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La belleza de lo feo

Saidman, Pamela

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XII. Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2012

Año IX, Vol. 54, Julio 2013, Buenos Aires, Argentina | 89 páginas

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Introducción

La sociedad escapa a lo feo, lo grotesco y lo monstruoso, pero a la vez siente una atracción inevitable hacia ello. Todas las cuestiones que chocan con la ética y la moral establecida son relegadas al interior de cada uno de nosotros. Es innegable que todos los seres humanos, de cualquier época y lugar, tienen deseos reprimidos que los empujan a lo prohibido. De otra manera no podría explicarse cómo nos vemos atraídos a lo morboso de una forma tan profunda. Se debe a algo que se esconde en nuestra mente y aflora en el inconsciente, haciéndose presente en nuestros sueños.

Desarrollo

En el arte, los deseos reprimidos toman protagonismo en el surrealismo, donde lo onírico se convierte en la gran fuente de inspiración para los artistas. En los sueños y en las creaciones artísticas se subliman los deseos y los pensamientos negados en la realidad humana. Esto se relaciona también con los misterios y la muerte, con lo inexplorado. Se presenta ante nosotros una realidad paralela, pero latente en nuestras mentes.

Estos mundos son ilimitados, ya que son libres de cualquier imposición y dependen del individuo que los crea. Lo correcto y conocido va a alcanzar siempre un tope, mientras que lo surreal, lo enigmático o los deseos no materializados no pueden predeterminarse ni censurarse. Justamente la idea central de la vanguardia surrealista es crear desde el automatismo del pensamiento, sin la intervención de la razón.

Hubo artistas que se adelantaron a su época y lograron ver y representar la naturaleza de otra manera. Fueron ellos la fuente de muchas vanguardias, entre ellas, el surrealismo.

Asimismo, las obras de Santiago Caruso, artista contemporáneo argentino, muestran claras las influencias de artistas anteriores, como El Bosco, Caravaggio o Tintoretto. En la obra Jardín o Tiempo, de Caruso podemos ver cómo coexisten diversos grupos, tenebrosos y surreales.

Sin duda están presentes las figuras que Bosch creaba en sus representaciones del infierno, donde mostraba el castigo al que se enfrentaba la humanidad pecadora. Otra influencia presente en Caruso es el recurso tenebrista de iluminación, tan constante en las pinturas de Caravaggio.

Este artista buscaba oponerse al concepto arraigado en relación al arte y la belleza. Rechazaba la concepción de idealizar la realidad para plasmarla de la manera más perfecta posible, quitándole los defectos y debilidades. Caravaggio comenzó a cuestionarse qué nos lleva a pensar que no puede provocarnos una sensación de belleza la imperfección de la realidad.

Toda esta lucha entre lo bello y lo feo nos hace preguntarnos si en verdad podemos establecer un parámetro real acerca de ello. Así podríamos cuestionarnos ¿quién impone el juicio estético, la sociedad o el individuo? Por un lado, es prácticamente imposible evitar que el valor de belleza desarrollado por las costumbres y culturas se introduzca en nuestra percepción, pero debemos tener en cuenta que también cada sujeto posee una sensibilidad propia y que ha pasado por diferentes experiencias estéticas. De esta manera podemos decir que, si bien es la sociedad la que va modificando los diversos cánones de belleza, es el individuo quien define internamente lo que considera estético. En cierto modo podríamos señalar además que un concepto lleva al otro: sin una idea de belleza no podría existir la fealdad. Lo bello y lo feo está constantemente en movimiento y forma parte de un todo.

Más allá de esto existe un punto en donde lo ético y lo inmoral se unen a lo bello y lo feo. Si bien son conceptos separados, las imposiciones sociales buscan que en nuestra mente lo inmoral nos repugne; tenemos prohibido encontrar belleza en los actos contrarios a las costumbres. Sin embargo, en el arte nos enfrentamos a un cuestionamiento; al plasmar en una obra una situación calificada como opuesta a la moral, tal como asesinatos o torturas, ¿esto no puede transformarse en belleza? ¿Por qué nuestro juicio ético debe teñir la sensación que puede darnos lo estético de la creación? Podemos observar por ejemplo la obra de Caruso, incluida en el libro La condesa sangrienta. Aquí sucede algo interesante: la mujer desnuda se nos presenta recostada sobre una cama de rosas, acto que podría considerarse como bello, pero que en realidad se trata de la Condesa tomando un baño de sangre perteneciente a las jóvenes que asesinaba. La expresión de Bàthory es perversamente serena y es innegable que la obra está cargada de belleza. En esta pintura lo estético se aúna con lo inmoral, dejando la ética fuera de juego.

Muchísimos artistas del arte contemporáneo como Santiago Caruso, pugnan por representar lo anormal. Ya desde las vanguardias los artistas comienzan a rebelarse frente a toda atadura preconcebida. La belleza pierde su carácter homogéneo e incluso se convierte en objeto de ridiculizaciones y sátiras.

Si buscamos en los últimos tiempos, encontraremos muchísimos más ejemplos de representaciones contrarias a la belleza que en los miles de años que lleva la historia del arte.

Hasta el comienzo de las vanguardias era impensable abocarse a la creación de algo feo o desagradable, ya que los griegos en su búsqueda incansable de la belleza, sentaron las bases que rigieron al arte occidental por muchísimo tiempo.

