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Adicción y desintoxicación digital. Desconectarse para reconectarse

Rossito, María Agustina

(Taller de Redacción. Docente: Jorge Falcone)

Escritos en la Facultad Nº97

Escritos en la Facultad Nº97

ISSN: 1669-2306

Marea Digital Ensayos de estudiantes DC sobre negocios, comunicación y tendencias en el mundo digital

Año X, Vol. 97, Julio 2014, Buenos Aires, Argentina | 92 páginas

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Se vive en la actualidad cierto fervor por las redes sociales. 

Llegaron ya hace un tiempo y se asentaron para quedarse. Quienes por algún motivo no son usuarios directos de estas webs o aplicaciones, lo son de forma indirecta: hoy en día nadie está fuera del flujo de comunicaciones que allí se presenta. En noticieros, periódicos, radios se citan tweets o publicaciones de distintas figuras públicas (artistas, políticos, empresarios), involucrando a todos en esta especie de evolución de la blogósfera. 
Se puede definir como redes sociales a sistemas que agrupan usuarios bajo diferentes criterios, y permiten que las personas se conozcan y establezcan un contacto frecuente. Éstas facilitan la conformación de comunidades e instancias de intercambio social. (Prato, 2009). 
En el año 2002 aparece el primer sitio capaz de generar círculos sociales: Friendster. En mayo del mismo año nace el sitio de publicación de fotografías fotolog.com, y ya en febrero del 2005 superaba el millón de usuarios. 
En el 2003 nace MySpace, la segunda web más visitada de Internet. MySpace suele definirse como un entorno para amigos, ofrece la posibilidad de chatear, enviar mensajes privados, crear blogs, invitar a contactos, y compartir archivos como fotos, videos o música. 
Finalmente en el 2004 es lanzado Facebook, una red social creada en principio para ser utilizada únicamente por estudiantes de la Universidad de Harvard, y que actualmente está abierta a todos los usuarios que quieran registrarse. De gran popularidad, permite publicar información personal, fotos, chatear y contactar con individuos de todo el mundo. (Prato, 2009). 
Las redes sociales forman parte del fenómeno llamado comúnmente Web 2.0. El término fue acuñado por Tim O’Reilly en el 2004 para llamar a una segunda generación de la Web que tenía sus bases en las comunidades de usuarios, interconectados por redes sociales, blogs y wikis. (Prato, 2009). La Web 2.0 fomenta el intercambio y la colaboración entre usuarios, y tiene como base fortalecer la inteligencia colectiva.
Se podría mencionar como antecedente de esta cultura de la navegación web, del multitasking y del rol activo del usuario frente a la máquina, a la cultura del zapping de mediados de los años 90. La incorporación del control remoto fue un hito en el comienzo del cambio de la TV. El control devolvió poder al espectador que pudo comenzar a interponer su voluntad frente al trasiego de imágenes presentadas y, sobre todo, frente a la publicidad. (Balaguer Prestes, 2010). 
Sin embargo, en la utilización de la Web 2.0 se da un corrimiento del lugar del medio masivo para ubicarse como actor-editor dentro de la red, especialmente en algunos ámbitos de la misma. El influjo de la Web 2.0 ha tenido especial importancia en la dimensión prosumidor del usuario. (Balaguer Prestes, 2010). 
Es en este contexto donde los niños y jóvenes actualmente se encuentran desarrollándose como individuos. El multitasking, la relación incesante con una pantalla, la capacidad de editar y publicar contenidos propios que diferencien a los usuarios entre sí, la comunicación y feedback constante, son algunas de las variables que hacen a estas redes sociales, hijas directas de los blogs (hoy en día asociadas al concepto de microblogging), tan cautivadoras para los más jóvenes. Las redes sociales permiten comunicarse con personas que se encuentran geográficamente alejadas, expresar ideas frente a diferentes sucesos, entablar una conversación con una figura pública, difundir una pyme o proyecto artístico, jugar y compartir experiencias con amigos, ampliar el panorama laboral, entre infinidades de funciones más. 
En sí, las redes sociales parecieran ofrecer herramientas para hacer la vida más sencilla. 
Las TIC simplifican considerablemente los quehaceres cotidianos. El atractivo de Internet para los jóvenes es que se caracteriza por la respuesta rápida, las recompensas inmediatas, la interactividad y las múltiples ventanas con diferentes actividades. (Echeberúa, 2010). 
Las redes sociales proponen una nueva realidad que aún no ha sido definida completamente, que estará encarnada por las generaciones que hoy se encuentran en el ciclo de educación básico, en sus años de primaria y secundaria. 
La variedad que ofrecen en cuanto a los puntos de accesos y funcionalidad logra que la comunicación y conexión a estas redes sea constante. Es posible acceder en la casa y la oficina, a través de la computadora o notebook, en la escuela, universidad o espacios públicos a través del celular o tablet. Para cada tipo de interacción existe una red social acorde. Por citar ejemplos, se puede afirmar que para comentarios breves y creativos existe Twitter, para compartir fotos o experiencias con amigos Facebook, para publicar una foto individual Instagram, para hacer saber la ubicación actual Foursquare, entre muchas otras plataformas y contenidos. Estas redes, a su vez, se combinan entre ellas, dejando rastros de una en la otra, generando un circuito, logrando mayor exposición de una publicación, y con esto una interacción más exitosa. 
Los jóvenes de hoy, quienes han adoptado desde los comienzos de su adolescencia estas herramientas, adecuan su vida social a través de ellas. Conocen su funcionamiento, se adaptan perfectamente a sus actualizaciones y parecen necesitarlas de forma casi obligatoria para poder llevar a cabo relaciones sociales satisfactorias. 
El encender y apagar la pantalla del teléfono celular constantemente es un signo no sólo de dependencia, sino también de búsqueda. Búsqueda de respuestas, de nuevos comentarios, de conexión. 
Al encontrarse actualmente las redes sociales en el centro de la escena (al menos en lo que respecta a tecnologías de uso popular), sociólogos, psicólogos e investigadores han profundizado sobre algunos de los efectos surgidos a partir de estas. A continuación se reflexionará acerca de tres fenómenos que se derivan del uso de estas plataformas web: la dominación económica a partir de la aislación del ser humano; la discriminación en plataformas web; la adicción a las redes sociales.

