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Nuevos modos de representación de la realidad en el corto Cíclope de Carlos Morett

Aradas, Marcela

Eje 2. Tendencias y experimentaciones cinematográficas

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº48

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº48

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XI Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2012 Eje 1. Recursos creativos: Cecilia Castillo | Sabrina Ariadna Cueva | Rocío de la Paz Ierache | María Agustina Rossito. Eje 2. Tendencias y experimentaciones cin

Año VIII, Vol. 48, Agosto 2012, Buenos Aires, Argentina | 117 páginas

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Introducción

En el discurso del cine existió siempre la tendencia a generar mundos fantásticos a través de sus imágenes. Estas fantasías que se hallaban en la mente de sus creadores, junto con el surgimiento de las nuevas tecnologías y la digitalización de los medios, amplificaron las posibilidades de los directores en la construcción de mundos irreales, que se vieron enriquecidos a raíz de la extensa gama de posibilidades que los nuevos medios trajeron consigo. El género futurista y de ciencia ficción encontró en las técnicas emergentes su mejor aliado y, valiéndose de ellas, ha conseguido implantar, desarrollar y perfeccionar una nueva estética cinematográfica: la imagen híbrida, que fluctúa constantemente entre lo real y lo virtual.

La paulatina y, a la vez, vertiginosa transformación de los medios producida desde fines del siglo XX, llevó a una metamorfosis en las técnicas y en los criterios de producción de imágenes, como así también en los modos de significación de las mismas. Como consecuencia de ello, la imagen de síntesis para la generación de escenarios virtuales combinados con elementos reales, se ha convertido en una práctica ampliamente difundida y en un procedimiento que puede ser encontrado, cada vez con mayor frecuencia, en los films de género fantástico.

El presente ensayo está orientado a analizar esta nueva tendencia en la concepción de la imagen del cine en general, donde se ponen en juego nuevos modos de representación de la realidad, y en el que la interactividad entre lo real y lo virtual, enfrenta al espectador con un nuevo realismo perceptivo fundado en la ambigüedad de la hibridación producida, que lo conducen a experimentar nuevas y variadas situaciones.

A los fines indicados precedentemente, se realizará un análisis del corto de ficción Cíclope (2009), del realizador mexicano Carlos Morett, a través del cual se busca poner en evidencia, cómo la combinación de imágenes analógicas y digitales ayudan a la construcción de nuevas realidades, con una estética cinematográfica netamente posmoderna, en la que interactúan y se conjugan nuevos conceptos producto de los new media.

Las nuevas tecnologías en el cine fantástico George Méliès marcó con sus películas una nueva concepción del cine. El realizador vislumbró, a principios del siglo XX, cuando el cinematógrafo recién surgía, sus posibilidades que el nuevo medio traía consigo y que determinarían las bases de la actual estética de la pantalla grande. Su modo de concebir, idear y proyectar a la misma, formalizaron el surgimiento del género fantástico en el mundo de las películas.

El realizador fue pionero en percibir que el nuevo dispositivo permitía alterar y manipular el tiempo y el espacio, generando nuevas realidades (Puig-Punyet, 2009, p. 2). Al respecto, Prieto Barba en su artículo El Nacimiento del cine, afirma: (…) su genio, consistió en descubrir asombrado que el cine no sólo podía reflejar lo que existe, también lo que no existe, lo que no es (…) fue Méliès quien nos descubrió el Cine que actualmente conocemos, ese que va más allá, mucho más lejos de unas imágenes en movimiento, capaz de plasmar también lo que ideamos y lo que no existe… (2010, p. 137) Es evidente por lo expuesto que, en el discurso del cine, existió desde sus inicios la tendencia a generar mundos fantásticos a través de sus imágenes. Estas fantasías surgidas en las mentes de los creadores de todos los tiempos y, tan ficticias como inexistentes, vieron incrementadas exponencialmente sus posibilidades con el surgimiento de las nuevas tecnologías y la digitalización de los medios producidas en las últimas décadas. A raíz de la extensa gama de recursos que los mismos trajeron consigo, el género futurista y el de ciencia ficción encontraron en las técnicas emergentes su mejor aliado y, valiéndose de ellas, han conseguido implantar, desarrollar y perfeccionar una nueva estética cinematográfica: la imagen híbrida que fluctúa constantemente entre lo real y lo virtual.

