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Orson Welles: retrato de un inventor de la modernidad

Rodriguez Collioud, Luz María

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XII. Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2012

Año IX, Vol. 54, Julio 2013, Buenos Aires, Argentina | 89 páginas

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Introducción

Todo aquel interesado en el cine -detrás o delante de cámara- conoce algo de Orson Welles, un autor que irrumpe, un creador cuyas obras fueron destruidas, un escritor que constantemente retiraba sus palabras, una persona que tomaba decenas de proyectos a la vez y veía cómo estos colapsaban bajo las mismas estructuras.

Sin embargo, a pesar de haber conformado una cartelera con más fracasos que éxitos, es considerado un pionero del cine moderno, sin siquiera intentar serlo. ¿Por qué? ¿Sería por su personalidad, por sus intentos sin reparo de llevar sus películas adelante, por su obstinación en cómo debían adaptarse las múltiples ideas que le surgían en su cabeza, por la modificación del panorama cinematográfico que se renovaba con cada estreno de uno de sus films? Sin duda, su obra maestra es también su debut cinematográfico, Citizen Kane, ¿pero por qué no contar con el pánico masivo producido durante su interpretación radial de La Guerra de los Mundos, la contemplación melancólica de su puesta en escena Campanadas a Medianoche, el regreso a los valores de los Estados Unidos de antes de Los Magníficos Ambersons, el contraste de estos films con otros de sus “hermanos”, como Kane, La Dama de Shanghai o Sed de Mal? Sin embargo, el público continúa recordando únicamente su legado cinematográfico, el que permanece siendo enseñado en las escuelas, el que ha superado la prueba del tiempo y del que encontramos pruebas concretas hasta el día de hoy, el legado del que habla en este ensayo.

Desarrollo

Una exagerada puesta en escena de efectos, ya sea visuales como sonoros, generalmente recorre la filmografía de Welles de la manera más grotescamente detallada. Al observar un largometraje de este director podemos sentir múltiples emociones, e incluso recorrer psíquicamente un laberinto del estilo más complicado y, sin embargo, ver en los personajes un retrato de nosotros mismos (algo parecido a lo que le ocurre al marino en La Dama de Shanghai en la sala de espejos luego de pasar por todo el caos que pasa). Muchos de los signos no-verbales presentes en los films de Welles repercuten hasta el día de hoy por su carga brutal y a su vez emocional y, dentro de este receptáculo grotesco, podemos encontrar sin embargo un rastro de humanidad, del amor del director por la vida y por aquellos que lo rodeaban, que generalmente eran sus compañeros del Mercury Theatre, luego grandes estrellas del cine.

Es su carrera en Hollywood, desafortunadamente, lo que lo lleva al fin de su triunfante filmografía. En Europa su estilo norteamericano se deja ver y no resuena del mismo modo.

La grandeza de Welles reside no sólo en las innovaciones técnicas y emocionalmente estructuradas que éste le presenta al cine (y que hasta hoy perduran), sino también en el gran arte que fue romper con las convenciones Hollywoodenses de esa época, esas barreras que una vez rotas permitieron que el cine se expandiera hasta los confines más sucios de la vida rutinaria y los hiciera bellos (a diferencia de, podríamos decir, el neorrealismo). Al romper estas reglas, la maquinaria de Hollywood lo rechaza y es así como el genio se funde a la leyenda que es hoy en día: el hombre alguna vez carismático que es centro de trabajos universitarios, la tragedia de un artista cuyo mundo, que expone en su obra, no puede tolerar a tanto talento.

El comienzo de todo

No podríamos hablar de su legado cinematográfico sin enterrarnos en el pasado, la vida temprana de este autor. George Orson Welles nació en Kenosha, Wisconsin, el seis de Mayo de 1915, el segundo hijo del acaudalado inventor Richard Head Welles y la pianista Beatrice Ives Welles. Ya desde pequeño, Welles era una persona dedicada y carismática, además de conocer ya a miembros de su futuro repertorio de actores, como Agnes Moorehead. Aprovechando la inteligencia del joven, su familia lo alentó a continuar con sus lecturas y pequeñas puestas en escena de las obras de Shakespeare, poesías de Wilde y otros factores que llevaron luego al ya crecido autor a hacer referencias a su familia en sus films (como, por ejemplo, la cabaña de su abuela era muy parecida a la estructura de Xanadú o, mismo, su crianza en Kenosha le sirvió para asentar Los Magníficos Ambersons).

