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Robert Frank, Modernidad. James Nachtwey, Posmodernidad

Melon, Leandro

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XII. Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2012

Año IX, Vol. 54, Julio 2013, Buenos Aires, Argentina | 89 páginas

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Introducción

Gobiernos y medios de comunicación alrededor del mundo tienen el poder de instaurar un relato sobre sus pueblos, o bien, generar la instalación y aceptación de ese relato. Eso es lo que les confiere poder. Sólo ciertos mensajes llegan al público, ciertos gestos, ciertas ideas. Lo demás se vuelve una sombra, un silencio, en ocasiones hasta un tabú. Exponentes de distintas corrientes artísticas han tratado de ir en contra de esto, tratando de dar voz a los que no la tienen.

El resultado de la Segunda Guerra Mundial instaló a los Estados Unidos como la mayor superpotencia mundial. Desde entonces este país intensificó el mensaje que ya venía dando al mundo: “Dios bendiga a América”, “Este es el mejor país del mundo”, “La tierra de las oportunidades”, discurso que continúa aún hoy. Pero como toda estructura imperfecta, al ser generada por un ser imperfecto, goza de defectos y contradicciones, que se esfuerza por esconder.

Los relatos épicos y heroicos sobre la guerra son otras de estas típicas farsas. Ya Roger Fenton lo experimentó al tener que fotografiar una guerra impopular (la Guerra de Crimea), y sólo ciertos aspectos de ella, para que las madres de los soldados ingleses no se asustaran frente al horror en que encontraban a sus hijos. E incluso si se documentan las batallas, no es lo mismo documentar el combate que lo que él implica.

No es lo mismo tomar una foto de un enfrentamiento en Grozni, Chechenia, donde sólo podemos distinguir a los hombres y sus armas, que una foto que obligue al receptor a preguntarse ¿Cómo se sentirá pelear vecino contra vecino?, hermano contra hermano. No es lo mismo una fotografía de una ciudad destruida por los combates que una de una mujer frente a ésta que lleve a cuestionarse cómo es retornar al hogar y hallarlo devastado, después de tanto tiempo. Todo relato esconde otros niveles de interpretación, debajo de la superficie, y la fotografía es una herramienta para hacerlos emerger.

Para el presente escrito se analizará comparativamente, a través de varias fotografías, la obra y estilo de los dos fotógrafos citados, Robert Frank (1924 –) perteneciente a la Modernidad, y James Nachtwey a la Posmodernidad (1948 –). A partir de esto se podrán abordar sus similitudes y diferencias en la forma de concebir y realizar el acto fotográfico. Tanto el primero como el segundo pueden considerarse como pertenecientes a una intención dentro de la documentación fotográfica (intrínsecamente unidas al fotoperiodismo desde el comienzo del auge de las publicaciones) de revelar cuestiones que solían y suelen ser, o bien escondidas, o bien ignoradas en principio por el público observador, con el objetivo de que su impacto lo quite aunque sea momentáneamente de su apatía.

Desarrollo

Robert Frank nació en 1924, en el seno de una familia judía rica en Zúrich, Suiza, plenamente dedicada a los negocios.

Siendo de tal procedencia, y luego de los eventos de la Alemania Nazi y la Segunda Guerra Mundial, Frank adquirió toda una nueva visión de las cosas, sobre todo en los aspectos de la opresión y la explotación. Es por ello que rechaza el mandato familiar de dedicarse a los negocios, y encuentra a la fotografía como refugio y como forma de expresión.

Luego de un breve trayecto como fotógrafo en la Europa de posguerra, emigra a Estados Unidos en 1947. Inicialmente obtiene un empleo como fotógrafo de moda en Harper’s Bazaar. Sin embargo, el estilo de vida norteamericano acabó decepcionándolo, y continuó viajando, sobre todo por Sudamérica y Europa.

