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Ser aficionado vs. ser profesional. ¿Qué esperan los alumnos del ciclo universitario?

Jevscek, Fabián [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

ISSN: 1668-1673

XXII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XV, Vol. 23, Agosto 2014, Buenos Aires, Argentina | 219 páginas

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Resumen:

Todo aquél que inicia una carrera universitaria tiene como objetivo final convertirse en profesional de su disciplina, pero no siempre tiene claro qué representa serlo ni cuáles debieran ser los saberes esenciales infaltables en su formación. Esta circunstancia permite reflexionar acerca de las características que debiera reunir un profesional competente y las estrategias de enseñanza a ser implementadas por los docentes en su formación.

Palabras clave: conocimiento - rol docente - formación profesional - enseñanza

En el marco de la asignatura Producción Digital III, correspondientea la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo se viene asistiendo a un hecho recurrente que suele presenciarse tanto en las instancias finales como a lo largo de la cursada misma y que saca a la luz el escaso interés de los estudiantes por incorporar conceptos propios del quehacer profesional del Desarrollador Multimedia en contraposición con la avidez por descubrir y manejar las distintas herramientas informáticas.

¿Percepción o realidad?

Esta percepción, que se pone de manifiesto en la mayor dedicación por la ejercitación práctica por sobre el tiempo destinado al análisis y la reflexión teórica, y que tiene su correlato luego, en el flojo nivel de las exposiciones orales más allá de la calidad de los proyectos desarrollados, hace foco en la necesidad de cuestionar si es esto lo que los alumnos vienen a buscar a la universidad y si es, en virtud de esta urgencia por manejar las herramientas, que desprecian y desestiman el uso y manejo del lenguaje técnico-profesional. Claro que esta tendencia no es nueva, ya que desde la II Edición del Foro de Intercambio Académico, en el marco de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, realizado en el mes de agosto de 2003 y del que participaran docentes de las carreras de Diseño de Imagen y Sonido, Cine y Televisión, Fotografía y Diseño Gráfico y de Historieta, se hacía referencia a esta problemática, la cual quedaría expuesta en las Conclusiones Generales del documento que tiene por título ¿Qué se aprende en mi materia?, de la siguiente manera “… se coincidió en la carencia de cultura teórica como un déficit generalizado entre los alumnos …” (Foro de Intercambio Académico, 2003).

Pues bien, con el objeto de indagar qué piensan hoy los alumnos respecto a este tema, y sólo a modo de referencia, se realizó un pequeño muestreo entre los que se encuentran aquellos que cursan la asignatura en el presente y otros que lo hicieran con anterioridad, a los cuales se les consultó acerca de qué tipo de conocimiento, creen ellos, indispensables para su futuro profesional. Se pudo observar que sólo el 14% considera al marco teórico disciplinar como tal, y que en la misma línea se inscribe otro escaso 52% que poco resalta la importancia del marco teórico general. Por el contrario, el mayor interés está dado por acceder a todas aquellas cuestiones que se relacionan con la práctica propiamente dicha del resto del desenvolvimiento profesional. De esta manera, no es de extrañar que el 90% haya elegido la práctica profesional o que el 57% se inclinara por la computación aplicada, en el mismo sentido, se observa que el 52% opta por las tendencias del mercado laboral en detrimento del 48% que lo hiciera por el vocabulario técnico-profesional.

Sin duda, se debe tener en cuenta el contexto socio-cultural en el que se desenvuelven estos futuros profesionales, inmersos en la cultura del zapping, el multi-tasking y la comunicación a través de medios electrónicos, en donde todo dura muy poco, la atención se comparte en distintas tareas simultáneas y el uso correcto del vocabulario cada día tiene menos seguidores. En consecuencia, va perdiendo valor todo aquello que demande un tiempo superior o un mayor esfuerzo.

Si así fuera, y siguiendo tal forma de entender una profesión, no debiera sorprender que cualquier persona que empuñe una tiza y se pare delante de una pizarrón pueda ser considerado un maestro, o de igual forma, aquél que conozca los secretos del uso de una calculadora pueda ser considerado un contador público, como así también, todo aquél que demuestre destreza en el manejo del bisturí, se encuentre en condiciones de efectuar una cirugía. En este punto, vale remarcar las diferencias entre saberes y habilidades profesionales.

