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Contactando con el planeta tierra. De las líneas de Nazca al Land Art en clave geoglífica

Noriega, Diego Ezequiel

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XII. Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2012

Año IX, Vol. 54, Julio 2013, Buenos Aires, Argentina | 89 páginas

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Introducción

Desde sus orígenes, el hombre ha cuestionado su existencia en el planeta y se ha preguntado incesantemente cuál es su rol. Desde tiempos remotos, el hombre primitivo realizó todo tipo de ofrendas y rituales para pactar con las fuerzas naturales que lo acechaban. Respetando la naturaleza y observándola minuciosamente, pudo lograr un equilibrio y aprender a vivir con ella. Con el devenir de los tiempos, la actitud de reverencia hacia al medio ha ido mutando hasta el punto tal de creerse amo y señor del mismo.

El siguiente ensayo versa sobre la existencia del hombre y su relación con el mundo circundante, tomando como punto de partida las imponentes líneas de Nazca. Las primeras creencias de que el trazado de aquellos geoglifos fue un acto disparatado para contentar a visitantes extraterrestres, o que constituyeron una suerte de monumental calendario astronómico, son hoy fácilmente refutables. Si bien fueron hechas en distintos períodos y siguiendo propósitos diversos, se consideran hoy en día monumentales senderos que permitieron situar al individuo ante la inmensidad y el cambio cíclico de su entorno. Permitieron que éste pudiera contemplar su alrededor y aceptar lo cambios producidos en el mismo.

Aquellas primitivas manifestaciones artísticas sobre la tierra encuentran su correlato con un movimiento surgido a fines de la década del ‘60 en Estados Unidos denominado Land-Art. A diferencia de las líneas de Nazca, las obras de artistas de la talla de Smithson pueden ser únicamente conocidas a través de fotografías. El mismo medio natural las ha destruido confirmando de esta manera el carácter efímero de las cosas.

La conexión y reverencia al suelo que sostenía a la primitiva civilización Nazca se fue debilitando lentamente por los abusos del hombre moderno en el vano intento por someterlo.

Ha intentado, tercamente, controlar lo incontrolable.

Estableciendo contacto. Las líneas de Nazca

Cogorno (2003) introduce la reflexión acerca de esta temática citando a María Reiche, para quien

Las líneas eran una suerte de nexo, de comunión, entre el cielo y la Tierra, pues en esa Tierra las líneas medían el tiempo, reflejaban los astros,"hablaban" por los hombres acerca del paso de las estaciones y de los periodos de sequía y abundancia, pudiéndose también "seguir" en ellas el derrotero astronómico de eras pasadas, cada una diferente a la otra; cada línea "dibuja", entonces, sobre la pedregosa superficie, un solsticio perdido en el tiempo; y configura el recuerdo de eventos o contingencias naturales -como por ejemplo una terrible sequía- que vivieron los habitantes de esta región.

Las misteriosas líneas trazadas en el desierto de Nazca acapararon el interés de arqueólogos, historiadores de arte, antropólogos y de la población en general. Su finalidad fue objeto de discusión desde fines de la década del ’20, siendo explicadas como caminos Incas, planes de irrigación, imágenes para ser apreciadas desde globos aerostáticos, e incluso se elaboró una teoría que aseguraba se trataba de aterrizaje para naves espaciales.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la arqueóloga alemana María Reiche desempeñó un papel preponderante en la conservación de aquellos geoglifos. Su actividad protectora, en colaboración con grupos de motociclistas que patrullaban la región, fue de gran importancia para que, hoy en día, miles de estudiosos puedan continuar con trabajos de investigación por vía terrestre.

El verdadero propósito de su realización parece comenzar y finalizar con el agua. La zona costera del sur de Perú y el norte de chile es de las más áridas del planeta. En el área donde la población Nazca desarrolló su civilización, diez ríos descendían de la cordillera de los Andes. Sin embargo, el microclima en la región de Nazca fue oscilando dramáticamente en los últimos 5000 años. Sistemas de alta presión sobre el centro de Sudamérica generaban una gran cantidad de precipitaciones que decrecían cuando éste se movía hacia el sur, secando de esta manera los ríos del Valle de Nazca. Su cultura, que emergió a partir de la anterior civilización de Paracas, fue asentándose a lo largo de valles cultivando algodón, trigo y destacándose por sus cerámicas. Su arte da evidencia de un pueblo pacífico cuyos rituales giraron en torno a la música, el baile y los paseos rituales.

Cahuachi, su capital religiosa, presentaba una monumental pirámide de adobe, flanqueada por numerosos templos, plazas, plataformas y una intricada red de escaleras y pasillos.

El río Nazca, tras nueve millas de recorrido subterráneo hacia el este, emerge en forma de fuente en el centro ceremonial de Cahuachi. Este fenómeno era considerado por los pueblos primitivos como sagrado. La gente llegaba desde las montañas y desde la costa para realizar ofrendas.