Control social y vigilancia 
Diego Levis hablaba en su artículo titulado Pantallas Tecnómades de la progresiva disolución del concepto de comunidad, dando lugar a un nuevo tipo de relaciones sociales, caracterizadas por la fragmentación y deslocalización. 
La vida vivida a través de una pantalla interpuesta (computadora, celular, etcétera) contribuye al aislamiento del ser dentro de un caparazón electrodigital. Con el fin de protegernos de un entorno social que los medios presentan cada vez como más hostil, conduce a un creciente alejamiento del individuo de sus semejantes, mediante el incremento de la mediatización de la vida social a través de dispositivos. (2007). Levis afirma que estas nuevas tecnologías esconden la amenazante faz de la expansión de la vigilancia y el control social. Vivimos expuestos a una mirada externa que controla nuestras actividades. Las computadoras, teléfonos celulares y otras tecnologías, no son más que algunas de las piezas del gran panóptico tecnológico que se extiende sobre nosotros. La estructura de funcionamiento de Internet y demás redes están concebidas para hacer visibles a sus usuarios y a quienes los acompañan. Nada queda fuera de su alcance. (2007). De esta forma, el ciberespacio se constituye en núcleo de un gran sistema de ordenamiento social y homogenización ideológica.

Discriminación en las redes sociales 
El cambio de paradigma que representa la utilización de las redes sociales no sólo ha traído beneficios en cuanto a la integración natural que parece significar la interacción continua. Como toda actividad humana, los usuarios de la red no sólo se manifiestan de manera positiva, pues las herramientas tecnológicas también se han convertido, en ocasiones, en instrumentos de escarnio, difamación y calumnia. 
Debido a esto, en México el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) lanzó a principio de este año un ejercicio para medir la discriminación de los usuarios mexicanos de Twitter, y recientemente presentó sus resultados, luego de que se monitorearan 31 hashtags (etiquetas) discriminatorios durante dos meses. A este experimento se le llamó #tweetbalas. Sus resultados: homofobia, machismo y clasismo, las principales formas de discriminación en esa red social en el país. 
Por su parte, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) en Argentina desarrolló su Plataforma por una Internet libre de discriminación. 
Según el INADI, los avances tecnológicos alcanzados durante la última década permiten el aumento exponencial de voces y opiniones y, también, la relativa democratización de las mismas, habilitando la difusión de un mensaje o contenido en tiempo real.

La discriminación en el ámbito de Internet se corresponde con la definición de discriminación en el ámbito “offline”. En ese sentido, es considerada discriminatoria toda distinción, restricción o preferencia basada en motivos de una supuesta raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica, condición social o caracteres físicos que tenga por objeto anular o menoscabar el reconocimiento y ejercicio en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública.
Las características y modos de manifestación virtuales se ajustan a las reglas del medio digital. Los contenidos discriminatorios en Internet se manifiestan a través de correos electrónicos, páginas y/o grupos en redes sociales, blogs creados a tal efecto, comentarios en plataformas de redes sociales, sumando los sitios de noticias online; en conversaciones de chat grupales e individuales, en fotos manipuladas o con textos específicos que nada tienen que ver con el material original. (INADI, s/f).

