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Construcción creativa. Los mundos fantásticos de Wes Anderson

Bianchi, Carolina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XII. Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2012

Año IX, Vol. 54, Julio 2013, Buenos Aires, Argentina | 89 páginas

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Introducción

En un mundo cada vez más informado, conectado y acelerado, los cineastas deben también adaptarse y transformarse.

Las necesidades de los realizadores de cine y los espectadores cambian constantemente. Es una realidad que la creatividad es una referencia para concretar nuevos proyectos artísticos. La manera de hacer cine ha ido evolucionando a través del tiempo, adaptándose a los diferentes contextos socio-culturales y aquellas necesidades humanas.

Culturalmente, se sabe que una imagen vale más que mil palabras.

Justamente, el libro de John Berger titulado Modos de ver (2000), comienza con la frase “La vista llega antes que las palabras.” (p.13). Sin embargo, explica que “solamente vemos aquello que miramos. Y mirar es un acto voluntario, como resultado del cual, lo que vemos queda a nuestro alcance (…)” (p.14). El hombre no mira simplemente una cosa, sino que las relaciona con otras y con su propia personalidad.

Las obras a las que se exponen las personas, tienen la capacidad de compartir la experiencia de su creador. Al tratarse el arte de una reflexión de la sociedad en un determinado contexto socio-histórico, los miembros que la conforman evalúan.

Precisamente, los espectadores aceptan o rechazan si corresponde con su punto de vista, porque viven en sociedad en las que entran en juego relaciones y valores morales. Un trabajo artístico está expuesto a opiniones variadas.

El cine es una de las disciplinas artísticas, con la particularidad de que es audiovisual. También se ven aquí movimientos artísticos que corresponden a determinadas épocas y que tienen representantes icónicos. El movimiento postmodernista se dio en todas las artes, incluyendo el cinematográfico.

Es un término difícil de encasillar, pero puede notarse que cambió la manera de pensar y hacer cine. Al mismo tiempo, está la concepción de que nació como reacción al avance acelerado de los medios de comunicación masivos. Se pueden distinguir características en este tipo de cine, que desafía las concepciones clásicas y modernas que lo antecedieron: Se realiza un pastiche de géneros y estilos artísticos. Se refiere el pastiche a una imitación de trabajos artísticos de otros, para hacer una mezcla nueva. En varios casos, tiene la intención de hacer una sátira. Un cineasta postmodernista se anima a la hibridación y yuxtaposición de géneros cinematográficos, con la intención de hacer algo que rompa con lo conocido. Es hacer una renovación atractiva y que sorprenda, además de que se incluyen homenajes y citas a trabajos artísticos de directores anteriores. Al mismo tiempo, en este tipo de cine se resignifican temas sociales, como la familia, vínculos afectivos, la sexualidad y la psicología. Por otro lado, un realizador postmodernista en sus películas marca la construcción de las mismas, con referencias personales y respetando su propio instinto creativo antes que las convenciones establecidas.

De la modernidad cinematográfica, en la postmodernidad, se recupera la teoría del autor. Esto quiere decir que cada realizador de cine tiene la capacidad de dejar marcada una trayectoria artística con un estilo y sello personal. Se identifica como cineasta, un artista con integridad y valoración en la sociedad.

Entre los directores de cine que pertenecen a la postmodernidad, se puede destacar a Quentin Tarantino, los hermanos Cohen, Christopher Nolan, Peter Greenway y Wes Anderson.

Desarrollo

Existen películas desde comienzos de la cinematografía que han impresionado a las audiencias. Son las que el público recuerda, asocia, comenta y hasta cita de memoria. Como cualquier obra de arte, están aquellas creaciones que dejan una marca en la historia e incluso llegan a afectar a los que siguen.

Puede ser una línea, una imagen, una escena, la música, un actor o todo, directamente, lo que impacta.

Tal como en las demás artes, en el cine también se ven movimientos artísticos, producto de los contextos históricos. Es la fusión de elementos de la época, que generan estilos. Se traduce en las películas todo esto, bajo el mando del director.

En este ensayo se desea llegar a ver de qué modo el cineasta Wes Anderson construye los mundos fantásticos y se desvía de la representación fiel de la realidad en sus películas con humor, para lograr un producto postmodernista, de sello propio e identificable.

