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Análisis del film 7 cajas

Alalachvily, Tatiana; Lavia, Eliana Antonella

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº64

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº64

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición XIII br r nEscritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2014 r n

Año XI, Vol. 64, Noviembre 2014, Buenos Aires, Argentina | 98 páginas

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Introducción

7 cajas es una película paraguaya dirigida por Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori. Muy por afuera de las exitosas obras de Hollywood, tuvo premios por su gran historia y guión, ya que marcó un antes y un después en el cine latinoamericano pese a no tener grandes celebridades ni grandes efectos especiales. Ubicada en el año 2005, se pueden observar todos los movimientos que se generan en el mercado de Asunción y los carretilleros que trabajan en los puestos pero en especial el de un joven de 17 años.

Desarrollo

La película se ambienta integralmente en el mercado, mostrando tal vez la realidad de un sector que muchos en Paraguay y en el resto del mundo no conocen. La pobreza que se vive, el gran apego de cada joven a su carretilla como único medio se supervivencia, la delincuencia que los rodea y el sueño inocente de la gran mayoría muestra también el lado de la justicia. Su comportamiento, su trabajo diario, que a diferencia de otras películas en las que se involucra a la policía, ésta no los ataca, sino que aborda sus características con sutileza, sin halagar su trabajo ni tampoco criticarlo. El Mercado 4 ocupa casi ocho manzanas en el corazón mismo de la ciudad, y a simple vista parece que sus pasillos son interminables. En él viven alrededor de 500 personas, pero moviliza comercialmente a unas 2000. Allí conviven día a día, coreanos, chinos, árabes, judíos y paraguayos. El Mercado 4 vende de todo: frutas, carne, verduras, productos electrónicos, celulares, ropa y, a veces, hasta la dignidad. Allí confluye todo tipo de gente todos los días y en sus pasillos guarda más de un millón de historias. El mundo del mercado es hostil y competitivo y hay miles como Víctor esperando llevar las compras de los clientes a cambio de una pequeña remuneración. Víctor entiende que necesita moverse para conseguir algo de dinero ese día. El problema está en los límites que se ponen las personas para poder conseguir ese dinero que les falta, como el caso del carretillero Nelson, para poder conseguir medicamentos para el hijo, o el caso del niño solamente por el deseo de un celular. Víctor está encantado por la televisión que solamente la encuentra cuando va caminando por la calle del mercado. La televisión brinda un suministro cotidiano de informaciones, acontecimientos, imágenes y adquiere poder sobre su realidad y legitimidad. La globalización tiene un innegable aspecto material en la medida en que es posible identificar y cuantificar, por ejemplo, los flujos comerciales, los movimientos de capitales y personas a través del mundo. (Saborido, 2003) En la película se evidencia claramente la globalización, donde se ve lo importante que es el dólar; la moneda extranjera es profundamente deseada y hasta imposible de conseguir. La gente puede llegar a matar por ella. La comunicación a través de la telefonía móvil, como es algo novedoso y todos lo quieren tener, además de ser utilizada para hablar con una persona o ubicarla, sirve para dejar rastro de lo que sucede, para actuar como testigo de la vida cotidiana. Se ve claramente que en un lugar tan pequeño, coreanos, paraguayos, árabes y judíos tienen sus vidas entrelazadas ya sea por negocios, coincidencia o simplemente porque es una necesidad adaptarse a las costumbres del otro. La compleja realidad en la que vivimos ha traído al debate actual fenómenos como la globalización, que se desdobla en una amplia gama de variedades, sobre todo globalización de la cultura que, al igual que el resto de los tipos, es sumamente complejo. Este modo de globalización está directamente relacionado con la velocidad en que ocurren los cambios culturales, exigiendo miradas que tomen integralmente en cuenta la magnitud de este fenómeno. Es importante resaltar que para Bourdieu la distinción entre las clases está dada por la posición que ocupan sus miembros en la estructura productiva, además de que la forma en que se distribuyen los bienes materiales simbólicos está íntimamente vinculada a la circulación y acceso a los bienes antes mencionados. Así, la cultura dominante se define como hegemónica cuando se reconoce arbitrariamente su valor en el campo de lo simbólico, donde la cultura y la educación juegan importantes papeles en la reproducción de las diferencias de clases. De esta manera, la posesión o carencia de capital cultural puede existir como disposiciones duraderas de instituciones como la escuela o también bajo la forma de bienes culturales como libros, diccionarios, instrumentos, máquinas, etc.

