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La historia, la belleza y el cuerpo femenino

Sterman Street, Florencia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XII. Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2012

Año IX, Vol. 54, Julio 2013, Buenos Aires, Argentina | 89 páginas

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Introducción

Desde los comienzos de la prehistoria, el ser humano ha utilizado al arte como una vía para expresar sus sentimientos, sus miedos, inquietudes, creencias religiosas, etc., así como también, para documentar la realidad de su época.

A partir del Neolítico, el ser humano comenzó a retratarse a sí mismo en las paredes de las cuevas rupestres, cazando, en familia o realizando las actividades de agricultura y ganadería.

En aquellos tiempos, la forma humana consistía en palitos y formas geométricas poco específicas más allá de alguna representación fálica que servía para diferenciar los sexos de los personajes en cuestión, aunque en las esculturas sí se encontraron pequeñas “Venus” abultadas que reflejan la forma de los cuerpos promedio de la época.

A medida que fueron desarrollándose las civilizaciones humanas, cada cual fue adoptando diferentes técnicas y características distintivas. En la civilización egipcia, que hacía bastante hincapié en la estética en sí, los cuerpos femeninos ya respondían a un estereotipo más esbelto, y en lo respectivo a la pintura, se diferenciaban por la ley de cromatismo por sexo, donde las mujeres eran blancas y los hombres de color cobrizo.

Estos constituyen algunos de los primeros documentos en la historia que hoy nos remiten a cómo eran los cuerpos de las mujeres y cuáles eran los ideales de belleza.

A medida que se van analizando obras y artistas de épocas más cercanas a los tiempos contemporáneos, se hacen notorios otros cambios significativos en las representaciones humanas, directamente ligados con los cambios socio -económicos que acompañaron la evolución de las civilizaciones.

Desarrollo

En el Renacimiento, período de mucha lucidez para la civilización europea, las temáticas en las que más ahondarían los pintores renacentistas, girarían en torno a las divinidades, el esoterismo y la mitología. Tal es el caso de la famosa obra titulada Nacimiento de Venus, creada por Sandro Boticelli en el siglo XV, donde los personajes pertenecen al reino de los cielos; la diosa Venus, las divinidades del viento -Céfiro y Cloris- y una de las tres Heras, la Primavera.

Una de las características que se verá repetidamente en las representaciones que refieren a las divinidades, será la desnudez.

En este caso, Boticelli cubre el cuerpo lampiño de Venus, apenas con su larga melena; y los dioses del viento también se encuentran ligeros de prendas, exhibiendo sus esbeltos cuerpos, mientras que la Primavera está más oculta entre sus ropas. Otro ejemplo podría ser el cuadro Las tres gracias de Rafael, donde estas tres mujeres están prácticamente desnudas sosteniendo unas manzanas.

Lo más probable es que si se hiciese una encuesta para saber qué es lo que más le llama la atención al humano del siglo XXI, su respuesta sería la diferencia del ideal de belleza física femenina de la época. Esto es porque vivimos en un mundo en el que el objetivo de las mujeres y adolescentes es parecerse a arquetipos como Kate Moss, es decir, modelos cuyo índice de grasa en el cuerpo se encuentra por debajo de lo normal, o al de mujeres que quirúrgicamente han modificado sus formas.

Entonces, al ver que Boticelli, Rafael, Da Vinci u otros íconos renacentistas pudieron ver belleza en lo que hoy nos parecería exceso de peso, imperfección y fealdad, nos desconcierta.

Los cambios físicos están estrictamente ligados con las condiciones socio-económicas de una civilización. Hace años, un cuerpo adiposo significaba un buen almacenamiento de las grasas, un recurso alimenticio ante tiempos de escasez, además de fertilidad. En el siglo XV remitía una condición de riqueza, al ocio, al poder. Y en el siglo XXI es sinónimo de fealdad, dejadez, enfermedades cardiovasculares.

Lo que se asume generalmente es que el poder, el dinero y la belleza van de la mano. Inclusive cuando no se pretende discriminar ni discernir entre formas, se lo hace. Tal es el caso del entrevistado para este ensayo, quien, si bien alega que no hace distinciones físicas entre las modelos a las cuales fotografía, investigando en sus trabajos se puede advertir que ninguna de esas mujeres sería considerada gorda, rellena o poco atractiva para el humano promedio.