El cineasta Wes Anderson, es un norteamericano que ha escrito guiones y dirigido películas como Bottle Rocket (1996), Rushmore (1997), The Royal Tenenbaums (Los excéntricos Tenenbaum, 2002), Life Aquatic with Steve Zissou (Vida Acuática, 2004), The Darjeeling Limited (2007) o Moonrise Kingdom (2012). También hizo la adaptación del libro infantil The Fantastic Mr. Fox (El magnífico Sr. Fox, 2009). Es un director de cine contemporáneo y postmodernista, con una identidad audiovisual definida y reconocida. Aún en este momento postmoderno, sus filmes tienen un contenido fundamental del cine moderno, movimiento artístico que lo precedió. Como manera de ejemplificar, se tomarán tres películas de este realizador. Serían Rushmore, The Royal Tenenbaums y Moonrise Kingdom.

Es importante delinear qué es el cine moderno y por qué se lo puede ligar a Wes Anderson. Este movimiento surgió a fines de los años cincuenta, de mano de un grupo de críticos de cine franceses de la revista Cahiers du Cinèma. Era una generación cinéfila, con conocimientos técnicos y teóricos, gracias a las nuevas escuelas de cine. Es la época en que se convierte en un arte en sí mismo la cinematografía, estudiada y ejecutada como tal. Era la revolucionaria Nouvelle Vague francesa. Este es un término que representa individualidad y libertad de expresión en el universo cinematográfico. Los directores (críticos de la revista) del momento decidieron desafiar las convenciones establecidas, bajo la idea de que un film no es solamente contar una historia: es arte. Fue un movimiento liderado por François Truffaut, Jean-Luc Godard, Eric Rohmer entre otros, que rompieron con el cine clásico y el Neorrealismo italiano para hacer algo más novedoso. El hartazgo de lo comercial y convencional los llevó a buscar más.

La vanguardia funciona en un momento de quiebre. Se reutiliza y se institucionaliza. El sistema lo absorbe y lo implementa.

Precisamente, el cine de estas personas fue individualizado, con el aporte personal y único. Giraba el movimiento en torno a la teoría de Truffaut, la Politique des auteurs (Política de autores) de 1954. Se refería éste a una política estética que argumentaba el uso de la caméra-stylo, traducido como la “cámara como pluma”. Este hombre llamaba a los directores a ser autores de sus propias películas. Las características y expresiones artísticas de cada uno, permiten desarrollar un lenguaje distintivo. Es la diferenciación de otros, por medio de la obra como un artista de otra disciplina. El objetivo es ser único, sin ser una copia de otro como sucede en la escritura, pintura, fotografía, arquitectura y demás.

El cineasta Truffaut, creía que hacer una película no se trataba simplemente de una readaptación literaria de clásicos. El público difícilmente se estimulará intelectualmente y gane una nueva experiencia, si siempre se hacen cosas que conoce.

Las historias clásicas debían dejarse de lado, para abrir paso a otras. Coincide con un periodo histórico, en que las revoluciones culturales se estaban dando en todos los continentes y se reflejaba en las artes también.

Declaró Truffaut que con profesionales cinematográficos, los filmes podía convertirse en obras literarias propias: personales, interesantes y reales. Se pueden destacar como componente esencial modernista, la preocupación por la forma más que por el contenido. Dio paso la Nouvelle Vague a revolucionarias maneras de filmar, manejos de cámara, de actores, la enunciación y la narrativa. El cine moderno muestra la construcción, lo explicita. El espectador se encuentra frente a una película que lo mantiene activo, pensante e inquieto. La Nouvelle Vague francesa fue uno de los movimientos principales en el cine, que influyó a realizadores de la actualidad.

Desde la concepción hasta la ejecución, varios directores continúan inspirándose y tomando recursos de éste. La declaración idealista de Truffaut marcó una base, para que los futuros directores construyan sus carreras por sus propios medios, distinguiéndose unos de otros con estilos personales discernibles.

Wes Anderson, es un heredero del movimiento y concepto autoral. Parte de la idea autoral, se puede conectar con la noción de que hay una visión personal distintiva. Es decir, que el mismo director inculca su personalidad e historia en lo que muestra en la pantalla. La sensación de pertenencia es llamativa, hasta el punto de que resulta difícil imaginar a otro individuo dirigiendo una película de Anderson. Incluso, en base a su filmografía sería raro ver alguna obra dirigida por él, en la que no haya participado del guión. El critico de cine Devin Orgeron definió a Anderson como un heredero de la camera-stylo del cine moderno, pero cambiando el término en un articulo sobre Wes Anderson a Camera-Crayola.

