y, por lo tanto, también debían de cambiar las reglas del juego. La escuela tradicional había fracasado.

El modelo propuesto por Eisner (2002) tomaba como eje central el uso del diagnóstico en educación, una herramienta clásica puesta nuevamente en juego a la luz de sus novedosas funciones educativas. Para planear la concreción de un edificio educativo moderno sería necesario tomar la temperatura educativa, describir la salud educativa del siglo. Además, el diagnóstico permitiría a los docentes, por un lado, y a los alumnos, por el otro, evidenciar los procesos mediante los cuales se enseñaba y se aprendía, reflexionando en la acción con el objetivo de mejorar su propio desempeño. Porque una escuela que no les posibilitaba a los alumnos aumentar sus capacidades de resolver problemas fuera de sus muros no era una escuela productiva.

El autor define una postura clara en cuanto a la evaluación: las que únicamente miden aquello que se enseñó son demasiado mezquinas, mientras que aquellas que evalúan más de lo razonable son injustas. La coherencia en la evaluación (y en toda la educación) es fundamental para la construcción de un diagnóstico útil y acertado, sobre todo para el “mundo real” al que, en algún momento, los alumnos van a volver.

El pastiche educativo de los noventa, las diversas reformas a la ley de educación, el cambio de siglo, la crisis económica de 2001 pero, sobre todo, la revolución tecnológica de los últimos veinte años (que incluye pasos gigantescos en lo que a acceso a la información se refiere) produjo una enorme herida en nuestro sistema educativo que aún estamos deseando sanar. Los llamados nativos digitales, los alumnos del Siglo XXI, hablan un lenguaje diferente que no todos los docentes están dispuestos a escuchar. Una nueva forma de diagnóstico es necesaria, en carácter de urgencia.

Elemental, mi querido Wilson

Gregory House es el poco convencional e inconformista genio médico que encabeza el equipo de diagnóstico del ficticio Hospital Universitario Princeton-Plainsboro en la serie de televisión estadounidense que lleva su nombre. En cada capítulo, el equipo debe diagnosticar un caso difícil y para ello atraviesa todo un proceso lógicoempírico, exponiendo y descartando diversas hipótesis, a medida que los hechos se van sucediendo, hasta resolverlo (marcando una de las tantas similitudes del Dr. House con Sherlock Holmes).

A menudo, House es retratado como un personaje carente de empatía y compasión hacia sus pacientes (“Todo el mundo miente” es su frase de cabecera). Generalmente, espera el mayor tiempo posible antes de conocerlos y, cuando lo hace, muestra métodos poco ortodoxos y utiliza tratamientos no convencionales para acercarse a ellos. Sin embargo, los sorprende (nos sorprende) con diagnósticos rápidos y acertados, luego de parecer que no estaba prestando las más mínima atención. Para su colega y amigo James Wilson “mientras algunos médicos tienen el complejo de creerse Dios, House tiene el complejo del ‘cubo mágico’, necesita resolver el acertijo”.

El educador y la educadora comprometidos con su tarea se convierten hoy en detectives dignos de las novelas de Raymond Chandler que, como Gregory House, deben bajar a la tierra para mezclarse entre sus alumnos y obtener, luego de una observación minuciosa y detallada, un “diagnóstico real” que les permita “resolver el acertijo”. Elliot W. Eisner (2002) lo conceptualiza bajo la teoría cognitiva como “aprendizaje situado”.

En el sexto capítulo de la primera temporada, el Dr. House y su equipo se enfrentan a un aparente caso de esquizofrenia. Esta vez, el singular médico interpretado por Hugh Laurie, conocerá el derredor de la paciente desde el comienzo e irá en busca de la verdad a través de un juego de preguntas capciosas, utilizando nada más ni nada menos que el clásico método socrático que da nombre al capítulo.

Sócrates, House y un diagnóstico acertado

“Sin Sócrates, el esquizofrénico, no tendríamos el mé- todo socrático: la mejor manera de enseñar lo que sea, menos a jugar con sierras eléctricas”. Desde la ironía, House realiza una acertada radiografía de la enseñanza y el aprendizaje. Porque no hay peor maestro que aquel que no se detiene a observar. Porque no hay peor alumno que aquel que no se atreve a pensar.

El método socrático es un método de dialéctica o demostración lógica para la indagación o búsqueda de nuevas ideas o conceptos. En otras palabras, es el método que les permite a los interlocutores, mediante su propio esfuerzo, reflexionar sobre un tema determinado. Es el método mediante el cual el docente le otorga a los alumnos las herramientas para pensar por sí mismos.

La idea básica del método socrático de enseñanza consiste en que el maestro no inculca al alumno el conocimiento, pues rechaza que su mente sea un receptáculo o cajón vacío en el que se puedan introducir las distintas verdades (un concepto similar al de Paulo Freire). A través de preguntas, el alumno razona y encuentra la verdad él mismo. Porque, el método socrático es el arte de hacer nacer al humano pensador.

Finalmente, como se trata de un diálogo, hay un “ida y vuelta”. Entonces, el método socrático también permite a los maestros reflexionar sobre la calidad de su trabajo profesional, reflexionar más profundamente sobre su propio desempeño como educadores.