En 1953 vuelve a Nueva York y se desempeña como fotógrafo independiente para publicaciones como Fortune, McCall's y Vogue. Su estilo fotográfico es muy natural, no manipula ni hace puestas para sus tomas, suele trabajar en condiciones precarias de luz, con objetivos muy abiertos y lentes que se aproximan al gran angular.

Si bien Frank tuvo un período en el que se dedicó a la cinematografía, en 1970 vuelve a la foto y continúa publicando libros con sus trabajos. Hasta la fecha, Robert Frank continúa realizando filmes así como imágenes, si bien se encuentra más recluido debido a varias tragedias ocurridas en el seno de su familia, y recientemente ha accedido a llevar adelante variadas exposiciones y proyectos retrospectivos sobre su arte.

De todas maneras, ninguno de éstos ha tenido tanta repercusión, tanto para su época como para la historia de la fotografía como su trabajo titulado The Americans, realizado en los años ’50, y perteneciente a la época e ideales de la Modernidad.

En ese período, los ideales imperantes en los Estados Unidos eran los de la Guerra Fría y el sueño americano, siendo considerados entonces el paradigma capitalista y liberal como la figura indiscutida del Bien, y su contraparte de la Rusia comunista como representación del Mal en un mundo bipolar.

No existían puntos intermedios: o bien se formaba parte de una cosa o de la otra. A diferencia de otros fotógrafos que en décadas anteriores vieron en Estados Unidos la oportunidad de continuar experiencias vanguardistas (como por ejemplo una segunda Bauhaus), siendo también Frank un extranjero pudo observar los ideales norteamericanos con una mirada más escéptica y crítica, y no pudo evitar ver las obvias contradicciones que se daban dentro de este sistema que era presentado ante el mundo como el camino correcto, habiendo quedado decepcionado por los valores consumistas e individualistas del país, y las enormes desigualdades sociales que provocaban.

De esta manera, al recibir un permiso por parte de la Fundación John Simon Guggenheim en el año 1955 para viajar a través de Estados Unidos con el objetivo de fotografiar y reflejar la sociedad en todos sus estratos, Frank se propuso, a diferencia de los demás fotógrafos que habían recibido encargos similares (como Richard Avedon), realizar un estudio que reflejara el país desde una perspectiva completamente distinta.

Por lo tanto, la visión que ofrece Frank de los Estados Unidos se presenta más naturalista, reflexiva y contextualizada sociológicamente.

Pueblan el proyecto The Americans fotografías de carreteras y comercios vacíos, la soledad, los televisores, las junkbox, las periferias urbanas, los políticos y las banderas, que incluso en ocasiones tapan a sujetos retratados, lo mismo que sucede con escaleras y otros objetos.

Si se suma esto a sus composiciones desequilibradas, la escasez de luz, el fuera de foco y otras características, las fotos adquieren un valor expresivo al negar la idea de paraíso con la que solía presentarse Norteamérica al mundo. La enorme importancia de este trabajo residía en la revelación de la estafa que suponía el denominado american way of life (estilo de vida americano) y hacer escuchar las voces de la parte silenciada de Estados Unidos, las periferias sociales, los marginados, las razas minoritarias. El ideal del bien norteamericano se presenta ahora como parte de un mal, por su falsedad.

Una fotografía en la que se ve muy bien esta intención es una en la que el artista retrata un grupo de trabajadores sucios y grasientos tomándose un momento para almorzar en un drugstore en Detroit, dejando al descubierto la estafa del sueño americano, la idea de “hacerse la América”, y la “tierra de las oportunidades”, ya que los trabajadores, sean locales o inmigrantes, sólo eran víctimas de la misma faceta de explotación del hombre sobre el hombre, quedando así la idea del progreso un poco desdibujada.

La foto presenta el estilo naturalista que caracteriza a Frank, con una composición que fuga hacia el lado izquierdo, poblada de sujetos cansados, lo que genera un aumento de su dimensión. Los trabajadores se encuentran tomándose un momento para almorzar, y no puede hallar noción alguna de alegría u ocio, sino simplemente de cansancio y hacinamiento.

