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El legado invisible

Rossito, María Agustina

Eje 1. Recursos creativos

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº48

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº48

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XI Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2012 Eje 1. Recursos creativos: Cecilia Castillo | Sabrina Ariadna Cueva | Rocío de la Paz Ierache | María Agustina Rossito. Eje 2. Tendencias y experimentaciones cin

Año VIII, Vol. 48, Agosto 2012, Buenos Aires, Argentina | 117 páginas

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A partir de la entrevista realizada a la fotógrafa y vestuarista, Nat Kosinski, he podido reflexionar acerca del legado que los movimientos artísticos han dejado en la actualidad. Muchos de ellos son naturalizados por el artista. No puede verlos o reconocerlos dentro de su propia obra. Han llegado a formar parte de la representación propia de éste, convirtiéndose así en íconos naturalizados e incorporados en la realización, de forma que se complementa con el todo de la composición, sin por esto dejar de estar allí presentes.

Al preguntarle a la artista acerca de unas fotografías tomadas por ella misma para una exposición, ha negado las referencias artísticas a las que hice mención (la pintura egipcia y la iluminación del expresionismo alemán), diciendo que cualquier parecido con las mismas puede ser sólo a causa de una coincidencia, ya que ella no se ha basado en ninguno de los movimientos por mí mencionados al momento de componer la imagen.

Estas coincidencias son producto del azar o de los estereotipos e íconos que –de forma, tal vez, inconsciente– vamos interiorizando, y que luego podemos utilizarlos al momento de hacer una representación propia, sin la necesidad de buscar la referencia estética específica del movimiento para crearlos.

Quizás la persistencia en la memoria de las características propias de los principales movimientos artísticos nos abren una puerta para crear luego algo actual en base a lo que ya conocemos, aquello que ha formado parte de la representación que hemos contemplado a través de nuestra experiencia de vida.

Antes de establecer las relaciones encontradas con las fotografías analizadas y la pintura egipcia, enunciaré algunas de las características de esta, para luego poder ejemplificarlas con el material de Nat Kosinski.

Podemos mencionar algunas cuestiones generales de estas pinturas. Las pinturas que decoran las tumbas egipcias estaban al servicio de temas religiosos y mágicos. Las escenas representadas garantizaban la vida del difunto en el más allá con todas las actividades que él había realizado o las necesarias para su supervivencia.

Estas manifestaciones no tenían una finalidad estética, sino representar a los seres y objetos de la manera más evidente posible con el fin de que sobrevivieran a la muerte.

Para realizar un análisis más profundo, vale mencionar algunas características formales.

Los egipcios al realizar sus representación utilizaban una ley llamada Ley de Máxima Representación. Ésta estipulaba que era esencial representar todas las partes del cuerpo. Si se ocultaba, por ejemplo, una pierna, implicaba que el difunto pasaría a la eternidad sin una pierna. Por lo tanto, el difunto debía ser representado: con la cabeza de perfil, un ojo de frente, caderas de perfil, el torso de frente, las piernas y los pies de perfil.

De esta forma, la imagen resultante es una suma de signos que la definen claramente. A los egipcios no les interesaba ser originales ni innovar, lo importante para ellos era prevenir cualquier error de comprensión que pudiera traerle problemas al difunto en su otra vida.

Las personas en marcha avanzan siempre con la pierna y el brazo más alejados del espectador para evitar el ocultamiento parcial de la pierna alejada y la interrupción de las líneas del cuerpo por uno de los brazos. Los personajes importantes se dibujan vueltos hacia la derecha con la pierna izquierda avanzada.

El tamaño de los personajes se asigna jerárquicamente. El faraón o dios se representaba de mayor tamaño, luego le seguía la esposa, los hijos y, posteriormente, los siervos.

Los hombres se pintaban de un color más oscuro que las mujeres, quienes podían ser pintadas hasta en amarillo.

Las figuras humanas son siempre idealizadas: jóvenes, esbeltas, bellas.

En la figuración egipcia no hay viejos, ni expresiones intensas.

Todo es eterno, calmo y ordenado.

Utilizaban registros referidos a la organización de los elementos sobre líneas horizontales. Asimismo, la profundidad espacial está sugerida por la superposición de planos. Predominaban los colores ocres (rojos, amarillos, marrones), blanco, azul, verde y negro.