Precisamente, argumenta Orgeron la auto-representación de Anderson en sus películas y como constituye un lenguaje cinematográfico propio. El Crayola se refiere a la forma en que la autoría de Anderson madura en su obra y al mismo tiempo mantiene una veta infantil y humorística. Cuando se mira una película de este director, hay un equilibrio entre los recursos formales técnicos y la historia que atraen. “Las películas de Wes Anderson pueden parecer disparatadas, como juguetes exquisitamente diseñados, pero dentro de los mundos meticulosamente construidos que crea, hay una sorprendente profundidad y resonancia emocional.” (Schwartz, 2008) Los filmes de este realizador norteamericano son especiales.

Se caracterizan por presentarle al público historias encantadoras y al mismo tiempo, insólitas (que toman lugar en mundillos de elaboración propia). Es la capacidad para hacer cosas nuevas y a la vez mantener una línea constate, que lo destaca entre sus pares y define su sello autoral. Es la consistencia lo que habilita a cualquier artista a trascender. Desde el momento en el que comienzan sus películas, la audiencia puede ver que Anderson es más un fabulista que un realista. Como todo autor de su propio cuento, él hace sus propias reglas en esos ambientes que crea. El estilo de escritura del guión, la dirección y la ambientación que hace el mismo Anderson, son clave.

La construcción de la historia y el contexto es esencial en la obra de Anderson. Se percibe la visión particular que tiene respecto a diferentes temas y una gran tenacidad para transmitirla.

Es posible resaltar la composición visual de las partes que hace este director, porque nada está disociado y todo posee un nivel de detalle impresionante. Anderson es un creador que controla cada aspecto de la creación. Lo que llama la atención, en adición a su propia imaginación de hechos y cosas, es la diversidad de tonos y la franqueza emocional que consigue comunicar. Sus películas no son solamente espectáculos audiovisuales. Hay sustancia y reflexiones propias significativas, además de comedia calculada.

Los realizadores cinematográficos de la Nouvelle Vague, en su espíritu de modernidad post-guerra, parecía que querían retratar la verdad del día a día de las personas. Sin embargo, Wes Anderson un post-modernista giró al otro lado. Con una tendencia para minorizar su representación de la realidad, él está tirando abajo con humor, el límite entre el mundo real y el de ficción. Anderson enfatiza constantemente la artificialidad, pero haciéndola pasar por lo real irónicamente. Es un juego con la verdad inventada, la realidad es la de cada uno.

En primer lugar, Anderson toma la idea en el aspecto técnico de contar las historias en forma de episodios. Sus filmes dan la sensación de ser parte o enteramente pensadas como travesías.

Son viajes literales y metafóricos, que giran en torno al protagonista en busca de una aventura. Divide cada película, de una manera diferente y de acuerdo a lo que relata.

En la película Rushmore (1997), con un tono teatral, hay una segmentación de acuerdo a la época del año escolar. Hay una estructura que recorre de septiembre a diciembre, separada visualmente por un telón rojo oscuro y pesado. Se presenta Max el protagonista, como autor de su vida y de la narrativa.

En Los excéntricos Tenenbaum (2002), la estructura presentada es como un cuento, con capítulos definidos y un pantallazo de la hoja de un libro ilustrado que ha sido alquilado en la Biblioteca Pública. Es incluso en el principio de la película, que hace una toma de un libro sobre una mesa, como en los filmes clásicos para niños de Disney. La historia que se relata, es la de la familia Tenenbaum. La más reciente obra Moonrise Kingdom (2012), en cambio, se estructura como un documental, con un presentador que va actualizando acerca del progreso de la tormenta que se acerca a la isla costera Penzance. Le provee al espectador la fecha y horario en cuestión, con un detalle descriptivo para mantenerlo orientado.

Aquí la historia retrata a diferentes habitantes de la isla y su reacción frente a la aventura amorosa de dos niños, Sam y Suzy. Visualmente, la sensación es que cada imagen está comprimida, para parecer una página de algún libro.

Lo que logra con las divisiones estructurales y se percibe como espectador, es la cualidad ficticia. Se interpreta como la intención de trasladar a la audiencia a otra realidad, a un lugar desconocido y creado por Anderson. Justamente, tampoco hace una referencia exacta del sitio en el que se desarrollan las vidas de sus personajes. Solamente provee indicios geográficos que la audiencia debe interpretar, como la arquitectura, clima y menciones de lugares. Sin embargo, en Rushmore, Los excéntricos Tenenbaum y en Moonrise Kingdom todos los datos que da Anderson de locación apuntan al noreste de los Estados Unidos. En el cine moderno, el deseo del director era generar un ambiente, clima diferente, en el que el espectador pierda su anclaje en la realidad y se inmersione en lo que se está contando. En su libro, David Bordwell, (1996, p.206), explica lo que dijo Marcel Martin en 1966 en este tipo de cine se “aborda también la realidad de la imaginación, pero como si fuera tan objetiva como el mundo que tenemos ante nosotros.” Cuando genera un contexto espacial y temporal en el que se desarrolla toda la historia, Anderson toma en consideración el hecho de que todo comunica. Visualmente transporta al espectador a una realidad de sus personajes. Con su estilo de filmación, composición visual, colores, música y diálogos, el director construye los eventos como si fuese un espectáculo.