La sensualidad es otro de los conceptos que hoy por hoy se encuentra ligado al atractivo físico, nos choca pensar en modelos XXL (como les dicen los editores de la revista Vogue a las mujeres de talla grande) en actitudes sensuales, sexuales o provocativas. Para detallar gráficamente este tema, se compararán obras de Rubens y de Lucas Vázquez.

En Las tres gracias versión de Rubens, podemos visualizar a tres mujeres con adiposidades localizadas principalmente en las zonas de los muslos, las caderas y los brazos. Lo crudo del detalle, los pliegues, los pozos, las arrugas, todos son componentes de una estética que Rubens consideraba bruta y sensual. Algo totalmente controversial para el momento.

A su manera, Vázquez también busca lo controversial, pero en un entorno en que ya no hay límites, las costillas esqueléticas, los pechos operados, la literalidad de lo sexual y lo lujurioso no extrañan. A su vez, las técnicas también se distinguen; mientras que Rubens va a definir hasta el más mínimo detalle del cuerpo, Vázquez va a tomar fotografías aplicando los balances que a él le resulten más atractivos, y en el caso de tomar una foto y aún luego no sentirse satisfecho con la misma, les retocará la resolución, la saturación y los contrastes en programas de edición por computadora.

Igualmente, a su manera, los artistas de siglos anteriores también van a hacer modificaciones manuales de la realidad.

Una característica que puede llamarnos la atención es la carencia de vello púbico y corporal en general. Algunas personas sostienen la teoría de que era una manera de diferenciar a las diosas que se retrataban de las mujeres corrientes; y a su vez, el retrato de una diosa semi-desnuda sería parte de su naturaleza, mientras que una mujer corriente en paños menores, sería asociada a algo vulgar.

En menor y mayor proporción, otro recurso que emplearán los artistas a lo largo de todos estos siglos con respecto a la mujer, será la fantasía de que el misterio erotiza. Un ejemplo de esto es la Gioconda de Leonardo Da Vinci, donde su autor busca transmitir la sensualidad a través de un milimétrico escote que, sin embargo, consigue decodificar claramente el mensaje. La Gioconda es sensual, insinúa pero no muestra, invoca a la imaginación. En comparación, podemos ver la imagen de la modelo retratada por Vázquez que denota de forma bastante explícita la sensualidad, la sexualidad, la lujuria. A pesar de la diferencia en las expresiones faciales de las dos retratadas, la ligereza de las ropas de una en comparación con la otra y los siglos que las separan, aun en el 2012, Vázquez solicita a su modelo que se cubra los pechos, y ambos artistas coincidirán en el misterio y en lo oculto de las formas femeninas.

Otro artista, esta vez del siglo XVI que será reconocido por sus obras controversiales y exhibicionistas será Tiziano. En su cuadro Santa María Magdalena, se ve cómo se asoman los pezones de la retratada en cuestión por entre su melena.

Este fanático de la voluptuosidad femenina no tendría pudor en expresarse libremente y sus retratos van a contribuir a ejemplificar las diferencias en los esquemas de belleza de las diferentes épocas.

Mientras que las mujeres de Tiziano son regordetas, de pechos normales o pequeños, de caderas anchas y de pubis lampiños como en El visitante de la Venus, algunas de las que selecciona Vázquez, serán angostas de cintura abultadas de busto y en vez de mostrar la pelvis, es posible que enfaticen más su parte trasera, como en las fotografías de su serie Girls at home, esta característica femenina captará la atención masculina desde los comienzos y continuará acrecentando el fanatismo por este sector a pesar de los años.

Conclusiones

En función de lo analizado a lo largo de este ensayo, es posible concluir en la existencia de una metamorfosis en los conceptos de belleza asociados con el cuerpo femenino, que demuestran cómo se fueron modificando los conceptos que se asociaban con la salud y la estética, resultando en una priorización de la segunda por sobre la primera.

Finalmente, otra sensación que surge tras la realización de este trabajo, es la curiosidad. Es por ello que se puede culminar con las siguientes incógnitas: ¿Qué nos depara el futuro del arte? ¿Qué elementos controversiales aún no se han implementado? ¿Se innovarán o se reciclarán conceptos?

Bibliografía

Hauser, A. (2002). Historia social de la literatura y el arte. Madrid: De Bolsillo.


La historia, la belleza y el cuerpo femenino fue publicado de la página 19 a página20 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

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