Estos antiguos pueblos fueron moviéndose continuamente entre asentamientos ubicados al este y oeste según las sequías del río Nazca y sus afluentes. En los alrededores de cada poblado pueden observarse geoglifos. Parecería ser que conformaban una suerte de reservorios de agua.

El desierto peruano constituyó de esta manera una especie de gran lienzo. Con el solo hecho de remover las oscuras piedras que cubrían la superficie del terreno, dejando al descubierto de esta manera las zonas de arena clara, los Nazca crearon marcas que perduraron a lo largo de los siglos.

A pesar de que la cultura en cuestión fue la más hábil en la construcción de geoglifos, no fue la primera. En las cercanías de Palpa, tres figuras estilizadas de humanos datan de al menos 2400 años atrás, atribuidas por arqueólogos a la cultura de Paracas. Este pueblo supo realizar, a su vez, petroglifos.

Estos dibujos sobre la roca entre los que destaca la figura de un mono similar al de Nazca, evidencian que los trazados “misteriosos” estudiados por Reiche, no fueron llevados a cabo en un mismo tiempo, en un solo lugar, ni guiados por un mismo propósito. Muchos fueron impuestos sobre otros más antiguos, lo que dificulta su interpretación y lectura.

La noción popular de que sólo pueden ser advertidos desde el aire es un mito moderno. Por lo tanto, las teorías de que fueron realizados para que alienígenas aterrizaran sus naves espaciales, o bien que conformaba una suerte de calendario astronómico gigante o para una audiencia celestial, han sido refutadas.

Los geoglifos de la primitiva era de Paracas se localizaban en la ladera de las montañas y podían, por lo tanto, avistarse desde la llanura. Con los Nazca, estos llamativos diseños fueron cambiando de soporte; de la montaña pasaron a la tierra firme.

Casi todas estas figuras icónicas de animales, como el caso de la araña o el colibrí, son diseños de una sola línea. Una persona podía pararse en un punto y recorrer todo su contorno sin cruzar otra línea. Esto sugiere que las líneas evolucionaron desde meras imágenes a pasillos destinados a procesiones ceremoniales. Probablemente, el paulatino aumento de la población avocada a estas procesiones, derivó en la construcción de geoglifos de patrones geométricos abiertos.

Según grupos arqueológicos, los trazados ya no perseguían tanto un sentido estético sino sitios para caminar durante ceremonias religiosas. Estas figuras geométricas representaron un lugar donde grupos de personas podían interactuar, siendo capaces de mirar y observar la naturaleza a su alrededor.

Durante siglos, los pueblos andinos rindieron culto a las deidades de la naturaleza, especialmente a las montañas por su relación con el agua. Los arqueólogos han encontrado frecuentemente en los vértices de figuras trapezoidales, túmulos de piedras que bien podrían ser especie de altares, ya que al excavar se han advertido numerosos objetos que representaban ofrendas rituales tales como conchas marinas. Una especie de éstas es traída a tierra tras la corriente del Niño, motivo por el cual, es asociada con la agricultura y fertilidad.

El legado de Nazca nos ha llegado principalmente a través de sus líneas. Una de las formas más comunes han sido las espirales. Al caminarlas, uno termina enfrentándose con cada punto cardinal. En efecto:

Estos pasillos curvos pudieron indicar el fortalecimiento de las relaciones con las divinidades e interpersonales.

Al continuar el camino, uno puede advertir que una de las funciones más importantes de las “misteriosas” líneas de Nazca no es para nada un misterio; los geoglifos seguramente recordaban a la población de que su destino estaba atado al medio ambiente; a su belleza y a su efímera abundancia. La reverencia a la naturaleza puede ser identificada como una constante en épocas de abundancia así como en las de sequía al recorrer cada línea de los geoglifos. (Hall, 2010)

Estamos perdiendo señal. La espiral de Jetty

Se comienza a hablar de Land-Art en Estados Unidos a fines de la década del ‘60, y es Walter de María quien utiliza el término para nombrar sus primeras intervenciones en el paisaje. Esta denominación se extiende luego a otros artistas que se sirven del paisaje y sus elementos para sus obras.

El desarrollo del Land-art se caracteriza por la búsqueda de nuevas formas, nuevos modelos, nuevos conceptos y un interés especial por la experiencia in situ. Inspirados por antiguas culturas neolíticas y precolombinas, deciden trasladar sus trabajos artísticos a los espacios naturales, los cuales son transformados por el mismo pensamiento y acción del artista.

Es una época donde se manifiesta un espíritu de rebeldía contra los circuitos del arte establecidos y considerados como únicos; el museo y la galería. Se cuestiona el pensamiento dominante de la sociedad y su actitud hacia la naturaleza. Tras la guerra de Vietnam y el auge del movimiento hippie, se comienza a interrogar a la cultura industrial y emerge una nueva conciencia ecológica.

