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Los reality shows

Miljiker, Cecilia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Escritos en la Facultad Nº81

Escritos en la Facultad Nº81

ISSN: 1669-2306

Diálogo con Artistas Ensayos de estudiantes DC de Teatro y Espectáculo Reflexiones de estudiantes DC a partir de las entrevistas realizadas en la Facultad de Diseño y Comunicación a artistas, creadores y profesionales del Teatro y el Espectáculo.

Año IX, Vol. 81, Marzo 2013, Buenos Aires, Argentina | 96 páginas

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“The ultimate truth of capitalist utilitarian despiritualized universe is the dematerialization of “real” life, its reversal into a spectral show”. Slavoj Zizek

En las dos asignaturas que tuve la oportunidad de dictar en la Facultad (Realización I y Taller de Creación V) pasé por una misma experiencia. Dos asignaturas distintas, estudiantes de diferentes años, pero en los dos cursos se mostró un interés especial, por parte de algunos estudiantes, en un mismo tema: los Reality Show. En principio, podría parecer que el interés que despierta es por una cuestión de moda o porque los divierte más los reality show que ver una película de Orson Welles. Sin embargo, no sería mala idea dedicarle más tiempo a este tema porque nos está hablando de algo más que de una moda o de una cosa divertida para estudiar, nos habla de un material propio del documental que es la realidad.

Filmar un documental en la época que algunos dieron en llamar post documental o de realidad simulada.

Al pensar en el tema de los reality show en relación al documental, me acordé de una situación que experimenté este año. En la última edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, Harun Farocki decía, al término de la proyección de su documental “Nothing Ventured”, que el público de hoy prefería ver reality shows antes que mirar un documental en televisión. Se abrió, entonces, un pequeño debate con el público en donde se marcaba una diferencia clara entre el documental y el reality show y se los enmarcaba como dos géneros diferentes. El documental directo, el verité, etc, quedaban como variantes de un mismo género, pero el reality show no se trataba como una “manera de hacer” dentro del documental. Así quedaban delimitados dos géneros, de los cuales el documental quedaba como el más alto, el más prestigioso. Este es, más o menos, el mismo criterio que se maneja en la mayoría de los ámbitos de la sociedad.

Pero en contra de esta opinión generalizada, ya hay bastante bibliografía sobre el documental que, partiendo de la idea que estamos en la era post documental, le dan al post un significado de progresión histórica. En su línea de tiempo del desarrollo del género documental, le asignan a la modalidad del reality “un capítulo más”. Biressi y Nunn, por ejemplo, lo trabajan en el contexto de la historia y estilos del documental casi como si, al ya tradicional manual de Barnouw, se le agregara un anexo o capítulo final dedicado al tema. Se corre el riesgo, en estos tratamientos, que el término “post-documental” termine encerrando la idea que el documental, tal como lo venimos estudiando y realizando, está por desaparecer. Esto, muy a pesar de los esfuerzos de quienes ven la “antigua manera”, como más prestigiosa y seria.

Partiendo del mismo término de una época post–documental y sin hacer jerarquizaciones entre géneros altos y bajos, hay otras miradas sobre el tema más interesantes. Una mirada que ve al fenómeno del reality con estrecha relación a la realización de documentales, pero que entiende al “post documental” no como el fin de una manera de hacer documental, sino como una forma de percibir la realidad por parte de la sociedad. Y entonces la pregunta no sería si la modalidad del reality es una nueva forma del documental y si está o no desplazando a la anterior. La preguntaría sería: si esta realidad es la que nutre al documental ¿Cómo abordarla? ¿Cómo filmar esa realidad simulada, esa ficción constante en la que se desenvuelve nuestra sociedad? Difícil tarea ya que estamos inmersos en esta realidad. Pero no imposible.

Tomemos el ejemplo de un visitante de la ciudad de Las Vegas que pasea por los hoteles del Strip. Como Truman en su pueblo, él camina por calles ficticias en medio recreaciones de la Torre de Eiffel y canales de Venecia debajo de un techo con cielos pintados. Cuando sale a la calle para visitar otro hotel (el que recrea a Nueva York o a la Via Apia) ya no puede discernir si está en una calle real o en una construída, de hecho el cielo se parece bastante al pintado sobre los canales. Al final termina sin siquiera saber si el hotel en el que se está alojando es un hotel de verdad o una simulación de hotel – de hecho hay un hotel que simula ser un motel. Y aún hay algo más macabro en este Strip y es el olvido total de la situación geográfica. Las Vegas parece ser una ciudad llena de agua, porque si hay algo que sobra en el Strip, además de los casinos, es el agua. Piletas gigantescas, fuentes, cascadas y ríos, hay agua por todas partes. Finalmente la seguridad: custodios de los hoteles, de los casinos.... en el Strip todo parece seguro, el visitante puede caminar a cualquier hora sin miedo, ni siquiera hay homeless y los que ofrecen prostitutas y taxi boys lo hacen de una manera agradable y muy educada.

