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El fondo y la forma: acerca de la escritura académica.

Ruiz, Laura

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

ISSN: 1668-1673

XXII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XV, Vol. 23, Agosto 2014, Buenos Aires, Argentina | 219 páginas

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Resumen:

La producción académica es formalizada e impone una reflexión metalingüística y un trabajo sobre la forma de la escritura. Además, el conocimiento científico implica compartir un saber y argumentar: actividad escrituraria. Como no hay escritura sin compromiso, se busca provocar escritos en los que el fondo no desprecie la forma pero que ésta no renuncie a un texto poderoso, que respire.

Palabras clave: lenguaje - escritura académica - formación académica - comunicación - pensamiento científico - argumentación.

“La palabra es irreversible, esa es su fatalidad”.(Roland Barthes)

Los textos académicos se inscriben en lo que PhilippeHamon denominó “altamente formalizados” (1990). Por ello, y porque una parte muy importante de la tarea investigativa y científica es la acción de escribir, se hace necesaria una reflexión metalingüística, ya que la lengua —el lenguaje— es el instrumento más poderoso de expresión y de comunicación. Reflexionar sobre la lengua implica una conducta de control de la misma y requiere un aprendizaje más allá del conocimiento implícito que poseemos por ser hablantes nativos.

En la escritura de tesis y de ensayos académicos se demanda a los estudiantes que produzcan textos, signos, argumentaciones, según las reglas que establece la cultura universitaria, lo cual nos compele a readmitir la problemática de la desviación y la norma, lo que está bien escrito y lo que no.

Aunque la lengua está viva y es flexible, posee cierta rigidez y sistematicidad porque cuenta con estructuras que responden a un conjunto de leyes fijas como una “gramática” y una normativa. Por ello, el acto generativo con la lengua es posible sólo dentro de cierto marco y de acuerdo con determinadas reglas (que proveen la estructura del léxico y su sintaxis) y bajo normas que apuntan a la uniformidad ortográfica. Esta normativa es la que va a garantizar la posibilidad de una comunicación exitosa de los textos escritos.

Reiteradamente se afirma que “escribir bien es pensar bien y viceversa”, idea que, probablemente, se haya afianzado en el clima de opinión con Miguel de Unamuno (1864-1936) que distinguía entre quienes piensan para escribir y quienes escriben porque han pensado. A partir de aquí, Julián Marías (1914-2005) propuso una tercera posibilidad: escribir para pensar. Lo indiscutible es que en el acto de escribir no se trata de transcribir el fluir del pensamiento, como así tampoco es suficiente tener conocimiento del código escrito. El proceso de composición no es espontáneo ni automático (Cassany, 1988, pág. 129 y ss.), sino que trabaja con la permanente reelaboración de informaciones y frases, con la revisión de ideas y argumentos, y su principal característica es la competencia recursiva. Pero tampoco se trata de extremar el valor de la corrección ortográfica y gramatical por encima de los otros factores como la adecuación, la coherencia, la cohesión o el desarrollo de las ideas.

Se ha comprobado por parte de los estudiosos del área —y se promueve en este sentido— que los conocimientos técnicos para la planificación y la redacción de escritos son inseparables de los conocimientos estratégicos apropiados para expandir el horizonte de usos cotidianos y para establecer una praxis que mejore los niveles de dominio discursivo y la capacidad argumentativa en los escritores universitarios.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que los textos gramaticalmente impecables no pueden compensar una pobreza de ideas o de conceptos, por el contrario, una expresión clara y precisa pone en evidencia estas debilidades, las sube a la superficie de la página. Y es en esta encrucijada donde las prácticas de lectura y escritura devienen en factor condicionante en el proceso de formación académica. Que el fondo no desprecie la pulcritud de la forma.

Muchas teorías se han desarrollado desde hace algunas décadas para explicar el proceso de composición de un texto así como la actividad intelectual que esto demanda. Se han abordado desde distintas disciplinas del saber, tales como la psicología, la pedagogía, la pragmática, la lingüística, cada teoría puede caracterizarse según su procedencia o la influencia que hubiere recibido.

Vale aquí mencionar a Linda Flower, quien estableció en 1979 la diferencia entre expresión y comunicación1. Expresar una idea no implica que el receptor la comprenda, por lo tanto, que se produzca una situación de comunicación. Flower afirma que el escritor transforma en mensaje comprensible para los lectores aquella expresión que reproduce la forma de su pensamiento. A partir de este razonamiento, estableció los dos tipos de prosa hoy tan conocidos: la prosa de escritor —la expresión— y la prosa de lector —la comunicación—. Escribir para uno mismo, con códigos propios, personales que nadie comprenderá, o sin la preocupación por que esto suceda, es usar la prosa de escritor. Cuando se escribe para comunicarse, para que exista intelección con el otro, se utiliza la prosa de lector. Básicamente, la prosa de lector, o el intento de comunicar información, se corresponde con el código escrito. Su estructura está sustentada en el objetivo del autor que emplea un lenguaje compartido con su audiencia; el resultado será un texto autónomo, que no necesita contexto para ser comprendido.