Para completar la escena, el techo está repleto de carteles con promociones para el consumo, típico elemento americano, que parecen acosar a los trabajadores al ubicarse por encima de ellos, en este particular contexto. En efecto, uno de los trabajadores más cercano a la cámara parece ser víctima de esto, debido a que se encuentra bebiendo el batido de naranja que el cartel publicita.

Parece algo inescapable; trabajadores caucásicos en búsqueda de un mejor futuro que les ha sido prometido, se encuentran atrapados por el tiempo y el espacio en su trabajo obrero. Del otro lado de la barra, encontramos sólo mujeres afroamericanas en una situación similar, como si aquel fuera un lugar al que ineludiblemente van a pertenecer. La cantina se vuelve la metáfora de una prisión sin necesidad de celdas ni llaves. No hay proceso de puesta, sino que lo que se busca es un retrato de lo cotidiano. Frank no busca ese momento decisivo que planteaba Cartier-Bresson, sino que busca momentos intersticiales, es decir, lapsos en los que no pasa nada, para así lograr una mejor y más completa descripción de lo cotidiano de la vida de los sujetos retratados, y no un evento en particular.

En este sentido, se parece a la intención detrás de los retratos de Paul Strand, en los que se busca narrar una historia más que captar un momento. Como consecuencia, su propia subjetividad se vuelve más importante que el/los sujeto/s retratado/s, al momento de decidir cuál momento es cotidiano y cuál no. El fotógrafo no puede evitar volcar de manera evidente en la foto su posición ideológica. En base a esta consideración, Frank (2007) comenta: “Mis fotos no están planeadas ni compuestas de antemano, y no adelanto que el espectador vaya a compartir mi punto de vista. Sin embargo, si mi foto deja una imagen en su cerebro... algo habré conseguido”.

Como se pude ver, la intención del autor no es generar necesariamente una respuesta ideológica en el observador, pero sí que la situación retratada se haga evidente. Como nota interesante, Allan Sekula afirma que en la sociedad capitalista el artista es transformado a través de las instituciones en alguien dotado de una subjetividad privilegiada, un “autor”, y que no podrá realizarse una denuncia o verdadero arte ideológico y político a menos que éste se ponga en contra de tales instituciones. Sin embargo, Frank parece realizar justamente eso.

Vale la pena aclarar que esta visión crítica sobre los Estados Unidos no era la primera: ya muchos años antes, en 1890, Jacob Riis, otro extranjero que había emigrado a ese país realizó un trabajo fotográfico precursor denominado The Other Half: How It Lives and Dies in New York (La Otra Mitad: Cómo Vive y Muere en Nueva York), en el que describió las condiciones de los pobres. Sin embargo, para ese entonces, los Estados Unidos aún no se habían ubicado definitivamente como potencia y el relato que Robert Frank desmitifica aún no se había desarrollado e instalado.

Otra cuestión a destacar es que Frank realizó The Americans prácticamente al mismo tiempo que en el MoMA (Museo de Arte Moderno, en Nueva York) se desarrollaba, de la mano de Edward Steichen, la exposición denominada The Family of Man (La Familia del Hombre), en la que, partiendo de una visión humanista, se mostraban fotos tomadas en varios lugares del mundo de personas de distintas etnias realizando diversas actividades, con la intención de mostrar que todos los seres humanos, más allá de la cultura, somos en esencia lo mismo (nacemos, reímos, lloramos, trabajamos, morimos, etc.), intención que incluso llegó a ser criticada por Roland Barthes por llevar demasiado el foco a la naturaleza, y caer en la tautología de que “un hombre es un hombre”, y dejar de lado toda la fuerza de la Historia que genera las diversas culturas en primer lugar.

La cuestión pertinente aquí es que esta exposición también produjo cierta tensión con los ideales de la época de Estados Unidos, pero lo que hacía era simplemente ampliar el espectro en cuanto a la percepción del hombre, no entraba en conflicto necesariamente. El trabajo de Frank, en cambio, sí lo hacía, pues introducía directamente un discurso directamente divergente, en este caso, de la idea del país como figura del Bien.