Sin embargo, resulta contradictoria la creencia instaurada en Grecia de que lo bello es inherente a la naturaleza, ya que es el hombre en realidad el creador de la idea de belleza, tomándose a sí mismo en un principio como modelo ideal, plasmado en la estética del cuerpo, en la desnudez.

Nietzsche (2004) expone un planteo interesante al respecto: “En el fondo el hombre se mira en el espejo de las cosas y considera bello todo aquello que le devuelve su imagen.

El juzgar algo ‘bello’ constituye la vanidad característica de nuestra especie.” Los griegos trataban de estudiar la naturaleza y enaltecerla en sus obras intentando alcanzar la perfección. Recién a partir del siglo XVIII se gesta la noción de sensibilidad y gusto, y la belleza deja de ser sólo una reproducción de la naturaleza para dar lugar a una búsqueda estética racional. Surge la idea del arte con fines exclusivamente bellos.

En las vanguardias y en el arte contemporáneo ya ha quedado totalmente atrás la concepción de creaciones ligadas únicamente a la belleza. Por el contrario, se aspira a revelar las más oscuras realidades humanas, se indaga en lo feo y se lo enfrenta. Se busca generar una reacción en el sujeto que vaya mucho más allá del simple placer de contemplar algo ameno. Los artistas desean mostrar la realidad más cruda, en vez de manipularla u ocultarla. Podemos tomar como ejemplo al Expresionismo alemán, que creó a partir de las exacerbaciones de lo negativo de la existencia llegando al punto de la deformación. En él quedan olvidadas la belleza y las técnicas, como la perspectiva o el manejo de luz, para dejar lugar a la angustia como fuente principal de la composición. El objetivo de estos artistas no era agradar, sino generar un impacto emocional en el espectador.

Dentro del arte hubo además artistas que buscaron abordar la fealdad desafiando la belleza clásica y los desnudos femeninos.

Entre ellos podemos destacar a Lucian Freud, quien se dedicó a mostrar la obscenidad de la carne fea, revelándonos a mujeres obesas, colgajos, flaccidez, rostros devastados por los años. Freud sostenía que era simple causar una provocación en el arte: bastaba con mirar la realidad y resaltar lo que nadie desea ver.

Otro ángulo de la fealdad abordado por el arte fueron las anomalías, tanto respecto de la posesión o carencia de algo fuera del orden normal de la naturaleza. La visión de esto nos perturba, pero a la vez nos causa cierto placer inexplicable.

Nos encontramos ante algo único, que podría no distar de las creaciones surreales que aparecen en nuestras mentes. Se siente como desentrañar una realidad oculta por las capas de la aparente normalidad.

Al hablar de anomalías, podríamos observar la morbosidad casi amarillista o infantil de los retratos que Diane Arbus realizó haciendo honor a sus bellezas monstruosas. Por otro lado tenemos artistas que buscan exclusivamente repugnar hasta el límite al observador, llevándolo a ser parte de las más horribles pesadillas. Un claro ejemplo podría ser el ilustrador Suehiro Maruo, quien nos presenta en sus historias un sinfín de situaciones monstruosas, con elementos como violaciones, torturas, deformidades o incestos.

Maruo busca horrorizar con las temáticas y lo explícito de sus obras, pero a la vez sus dibujos poseen una gran técnica y sus composiciones resultan armónicas a pesar de sus personajes o escenas. Sus ilustraciones pueden provocarnos un gran rechazo y al mismo tiempo puede atraernos la belleza de sus pinturas y lo extraño de sus atmósferas.

Conclusiones

Son las fuerzas en tensión de lo feo y lo bello lo que no nos permite quedarnos en la indiferencia al contemplar obras como éstas, que nos dejan fascinados y nos hacen olvidar la ética y la moral para liberar nuestra mente a una estética diferente.

Llegamos a pensar entonces en la gran cantidad de aspectos que rigen los conceptos de belleza y fealdad y en la manera en que cada uno de nosotros los percibe. Desde el deseo de indagar en lo prohibido hasta las limitaciones éticas, pasando por los cánones culturales y la apreciación individual, las sensaciones estéticas van gestándose continuamente y resulta imposible definirlas de manera uniforme.

Ya sea en la observación de lo real, o en el espacio onírico e imaginativo, la representación simbólica de lo artístico se presenta como la escena de la lucha que la cultura libra por el concepto de belleza y su opuesto.

Bibliografía

Arte España. (2010). Expresionismo. Disponible en: http://www.arteespana.com/expresionismo.htm

Mercado, D. (noviembre de 2010). Lo bueno, lo malo y lo feo. Disponible en: http://danielmercadosj.blogspot.com.ar/2010/11/lo-buenolo-malo-y-lo-feo.html

Morales Rojas, J. (2012) De lo bello y lo feo. Disponible en: http://kueponi.blogspot.com.ar/2012/10/de-lo-bello-y-lo-feo.html

Nietzsche, F. (2004). El ocaso de los ídolos. Madrid: Edimat Libros.

Studenti Roma. (2010). Lo bello y lo feo en la contemporaneidad. Disponible en: http://studentiroma.blog.arautos.org/2010/02/el-bello-yel-feo-en-la-contemporaneidad-parte-iii/


La belleza de lo feo fue publicado de la página 15 a página16 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

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