Las etapas establecidas formalmente, y de aplicación necesaria, en la composición de textos son: el acopio de ideas, su organización y análisis (preescritura); la redacción del texto (escritura) y las revisiones que mejoran lo escrito indefectiblemente (postescritura). Básicamente, se trata de planificar el desarrollo del texto, trazar un plan, prever el tiempo necesario para redactarlo, y dedicarle el tiempo y el método para rever el texto, para valorar sistemáticamente distintos aspectos de lo escrito. Así, la escritura de una tesis cuenta con dos costados inseparables: por un lado, debe seguir reglas de una presentación formal y rigurosa de los argumentos y el debate; tiene que satisfacer las normas estrictas de la gramática formal, sin coloquialismos, sin jerga técnica sin definir, sin términos imprecisos, sin argot aún cuando tales términos o frases sean de uso frecuente en el lenguaje hablado2. La escritura de una tesis tiene que ser clara. Las opacidades en el significado importan, la terminología y la prosa tienen que procurar excelencia. Las palabras tienen que transmitir exactamente el significado previsto, sin ambigüedades. Por otra parte, la tesis requiere que su autor reflexione, que desarrolle un pensamiento crítico, que sistematice una discusión técnica, que argumente en defensa de una hipótesis particular para convencer a la comunidad científica y a quienes serán su audiencia. Así, el punto neurálgico de su trabajo es el arte de persuadir mediante la palabra, es decir, el arte de la argumentación o la técnica del discurso persuasivo.

En el nivel del discurso, Roberto Marafioti ha señalado que no existe la argumentación pura (2003, pág. 12), porque toda argumentación se inscribe en un marco social y asume las normativas de la interlocución. Los claustros académicos, como otras instituciones, son un soporte de la argumentación porque ésta es su legitimadora. Lo que afirma Marafioti es que considerar la existencia de un proyecto de una argumentación científica o absoluta, modelada “a partir de los conocimientos independientes del tipo de verdades que se quiere transmitir y de su modo de existencia” es mera ilusión (2003, pág. 12).

Si el discurso científico se define por presentar y compartir un saber, discutir y desarrollar las mejores estrategias de transmisión de conocimientos es una tarea que se impone a enseñantes y educandos.

Como no hay pensamiento sin lenguaje (Barthes, 1973) la forma pasa a ser la primera y última instancia de la responsabilidad escrituraria. Pero la perfección gramatical no debería funcionar en desmedro de una escritura artesanal, comprometida, porque el autor de tesis no posee una escritura blanca —aunque ésta sea instrumental por excelencia, según la primera condición del arte clásico—. Como el signo es ideológico no hay escritura sin compromiso, y la forma es la responsabilidad que provoca una “ética de la escritura” (Barthes, 1973, 79). El “escritor practicante del discurso” (Barthes, 1994, pág. 138) debe comprometerse pero sin renunciar al goce de un lenguaje propio, poderoso, a un texto que respire. Que la producción de la escritura de consumo universitario o científico no devenga en texto frío, sin personalidad, porque —hay que decirlo— el discurso universitario no es en absoluto neutro. En materia de artesanía escrituraria académica, que lo perfecto no desdibuje lo bello y que lo bello nos reconcilie con las ideas.

Notas

1. En Daniel Cassany, La cocina de la escritura.

2. Véase, entre otros, el Manual de redacción científica, Universidad de Alcalá, Departamento de Ecología.

Referencias bibliográficas

Barthes, R. (1973). El grado cero de la escritura. México DF: Siglo XXI.

Barthes, R. (1994). El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y la escritura. Barcelona: Paidós.

Cassany, D. (1988). Describir el escribir. Barcelona: Paidós.

Cassany, D. (1993). La cocina de la escritura. Barcelona: Anagrama.

Eco, U. (2001). Cómo se hace una tesis. Buenos Aires: Gedisa.

Hamon, P. (1990). Texto e ideología. Para una poética de la norma. Criterios, 66-94.

Marafioti, R. (2003). Los patrones de la argumentación. La argumentación en los clásicos y en el siglo XX. Buenos Aires: Biblos.

Mari Mutt, J. A. (s.f.). Manual de redacción científica. Obtenido de http://www.uco.es

Abstract: The academic production is formalized and imposesa metalinguistic reflection and work on the form of writing. In addition, scientific knowledge involves sharing knowledge and arguing: scriptural activity. As there is no writing without compromise, is meant to provoke writings in which the fund does not despise the way but it does not give a powerful text, to breathe.

Keywords: language - communication - scientific thinking - academictraining - academic writing - argumentation.

Resumo: A produção acadêmica é formalizada e impõe uma reflexão metalingüística e um trabalho sobre a forma da escritura. Além disso, o conhecimento científico envolve compartilhar um saber e argumentar: atividade escrituraria. Como não há escritura sem compromisso, se procura provocar escritos nos que o fundo não despreze a forma mas que esta não renuncie a um texto poderoso, que respire.

Palavras Chave: linguagem - comunicação - pensamento científico - escrita acadêmica - formação acadêmica - argumentación.

(*) Laura Ruiz: Doctora en Literaturas Latinoamericanas (University of Florida, Gainesville, EE.UU.), Magíster en Literaturas Latinoamericanas (Michigan State University, East Lansing, EE.UU), Licenciada en Letras Universidad Nacional del Comahue, Neuquén. Docente de la Universidad de Palermo en el Departamento de Investigación y Producción de la Facultad de Diseño y Comunicación.


El fondo y la forma: acerca de la escritura académica. fue publicado de la página 99 a página101 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

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