Por esta razón, no resulta sorprendente que al presentar esta visión de Norteamérica, Frank haya tenido problemas con las autoridades, y su trabajo haya sido rechazado por publicaciones como la revista Life bajo el argumento de que eso “no era su Estados Unidos”, y que hacía que su país se pareciera, justamente, a Rusia, todo aquello a lo que ellos aseguraban oponerse. Fue por ello que el fotógrafo sólo pudo publicar su trabajo en Europa en 1958, y en América recién un año después.

Esta visión de Estados Unidos como el mejor país del mundo, no era novedosa, e incluso hoy en día no se ha extinguido.

Como herencia de la Guerra Fría se sigue presentando al país como tal, más allá de todas estas contradicciones. Tanto en tiempos de Frank como en la actualidad, muchas personas, tanto estadounidenses como extranjeras parecen hacer oídos sordos a éstas, y por lo tanto, el trabajo de fotógrafos como Robert Frank adquieren una gran importancia para aquellos que no desean caer en consideraciones que carecen de un verdadero fundamento.

En cuanto al trabajo de Frank en The Americans, se trata de la documentación de una realidad evidente pero escondida, tratándose de una forma de violencia interna, simbólica y moral.

En el caso de James Nachtwey se trata de otra época, que es reflejo de una realidad también evidente pero ignorada, de una violencia externa y física, a la vez que emocional, en la que el fotógrafo entra -en este caso sí al igual que Frankcomo agente revelador. Desde un principio, Nachtwey expresa su admiración por el trabajo de Frank:

El trabajo es tan crudo y directo (…) Frank no viajó a exóticos lugares ni se metió en sucesos dramáticos. Vio el drama latente en las situaciones más ordinarias. (…) La historia está escrita en la cara de la gente que te cruzas por la calle cada día y sus ojos supieron verlo. (Nachtwey, 2011)

Nachtwey nació en Nueva York en 1948 y se crió en Massachusetts, donde estudió tanto Historia del Arte como Ciencias Políticas. Fotografías de la Guerra de Vietnam (otra guerra impopular, y aquí las fotografías revelaban lo que realmente estaba ocurriendo, a diferencia de lo que decía el gobierno estadounidense) y de la lucha por los Derechos Civiles tuvieron mucho impacto en su vida y reforzaron su decisión de volverse fotógrafo.

Trabajó en varios lugares, como la Marina Mercante mientras aprendía fotografía de manera autodidacta. En 1976 empezó a realizar fotografías para una publicación en Nuevo México, y en 1980 viajó a Nueva York para desempeñarse como fotógrafo independiente. El primer trabajo para el que fue asignado al exterior fue la cobertura de los conflictos del Irish Republican Army en Irlanda.

Desde entonces, Nachtwey se dedicó a cubrir conflictos bélicos y sociales por todo el mundo, desde El Salvador, Nicaragua, Guatemala, el Líbano, la Franja de Gaza, Israel, Indonesia, Tailandia, India, Sri Lanka, Afganistán, las Filipinas, Corea del Sur, Somalia, Sudán, Ruanda, Sudáfrica, Rusia, Bosnia, Chechenia, Kosovo, Rumania, Brasil e incluso los Estados Unidos. Por lo tanto, una primera e importantísima diferencia con Frank, es que los dramas que retrata Nachtwey resultan mucho más evidentes. Sin embargo, la coincidencia se presenta en los aspectos de estas situaciones que pretende reflejar.

Debe tenerse en cuenta, al referirse a Nachtwey, que su fotografía pertenece a una época completamente distinta a la de Frank, ya que entra en los parámetros de la Posmodernidad.

Con la disolución de la Rusia Soviética, la cultura occidental ya no hace consideraciones basadas en ideales utópicos, ni piensa en extremos opuestos, sino en escalas de grises.