Esta nueva forma de concebir el arte implica una:

Apertura hacia el entorno, el territorio, la relación con el espectador y el manejo integral de un cúmulo de disciplinas involucradas en la comprensión del lugar, su sentido y significación, dan paso al abanico de formalizaciones escultóricas que conforman el espectro de la escultura contemporánea. (Pérez Arango, 1999)

Al salir a la naturaleza e iniciar nuevas búsquedas con este nuevo medio de expresión “el énfasis no recae (…) en el objeto artístico que resulta de la acción, sino en el proceso del hacer, así como en las relaciones que se producen entre la obra y el sujeto que lo experimenta”. En este sentido, en el Land-Art “es primordial el sentido de proceso intrínseco a cada propuesta”. (Pérez Arango, 1999) Uno de los primeros trabajos en esta exploración de nuevos espacios y de trabajar la tierra como materia prima, es la obra Spiral Jetty de Robert Smithson, realizada en el Gran Lago Salado de Salt Lake City (Utah) en 1970. Se trata de una gigantesca espiral de 6600 toneladas de roca que flota en las aguas del Gran Lago.

La obra de arte no se identifica como un objeto artístico que consiste en una gigantesca formación espiralada construida con rocas, sino que es un no-lugar. Con esto, Smithson afirma que la obra como objeto o lugar no existe. Fue realizada en un lugar recóndito, donde la fuerza de la naturaleza se la ha llevado consigo. Existe sólo en el pensamiento que el espectador pueda contraer de ella a partir de su fotografía. Esto resalta lo efímero de una obra que ha sido arrasada por los continuos cambios que se advierten en el medio ambiente.

Conclusiones

Como se ha señalado, desde los comienzos de la humanidad el hombre ha intentado asegurar su auto-conservación a través de distintas ofrendas y ceremonias para apaciguar de esta forma a las fuerzas de la naturaleza. Reconocía su inmensidad y su labor estaba orientada a una profunda conexión con la misma. Era parte de sus creencias rendirle culto y avocarse a su servicio.

Con el transcurso del tiempo, y sobre todo a partir de la Revolución industrial, las nacientes tecnologías creadas por el individuo intentaron con tenacidad pasar del servicio al dominio absoluto del medio natural circundante.

Si bien está fuera de discusión el gran aporte que estas innovaciones representaron a favor de las necesidades que la humanidad fue experimentando, la sobre-explotación del medio demuestra continuamente, a través de su furia devastadora, que no somos sino instrumentos de un orden superior y que por más que intentemos controlarla con ahínco, siempre nos derrotará.

Los senderos de Nazca recordaban al pueblo su lugar en el mundo. Recorriendo sus figuras, el hombre podía contemplar en su plenitud la majestuosidad del mundo que lo abrazaba, podía vivenciar su naturaleza cíclica y rendirle tributo.

Hoy en día le hemos perdido el respeto; nuestra omnipotencia ha cegado nuestra capacidad de admirarlo, provocando que continuemos tercamente en el esfuerzo por invertir los roles relegándola a un papel secundario.

Hace tiempo que la naturaleza dejó de abrazarnos para acorralarnos y apretarnos violentamente por el daño que le hemos causado. Artistas como Smithson han plantado en su época la semilla de la concientización, a través de obras como la mencionada Espiral Jetty. Como no lugar se nos presenta como el último vestigio del obrar humano a causa de la fuerza arrolladora e incontrolable de algo superior. La obra ya no existe más in situ, sino en una fotografía.

Habrá que tomar en cuenta estas advertencias y observar a nuestro alrededor para reconsiderar nuestras aspiraciones de controlar lo incontrolable. En vez de alejarnos progresivamente del centro de la espiral, siguiendo lo que se conoce como la curva del conocimiento, deberíamos tomar una actitud más reflexiva; volver sobre lo conocido y así recorrer la espiral desde afuera hacia adentro.

El hombre se ha convertido en alienígena en su propio planeta.

El arte sobre la tierra nos invita a contactarnos nuevamente con nuestros orígenes para así reconciliarnos con nuestro suelo. Tomando un vuelo comercial desde Arequipa a Lima tendremos el inmenso regalo de poder contemplar las líneas de Nazca. Más que tomarlo como un mensaje hacia una audiencia sobrenatural, deberíamos entenderlo como destinado a nosotros mismos. Bajemos a tierra, para contactar nuevamente con nuestro suelo, con nuestros orígenes.

Bibliografía

Cogorno, A. (Diciembre 2003-Enero 2004). Al oeste del gran pájaro. En Revista Vivat Academia, número 51. Las culturas precolombinas. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires.

Hall, S. (Marzo 2003). Spirits in the sand. En National Geographic Magazine. Lehmann, H. (1984).

Pérez Arango, E. (1999). Land Art. Testigos del Cosmos.

Stones, R. (2002). Art of the Andes: From Chavin to Incas. Editorial Thames & Hudson. World of Art.


Contactando con el planeta tierra. De las líneas de Nazca al Land Art en clave geoglífica fue publicado de la página 25 a página27 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

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