La paulatina y, a la vez, vertiginosa transformación de los medios producida desde fines del siglo XX, llevó a una metamorfosis tanto en las técnicas y criterios de producción de imágenes, como así también en los modos de significación de las mismas. Una consecuencia directa de ello, la imagen de síntesis para la generación de escenarios virtuales combinados con elementos reales, se ha convertido en una práctica y tendencia ampliamente difundida en el campo del cine, volviéndose una corriente gustosamente aceptada por el público (mainstream), y en un procedimiento que puede ser encontrado, cada vez con mayor frecuencia, en los cortos de género fantástico.

Si bien es un hecho que las imágenes fantásticas existieron en todos los tiempos, cabe preguntarse entonces cuáles son las características que las diferencian de las actuales; de aquellos primeros mundos creados por Méliès que, si bien en apariencia plantean lo mismo que hoy, en su esencia corresponden a discursos marcadamente diferentes.

De la imagen fotoquímica a la imagen sintética La cámara, ya sea fotográfica o de cine, estuvo vinculada desde su aparición a la idea de reproducción de la realidad que, a partir de objetos reales, generaba imágenes realistas.

En sus inicios, los dispositivos plantearon una nueva concepción en la representación de la realidad, debido a que se entendía que aquellos no transformaban su referente, sino que simplemente lo reflejaban. En relación a este vínculo, Kossoy plantea que la imagen, desde un primer momento, goza de gran credibilidad como consecuencia de la fidelidad, exactitud y perfección que presenta para recrear la realidad (2001, p. 79). La mirada ingenua del hombre hacia la imagen induce a que se acepte como real y verosímil lo expuesto, y por lo tanto resulte meramente objetiva.

A medida que fueron evolucionando las tecnologías y los dispositivos en sí, de manera simultánea se fue incrementando el afán por modificar la naturaleza a través de la imagen. Este hecho determinó que fueran cambiando también las concepciones sobre el discurso audiovisual, apareciendo diversos debates acerca del mismo. Dentro de los principales, sin dudas, se ubicó la cuestión relativa a la relación entre la imagen y la realidad como consecuencia lógica de la naturaleza mimética del dispositivo. Las nuevas teorizaciones determinaron el alejamiento definitivo del punto de vista simplista, de aquella, como simple transcripción o copia del mundo.

Actualmente, ya superadas dichas cuestiones, se sabe que las imágenes en general y las audiovisuales en particular, configuran un lenguaje narrativo que las hace portadoras de mensajes, valores y códigos de significación que le son propios, más allá del grado de iconicidad que ostenten.

Sin embargo, lejos de ser una cuestión obsoleta, la relación entre imagen y realidad, sigue vigente y adquiere importancia, si se considera que la misma realiza una reinterpretación del entorno dotándolo de un nuevo significado.

Como se mencionó con anterioridad, ya desde las primeras filmaciones, los realizadores comenzaron a vislumbrar la posibilidad de modificar las imágenes captadas para plasmar en ellas, nuevas realidades que alteraban la noción del tiempo y el espacio dotándolo de un nuevo alcance. Así, las películas de principios de siglo, proponían un tipo de imagen manipulada que pretendía crear una ilusión de realidad. En ese sentido, Puig-Punyet expresa: Es Méliès quien, en realidad, descubre el verdadero sentido del cine (...) pone de manifiesto que el acto de mostrar en la pantalla de proyección (…) es siempre un ejercicio de ficción; y, en tanto que, dado su carácter esencialmente fotográfico. (…) el cine es un medio que intenta desde sus inicios asemejarse lo más posible a la realidad, la ficción se torna una sesión de ilusión (…) Méliès muestra el mecanismo implícito del cine y de su montaje, a partir del cual nada es verdadero. (2009, p. 3-5).