Conclusión

Alguna vez una colega dijo que cuando tomaba exámenes escritos asistía a la institución con anteojos negros para vigilar a los alumnos sin que estos se dieran cuenta. ¿Será por eso que Gregory House no usa anteojos? Al contrario, su “verdad” se transparenta en una mirada severa pero compasiva, abierta hacia sus pacientes (y equipo) para que estos busquen (y encuentren) la reflexión. Se trata de observar y permitir, en lugar del ya rancio vigilar y castigar.

A propósito, Susana Celman (1998) en su texto “¿Es posible mejorar la evaluación y transformarla en herramienta de conocimiento?” habla acerca de cómo la evaluación puede constituirse en fuente de conocimiento y lugar de gestación de mejoras educativas si se la organiza en una perspectiva de continuidad en el tiempo. Y, más adelante, desarrolla esta nueva forma comparándola, justamente, con un diagnóstico médico.

“La información proporcionada por las evaluaciones tradicionales actúa como la radiografía en el proceso de diagnóstico médico clínico: permiten reconocer algunos signos esperables y detectar, si los hubiera, los que no lo son”, explica la docente e investigadora. Para llegar a observar la gestación del problema y, sobre todo, su sanación habrá que repetir las radiografías un cierto número de veces y comparar unas con otras. Las sucesivas placas van a constituir los fundamentos para el juicio médico acerca de ese paciente: ‘Va mejor’, ‘Anda bien’ o ‘Ha empeorado’.

Saber observar es más que ver. La educación contemporánea necesita de actos de mayor compromiso, de tareas arriesgadas y de una constante actualización. Porque aquel docente que mira con los ojos cerrados será un docente condenado al fracaso, a su propio fracaso pero, sobre todo, al fracaso de sus alumnos. “Libertad y autonomía, democracia y autovalía son también cosas que se aprenden en las escuelas. Y el espacio de las prácticas evaluativas es, entre otros, un lugar potente para esos aprendizajes”. O todo lo contrario.

Referencias bibliográficas

- Celman, Susana (1998) “¿Es posible mejorar la evaluación y transformarla en herramienta de conocimiento?” en La evaluación de los aprendizajes en el debate didáctico contemporáneo, Buenos Aires: Paidós.

- Eisner, Elliot W. (2002) La escuela que necesitamos. Buenos Aires: Amorrortu.

- Foucault, Michel. (2005) Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI.

Nota: Este trabajo fue producido en la asignatura Introducción a la Evaluación de los Aprendizajes del Programa de Formación y Capacitación Docente en el año 2010.

Abstract: To see, to look, to perceive, to observe, to notice, equal to many others, they are terms that express actions that need our major or minor active participation in the contemplation of a fact. The education, from his formal conception, has chosen between these actions giving different answers to the traditional evaluation, whose genesis can be placed in the theory of the panoptical of Michel Foucault (2005). However, the contemporary education supported on slightly firm bases, as the use of new technologies in the school area, and updated daily with social and cultural deep changes expresses needs much more urgent that they force, to the teacher, to stoop his tower of vigilance to be mixed between the pupils in order to realize a site plan rather more real. In the present test, we will propose an approximation to the Socratic Method as a tool for the diagnosis in education, taking as shooter the homonymous chapter of the North American series House M.D. In it, a patient wrong diagnosed with schizophrenia came in the hospital with a thrombosis. Then, House, as Sócrates, will look for the truth across a game of ironies with the involved prominent figures. Once again, the offer to travel towards the origin of the classic thought to return to think the present.

Key words: evaluation – panoptic – traditional education – scientificist school – cognitive school – diagnosis – observation – placed learning.

Resumo: Ver, olhar, perceber, observar, advertir, compreender, ao igual que muitos outros, são termos que expressam ações que requerem nossa maior ou menor participação ativa na contemplação de um fato. A educação, desde sua concepção formal, optou entre estas ações dando diferentes respostas à avaliação tradicional, cujo génesis podemos situá-lo na teoria do panóptico de Michel Foucault (2005). No entanto, a educação contemporânea, sustentada sobre bases pouco firmes, como o uso de novas tecnologias no âmbito escolar, e atualizado a diário com mudanças sociais e culturais profundos, expressa necessidades bem mais urgentes que obrigam, ao docente, a se baixar de sua torre de vigilância para se misturar entre os alunos com o fim de realizar um plano de situação um tanto mais real. No presente ensaio, proporemos uma aproximação ao método socrático como ferramenta para o diagnóstico em educação, tomando como disparador o capítulo homônimo da série norteamericana House M.D. Nele, uma paciente mau diagnosticada com esquizofrenia ingressa no hospital com uma trombosis. Então, House, como Sócrates, buscará a verdade através de um jogo de ironías com as personagens envolvidas. Uma vez mais, a proposta de viajar para a origem do pensamento clássico para voltar a pensar o presente.

Palavras chave: avaliação – panóptico – educação tradicional – escola cientificista – escola cognitiva diagnóstico – observação, aprendizagem situada.

(*) Nicolás Sorrivas. Licenciado en Enseñanza de las Artes Audiovisuales (UNSAM, 2008), Realizador Audiovisual (CIEVYC, 2005), Crítico de Cine (EL AMANTE/Escuela, 2006). Profesor de la Universidad de Palermo en el Departamento Audiovisual de la Facultad de Diseño y Comunicación

Vocabulario relacionado al artículo:

participación . reforma de la educación .

Observar y permitir fue publicado de la página 34 a página37 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIX

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