Implica que sus personajes hacen una actuación de los hechos, en escenarios construidos y modelados a su manera.

Las referencias al montaje de una obra teatral o el libro de cuentos en Rushmore, Los excéntricos Tenenbaum o Moonrise Kingdom, fortalecen la percepción de la película como una creación artística. El desarrollo narrativo sucede en base a un anclaje contextual detallado y especifico. Anderson provee los detalles de sus personajes y el contexto visualmente con un alto grado de intensidad, lo que la audiencia recibe para entender la historia. Se muestra más de lo que se dice audiblemente. El diálogo en la obra de Anderson, es conciso y puntual. No hay un exceso de palabras, sino que cada una que se emite es valiosa por esa información extra que da. Al espectador se le presentan largometrajes con historias elaboradas y alcanzadas, a través de un equilibrio perfecto entre lo visual y el guión.

Las películas de Anderson tienen un valor narrativo que lo diferencia radicalmente de otros directores actuales. La habilidad para llevar a la audiencia dentro de mundos fantásticos.

Son lugares nunca antes vistos, atractivos, donde el espectador ve desenvolver a individuos particulares. Sin embargo, la artificialidad a la vez produce un cierto grado de distancia.

Se desarrollan las historias de los diferentes personajes que crea, en espacios especiales que se perciben como absurdos.

Es decir, que son reflejos de la psicología interna de estos. Como en el cine moderno, hay un “aumento de la dimensión simbólica del filme, a través de la psicología del personaje.” (Bordwell, D. 1996, p-206). Anderson a través de los elementos de la película, alienta al espectador a reírse con sus personajes imperfectos, en vez de reírse de ellos; busca la relación con estas personalidades especiales y únicas.

Los personajes protagonistas de los filmes de Anderson fabrican universos propios donde son el centro de atención. De forma rebelde y testaruda, viven haciendo lo que quieren. En el caso de Rushmore, Max vive en la academia Rushmore donde preside todo club que inventa él. La película Rushmore gira en torno a Max Fischer, un estudiante de Rushmore Academy.

Él es un joven completamente devoto de ese instituto privado, al punto de tener una mirada distorsionada respecto a su performance académica. Max considera que es el mejor alumno, con derechos privilegiados, mientras que la “realidad” es todo lo contrario.

Wes Anderson muestra en el film cómo su personaje principal percibe el mundo, para que el espectador pueda entender de donde vienen sus actitudes. Lo que le ocurre a Max es que no tiene deseos de terminar de estudiar en Rushmore, donde él considera que la vida es buena y perfecta. Ese entorno escolar es dónde se siente cómodo y cumple sus sueños. Hace todo lo que puede por ser el mejor y no irse más del colegio.

Anderson introduce esta actitud heroica de manera impactante al principio del film, cuando presenta un montaje teatral de las actividades extracurriculares. El protagonista ocupa el centro de la imagen, permaneciendo estático. Su mirada se queda fija, mientras cambian partes de su vestimenta y el fondo. Es la forma en la que Max se percibe a sí mismo, con sus deseos y ambiciones. En su cabeza Rushmore Academy es lo supremo de la elegancia, civilización y genialidad, digno de una persona como él.

En Los excéntricos Tenenbaum, se abre la historia con la explicación de un narrador acerca de la situación familiar de los Tenenbaum. El espectador se informa sobre lo que pasa en esta familia de genios, encabeza por Royal (un hombre sin tacto y egocéntrico). Comienza la película con Royal haciendo un esfuerzo desesperado por reunirse de nuevo con su familia, bajo el mismo techo, que se concreta con la vuelta de todos a convivir en la magnifica y ultra personalizada casa Brownstone. Es donde se puede ver, que a pesar de que todos se habían ido de la casa y con un padre ausente, todavía están conectados a su pasado. Sigue todo en cada rincón de la mansión Tenenbaum exactamente igual que en el pasado, sin modificaciones. Con los años todo se ha mantenido intacto, esto es mostrado por Anderson con escenas de evolución de cada personaje. Para que la audiencia entienda, hace una línea del tiempo de cada uno con imágenes y un título explicativo, de forma pausada. Esa casa es la materialización de las personalidades y los sueños pendientes de sus habitantes.

