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Personajes míticos del cine argentino: vidas de película, entre la ficción y el documental

de Simone, Rosario

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XII. Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2012

Año IX, Vol. 54, Julio 2013, Buenos Aires, Argentina | 89 páginas

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Introducción

Con la llegada de la democracia en 1982, el cine tuvo la oportunidad de comenzar a producir films que pudieran mostrar la vida de algunos personajes de la política, la cultura o la historia de la sociedad que se mantuvo callada y resistiendo la época de la dictadura. También el comienzo de la vida democrática significó para los directores cinematográficos, el gran desafío de tomar una variedad de temas que ahora se podían empezar a contar y mostrar sin restricciones ni censura. Esta nueva etapa que se abría a la mente y la sensibilidad de muchos realizadores, pondría entre las temáticas de realización, la vida y obra de algunos personajes emblemáticos de la vida argentina.

Para poder entender qué es un personaje convertido en mito o mitificado, es oportuno resaltar lo que un mito es una “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.” Y agrega que es una “Historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal” (Diccionario de la Real Academia Española). Mientras que para el antropólogo, Claude Lévi-Strauss, un mito es percibido como tal por cualquier lector en todo el mundo.

De estos dos conceptos acerca de lo que es un mito, podría decirse que el mito es un tipo de relato, caracterizado por tratar temas fabulosos del pasado, pero particularmente con una visión atemporal de la historia. La presencia de un ser devenido en mito, conmueve y moviliza a una sociedad. La gente posee una parte de la historia de estos personajes y trata de reconstruir estas vidas de interés colectivo o comunitario que muchas veces trascienden el ámbito de un país o región y se instalan universalmente.

La historia de un personaje mítico es armada con los datos que aporta la tradición oral, a través de lo que podría denominarse con el nombre de leyenda. Los testimonios que cada persona puede aportar sobre la base de lo que pudo oir o ver.

La leyenda, que también es un relato de hechos humanos, al trasmitirse principalmente por vía oral y llegar a muchas personas refleja en el personaje mítico, parte de la manera de pensar y de sentir de una sociedad, de sus luchas y sus deseos.

En una sociedad que se ha visto imposibilitada de narrar sus historias o donde las mismas han sido censuradas, los personajes reales e históricos empiezan a ganar terreno en el inconsciente de la gente hasta que de alguna manera empiezan a surgir. El arte, la literatura, el cine son herramientas con las que cuenta una democracia para contar (y reivindicar en algunos casos) las vidas de estos personajes.

El cine, en particular, tiene el inmenso poder de anclar la historia de manera audiovisual y de permitirse ofrecer su mirada acerca de los hechos que narra con un lenguaje totalmente diferente.

Este ensayo toma el concepto de mito y leyenda de manera indistinta, no preocupándome por sus diferencias conceptuales, intentando con estas palabras designar aquellos personajes que han trascendido en la cultura y en el corazón de un pueblo.

Desarrollo

Según Héctor Kohen “el personaje mítico que resume en sí las aspiraciones comunes a un cierto público, inscribe su peripecia en un relato irreversible, que ya ha sucedido y que no puede ser modificado”. En este sentido, las historias de estos personajes son conocidas, están en la memoria colectiva de la sociedad. Para el espectador la historia es previsible, la conoce pero aún así quiere ver cómo se la cuentan.

Para obtener un panorama de estos personajes míticos (que no pretenden ser abarcados totalmente en este ensayo) es menester establecer dos grupos de films para analizarlos. Al mismo tiempo sólo se tomará en cuenta los films producidos entre 1983 y 1993, es decir la primera década del actual período democrático.

En el primer grupo están aquellos personajes que se expandieron universalmente a través de sus vidas míticas. Como por ejemplo la figura de Eva Duarte o de Carlos Gardel. Para este ensayo, sólo se analizarán los documentales de Evita.

En el segundo grupo, se abordarán aquellos que son conocidos en el ámbito de nuestro país. Por ejemplo a Camila O.

Gorman, la mujer que desafió prejuicios y su trágico amor y el caso del boxeador, Gatica, (alias el mono).

Los relatos audiovisuales de estas vidas míticas adquieren diferentes perspectivas: el lugar desde donde se producen, aquello que cada director eligió decir o contar, y lo que el espectador interpreta desde su propia mirada subjetiva. Los relatos míticos aparecen como grandes condensaciones de sentido. Cuando éstos, a su vez, se trasladan al plano audiovisual construyen un universo de significantes que desplazan a imagen y sonido, a tiempo, a espacio, todo aquello que se traspone del mundo de las palabras, del discurso.

