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Twitter en las postrimerías de los mass media.

Martín, Leticia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

ISSN: 1668-1673

XXII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XV, Vol. 23, Agosto 2014, Buenos Aires, Argentina | 219 páginas

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Resumen:

El medio es el mensaje, decía Marshall McLuhan en pleno auge de los Mass Media. ¿Qué podemos decir de los medios del Siglo XXI con plataformas de comunicación que encienden las posibilidades emisoras de miles de nuevos usuarios? ¿Cómo podemos releer aquel mítico y mal recibido texto? Twitter ¿es el mensaje? 

Palabras clave: Twitter - Facebook - Linkedin - Tumbrl - mass media - mensajes - comunicación - era digital - Marshall McLuhan - redes sociales.

La imprenta es La Biblia. La tele es Los Simpson. Elcine es Los puentes de Madison. La radio es Cuál es. ¿El medio es el mensaje? Simplificación de lado, lo que escribió Marshall McLuhan, en aquel mítico y mal recibido texto, es que Twitter es el mensaje. Lo dijo antes de Twitter, claro está, pero vale exactamente lo mismo. El medio se graba en el contenido, se simbiotiza, deja sus marcas y sus huellas, impone sus reglas, es a la vez un soporte y lo que se intenta decir. Escribo “intenta”, porque sabemos, nada se dice, nunca, del todo. Comunicar es un equívoco; y hablar, decir, escribir, también lo son. El medio determina la manera en que el mensaje es percibido y tiene, al mismo tiempo, una relación siamesa con el contenido. Afirmar esto -con McLuhan- es como decir que sin Twitter no diríamos las cosas que decimos, no nos veríamos obligados a la síntesis extrema, no correríamos detrás de la instantaneidad y de la aprobación. Lo cual no quiere decir que Twitter esté bien, o mal, que haya que tenerlo o no tenerlo. Se trata, sencillamente, de entender la lógica del soporte y, sobre todo, de aceptar que la existencia misma del medio expresa un mensaje que está siendo, es y existe con él, al mismo tiempo.

Una carta que viaja por correo, que se cierra con la lengua, que se remite, se redacta, se despacha, que convoca cierta materialidad y tiempos de espera, -como de fee dback- toda esa mecánica de la correspondencia “es” la carta misma, está contenida en ella.

Podríamos buscar ejemplos similares en uno y otro medio, excediendo los géneros y los estilos. Ahora bien, los medios en los que estaba pensando el optimista de McLuhan por aquellos años, eran otros. Internet existía apenas en la cabeza de algún escritor visionario, era una idea o una intuición. Corrían los tiempos de los grandes medios masivos, los llamados mass media, y Marshall McLuhan se encontraba pensando en el cine, la tele, la radio, principalmente, pero también en la prensa gráfica y sus sub-géneros. Aquella mirada en franca oposición a la de los apocalípticos, tenía que ver con el análisis de unos mensajes que parten de un punto y se diseminan a lo largo y a lo ancho de algo inmenso, sin nombre, que no era la conocida multitud invadiendo los espacios públicos, sino un nuevo colectivo inmaterial, anónimo y disperso, que terminó recibiendo el rótulo de “masa”: millones y millones de individuos disgregados, cada uno en un lugar distinto, detrás de algún aparato receptor, decodificando el mensaje que se emitía al otro lado. Ahora bien, ¿qué pasa hoy que el mensaje parte de los propios usuarios? ¿Qué hay de nuevo para decir en la era de Internet, frente a los cambios y desafíos que plantea la digitalización de casi todos los mensajes comunicacionales? ¿Cómo se aplican las miradas sobre los medios ahora que los medios están, a su modo, en manos de los propios usuarios? A mi juicio esa es la verdadera cuestión a analizar cuando se pone a Twitter, como a Facebook, Linkedin o Tumbrl, en el centro de la escena de nuestra época. Vivimos en un mundo donde sin lugar a dudas se puede decir: “Twitter es el mensaje”, o lo que es lo mismo “el medio es cada uno de nosotros”. Nosotros somos Twitter. Los usuarios hacemos el medio y el contenido. La polis griega pasa por nuestros mensajes, somos los bulevares iluminados de la vieja ciudad positivista, las bibliotecas públicas, la institución escolar y la televisión. La información está ahí, disponible, esperando que nosotros hagamos las relaciones, que emitamos, que escribamos, que twitteemos y retwitteemos. Nosotros adelantamos una noticia que sucede en el lugar en el que estamos con nuestra cámara de fotos digital, contamos en 140 caracteres lo que pasa en el vagón de un subte detenido entre estación y estación, pero a la vez mentimos, matamos a Lanata, adelantamos el resultado de una votación en el Congreso, narramos el paso a paso de un evento que ningún medio masivo se va a ocupar de transmitir. Nuestra subjetividad está haciéndose a la forma y medida de lo que hacemos, de nuestros hábitos y consumos, de nuestras jergas y actos de habla. Ya no se trata de un gran medio emitiendo un mensaje que expresa la concentración de capitales administrados por unas manos, u otras, sino de voces de todos los tintes e ideologías, voces claramente identificables, que a diario nos relatan escenas de sus mundos, opiniones, ideas y posiciones.