Anderson plantea aquella casa, que está ubicada en un lugar desconocido, como un microcosmos en el que desenvuelven todos los problemas y soluciones. La historia sucede aquí, con el ir y venir de los Tenenbaum y otros personajes.

El film de Anderson más reciente es Moonrise Kingdom. La película plantea una historia situada en los años sesenta, en la isla Penzance (en el noreste estadounidense). Penzance se ve amenazada por una tormenta catastrófica, que da tiempo a que Suzy Bishop y Sam Shakusky se escapen juntos. Es un mundo isleño en el que los adultos están constantemente en pelea, arrepentidos y decepcionados, mientras que los jóvenes buscan romper con eso y alejarse para ser felices. Moonrise Kingdom comienza el problema en la residencia Bishop.

Son espacios laberínticos, con ambientes irreales ultra-personalizados.

Todos tienen una composición casi teatral, donde nada está situado al azar y que Anderson utiliza para anclar espacialmente la historia. La información visual percibida empapa a la audiencia en el contexto. La película Moonrise Kingdom, por ejemplo, empieza con un recorrido que introduce a la audiencia en la casa de la familia Bishop. La cámara atraviesa todos los pisos de la casa, como si hubiese sido cortada a la mitad, yendo de derecha a izquierda y de arriba a abajo. Se expone a los personajes haciendo una descripción de ellos: los libros indican que son cultos, la extensión de la casa se aumenta con el paneo lento, los binoculares que tiene Suzy colgados de su cuello sugieren su interés en el más allá y el gatito mascota puede representar la vulnerabilidad, como otras cosas. Por otra parte, está el recorrido horizontal sin cortes, que hace Anderson para explicar el sub-mundo que es el Campamento Ivanahoe. Es el campamento del cual Sam Shakusky forma parte y que lo ha marcado.

En Los excéntricos Tenenbaum también el relato se ancla en la mansión familiar. Comienza con el libro de la historia de los Tenenbaum, con un prólogo que explica brevemente que Royal Tenenbaum compró la casa sobre la Avenida Archer, en el invierno de su cumpleaños número treinta y cinco. (Los excéntricos Tenenbaum. Escena 1, 2002). Luego relata la situación familiar y el ambiente. Anderson explicita esta permanencia en el pasado y la inhabilidad para avanzar de todos los integrantes de la familia de genios.

La otra película Rushmore, es en el colegio privado con características arquitectónicas antiguas y grandiosas. Es el espacio en el que Max Fischer se mueve confortablemente y por todos los rincones. La Academia es formal y tradicional, lo cual choca con la actitud revolucionaria de Max y su deseo de trasformar esa comunidad.

Los filmes de Anderson rompen con la realidad, generando una sensación de estar viendo una casa de muñecas en donde ocurre una historia. A través de las herramientas técnicas de filmación, es capaz de hacer cada escena como se dijo antes, teatral. Sus películas presentan una realidad como la ven sus personajes y quiere que la perciba la audiencia. Anderson construye el entorno en el que se lleva a cabo la historia, con lo que parece ser un alto nivel estilístico y calculado. Nada parece ser ni es casual. Las tomas son puntuales, llenan al espectador atento a la información y lo impactan por esa riqueza.

Da la sensación de que todo está perfectamente coreografiado.

Por esta razón, Anderson tiene una particularidad a la hora de encuadrar y hacer la composición de la imagen.

Es una rigurosidad que le permite describir elaboradamente, sin la necesidad de palabras de los actores. Hay un dialogo visual, esa técnica de Anderson para exponer tomas simétricas y centradas, con close-ups que duran un poco más de lo normal, secuencias en cámara lenta y puesta en escena detallista. Es una herramienta para la narración, que Anderson emplea eficazmente. En el cine moderno, los recursos estilísticos ganan importancia, porque tienen la capacidad, de acuerdo con la habilidad del director, para destacar lo más simple.

Se puede ver en Rushmore -como también en Los excéntricos Tenenbaum o Moonrise Kingdom- el uso de puestas en escena que logran un “realismo totalmente expresivo, en el que el argumento puede emplear ciertas técnicas fílmicas para dramatizar” (Bordwell, D. 1996, p.209). Por ejemplo, en Rushmore, el protagonista Max es también un autor de obras de teatro, con una alta integridad artística. Al final de su obra, Max camina al escenario filmado desde un ángulo bajo, contra picado para enfatizar su heroísmo frente a los ojos del espectador (en el teatro ficticio y en la pantalla real).