La vida de estos personajes reales llevadas al cine están enmarcadas en un contexto histórico, social y cultural que se reconstruye a través de la mirada del director. Cada personaje puede ser analizado desde dos perspectivas: 1) cómo su vida fue llevada al cine; qué aspectos se tuvieron en cuenta, cómo se investigó la vida de la persona y 2) cómo el film contribuyó a expandir y agigantar la figura del personaje mítico.

Comenzando con el primer grupo, me detengo en parte de la filmografía referida a Eva Perón. Del período de tiempo acordado pueden analizarse los siguientes documentales: Evita, quien quiere oír que oiga, Eduardo Mignona, 1984 y El misterio de Eva Perón de Tulio Demicheli, 1987.

La primera dificultad con la que se encontró el director Eduardo Mignona para trazar cinematográficamente la figura de Eva Perón, fue la destrucción de casi todos los documentos audiovisuales entre 1945 y 1955. Esta destrucción fue llevada a cabo por la última dictadura, sólo quedan algo más de diez minutos de fragmentos de documentales o noticieros de una de las mujeres más registradas por las cámaras de la época.

Eduardo Mignona estructura el relato articulando dos tiempos: por un lado la narración ficcionalizada, sin diálogos, del viaje de Eva Duarte a Buenos Aires, alternándola con registros testimoniales. Así se puede ir trazando el personaje mítico que va desde aquella adolescente que sube a un tren siguiendo un sueño hasta la abanderada de los humildes en la que fue convertida (por haber sido no sólo la mujer del General Perón, sino por haberlo trascendido con su propia figura, con sus propios hechos y conquistas sociales para las clases más desprotegidas de la Argentina). Evita tuvo una vida de película.

Tenía pensada para sí una vida entre cámaras y vestuarios.

Lo que nunca logró imaginarse es que no sería el cine el que le reservaría para ella una página en su historia, sino que su propia vida se convertiría en mito. El espectador puede generar su propio discurso y mirada del personaje en cuestión, a través de lo que se dicen en los reportajes personas que conocieron a Eva. La mirada a cámara y los títulos que presentan al entrevistado, como por ejemplo al escritor Ernesto Sabato, al periodista José Pablo Feinmann, a la escritora Silvina Bullrich, entre otras personalidades importantes, es la forma que elige el director para la reconstrucción de la historia. Por ejemplo, con el testimonio de su maestra, Palmira Repetti, Evita es descripta física y emocionalmente. El relato se inicia con un viaje, ese viaje es el camino hacia el primer deseo de Eva: convertirse en estrella de cine, triunfar como actriz. Su primera pasión, lejos de la política que no conocía, fue el cine.

El viaje, que muestra el film, desde Junín hacia Buenos Aires ya es un registro mítico, de todo lo que vendrá después en su vida, ese viaje cambiaría su existencia. Dice el profesor Héctor Kohen, “la reconcentrada adolescente que deja vagar su mirada sobre los campos de la provincia de Buenos Aires, desde un vagón al que la luz coloca fuera del tiempo, tal vez, intuye su destino, la temprana muerte y la gloria”.

Este film documental de noventa minutos de duración, es la primera producción cinematográfica de Eduardo Mignona (1940- 2006). Es también el primer protagónico de Flavia Palmiero con solo diecisiete años. La música es de Litto Nebbia con la voz de Silvina Garré.

Este film es uno de los primeros que intenta comenzar a delinear la figura de Eva, luego con la democracia vendrán otros directores que se animarán a otras versiones de la historia con otras técnicas. Mignona, lo hizo desde un lenguaje documental que no era muy común en la Argentina de esa época y con este film hizo su aporte a la mítica figura de Eva.

Tras dos años de investigación, en 1987, Tulio Demicheli, estrenó el film documental, El misterio de Eva Perón. En esta película se entrecruzan dos visiones de la vida de Eva: una construida con la mirada de aquellos que la conocieron y otra con su muerte, ocurrida el 26 de julio de 1952. A esta visión de la muerte, se le agrega la desaparición de su cadáver luego del golpe de estado de 1955, su búsqueda y la restitución al General Perón en 1974. En lo que se refiere a la primera visión, los que aportan datos son sus compañeros actores, periodistas y también quienes la trataron desde la función pública (como ministros, diputados, sacerdotes). En cambio, el episodio de la macabra desaparición de su cuerpo y las mutilaciones que sufrió es contado por los responsables que intentaron destruir su imagen. Tulio Demicheli había sido asistente de Mario Soffici durante el rodaje de La Pródiga (1945) película que tuvo a Eva Duarte en un rol protagónico en la corta incursión de Eva Duarte en el cine.