Dicho cine plantea una narrativa ficcional que se aleja del carácter documental de las proyecciones de los hermanos Lumiere, creadores del cinematógrafo, planteando una imagen metafórica que esboza la cuestión de la subjetividad de la imagen, es decir, aquella elaborada a partir de una toma de partida conceptual, una mirada parcial, subjetiva. En ese sentido, Puig- Punyet afirma: “El ojo del espectador (…) está ejerciendo una mirada sobre algo que ya ha estado previamente mirado (…), previamente interpretado mediante el montaje” (2009, p. 5).

A lo largo de la historia del cine, y a medida que fueron surgiendo los nuevos medios, se han ido modificando los modos de representación de la realidad. Actualmente, la imagen cinematográfica –si bien comparte el género fantástico y de ciencia ficción de aquellas primeras realizaciones– se encuentra alejada definitivamente de la concepción teatral de Méliès y de las técnicas de efectos especiales. El cine contemporáneo plantea una nueva estética audiovisual producto de la convergencia de medios. Esta nueva propuesta se basa en la interactividad entre lo real y lo virtual, la realidad y la ficción, que enfrenta al público con un nuevo realismo perceptivo, fundado en la ambigüedad de la hibridación producida y lo conduce a experimentar nuevas y variadas situaciones, creando un nuevo espectador.

Manovich (2008) plantea que el mundo de las imágenes ha sufrido una especie de revolución invisible, a raíz de la cual se pierde irreversiblemente la idea de la imagen audiovisual pura, para pasar a una imagen híbrida, producto de los nuevos medios. Al hacer referencia a estos últimos, se alude a un conjunto de prácticas surgidas de la revolución tecnológica de fines del siglo XX que influenciaron el progreso de la sociedad y sus individuos. Esos nuevos modos se desarrollaron principalmente a través de las nuevas tecnologías de información y comunicación, dando por resultado que el conjunto de los viejos medios, denominados medios tradicionales entren en relación con los ordenadores y las pantallas. Esa nueva conexión surgida, trajo aparejada la digitalización de los mismos, dando inicio a una nueva era, la digital, donde la producción, distribución y comunicación de los medios se encuentra mediada por computadoras.

Así, los new media no son únicamente una evolución de los soportes anteriores, sino que se configuran como nuevos medios de comunicación y entretenimiento. El rápido desarrollo, característico de la tecnología digital, posibilitó la convergencia de medios que, como se aludió, se tradujo en la combinación de imágenes, sonidos y textos provenientes de diferentes orígenes.

Las imágenes de síntesis, es decir aquellas creadas por computadora, se introdujeron cada vez con mayor fuerza en el cine actual, siendo casi imposible encontrar hoy en día un film que no recurra a ellas. Así, es habitual descubrir que, cuando la acción se desarrolla en un lugar imaginario y no es posible recrearlo con escenarios, los actores son filmados frente a un croma de modo que éste pueda ser sustituido por una imagen digital del entorno deseado.

Weibel sostiene que el nuevo tipo de imagen digital producto de la convergencia de medios, permite que cada elemento que constituye la misma, pueda ser modificado a libre albedrío, ya que todos los parámetros de información son variables, y esta característica es propicia para crear entornos virtuales (2001, p. 29-30).

A diferencia de su predecesora, la imagen analógica, que es inmutable una vez registrada, la imagen de síntesis es dinámica y variable. Esto da como resultado que todo puede ser modificado, alterado, manipulado y simulado. Como sostiene Manovich (2008) las nuevas técnicas de creación y modificación convirtieron las imágenes en algoritmos matemáticos susceptibles de alterarse.

Más allá de la cuestión puramente técnica, la nueva corriente cinematográfica planteada es una renovada estética audiovisual que tiende hacia el hiperrealismo. En ese sentido Molero y otros (2012) sostienen que el cine tiene a lo hiper (p. 13).

Por su parte, Conde de Boeck y Lencina (2010) definen el estilo como: (…) una expresión más real que lo real: convertir la imagen, ya no en espejo del mundo, sino en un mundo autónomo, liberado de la imitación y capaz de producir una realidad más amplia (…) la imagen procura ser más real que lo real.

La imagen audiovisual es así hiperreal porque no es una representación de la realidad, sino que genera una nueva realidad recargada de elementos, más real que lo real, es decir, hiperreal. De ese modo, la propuesta de los films no es simplemente fantástica ni irreal, sino por el contrario es hiperreal.