Se agranda su figura, que luego pasa a ser una toma larga de plano general en cámara lenta, en que él sostiene sus flores de director y escucha a la audiencia aplaudir.

Resalta Anderson la mirada que el espectador pone en el personaje principal, que allí está en medio de la escena lentamente retratado y donde pueden estudiarse todos sus gestos. En Los excentricos Tenenbaums, por otro lado, Anderson opta nuevamente por la toma en cámara lenta cuando Richie ve bajar del autobús a Margot, que se aproxima a él.

Alterna planos generales con primeros planos para orientar al espectador en la dimensión física de los personajes, creando una expectativa y tensión respecto a lo que ocurrirá. Una vez que llega a donde está Richie, retoma la velocidad normal repentinamente.

Se corta el clima de ensueño repentinamente, como si despertara Richie al estar hablando cara a cara con la mujer “de sus sueños”. En Moonrise Kingdom, la toma larga de los dos niños que se encuentran en la pradera es una de las más destacadas. Al principio es un ritmo normal, que luego pasa a una cámara lenta cuando a través de la mirada de Sam Shakusky, se ve como se aproxima Suzy Bishop. Se hace un estudio de sus gestos, al ser un encuadre en planos que van del general al primero de forma lenta. Nuevamente, Anderson hace de la lentitud una herramienta de ensoñación.

A la vez, la estilización de la composición visual, en conjunto con el diálogo de los actores, el color y la música realzan la actitud del director frente a la historia. La creación de un mundo autentico y personal, con el detalle absoluto. Anderson es capaz de hacer que las historias parezcan realistas y al mismo tiempo completamente irreales al punto del absurdo. Traslada al espectador sin preguntar.

El color lo emplea para contextualizar. En Rushmore el tono tradicional, británico y formal de la Academia, lo remarca con colores apagados. En cambio, en Los excéntricos Tenenbaum, se puede apreciar una gama de colores fuertes, saturados y contrastantes, que marcan las diferentes personalidades de los habitantes de la casa. En Moonrise Kingdom, situada en el año 1965, Anderson directamente le da a toda la película un tinte de fotografía Polaroid descolorida. Los colores están suavizados, desaturados, creando una sensación retro total.

La música es utilizada para añadir sensación general de absurdo y de mundo-aparte. El espectador está incentivado a escuchar con más atención la letra de las canciones y después pasar a sentir el tono melódico del tema. En Moonrise Kingdom de 2012, el centro al principio y al final en los créditos del film, se puede escuchar Young Person´s Guide to Orchestra (Op.34, Temas A-F) de Britten. Anderson eligió esta grabación, que instruye a los niños acerca de la composición musical clásica. Esta es la música que escuchan los hijos de los Bishop: educativa y elaborada. Por otro lado, en Los excéntricos Tenenbaum, la historia familiar lleva detrás Hey Jude de The Beatles (en instrumental), adaptada al estilo Anderson. Refleja el tema la actitud artística de los miembros de la familiar y su heroísmo. En Rushmore, se pueden oír temas clásicos, otros setentosos de rock estadounidense. Los mundos de Anderson están creados a partir de la conjugación de elementos, para crear un estilo propio e identificable. Para cada película, cada historia y cada personaje, construye toda una atmosfera y la presenta como la realidad.

En la modernidad cinematográfica, hubo una revolución intelectual al formular la idea de que se puede retratar una realidad, con problemas psicológicos propios del ser humano.

La forma de retratar esta realidad, la puesta en escena es un vehiculo para alcanzar esa credibilidad de la historia de los personajes. El espectador debe percibir un grado de verosimilitud de los espacios o los tiempos para tener una referencia y poder conectarse. En los filmes, el valor que le da a la sensación de realidad Wes Anderson parece ser esencial. La artificialidad Crayolesca (en base al término de Devin Orgeron mencionado previamente), se equilibra con la intención de presentar una historia seria. Es decir, que Anderson utiliza las herramientas narrativas y técnicas para efectivamente movilizar al espectador. En el caso de Anderson, como otros modernistas cinematográficos, tiene una visión personal respecto a temas sociales reales. Por medio de la narración omnipresente, en Rushmore, Moonrise Kingdom y Los excéntricos Tenenbaum, subraya la idea del relato contado como un cuento de niños. No obstante, están lejos de ser historias para chicos al tratarse de temas problemáticos adultos. Es una forma de parecer casual, divertido mientras comunica un mensaje duro e importante.