Nachtwey no toma partido por un bando, sólo una posición humanista en contra de la guerra. Se presenta a sí mismo como un testigo, y a sus fotos como su testimonio, dirigida a una cultura de masas desarrollada y despolitizada (típico de la posmodernidad, como afirma Sekula) para que tales eventos no se olviden ni repitan.

A diferencia de la explicitación de lo escondido de Frank, Nachtwey se desplaza entre las balaceras de un conflicto bélico, casi como si no pudiese ser dañado por éstas (si bien resultó herido varias veces), no para captar el evento en cuestión, que ya todos conocen, sino para retratar las consecuencias y el drama humano que produce, y qué se esconde detrás de los enfrentamientos.

Busca que el dolor y la tragedia que median estos conflictos sean revelados a todos, y desde allí incitar a una reflexión.

Sus aportes se diferencian de los de Frank en el hecho que no revela algo intangible escondido a su vez por la intangibilidad de lo social, sino algo intangible (el sufrimiento) detrás de la tangibilidad de la guerra, a la que normalmente se le prestaría más atención. Es decir, el sufrimiento muchas veces ignorado, que queda por detrás de las armas y las balas. Nachtwey es considerado uno de los mejores fotógrafos de guerra no sólo por la calidad artística de sus imágenes, sino también por esta búsqueda personal.

A diferencia de Frank, quien buscaba momentos intersticiales, Nachtwey busca el momento decisivo para poder retratar a alguien que parece vivir el más profundo de los dolores.

Sobre esto expresa:

Lo peor es que, como fotógrafo, me aprovecho de las desgracias ajenas. Esa idea me persigue. Todos los días.

Porque sé que si algún día dejo que mi carrera sea más importante que mi compasión, habré vendido mi alma.

La única manera de justificar mi papel es respetando a aquellos que sufren. (Nachtwey, 2007)

Se trata de un hombre que durante toda su vida ha documentado las peores facetas de la humanidad, pero la naturaleza del dolor le impiden perder la fe en ella. La falta posmoderna de utopías se ve remplazada por un reflejo del hombre “tal como es”. No hay punto de vista propio, como en Frank, sino que la reflexión surge del observador.

Sus fotografías suelen ser en blanco y negro y muy naturalistas, dada su búsqueda del instante y del elemento trágico, lo cual refuerza el impacto emocional de la situación, sobre todo teniendo en cuenta que las situaciones descriptas tienden a ser, en grandes rasgos, bastante simples. Durante la modernidad, como menciona el texto de Baqué, se creía en el concepto de la esencia de cada arte. En la posmodernidad esto se modificó, dando lugar a una flexibilización de tales criterios. Refiriéndose a la fotografía de guerra, Susan Sontag afirma que en este tipo de documentación lo que tiene peso es el testimonio que deje, no su potencial valor artístico. Es más, este último tiende a ser rechazado pues implica algún grado de manipulación. De aquí la intención de Nachtwey de testimoniar, a través de la foto, movido por una búsqueda más humanista que estética. La fotografía de Frank, por el contrario, propia de la modernidad, sí exhibe esto, en el hecho por ejemplo, de la obra The Americans, entendida como un conjunto unificado más que una serie de fotos separadas, y su inserción en un criterio estilístico e ideológico propio.

Resulta difícil escoger una foto representativa del estilo de Nachtwey, dado a que contextos diferentes le demandan acercamientos diferentes. En el caso de la mujer volviendo a Kabul, el fotógrafo la toma en un gran plano general para realizar una fuerte composición entre la figura de la mujer en medio de la enormidad de una ciudad destrozada por la guerra, transformándola en un fantasma que habita las ruinas luego de tanta muerte. Lo mismo sucede con la foto del niño en Chechenia, que en una extraña composición, la parte superior de su cabeza es presentada en detalle, y ubicada en la zona inferior del cuadro, por delante del panorama fuera de foco de las ruinas de la ciudad de Grozni. Ambas fotos pueden interpretarse como referencia a lo minúsculo del hombre frente a su enorme potencial de destrucción. Quizás a esto se debe el foco puesto sobre la figura humana, y a su carencia en el paisaje destruido.