Se puede sostener, entonces, que existe una tendencia audiovisual que, aprovechando los adelantos tecnológicos, se embarca en generar una sensación de realidad y un correlato de verosimilitud con lo real de las imágenes producidas en los medios audiovisuales en general y en el cine en particular.

Cada vez con mayor frecuencia, la estética cinematográfica tiende a una representación más cabal de las realidades, como una especie de vuelta al viejo discurso de las artes renacentistas.

Rojas Baez (s/f) sostiene que se produjo un movimiento inverso a lo ocurrido con la pintura u otras ramas artísticas que avanzaron desde el realismo a la abstracción y desde la realidad hacia la imaginación. En la imagen audiovisual, el proceso se basó en ir desde el realismo a un hiperrealismo.

La progresiva introducción de nuevos procedimientos tecnológicos en las películas se perfecciona día a día, y en ese nuevo cine se ven amplificadas las alternativas en la composición de las escenas, con la ayuda de las imágenes de síntesis. Las nuevas técnicas permiten la combinación de imágenes híbridas reales y virtuales y todo tipo de trucos y efectos visuales, posibilitando la construcción de escenarios hiperreales. En ese sentido Paz Gago plantea que: Este nuevo fenómeno técnico y artístico (…) supone, efectivamente, algo nuevo y distinto al menos al cine clásico puesto que no sólo se trata de un nuevo formato y un nuevo soporte, nuevas formas de edición y de postproducción, sino que implica un nuevo modo de representación, o de no representación, de la realidad (p. 117).

También Quintana (2008) afirma que el discurso del cine ya no propone un situación realista sino que busca generar un aspecto fotorealista.

Cabe cuestionarse qué sucede con el espectador ante estas nuevas imágenes que van más allá de la realidad. En los últimos años, no sólo se han modificado las condiciones en las cuales el hombre percibe las imágenes, sino que se ha visto alterado el rol del mismo ante aquellas. Gubern (1995) se refiere a esta cuestión, afirmando que sólo una minoría de personas ve películas en la pantalla grande (p. 51). Lo habitual en las sociedades contemporáneas es que los films sean vistos en otro tipo de interfaces: TV, PC, celulares, etc. Es por esto que el autor sostiene que se ha pedido el concepto de cine como ritual.

Es lógico suponer entonces que aquel espectador ha cambiado de la misma manera en que lo han hecho las condiciones de visualización. Siguiendo dicha postura, Larouche sostiene: La principal apuesta de las imágenes de síntesis no consiste tanto en “(…) la paradoja de la simulación (que) es poder simular la representación”, sino en el carácter virtual ligado a la tercera dimensión inscrita en el programa de ordenador: el aspecto interactivo o “dialógico”. El espectador puede interactuar casi inmediatamente con esas imágenes, convirtiéndose en “espectador” (espectador- actor) (1997, p. 218).

El nuevo espectador cinematográfico se ve alejado de la concepción clásica del mismo, en la cual se lo asociaba únicamente en su rol de receptor pasivo. Hoy el público posee un rol activo y en ese sentido es un sujeto que observa, compara e interpreta las imágenes que recibe.

En base a este hecho, comienza a aparecer la noción de usuarios, más que espectadores, para referirse a este nuevo público. Quienes sostienen esta postura establecen que el concepto de usuario se fusiona de manera más adecuada con el de las nuevas tecnologías. Manovich afirma que en la era del cine tradicional los espectadores podían comprender el lenguaje cinematográfico pero no hablarlo. La situación actual es marcadamente diferente; hoy día los espectadores pueden hacer ambas cosas, producto de la evolución tecnológica y de la inmersión del hombre en las mismas.

Sin dudas hay un cambio que opera a nivel film-espectador, y en esa nueva relación cabe cuestionarse dónde ha quedado la capacidad de asombro ante la pantalla grande. Si se acepta con naturalidad, y sin asombro, imágenes que evidencian claramente un exceso de manipulación. Si eso no causa sorpresa o extrañeza en los espectadores, corresponde interrogarse hacia dónde se ha desviado la fascinación ante la magia del cine. Se puede pensar que si se ha pedido la misma, el cine tal como se lo entendía en sus inicios, ha muerto. Quizás las palabras de Sontag sirvan para comprender el cambio: Quizá no es el cine el que ha terminado sino solo la cinefilia –el nombre de un tipo de amor particular que el cine inspiraba (…) El cine comenzó en asombro, el asombro de que la realidad puede ser transcrita con tal mágica inmediatez.