En el caso de Anderson, realiza películas sobre pequeños mundos en los que grandes temas humanos suceden: amor, desamores, familia, amistades, existencialismo, tragedias, muerte y abandono. En sus películas, Anderson parece interesarse centralmente en las familias disfuncionales. Particularmente, en los padres que luchan por aceptar y entender sus responsabilidades. Sus películas comunican también una reflexión sobre los lazos de sangre, y cómo estos no siempre son una contención emocional. Es el caso de Royal Tenenbaum en Los excéntricos Tenenbaum o de Peter con sus hijos en Rushmore. Al mismo tiempo, está la situación inversa con los hijos tratando de reconectarse o evitarlo, con una figura paternal como en Rushmore o Moonrise Kingdom respectivamente.

Todo sucede en estos filmes, como travesías que deben recorrer los personajes enfrentándose a situaciones que los ponen a prueba. Como se mencionó previamente en el Ensayo, la forma de cuento ideada por el director permite la elaboración de esta narrativa episódica de un viaje. Los héroes de Anderson, como Max Fischer, Royal Tenenbaum y sus hijos, Suzy Bishop y Sam Shakusky demuestran una tenacidad que los asemeja a todos, en el insaciable intento por cumplir sus sueños. Es más, tienen todas unas actitudes heroicas extremistas en su propio imaginario, fantaseando con ser algo supremo en un mundo demasiado ordinario para ellos. La película Rushmore por ejemplo, abre con una profesora, pidiéndole a Max que resuelva el “problema de geometría más difícil del mundo” (Rushmore, 1997, Escena 1). Él baja el periódico que estaba leyendo y pregunta con un tono de voz calmo “Perdón, ¿alguien dijo mi nombre?”. Esa es la introducción del público al personaje, que claramente no está interesado en la clase o en sus compañeros. Procede entonces a resolver el problema sin esfuerzo, mientras bebe una taza de té. Se revela luego, que Max soñaba esta escena cuando dormía en la misa en la capilla del colegio. Por otra parte, en Los excéntricos Tenenbaum, Royal, el padre que intenta recuperar su familia idea un plan maestro para engañar a ésta y lograr entrar es su vieja casa. Es la obsesión con volver a pertenecer y recuperar el control. Le miente a Evelyn, Chas, Margot y Richie, como a todos los demás que tienen contacto con la familia, inventando un cáncer terminal y arrastrando a su fiel sirviente Pagoda. Se termina su engaño cuando Henry, el nuevo marido de Etheline descubre que su medicamento era TicTac. La más reciente película Moonrise Kingdom muestra a dos adolescentes que desean escapar de sus hogares para hacer sus vidas lejos del control adulto que aparenta no interesarse en ellos. No quieren escapar de la tormenta que se aproxima (que por otro lado desconocen) sino de los adultos que corren. Son los personajes de Anderson, soñadores: Max Fisher sueña con ser el hombre que conquista a su maestra, Royal sueña con tomar el control familiar para ser honroso, mientras que Sam y Suzy sueñan con vivir en tranquilidad propia, donde nadie los moleste.

En estas construcciones de Wes Anderson, el público percibe la absurdidad y la ironía constantemente. Es parte de su marca como auteur. Todos esos mundos ficcionales que tienen su estilo artístico establecido, meticulosamente realizados en los que actúan personajes creados de la misma forma. Las películas de Anderson además se destacan por el elenco estable de actores. Son individuos que entienden e interpretan lo que necesita el director, que da la impresión de ser una ida y vuelta creativa perfecta. Ejemplos son Jason Schwartzmann, Bill Murray, Angelica Houston o los hermanos Wilson.

Los protagonistas de Anderson parecen delirantes haciendo un lugar propio, en el que ellos son héroes. Persiguen sueños al borde de la obsesión, con actitudes rebeldes hasta que de repente aceptan las presiones sociales y familiares. Es el caso de Max Fischer y Peter Bloom, el de Royal Tenenbaum y su familia, o la de Sam Shakusky y Suzy Bishop. Se acercan a un compromiso real, pero que es artificioso como el mundo que ellos mismos generan. Lo que no se ve en las películas de Anderson, es a sus personajes intentando ser graciosos.

Esa contradicción justamente es lo que genera el absurdo: ellos no son conscientes de su propia ridiculez. Se toman tan seriamente a ellos mismos, que es cómico. Anderson creó a sus personajes para que no tengan noción de lo graciosas que son sus actitudes, pensamientos, acciones y hasta vestimentas.