Pero también hay una Las Vegas que está afuera del Strip y que es la mayor parte de la ciudad. Ahora, para “conocer la realidad” de Las Vegas ¿Hay que salirse del Strip? La primera respuesta parecería ser que sí. Uno puede pensar que lo interesante es retratar lo que uno no ve, al “otro”, y que así se podría descubrir la “verdad de Las Vegas”. A partir de este tipo de pensamiento se llega a lo que la mayoría de los ejercicios documentales terminan tratando: “la realidad que no miramos”, esos personajes extraños a nosotros en quienes casi nunca reparamos, gente que se dedica a oficios extraños o los pobres, los marginales, etc, etc, etc.

Sin embargo, no hay que dejar de resaltar que no es tan sencillo reflejar al otro, el otro es siempre otro en relación a uno mismo, es otro que también se mueve en nuestra realidad y es, en esta realidad, en donde surge la representación que de él tenemos. Por eso el resultado, en muchos de los casos, no se aleja de lo que Zizek describe cuando habla de una de las paranoias de los norteamericanos. Tomando como ejemplo a The Truman Show, Zizek menciona como una paranoia estadounidense la de estar viviendo en una ficción, en donde la vida social misma se vuelve ficticia, en donde vecinos y amigos juegan, en este escenario, el rol de actores o de extras, tal como sucede en la casa de Gran Hermano (Zizek señala que Gran Hermano va aún más allá. Los personajes de este programa de TV no creen, como el naive de Truman, que están viviendo en una comunidad verdadera. Así, ...they act them ´for real´, so that, literally, fiction become indistinguishable from reality). Y en muchos de estos documentales termina pasando lo mismo: a estos personajes lejanos se los termina convirtiendo en actores que representan personajes predecibles, muchas veces estereotipos y que terminan siendo sólo encarnaciones de imaginarios prefigurados. Son actores que en nuestra vida diaria aparecen como extras pero que, en nuestro documental, le damos el rol de protagonistas.

¿Por qué entonces, no filmar al Strip?. ¿Por qué solamente filmar a los chicos que piden plata en la puerta de un shopping y no filmar lo que pasa adentro del shopping, o en una reunión de los accionistas del shopping? (Otra vez Farocki: ahora hay que filmar en donde está la plata. O Gandini con “Surplus”). Filmar al Strip, al barrio privado, a mi casa enrejada... Aún creemos que esos espacios nos son controlables y predecibles. Aún creemos que los conocemos. Pero tal vez no sea así, tal vez también son una realidad cuya riqueza aún debemos explorar ¿Corremos el riesgo de encerrarnos o de caer en un círculo vicioso al hacer esto? Se trata, en todo caso, de un desafío y la Universidad ¿No es el espacio para arriesgarse, para probar y equivocarse?... Dónde mejor podemos aprender a ver, en lo que parecen ser fotos aéreas de una fábrica, un campo de concentración (confusión que de hecho existió y que nos la muestra Farocki en “Imágenes del mundo y epitafios de guerra”).

Hoy, los video juegos y la TV nos venden las mismas imágenes: Counter Strike nos enseña a matar terroristas en un desierto no muy diferente al que vimos por CNN durante la guerra de Irak. Si quisiéramos hacer un documental sobre la guerra ¿Qué material me hablaría mejor de esta historia? ¿Las imágenes de archivo de CNN solamente o además las del Counter Strike y los millones de chicos y adultos que juegan con él diariamente?

Ante nuestra realidad quedan varios caminos a la hora de realizar una práctica documental con los estudiantes: podemos filmar en la simulación de la realidad o bien podríamos filmar la realidad simulada misma (lo cual sería solamente un primer paso).

Estas breves reflexiones son apenas algunas preguntas o líneas para empezar a desmenuzar mejor este asunto. Podrían trabajarse más con nuestros estudiantes leyendo y viendo diferentes autores y, sobre todo, discutiendo, para ver si podemos llegar al menos a esbozar una respuesta. Tarea difícil pero justamente es, por ello, ideal para intentar en las aulas.


Los reality shows fue publicado de la página 160 a página162 en Escritos en la Facultad Nº81

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