En busca del profesional competente

A esta altura, están claras, cuáles son las motivaciones iniciales de los estudiantes universitarios pero, ¿cuál es el fundamento para rebatirlas?

Para comenzar sería conveniente definir las características que debería reunir un profesional moderno o al menos una práctica profesional. Si, partiendo de un visión más genérica, la mirada se dirige hacia cuál es la tarea de un profesional, independientemente de cual sea la disciplina, entonces, se puede decir que “… la competencia profesional consiste en la aplicación de teorías y técnicas derivadas de la investigación sistemática, preferiblemente científica, a la solución de los problemas instrumentales de la práctica” (Schön, 1992).

Ahora bien, cuando lo que se quiere dilucidar es cuál es la esencia del ser profesional, entonces, el foco debería hacerse en el campo del conocimiento. Es cierto, que como en muchas otras profesiones, la formación y capacitación del Desarrollador Multimedia reviste características eminentemente prácticas, en donde no sólo se desarrollan y entrenan destrezas y habilidades en el manejo de herramientas informáticas, de relaciones interpersonales internas y externas al grupo de trabajo, sino también de observación, estudio y razonamiento sobre el medio donde debe actuar, pero nada de esto es posible si no se cuenta con el respaldo de la suma de saberes disciplinares probados científicamente, que forman el marco teórico profesional. Por lo tanto, y tomando como referencia la perspectiva de la racionalidad técnica que formulase Donald Schön, podemos asegurar que, en el área de acción de cualquier profesional se vuelve insoslayable la combinación de acciones, reglas y procedimientos que derivan del cuerpo de conocimiento profesional (Schön, 1992).

Si, en cambio, la búsqueda se refiere a las aptitudes, que un profesional debería ejercitar a lo largo de su etapa de formación, entonces se debiera tener presente que, más allá de las diferencias en cuanto a requerimientos de las distintas áreas de trabajo con respecto a destrezas y talentos en el manejo de las herramientas propias de la labor ejercida, es por demás importante generar conciencia que la capacidad de análisis para interpretar las problemáticas, considerar los recursos y en consecuencia, elaborar un plan de acción eficaz, es lo que marcará el verdadero potencial del futuro profesional, lo que equivale a decir, en palabras de Anahí Mastache, que se deberían incorporar tanto, conocimientos básicos, en cuanto, a modelos y teorías del entorno disciplinar, como habilidades para adaptar la información al contexto de aplicación (Mastache, 2009).
Es decir que, toda tarea profesional se apoya de una u otra forma en la combinación de saberes y habilidades, en pos de la realización de un planteo de la situación problemática planteada, para lo cual, el mayor campo teórico permite brindar mejores respuestas y si bien es cierto que cada profesional va desarrollando su habilidades en base a la distintas experiencias a las que se exponen y perspectivas a las que adhieren, todos “comparten un tronco común de conocimiento profesional explícito, más o menos organizado sistemáticamente” (Schön, 1992).

Esta diferenciación, más sutil entre profesionales de la misma disciplina, toma mayor relevancia, entre estos y quienes realizan las mismas tareas desde un perfil más aficionado, mucho más cuando quienes no han recibido la pertinente capacitación universitaria, carecen tanto del respaldo del conocimiento científico disciplinar, como de la ejercitación en la acción a través de medios, lenguajes e instrumentos distintivos que son comunes a la profesión (Schön, 1992).

De tal modo, se puede ver que la instrucción académica no sólo es necesaria en función de lograr mejores resultados sino con el propósito de consolidar una marcada diferencia de valoración en favor de los profesionales a la vista de los clientes para los que estos brinden sus servicios y así lograr que el cliente tome al profesional como “… una verdadera herramienta para alcanzar objetivos…” y que las propuestas de trabajo se encuentren fundamentadas por sólidos conocimientos (Dorignac, 2008).

El rol docente en la creación del profesional competente

Con el objetivo de lograr profesionales competentes se debería tener en cuenta tipos de enseñanza que se ajusten a ello, propiciando aprendizajes que apunten a una metodología de acción que se base en la reflexión a partir de un campo de conocimiento disciplinar e interdisciplinar, en la búsqueda de soluciones a la problemática profesional, pero que, además, ejercite el proceso de aprendizaje continuo. Se podría asegurar que un ciclo universitario debe generar los espacios para la construcción tanto del conocimiento disciplinar como de las estrategias de aprendizaje (Agadia, 2009).