Para aumentar su conocimiento, los padres enviaron a Welles a la prestigiosa Todd School, en donde el popular decano Roger Hill lo tomó como protegido y guió así al joven autor en sus múltiples puestas en escena e incluso editaron juntos un libro. Pero, según Peter Noble, Welles siempre mantuvo esa actitud que luego lo llevaría a ser una leyenda.

En una fiesta musical dada por la madre de Orson, una diva de la ópera de Chicago cantó un par de temas de su repertorio. Luego, cuando todos se reunieron alrededor de la artista para felicitarle, ella notó que Orson se encontraba escondido en una esquina. Notando que había jóvenes en la fiesta, ya que el joven posiblemente se había colado mientras ésta cantaba, ésta se acercó a Orson y le preguntó qué le había parecido su interpretación, a lo que éste respondió que la artista tenía mucho que aprender. (Noble, p. 40)

Al llegar a la adolescencia, Welles decidió visitar Escocia e Irlanda, con la idea fija de trabajar como actor y director allí.

Charles Higham relata:

Él se coló en el Teatro de la Puerta de Dublín en 1931 presentándole al sorprendido director, Hilton Edwards, un gran pedazo de papel que decía: “Orson Welles, estrella del Sindicato de Actores de Nueva York, se encuentra considerando aparecer en una de sus producciones y espera con ansias que le dé una cita para audicionar.” (Higham, p. 06)

No consiguiendo mucha suerte en Irlanda, Inglaterra y Broadway, Welles se las ingenió para recolectar el dinero suficiente como para fundar el Mercury Theatre en 1937, un sueño hecho realidad. Con esta compañía Welles puso en marcha muchas de sus innovadoras ideas que luego harían impacto en el cine, como una representación de Julio César situada en la actualidad modelada bajo las dictaduras europeas. Con el Mercury Theatre fue también con el que realizó la interpretación radial en 1938 de La Guerra de los Mundos, que trajo fama instantánea para Welles y su equipo, con el estudio RKO notando el potencial del director y firmando un contrato que le permitiría tener rienda suelta a la creatividad en cualquier película que quisiese realizar para el estudio.

Legados cinematográficos

La RKO, habiendo rechazado las dos primeras puestas de Welles, se conformó con la tercera, Citizen Kane, en la que el autor estaría escribiendo, dirigiendo y actuando en el rol principal. Si bien el film estaba concebido en base a muchas ideas que el autor venía recolectando desde hace tiempo, la película no es más que un reflejo de la actitud de Welles y su interpretación de la modernidad. Una hazaña cinematográfica que le permitió unirse con su público, hacer que Kane no sólo fuera ese personaje en pantalla sino que también un espejo del espectador, algo novel para la época. Robert Garis resume en su libro The Films of Orson Welles:

Ambas performances implican y necesitan de un público para conseguir total efecto. Kane hace de su equipo el público y Welles hace de nosotros el público. Es una caja dentro de una caja. Cuando disfrutamos de estas interpretaciones y queremos aplaudirle al intérprete, es bueno saber a quién aplaudir, y en este caso allí está, frente nuestro, el actor que está encarnando a un joven inteligente y complacido de sí mismo, y lo está haciendo perfectamente ya que ése es Orson Welles, dirigiendo su primer film y haciendo todo lo posible para maravillarnos con la magia y trucos de esta reciente técnica cinematográfica. (Garis, pp. 36-37)

Citizen Kane fue bien recibido críticamente, y consiguió nueve nominaciones a los Academy Awards, ganando Mejor Guión Original. Sin embargo, esa industria que había nominado al film parecía estar en su contra por el momento, con muchas de las estrellas presentes en la ceremonia abucheando cada vez que se mencionaba el nombre del film. El que RKO tuviera problemas lanzando el film públicamente no ayudó a la popularidad de la película ni de su director, y recién en 1956 tuvo un re-lanzamiento digno, aunque para ese momento la carrera de Welles ya estaba en declive.