En su texto Understanding Media, McLuhan iguala al contenido de un medio con un pedazo jugoso de carne que el ladrón utiliza para distraer al perro guardián de su mente. Vale decir, el contenido es accesorio. ¿Cuántas veces escuchamos esto? ¿No es acaso la vieja discusión forma-contenido? La salida a este debate que propone McLuhan es romper el par e igualar los términos. Ya no se trata de analizar la noticia, la frase, los 140 caracteres contenidos en el tuit que alguien enuncia, sino de entender la totalidad de ese modo de decir. El mensaje es también la plataforma, el continuo infinito de hablantes, la mezcla fragmentada de poesía, política, fútbol, amor, sexo, religión, ese incesante suceder de imágenes, ironías y discusiones. Nada más cercano a esta idea que aquella descripción que hacía Sarlo en Escenas de la vida posmoderna: “la cultura nos sueña como un cocido de retazos, un collage de partes, un ensamble nunca terminado del todo”.

La Web y sus plataformas de escritura no son el futuro, como solíamos sospechar. Por el contrario, el futuro es ahora. Ya está siendo. En los noventas la investigación académica miraba a Internet con desconfianza. Muchos trabajos hablaban de la imposibilidad del acceso igualitario y, con ese argumento, daban de baja la universalización del conocimiento, que iba a llegarnos gracias a esta nueva tecnología.

Claramente ya iniciada la segunda década de este SigloXXI no podemos mirar desde aquel obsoleto lugar al fenómeno que sucede ante nuestros ojos. Claro que el acceso NO es pleno, nunca es pleno, pero por qué no aceptarlo: está en vías de serlo. Como pasó con la televisión, con la radio, con la prensa; Internet es un medio de comunicación masiva que llegó para quedarse. Tiene otras reglas, claro está, porque el esquema comunicacional puede armase de un punto a otro punto, cada vez que un individuo, sólo en su computadora, lee un texto enunciado en otra parte. Sin embrago, tampoco hay que negarlo, ese mismo contenido llegará a miles de puntos más, a una masa, en otro momento, no importa en qué momento, y generará otras instancias de lectura, únicas y distintas cada una de ellas, como sucede siempre. En este contexto Twitter permite que abramos espacios de enunciación donde antes no había nada. Y esa es la verdadera revolución. Hoy es el propio usuario un emisor y un receptor al mismo tiempo y eso, mal que les pese a algunos, cambia las reglas del juego para todos. Hoy las redes sociales permiten que permanezcamos hablando en silencio, que nos encontremos inmersos en la más ferviente discusión cuando todavía no abandonamos la cama, por la mañana, que nos volvamos cronistas del mapa que recorremos a diario. Twitter es un barco del Siglo XVIII, un carro romano, un tren, un auto y un avión, una forma dispersa y fragmentaria de acceder a unos contenidos, y de poner en juego los propios, la disolución definitiva del imperio de la razón.

Abstract: The medium is the message, as Marshall McLuhansaid in the middle of the apogee of the Mass Media. What can we say about the media or the XXI Century with communication platforms that offer the emitting possibilities of thousand of new users? How can we read that mythical and unwelcome text? Twitter, is it the message?

Keywords: Twitter - Facebook - Linkedin - Tumbrl - messages -communication - Digital Era - Marshall McLuhan - Mass Media - Social networks.

Resumo: O médio é a mensagem, dizia Marshall McLuhan em plena expansão dos Mass Média. ¿Que podemos dizer dos meios do Século XXI com plataformas de comunicação que acendem as possibilidades emissoras de milhares de novos usuários? ¿Como podemos reler aquele mítico e mau recebido texto? Twitter ¿é a mensagem?

Palavras Chave: Twitter - Facebook - Linkedin - Tumbrl - mensagens - comunicação - Era digital - Marshall McLuhan - Mass Média - redes sociales.

(*) Leticia Martín: Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) Redactora desde 1998. Profesora de la Universidad de Palermo en el departamento de Comunicación y Creatividad Publicitaria de la Facultad de Diseño y Comunicación.


Twitter en las postrimerías de los mass media. fue publicado de la página 51 a página53 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

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