Max, Royal, Sam y Suzy, están intentando inspirar a los demás a su alrededor. Es como que son los actores principales de sus propias vidas, desarrollando actitudes híper carismáticas y artificiosas para elevarse por encima de los otros.

Se puede ver en Rushmore, que Max Fischer tiene a un niño más chico como asistente que lo sigue. Anda siempre vestido con el uniforme de su colegio, incluso cuando ya no atiende más a clases. El uniforme es la representación de su obsesión total con la Academia Rushmore. Por otro lado, Royal Tenenbaum como el resto de su familia, se visten de la misma manera aunque cada vez estén más grandes. Los otros personajes que se relacionan con la familia también adoptan esta actitud, con el mismo uniforme: Royal con su traje, Etheline con su tailleur, Chas con sus conjuntos de Adidas, Margot con su vestido sport de rayas y tapado de visón, Richie con los accesorios de tennis, Henry con su blazer azul y moño, mientras que Eli se viste de vaquero. El patriarca Royal, además tiene al fiel Pagoda siguiéndolo en cada momento de su vida, que es el único que no lo cuestiona. En Moonrise Kingdom, Sam Shakusky la inspira a Suzy para que lo acompañe en la aventura. Ellos dos siempre se visten de la misma manera al igual que los demás habitantes de la isla.

Sam lleva su uniforme de Boy Scout y un sombrero de piel como accesorio. Suzy se viste como una chica moderna de ciudad de los sesentas, con un maquillaje adulto que contrasta con su edad. Los adultos de la isla siempre llevan lo mismo y de acuerdo a su profesión. Sin embargo, llama la atención lo desprolija que es la pareja de abogados Bishop, padres de Suzy. Social Services es otro caso atrayente: esta mujer encarna toda una institución en una sola persona.

En los finales de Rushmore, Los excéntricos Tenenbaum o Moonrise Kingdom, el acto sigue hasta el punto máximo de la artificialidad para finalizar: Max utiliza sangre de mentira, Royal engaña a todos con TicTacs como pastillas, mientras Sam y Suzy se suben en medio de una tormenta a la cúpula de una iglesia. La audiencia también puede percibir como en una obra teatral también se reflejan los puntos vulnerables y débiles de los personajes. Es el mismo Wes Anderson creando un mundo en el que sus ocupantes están empecinados con crearse a si mismos. Mientras tanto, los personajes no lo saben, no son conscientes de la audiencia que los mira y siguen mostrándose fuertes, heroicos frente a sus pares.

Conclusión

El cine que hace Wes Anderson es una creación propia, de autor. Es un realizador post-modernista, es decir que hace una hibridación de géneros cinematográficos, una resignificación, un pastiche de cosas, toma elementos auto-referenciales, hace homenajes e incluye citas. En conclusión, este director es capaz de ofrecerle al público un espectáculo visual que tiene un nivel de elaboración altísimo. Detrás de cada personaje, escena, ángulo y línea es posible apreciar todo una construcción cuidadosamente armada.

Cuando se presenta un film de Anderson, la audiencia puede notar un estilo que engloba toda su obra. Es la habilidad para llevar a cada espectador a una realidad aparte, que parece estar bajo el control de los personajes únicos que expone. Lo que se presenta es una ficción, pero la forma en la que están construidos estos mundos permite al espectador adentrarse en ellos, conocerlos e incluso llegar al limite de la aceptación total de esa realidad. Anderson lleva a la audiencia a que lo acompañe, mirando ese show montado que realizó. Hace posible que los demás aprecien su visión creativa. Sus películas a diferencia de otras post-modernistas, tienen una cualidad de artesanales e impecables que no abunda. Es autor de su propio trabajo y eso se puede captar con apenas unos fotogramas.

Bibliografía

Anderson, W. Rushmore (1997). Estados Unidos.

Los excéntricos Tenenbaum (2002). Estados Unidos.

Berger, J. (2000). Modos de ver. España: Gustavo Gilli.

Bordwell, D. (1996). La narración en el cine de ficción. Barcelona: Paidós. (791.43 BOR).

Orgeron, D. (2007). La Caméra-Crayola: Authorship comes of age in the cinema of Wes Anderson. Estados Unidos: Cinema Journal .Vol. 46. N.2. Disponible en: www.jstor.org

Schwartz, D. (2008). Museum of the Moving Image presents Wes Anderson retrospective. Nueva York: Broadway World. Disponible en: http://movies.broadwayworld.com/article/Museum-of-the-Moving-Image-Presents-Wes-Anderson-Retrospective-518-27-20120517


Construcción creativa. Los mundos fantásticos de Wes Anderson fue publicado de la página 63 a página68 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

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