El encontrar una idea para su segundo film fue una tarea bastante complicada para Welles, que buscó en su cabeza varias fuentes y referencias de su vida para alimentar su imaginación, método que venía utilizando desde su época en el Mercury Theatre. En este proceso de brainstorming, el autor ideó It’s All True, un film mitad documental mitad ficción pero, en el transcurso de la realización de éste, decidió adaptar la novela de Booth Tarkington The Magnificent Ambersons, que ya había adaptado para una de las representaciones radiales del equipo. Esta película muestra no sólo el amor de Welles por la obra de Tarkington sino también lo que ésta remitía, un autor manteniéndose tras bambalinas y sólo prestando su voz como narrador del film.

Luego de terminar el rodaje de Los Magníficos Ambersons, Welles se retiró al interior de Brasil para rodar It’s All True, que se compondría de cuatro capítulos (de ellos sólo uno pudo completarse, y parcialmente). Durante su ausencia, la RKO tuvo un test-screening de Los Magníficos Ambersons.

La prueba produjo resultados desastrosos porque el público selecto encontró el final pesimista, desconociendo que éste era el de la novela original. El estudio mandó a realizar un nuevo corte de la película sin la aprobación de Welles, un final que se mantendría en pie luego de la desaparición del final original. El director, cuya suerte venía en picada, sufrió un percance mientras rodaba el segundo capítulo de su cuasidocumental, el que mostraba a cuatro héroes nacionales en un viaje por una balsa, y cuyo líder, Jacaré, falleció en este percance. Frente a este problema, la RKO canceló la producción de It’s All True, retirando a todo el equipo de la zona, echando a los miembros de Mercury de los estudios en Hollywood, y lanzando un comunicado de prensa que señalaba que “Welles fue a Brazil sin un guión y gastó más de un millón de dólares.” The Magnificent Ambersons pasaría, incluso con el nuevo final, al panteón de los clásicos del cine, mientras que It’s All True no sería resucitado hasta 1993 en un documental por parte de Richard Wilson, Bill Krohn y Myron Meisel.

Cuando Welles regresó, derrotado, a los Estados Unidos se encontró con que ningún estudio quería contratarlo luego de lo que había pasado con sus films gemelos. Recurrió, así, a trabajar en películas y en radio para poder subsistir. Finalmente, gracias a International Pictures, Welles pudo realizar y lanzar en 1946 su film The Stranger, una apuesta peligrosa considerando que recién el mundo salía de la Segunda Guerra Mundial y, sin embargo, Welles mostró escenas situadas en campos de concentración para aumentar la influencia del film en el público. Casualmente, es el único film del director en ser un éxito de taquilla, recolectando además una nominación en los Academy Awards y muchas críticas positivas en su estreno. Esta recuperada fama le permitió a Welles tener el poder suficiente como para poner en marcha La Dama de Shanghai, una película basada en una obra que el director no conocía, realizada en estilo film-noir. Tuvo poca aprobación final del estudio a causa del repetido humor negro e ironía a lo largo de la historia y de la confusa trama y planos acordes.

Así, el film recibió cortes de aproximadamente una hora de duración y, si bien la escena de tres minutos en la sala de los espejos es un clásico en la actualidad, originalmente duraba más de media hora y estaba compuesta de sets más complejos y costosos. Como era de esperarse, La Dama de Shanghai fue un rotundo fracaso.

En 1947 Welles insistió a los inversores con una adaptación de la obra de Shakespeare Otelo pero, al encontrarse con un público menos que dispuesto, cambió su idea y se dirigió a una adaptación de Macbeth, en la que prometía “una mezcla perfecta entre Cumbres Borrascosas y La Novia de Frankenstein”. Sin embargo, el presupuesto para este film era tan escaso que Welles convenció al jefe de Republic Pictures que le diese un presupuesto más amplio y que el excedente sería puesto del mismo bolsillo del autor. La idea por parte del director de remover personajes, escenas y líneas de la obra original para darle un sentido cinematográfico hoy es comúnmente aceptada, pero en esa época la adaptación de Macbeth de Welles recibió duras críticas por presentar estas innovaciones. Finalmente, luego de tres erráticos años, el director pudo lanzar una adaptación de Otelo que, por su caótica producción y re-lanzamientos excesivos por parte de Welles, generalmente permanece olvidada entre su filmografía y entre las adaptaciones de la obra de Shakespeare.