Al analizar las características que componen a la representación de la pintura egipcia y comprarlas con las fotos tomadas como referencia, puedo mencionar que las imágenes cumplen con todas las características formales citadas, a mencionar: la modelo tiene la cabeza de perfil, un ojo de frente, su cabeza está de perfil, el torso de frente y sus piernas de perfil.

A su vez, la posición de la modelo se corresponde a la ley de la máxima representación, ya que posa de forma tal que avanza sobre la pierna y el brazo más alejado del espectador, evitando el ocultamiento parcial de la pierna alejada y la interrupción de las líneas del cuerpo por uno de los brazos.

En su rostro también se ve una expresión calma, sin expresiones intensas, y su cuerpo es joven, esbelto e idealizado.

Las referencias encontradas se corresponden a la composición del cuadro, y no así a los objetos que lo componen, ya que ni el vestuario elegido ni el peinado se corresponden con los utilizados en el período.

Sin embargo, vale remarcar el delineado negro que rodea los ojos de la modelo, haciendo referencia alkool, sustancia con la que se delineaban los ojos en el antiguo Egipto, evitando así que el polvo y el reflejo solar los lastime.

Este tipo de maquillaje es un componente de gran peso en el legado que Egipto dejó en la actualidad: aún sigue utilizándose, y siempre haciendo referencia al originario.

Al observar la iluminación de las fotografías de Nat Kosinski, no podemos dejar de pensar en el expresionismo alemán.

Aquí se puede rastrear la determinante influencia de Max Reinhardt: en sus puestas en escena la luz era un elemento constructivo fundamental. En ellas era común encontrar notables contrastes de luces y sombras, la iluminación repentina de un objeto o un rostro dejando el resto en penumbras como medio de enfocar la atención del espectador sobre aquel.

En los films expresionistas, la luz es en algunos casos un elemento decorativo, formando etéreas figuras en el humo o al dibujarse en el polvo los rayos de sol ingresando por una ventana.

Sin embargo, más que la luz, las sombras producidas por ella son las esenciales para el cine. Sombras que además del fin decorativo mencionado, muchas veces son ellas las encargadas de narrar, en lugar del cuerpo que las provoca.

Muy comúnmente las sombras simbolizan el ineluctable destino, la muerte.

En la composición de la fotografía podemos encontrar luces muy fuertes sobre algunas zonas del encuadre, mientras que otras, de gran importancia dentro de la composición (como, por ejemplo, el rostro de la modelo) se encuentran parcialmente en sombras. A su vez, en ambas fotografías, podemos observar la sombra que deja la mujer detrás de sí: esa presencia de las tinieblas en cuadro nos remite claramente a aquellas del expresionismo.

Conclusiones

Luego de exponer y observar las características de cada movimiento, puedo llegar a la conclusión de que, evidentemente, existe una relación entre el pasado y el presente, entre lo antiguo, lo moderno y lo nuevo, siendo así el arte en estos términos una construcción que se va nutriendo del pasado para servir al presente.

A pesar de que el artista, en este caso, no reconozca sus influencias, estas son claras y evidentes. Todo ser humano nace en un contexto y es éste el que condiciona su mirada, y de esta forma, su creatividad.

Creo que la reutilización de conceptos y figuras estereotipadas para presentar un modelo creativo y original (en este caso, el vestuario) es efectivo, ya que puede ser rápidamente comprendido y asimilado por el espectador, haciendo así más hincapié en el punto en el cual el artista quiere innovar.

A su vez, la forma en que estos dos tipos de representaciones se combinan, es producto de un proceso creativo y original, propio del artista, aunque en este caso se dé de forma casi inconsciente, condicionado por el concepto de arte antiguo y moderno que se tiene en la sociedad occidental.

No podemos escapar de las imágenes que ya hemos visto, pero sí podemos resignificarlas de forma creativa, dándole sentido a su existencia previa.

Bibliografía

James, T. G. H. (1999). Pintura egipcia. Madrid: Ediciones AKAL.

Squiripa, A. (2008). Pintura mural en las tumbas. Disponible en: http://sobreegipto.com/2008/08/31/pintura-mural-en-las-tumbas/ C. Dukelsky. (1994). Influencia de las creencias religiosas en el arte egipcio. Buenos Aires: Facultad de Filosofría y Letras. Universidad de Buenos Aires. Ficas de Cátedra.

Lotte H. Eisner. (1988). La Pantalla Demoniaca: Las Influencias de Max Reinhardt y Del Expresionismo. Madrid: Cátedra.


El legado invisible fue publicado de la página 25 a página26 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº48

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