El INADI ofrece en su plataforma una guía acerca de cómo reportar contenido inadecuado en diferentes plataformas Web, así como un mail de contacto para brindar más soluciones y apoyo a los afectados.

Las redes sociales como adicción 
La adicción es una afición patológica que genera dependencia y resta libertad al ser humano al estrechar su campo de conciencia y restringir la amplitud de sus intereses. “De hecho, existen hábitos de conducta aparentemente inofensivos que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en adictivos e interferir gravemente en la vida cotidiana de las personas afectadas, a nivel familiar, escolar, social o de salud”. (Echeburúa y Del Corral, 1994). 
Las redes sociales permiten al usuario ser visibles ante los demás, reafirmar la identidad ante el grupo, estar conectados a los amigos. El anonimato produce terror, del mismo modo que asusta la soledad. Las redes sociales alejan el fantasma de la exclusión: se vuelcan las emociones, con la protección que ofrece la pantalla, y se comparte el tiempo libre. 
De esta forma y debido a las características intrínsecas a estas plataformas, ha ido dando forma a un perfil de vulnerabilidad psicológica que asocia estas adicciones a las nuevas tecnologías con el aislamiento social, la soledad, la falta de habilidades sociales, las dificultades a la hora de establecer relaciones interpersonales, la ansiedad, la depresión, la dificultad en el control de la impulsividad, la baja autoestima, el lugar de control, el malestar con la propia apariencia física, el abuso de sustancias, los trastornos de personalidad, del ánimo y los psicóticos. (Oliva et al, 2012). 
Conectarse al ordenador ni bien se ingresa al hogar, meterse en Internet al despertarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, así como reducir el tiempo de las tareas cotidianas, tales como comer, dormir, estudiar o charlar con la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet. Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana. (Davis, 2001).
 La ciberadicción se establece cuando el niño deja de verse con sus amigos y se instala frente a la pantalla con sus videojuegos, el adolescente presta más atención a su teléfono celular que a su novia o el joven no rinde en los estudios porque se conecta obsesivamente a distintas páginas de Internet. En todos estos casos hay una clara interferencia negativa en la vida cotidiana. Pero en este discurso debe dejarse muy claro que no todo lo que se asocia al uso de las nuevas tecnologías es problemático. Desde una perspectiva de desarrollo positivo, y en el caso de personas con buenos niveles de ajuste personal, las nuevas tecnologías suponen una oportunidad de ampliar conocimiento, de aprendizaje, de disfrute, de fomento de la creatividad y de desarrollo de relaciones interpersonales. (Castellana, Sánchez-Carbonell, Graner y Beranuy, 2007; Guan y Subrahmanyam, 2009; Morahan-Martín y Schumaker, 2000).

Conclusiones 
Difícilmente se pueda imaginar qué deparará el futuro en materia de desarrollo tecnológico y comunicaciones. Los cambios se dan apresuradamente, muchas veces sin lugar a la anticipación. Por esto, se reconoce que no es tarea sencilla avanzar e intervenir sobre medios que se encuentran en constante cambio y desarrollo. Parte de la clave para un uso más solidario es la educación en estos medios. Concientizar a los jóvenes, sin asustarlos, de los efectos negativos que eventualmente estas redes tienen a mayor escala. Entre estos efectos están los abarcados en el presente ensayo: la dominación económica, la recolección de datos sobre la vida personal, el aislamiento, como también las conductas discriminatorias viralizadas y el uso indiscriminado de estas plataformas.
Será importante trabajar en el hábito de la desintoxicación digital. Por citar un ejemplo, existe ya en Estados Unidos un restaurante que ofrece descuentos a los comensales que no utilicen el celular durante sus comidas. Es esa y no otra la dirección en la que se debe orientar la desintoxicación: alentar a volver a humanizar las interacciones, desconectarse de la Web para reconectarse con los afectos cercanos, evitando que llegue el día que pronosticaba Diego Levis:

Un día, rodeados de máquinas y aparatos de comunicar de prestaciones hoy inimaginables, sentiremos con nostalgia la necesidad de las presencia física del otro, aquel que como nosotros, sin apercibirse, ha podido dejar parte de su naturaleza humana en la maraña de la comunicación electrodigital. (2007).


Adicción y desintoxicación digital. Desconectarse para reconectarse fue publicado de la página 46 a página48 en Escritos en la Facultad Nº97

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