Eva Duarte murió a los treinta y tres años, una vida breve pero intensa. Todos los que han escrito sobre ella (incluso los realizadores audiovisuales que han asumido la compleja tarea de conjugar dos lenguajes y ensamblarlos armónicamente) saben que de alguna manera u otra, contribuyen a engrandecer aún más la figura mítica de una mujer que es conocida en el mundo entero. Por este motivo, cada vez que un director cinematográfico emprende un proyecto que trata sobre la vida de Eva, muchos saben que el paso del tiempo sólo hace que su imagen se agrande, aún cuando se muestren algunas contrariedades o personas que en una democracia no estén de acuerdo con algunas de las políticas que ella impulsaba.

Justamente, todas las miradas convergen en un punto: Eva ya es un personaje de leyenda.

Lo que sucede con Eva Duarte, como con cualquier personaje mítico, es que cualquier director puede verse seducido por contar su vida. Siempre puede existir un testimonio que marque un aspecto de la vida que pueda ser desarrollado y hasta ficcionado si se pretende hacer un ejercicio de imaginación.

Cuando el personaje en cuestión es muy querido por el pueblo, el director también corre riesgos, puede recibir críticas que lo acusen de hacer militancia con el film y no ser demasiado objetivo o por el contrario de ser demasiado libre en sus apreciaciones, en la manera de contar o en los testimonios que ha seleccionado para llevar a la pantalla.

En el segundo grupo de personajes míticos, me detengo en el film que María Luisa Bemberg realizó sobre Camila O Gorman. Esta película se estrena en 1984 y es protagonizada por Susú Pecoraro en el personaje de Camila e Imanol Arias como el padre Ladislao Gutierrez. En la primera mitad del siglo XIX, en pleno gobierno de Rosas y desafiando todos los prejuicios de la época. Camila se atrevió a vivir una historia de amor prohibida para una niña de clase alta porteña que debía seguir las costumbres que la sociedad le imponía. Camila se enamoró y rompió con todos esos moldes preestablecidos.

Su historia de amor fue trágica; enamorada del sacerdote de su parroquia en la ciudad de Buenos Aires, partió con él a la provincia de Corrientes en donde se refugiaron y vivieron su corta historia de amor. Descubiertos en agosto de 1848, fueron condenados a morir ejecutados. Camila tenía veinte años y estaba embaraza de ocho meses cuando la mataron junto a Gutierrez. Su muerte produjo un escándalo que contribuyó y aceleró la caída política de Rosas.

María Luisa Bemberg muestra esta historia desde una perspectiva feminista. Su visión va más allá de un período histórico o gobierno. La directora pone el acento en la intolerancia y en los manejos políticos de los grupos de poder que permitieron el asesinato de Camila y del padre Gutierrez. Con su muerte, Camila se eleva, se libera de las presiones familiares, políticas y sociales pero esa liberación la paga con su vida.

La vida de Camila es un claro ejemplo de cómo una persona común puede devenir en mito o leyenda cuando un hecho tan fuerte y rotundo es vivido por toda una sociedad y toca la sensibilidad de todo un pueblo. Existió una versión cinematográfica de la historia de Camila; es de 1910 del director Mario Gallo. Luego la historia quedó como congelada en el tiempo, hasta que Bemberg la retoma ya que la de Camila es una vida que entra en el terreno de los mitos argentinos.

El profesor Héctor Kohen establece un puente entre el camino recorrido por cientos de mujeres en los años de la dictadura en nuestro país y ese pasado de Camila desafiando también a las autoridades de la época. Dice que desde esta perspectiva “Camila es mucho más que la actualización de una historia romántica” y que lo que importa es “la fuerza narrativa del mito que permite reflexionar sobre el presente”. La película amplía el espectro del público que ha oído el relato, lo recrea con todos los elementos de época que tiene a su alcance.

Pero también hay que ver que la intención de Bemberg es hacer notar que así como Camila fue víctima de una sociedad represiva, en 1984, también se estaba saliendo de un fatal período de restricciones, prohibiciones, negaciones de libertad, secuestros, torturas y asesinatos. En este sentido la película se inserta en el nuevo cine de la democracia que puede contar estas historias y establecer paralelismos conceptuales a través del arte en todas sus formas. En el caso del cine, al ser un medio que puede ser visto por gran cantidad de personas, la narración de estas historias acrecienta el mito.

La otra vida mítica que fue llevada al cine es la de José María Gatica, en 1993 por el director Leonardo Favio.