En tal sentido, toma vital importancia el rol docente, puesto que es quien tiene a su cargo el recorte de los contenidos, la elección de las estrategias de enseñanza y la definición de la secuencia de actividades, que entre otras cosas, van a determinar las metodologías de enseñanza/ aprendizaje. Si se hiciera foco en cuáles deberían ser las características irrenunciables de esta metodología, y parafraseando a Mastache, se podría mencionar (Mastache, 2009):

a) Ajustar las condiciones a la práctica profesional.

b) Contar con rigurosidad teórica sin perder significatividad social.

c) Tomar a la teórica como herramienta adquirida para dar respuesta a los planteos de la problemática profesional.

d) Facilitar la adaptación a los contextos de incertidumbre.

e) Promover la integración con otras disciplinas y capacidades

f) Incentivar la interacción con diversos paradigmas.

Si se remitiera a las características del Aula Taller, se podría observar que la misma se ajusta perfectamente a las metodologías buscadas, puesto que, propone un espacio para la construcción de conocimiento basado en el trabajo en equipo, con un fuerte anclaje en la reflexión teórica disciplinar como base de la tarea de investigación y de elaboración de planes de acción (de Vincenzi, 2009).
A modo de cierre, y tomando como eje la disyuntiva planteada desde título del artículo se puede establecer que más allá de las motivaciones y/o las características de los alumnos que inician un ciclo universitario con el objetivo de convertirse en futuros profesionales, es responsabilidad de los docentes que tienen a su cargo dicha capacitación y entrenamiento, poner de manifiesto la importancia de valorar los saberes disciplinares, tanto, para ser utilizados como herramientas en la comprensión de las problemáticas profesionales y la posterior elaboración de planes de acción, como en la revalorización del ser profesional en detrimento del ser aficionado, ya que no se llega a ser “un Desarrollador Multimedia por el sólo hecho de dominar los secretos de uno o varios software” (Jevscek & Grandinetti, 2003).

Referencias bibliográficas:

Agadia, K. (2009). La construcción del saber didáctico del docente de la carrera de Diseño y Comunicación en la Universidad de Palermo. Ficha de Cátedra.

De Vincenzi, A. (2009). La práctica educativa en el marco del aula taller. Revista de Educación y Desarrollo, 41-44. Dorignac, E. G. (2008). En busca del eslabón perdido. En D. y. Otros, Reflexión Académica en Diseño y Comunicación N° IX (págs. 154-155). Buenos Aires: Facultad de Diseño y Comunicación - Universidad de Palermo.

Foro de Intercambio Académico. (2003). ¿Qué se aprende en mi materia?. Buenos Aires: Documento Interno.

Jevscek, F., & Grandinetti, C. (2003). En [desde] el aula. En Varios, Reflexión Académica en Diseño y Comunicación N°IV (pág. 63). Buenos Aires: Facultad de Diseño y Comunicación - Universidad de Palermo.

Mastache, A. (2009). Formar personas competentes. Buenos Aires-México: Novedades Educaticas.
Schön, D. (1992). La formación de profesionales reflexivos. Barcelona: Paidós.

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Introducción a la Didáctica a cargo de la profesora Silvia Meza en el marco del Programa de Capacitación Docente.

Abstract: Anyone who starts a university has the ultimate goalof becoming a professional discipline, but not always be clear what is or what should be the essential knowledge a must in their training. This circumstance allows us to reflect on the characteristics that should raise a competent professional and teaching strategies to be implemented by teachers in their training.

Keywords: knowledge - teaching role - professional formation - teaching.

Resumo: Todo aquele que inicia uma carreira universitária tem como objetivo final se converter em profissional de sua disciplina, mas não sempre tem claro que representa o ser nem quais devessem ser os saberes essenciais infaltables em sua formação. Esta circunstância permite reflectir a respeito das características que devessem reunir um profissional competente e as estratégias de ensino a ser implementadas pelos docentes em sua formação.

Palavras chave: conhecimento - papel docente - formação profissional - ensino.

(*) Fabián Jevscek: Docente de la Universidad de Palermo en el Departamento de Multimedia de la Facultad de Diseño y Comunicación.


Ser aficionado vs. ser profesional. ¿Qué esperan los alumnos del ciclo universitario? fue publicado de la página 145 a página147 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

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