Todo el cine es un intento de perpetuar y reinventar ese asombro (…) La experiencia más fuerte era simplemente rendirse a, ser transportado por lo que estaba en la pantalla. Querías ser secuestrado por la película.

El requisito para ser secuestrado era estar abrumado por la presencia física de la imagen. Y las condiciones de “ir al cine” aseguraban esa experiencia (…) el amor al cine ha menguado (…) Si la cinefilia está muerta (…) si el cine puede ser resucitado, solo será a través del nacimiento de un nuevo tipo de cine-amor.

La imagen híbrida en el corto Cíclope: el hombre y las nuevas tecnologías Los nuevos medios y el surgimiento de nuevas tecnologías incrementaron el uso de los efectos especiales y sus posibilidades en los géneros cinematográficos. En la actualidad, las películas fantásticas y de ciencia ficción, se encuentran realizadas –cada vez con mayor frecuencia– en base a efectos que pretenden sorprender al espectador. Esta nueva estética audiovisual se vincula de manera más acorde a lo que en el imaginario social se asociaba con los new media. (Molero y otros, 2012, p. 15) Cíclope es un claro ejemplo de cómo se fusionan conceptos como hiperrealismo, hipertecnología, realidad virtual, nuevos medios y pantallología. Se puede afirmar que el corto se encuentra pensado, íntegramente, para los nuevos espectadores que plantean los tiempos actuales.

Este cortometraje de producción española y dirección mexicana ha traspasado la barrera de la distribución y exhibición en pantallas comerciales: 92 copias en 35 mm. y más de 150 Festivales en diferentes países. Se proyectó en 90 cines antes del largometraje Los sustitutos, protagonizado por Bruce Willis y fue estrenado en la web a través de You Tube.

Este film futurista tiene una duración de 10 minutos y posee como característica principal presentar escenarios totalmente virtuales creados por computadora. La integridad del corto está rodado en croma y lo único realmente verdadero son los actores. La trama del film se desarrolla en la ciudad de Madrid, España, año 2070 donde nos muestra una paisaje urbano ligado íntegramente al mundo de las máquinas y los dispositivos electrónicos: edificios con mega pantallas y una estética claramente caótica, sobrecargada de información visual.

En la actualidad, es casi inconcebible que una película no use herramientas informáticas durante su grabación y montaje. Sin embargo, más allá de las cuestiones puramente técnicas, los cortos de ciencia ficción rodados en la actualidad, presentan otras cuestiones estéticas que merecen ser objeto de análisis.

Una tendencia muy marcada en este tipo de films, y que puede ser visto claramente en Cíclope, es el tipo de paisaje urbano que presentan las ciudades donde se desarrollan las tramas. Las grandes urbes, como consecuencia de la expansión de las tecnologías a todos los ámbitos, se representan a través de ambientes oscuros y nocturnos. Como consecuencia de la estética elegida, se genera, en dichas ciudades, un clima amenazante y hostil para un humano enfrentado al mundo de las máquinas. Se puede extraer de allí una conclusión: el hombre del futuro es una persona recelosa de las tecnologías. Existe una predilección de los directores a plasmar una relación muy estrecha de los sujetos con las nuevas tecnologías, incluso una relación de tipo visceral, carnal, la tecnología en el cuerpo a través de implantes, chips, etc. Sin embargo, pese a esta apegada relación, se muestra a un individuo preocupado y alarmado por los avances tecnológicos lo que lleva a reflexionar sobre el devenir de la humanidad y las implicancias éticas del mal uso de las nuevas herramientas.