Gatica nació en la provincia de San Luis en 1925 y murió en 1963 a los treinta y ocho años, atropellado por un autobús cuando salía del Club Independiente en Avellaneda. Fue uno de los más grandes y reconocidos boxeadores de nuestro país. Su carrera deportiva se vio envuelta en algunos vaivenes debido a su manifiesta preferencia y apoyo al gobierno de Juan Domingo Perón. Se admiraban mutuamente. Gatica se hizo desde abajo, lustrando botas cuando era apenas un niño recién llegado a Buenos Aires, no concurrió a la escuela, su escuela fue la calle, se hizo en ella y murió en ella. Aprendió a defenderse con los puños, en la vida y arriba del ring.

La película titulada Gatica, dura 136 minutos y se produjo entre 1991 y 1993, año de su estreno. Para Leonardo Favio este film fue su retorno al cine, luego de diecisiete años sin rodar. Cada escena está trabajada con cuidado, sobre todo la de las peleas, en donde los movimientos son muy plásticos, se olvida del diálogo para reducirlo a frases precisas (buenas noches, buen provecho), que quedará en la historia como una de las frases más conmovedoras del cine argentino. El montaje deja al descubierto las dificultades y postergaciones que sufrió la película durante su producción y post producción.

Sin embargo tiene momentos muy bien resueltos como por ejemplo las peleas con fondo musical de mambo, la transmisión radial de la pelea Gatica – Williams. Todas estas escenas ganan mucha emoción en el espectador.

Leonardo Favio decía “a mí me hubiera gustado filmar la vida como la vida misma. Si un tipo vivía cincuenta años, yo tenía que hacer cincuenta años de película”.

En la elección de Favio por el personaje de Gatica se produce un fenómeno de admiración por su figura. Esa admiración es la que transmite: su Gatica tiene el orgullo del perdedor. Sangra y es aclamado. Exige respeto y al mismo tiempo insulta; es un personaje contradictorio que pretende ser lo que no es: un rey sin corona. Favio no lo condena, lo toma y lo eleva porque su vida ha sido desgraciada y su rápido ascenso no es más que el anticipo de su también rápida caída.

El periodista Horacio Verbitsky en el diario Página 12, comento: “gracias a Favio una sociedad que se tapó los ojos y los oídos para no saber, tiene la posibilidad de mirar de frente por una vez su espeluznante historia. Quizá así, nuestros demasiados muertos tengan algo de paz”.

Conclusiones

Puede señalarse qué importantes son estos personajes míticos o de leyenda para una sociedad que necesita figuras, líderes o personas a las que se pueda admirar porque hicieron algo que es digno de ser recordado. Las vidas de estas personas merecen ser contadas. El público se identifica con estos personajes porque de alguna forma representan el sentir de la mayoría y porque se animaron a romper reglas preestablecidas o simplemente llegaron, con mucho esfuerzo a salir de una situación adversa. El cine, a través del lenguaje audiovisual, hace que estas vidas sean difundidas bajo el género documental o de una ficción basada en hechos reales.

Los personajes son conocidos por espectadores de todo tipo y son ellos los que contribuyen a difundir la vida mítica de estos personajes de película.

Toda obra audiovisual puede ser abordada desde múltiples lugares, en este caso se ha elegido hacerlo desde las posturas de los directores, del entorno político y social de la época.

Seguramente cuando un realizador se embarca en la tarea de delinear la vida de un personaje emblemático para la vida de un país, se enfrenta con muchas opiniones y tiene que tomar decisiones.

Es el público luego, como en todos los casos, el que termina construyendo el film.

Los directores, en estos casos, cargan con una gran cuota de responsabilidad, no sólo por la fidelidad histórica que le deben al personaje sino también por las repercusiones que su realización audiovisual puede plantear.

Filmar vidas de película puede parecer una tarea ya casi hecha, donde todo está resuelto desde la perspectiva de la situación narrativa. Sin embargo es necesario recordar que el director se enfrenta historia que justamente real que él debe interpretar y poner a consideración del espectador, que será quien -en definitiva- le devuelva la aprobación.

Bibliografía

Fabbro, G. (s/f). Cine argentino en democracia 1983/1993.

Bemberg, M. (Dirección). (1984). Camila [Película].

Demicheli, T. (Dirección). (1987). El misterio de Eva Peron [Película].

Favio, L. (Dirección). (1993). Gatica, el mono [Película].

Mignona, E. (Dirección). (1984). Evita, quien quiera oir que oiga [Película].


Personajes míticos del cine argentino: vidas de película, entre la ficción y el documental fue publicado de la página 51 a página53 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

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