Welles haría en 1955 Mr. Arkadin que, a causa de la pérdida de control a manos del estudio, éste considera su peor trabajo hasta el momento de su muerte. Mr. Arkadin tiene nueve versiones, todas diferentes por extraños motivos, y lanzadas en momentos salteados desde su lanzamiento original. Un ya frágil Welles regresaría al film noir con Sed de Mal, film que en la actualidad se considera el último largometraje conciso del autor, y en el que tendría mucha trascendencia con el guión o con la relación creativa. Aunque tuvo poco éxito en los Estados Unidos, Sed de Mal recibió alabanzas en Europa, incluso una por parte del futuro cineasta François Truffaut.

Como muchos de los films posteriores de la carrera de Welles, hoy en día se pueden encontrar tres versiones, siendo la de 1998 la más concisa acorde a lo estipulado en el testamento de Welles.

Tres adaptaciones le siguieron a Sed de Mal. El Proceso, de 1962, basada en un relato de Franz Kafka, producción de la que relegó mucho por encontrarse rodando al mismo tiempo su fallida adaptación de Don Quijote; Campanadas a Medianoche, basada en la relación del popular personaje de Shakespeare Sir John Falstaff con el Príncipe Hal (futuro Henry V); y Una Historia Inmortal, que recibió lanzamiento limitado en Europa ya que fue concebido originalmente como un film para la televisión francesa.

F for Fake, de 1974, es la última gran producción dirigida y escrita por Welles, que se enfoca en la historia de Elmyr de Hory y cómo éste llegó a ser un falsificador de arte profesional.

Sin embargo, esta historia sirve como base para toda una investigación por parte del autor sobre los derechos de autor y la autenticidad de una obra. F for Fake, por estos motivos, casi ni puede ser considerado un documental y se le atribuye el título de ensayo fílmico. El último film de Welles, sin embargo, fue un verdadero documental acerca de la filmación de Otelo, Filming Othello, de 1978.

Encontrándose nuevamente sin apoyo económico o moral de cualquier tipo, Welles recurrió nuevamente a prestar su presencia y voz para varios medios, y sus últimos años se compusieron de apariciones en shows de televisión como The Muppets Show y Moonlightning.

Conclusión

Orson Welles falleció el 10 de Octubre de 1985 en Los Ángeles, California, de un ataque al corazón. Con él se fueron muchas ideas poco apreciadas por la industrial del cine, que jamás supo comprenderlo. El obituario anónimo del New York Times acerca de Orson Welles define perfectamente su vida y obra, y el conocimiento que perduraría a lo largo de los años: Ya a los 24 años Welles estaba siendo descripto como un fracaso, un cliché que lo perseguiría por el resto de su vida.

Pero en ese momento Welles estaba realizando la película considerada como la más grande de todos los tiempos. Al no conseguir realizar sus sueños, Welles culpó a los críticos y productores de Hollywood. Otros culparon al temperamento destructivo del autor. Pero muy pocos pudieron negar que éste era un genio. (The New York Times, 11 de Octubre de 1985)

Bibliografía

Anónimo. (1985) George Orson Welles Obituary. The New York Times

Benamou, C. L. (2007) It’s All True: Orson Welles’s Pan-American Odyssey. University of California Press.

Berthomé, J. P.; Thomas, F. (2007) Orson Welles en acción. Ediciones Akal.

Estrin, M. W. (2002) Orson Welles: Interviews. University Press of Misissippi.

Garis, R. (2004) The Films of Orson Welles. Cambridge University Press.

Higham, C. (1971) The Films of Orson Welles. University of California Press.

McBride, J. (2006) What Ever Happened to Orson Welles? University Press of Kentucky.

Naremore, J. (2004) Orson Welles’ Citizen Kane: a casebook. Oxford University Press.

Noble, P. (1956). The Fabulous Orson Welles. Hutchison.

Rippy, M. H. (2009) Orson Welles and the Unfinished RKO Projects. SIU Press.

Rosenbaum, J. (2007) Discovering Orson Welles. University of California Press.

Filmografía consultada

Chimes At Midnight (1965)

Citizen Kane (1941)

F for Fake (1974)

Foster, N.; Krohn, B; Meisel, M; Welles, O; Wilson, R. (1993) It's All True: Based on an Unfinished Film by Orson Welles.

Macbeth (1948)

Mr. Arkadin (1955)

Othello (1952)

The Lady From Shanghai (1947)

The Magnificent Ambersons (1942)

The Stranger (1946)

Touch of Evil (1958)


Orson Welles: retrato de un inventor de la modernidad fue publicado de la página 71 a página73 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº54

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