Las imágenes propuestas por el mundo hipertecnológico de Cíclope, presentan una lucha de poderes entre el hombre y la máquina, las personas viven agrupadas en tribus urbanas y la experiencia con el mundo exterior es traumática. En el film pueden verse esbozadas estas nuevas estéticas futuristas, así como las preocupaciones mencionadas. Alí se esboza una reflexión acerca del nuevo modelo comunicativo impuesto por la evolución tecnológica. Acerca de dicha problemática, Morett, su director, expresa: No es una historia pro máquinas ni pro tecnología, sino todo lo contrario: te das cuenta de que en un futuro, en el que todo es tecnología, tienes que parar y empezar a dar saltos hacia atrás, porque al final mucha dependencia de las máquinas es contraproducente. Se crea un mundo en el que no se puede soñar (...) (Tejeda, 2009).

Conclusiones

En las sociedades actuales todo, o casi todo, gira en torno a los nuevos medios. Estamos acostumbrados a escuchar el término y las nuevas generaciones han nacido inmersas en ellos. La cultura digital en la que nos encontramos insertos se ve reflejada en nuestras prácticas cotidianas. De hecho, utilizamos una cantidad de términos que nos demuestran hasta qué punto se introdujo en nuestra vida diaria Internet, correo electrónico, páginas web, módem, formatos de archivo, servidor, webcam, interfaz, chats, cibercomunidades, realidad virtual, etc. Hoy nos es difícil imaginarnos un mundo sin televisión, sin computadoras, sin celulares, etc. Y cada vez es más difícil diferenciar un medio de otro.

Las tecnologías de los nuevos medios y la convergencia de los mismos inciden de manera importante en el progreso social y en las formas de pensar de las sociedades actuales que crecen gracias a las grandes transformaciones tecnológicas dentro de la cultura de lo visual. El desarrollo de las nuevas técnicas se ha extendido a todos los campos de la cultura; y el cine no escapa a esa realidad.

En las últimas décadas, el desarrollo de aquellas y la incursión de las mismas en el discurso cinematográfico, ha llevado a la transformación de la estética audiovisual. Más allá de la efectiva incorporación de los nuevos procedimientos al lenguaje de las imágenes en movimiento, existe actualmente, un espacio de reflexión que trasciende la frontera de los aspectos meramente técnicos. Aparecen así, en el discurso cinematográfico actual, puntos de debate acerca de la estética hiperrealista de la imagen, el nuevo espectador y su modo de percepción, y por último, aparece un análisis de aquello que las imágenes de síntesis presentan: el devenir de la humanidad y la relación del hombre con las máquinas, productos de los avances tecnológicos. Como sostiene Larouche “Las nuevas tecnologías cinematográficas nos conducen a reflexionar sobre lo que hemos hecho con el cine, sobre lo que podría haber sido y, por lo tanto, sobre el potencial a explorar en el futuro” (1997, p. 223) .

La creación de mundos virtuales o paralelos es un tema recurrente, tanto del cine como de otros medios audiovisuales, de los que nunca se ha prescindido. Si el primer criterio para definir un film de ciencia ficción es el distanciamiento, es decir la ruptura con lo real, cabe preguntarse por qué cuando el espectador se encuentra con una película o un corto ambientado en un futuro hipertecnológico, pesimista, oscuro y caótico como consecuencia de la evolución de las tecnologías, es capaz de reconocer a éste como tal y cuáles son los elementos responsables de ello. Por qué esta nueva estética cinematográfica no nos sorprende. Si el cine de dicho género pone su énfasis en lo visual con la finalidad de causar asombro, qué sucede entonces con el nuevo espectador cinematográfico que ya no se asombra ante lo que la nueva imagen le propone. Y por último, qué papel juega el espectador ante aquellos escenarios propuestos.

Sin dudas, las reflexiones que surjan de aquí en adelante se inclinarán por buscar respuestas a estos interrogantes, ya que la sociedad actual no se asombra ante las imágenes de síntesis; y de hecho los sujetos han asumido y aceptado a las mismas como parte indispensable del proceso de filmación.

El futuro de los debates se encuentra en lo que las imágenes proponen, y no en ellas en sí mismas.

Bibliografía

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Filmografía

Cíclope, Carlos Morett, 2009. http://www.youtube.com/watch?v=rdBSl1PQlNA


Nuevos modos de representación de la realidad en el corto Cíclope de Carlos Morett fue publicado de la página 27 a página31 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº48

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