Ya hace un tiempo Nachtwey viene trabajando en un proyecto llamado Crime and Punishment (Crimen y Castigo), una experiencia que, según lo que el fotógrafo explica, trae a colación muchos interrogantes sobre el racismo y la desigualdad en los Estados Unidos, mostrando para quién están verdaderamente disponibles las oportunidades y virtudes que el país afirma poseer. La influencia de Robert Frank en este trabajo es muy clara; se trata otra vez de una forma de documentación reveladora y desmitificadora como fue el caso de The Americans.

Ejemplos claros en este trabajo son las fotos realizadas en prisiones en Alabama, entre las cuales, por ejemplo, un prisionero está siendo castigado por medio del encadenamiento a un tubo bajo el pleno sol del mediodía. Si la foto fuera observada independiente de un texto o epígrafe, conociendo el trabajo de Nachtwey, el receptor podría llegar a pensar que se trata de cualquier otra foto en medio de una situación bélica en África, por ejemplo. Sin embargo, se trata de una prisión federal en medio de un país que se afirma a sí mismo como representante de las libertades individuales, los derechos civiles, y en general, de la Civilización Occidental.

Se pueden ver varios casos de intertextualidad en Nachtwey, como es típico de nuestra época. Las composiciones y temáticas de algunas de sus fotos parecen basarse en relatos anteriores.

Por ejemplo, en la fotografía de la mujer sosteniendo el cadáver de su hijo fallecido de tuberculosis no se puede evitar asociar una significación con La Piedad de Miguel Ángel, o cualquier otra obra realizada a partir de ese pasaje bíblico.

Otro caso es la fotografía de los cadáveres apilados en un camión en Bosnia que recuerdan a la pintura de la desolada campiña francesa con los cuerpos en una carreta de Frederick Varley. También es interesante el caso de la abuela cuidando de su nieto con HIV ubicados por debajo de una pintura de José y María arropando a Cristo.

Por supuesto estos casos de cruce entre textos no se presentan de manera consciente en el trabajo de Nachtwey al momento de tomar la foto, sino al momento de publicarlo.

Después de todo, estos encuentros se dan más por una cuestión arquetípica de las situaciones presentadas (la protección maternal, el dolor ante una muerte) que por una intencionalidad predefinida. Por otro lado, Nachtwey sí menciona, en cuanto a unas fotos de adictos a la heroína en rehabilitación en Paquistán, que la situación le llamó la atención al recordarle un pasaje de una obra de Samuel Beckett, en la cual los sujetos, aislados en la oscuridad, se ven atraídos hacia la luz.

Conclusiones

Dos formas de sufrimiento (la marginación y la guerra), dos facetas escondidas de la vida de un ser humano silenciada por otro, dos formas de acercarse a la fotografía (como muestra de una ideología o como testimonio), momentos intersticiales o decisivos, arte o documentación, diferencias temáticas y estilísticas que se unen en virtud de una misma función: fijar una imagen en la mente del receptor, y dejar en evidencia lo que hay detrás de lo que se cuenta.

Tanto en la Modernidad como en la Posmodernidad, la fotografía se instala como un medio para entender la realidad en la que vivimos, para que quede un registro para el futuro, y que esto sea garantía de un cambio. En este sentido, la documentación y la revelación de contextos escondidos, la denuncia de voces calladas (como la desmitificación de valores occidentales) y el testimonio de dramas humanos ignorados (el sufrimiento concreto detrás de la guerra) se vuelven vitales para esto, y por lo tanto, tanto el trabajo de Robert Frank como los de James Nachtwey son ejemplos de lo mencionado.

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Robert Frank, Modernidad. James Nachtwey, Posmodernidad fue publicado de la página 39 a página43 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

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