El poseer o no un capital cultural favorable, adquirido básicamente en el ámbito familiar, establece las distinciones que día a día hacen notables las diferencias de clases. Por tanto, en la medida en que existe una relación estrecha entre la posición de clase y la cultura, realidades que parecieran tener relativa autonomía, en realidad guardan una profunda interrelación, las relaciones de poder, y por tanto la configuración de las mismas se somete a procesos constantes de confirmación, producción y renovación. De esta manera, los diversos usos que poseen los bienes culturales, según este autor, no se explican solamente por la forma de distribución de las ofertas y alternativas culturales o, por otro lado, por la posibilidad económica para acceder a ellos, sino que además el poseer un capital cultural y educativo que brinda la posibilidad a los individuos de acceder a los productos culturales, que se ponen a su disposición en lo que hoy podemos considerar el mercado cultural de escala mundial. La pretensión de lograr concebir una cultura universal, con lenguaje propio, entendible a escala planetaria, resulta una posición que puede catalogarse como etnocéntrica, que subsume las diferencias existentes, que no deben ser prescindidas del escenario mundial –por formar parte de la diversidad cultural de nuestro mundo– por el modelo de modernidad occidental, que se ha erigido como el ideal, que se reafirma y reproduce constantemente, ganando adeptos en todas las latitudes a pesar de las resistencias culturales, implantando modas, vocabulario, gustos, etc. Así, la cultura dominante vuelve a imprimir su sello, ejerciendo por luchas mediáticas la violencia simbólica, que perpetúa su poder; así es que se valora lo provechoso e interesante que resulta la propuesta de Bourdieu para comprender cómo se articula el fenómeno de la globalización de la cultura a través de la terminología que utiliza. Se construye entonces una especie de círculo vicioso interminable, que lleva en consecuencia a la constante reproducción de modelos culturales y lingüísticos, que pretenden implantar las clases dominantes y por tanto la cultura que ostentan como la más completa, provocando la reproducción por parte de las clases y culturas desfavorecidas de estos modelos que no le resultan afines. Por medio de esa arbitrariedad cultural, termina convirtiéndose en un fenómeno internacional bajo la configuración de un modelo globalizador de la cultura que día a día alcanza nuevas dimensiones. García Canclini, quien también aporta sus investigaciones sobre el fenómeno del consumo, apunta que de cierta manera las prácticas culturales de las clases altas están justificadas por algo más que la acumulación material. Así, coloca el resorte de la diferenciación entre las clases fuera de lo cotidiano y lo centra en lo simbólico y no en lo económico, en el consumo y no en la producción; creándose lo que para él se asemeja a la ilusión de que las desigualdades de clases no se deben a lo que se tiene, sino a lo que se es. La cultura, el arte y la capacidad de gozarlos aparecen como dones o cualidades naturales y no como resultado de un aprendizaje desigual entre las clases, estructurándose de esta manera una red de relaciones culturales que se complejizan cada vez más creando un escenario mundial favorable para la globalización de la cultura. Así como el autor sostiene que las desigualdades se conciben de manera natural, en la película se observa que Víctor, el niño de clase baja, sabe, comprende y vive de manera tal para sustentarse, entendiendo su realidad, y haciendo lo imposible para conseguir dinero para ello. También se observa cómo está inmerso en el consumismo, ya que cuando descubre los últimos modelos de celulares, hace lo imposible para obtener uno. García Canclini (1995), sigue aportando cuestiones acerca del consumo y quiere descartar la definición conductista del mismo; es decir, aquella donde éste queda reducido a una simple relación entre necesidades y los bienes creados para satisfacerlas. Pero descartar la definición conductista del consumo supone a su vez replantearse para transcender dos elementos que sustentan esta definición. Por una parte, la concepción naturalista de las necesidades, lo que implica reconocer que estas son construidas socialmente y que incluso las necesidades biológicas más elementales se satisfacen de manera diferente en las diversas culturas y en distintos momentos históricos. Por otra parte, la concepción instrumentalista de los bienes, vale decir aquella que supone que los bienes tienen sólo un valor de uso para satisfacer necesidades concretas. García Canclini (1995) examina distintos modelos que se han utilizado para explicar el consumo. Entre ellos, los modelos que definen el consumo como lugar donde las clases y los grupos compiten por la apropiación del producto social; como lugar de diferenciación social o como sistema de integración y comunicación. De la discusión de estos modelos se concluye que si bien cada uno de ellos es necesario para explicar aspectos del consumo, sin embargo ninguno de ellos es suficiente. Algo que se puede notar en el mundo globalizado es la importancia del dólar. A medida que los gobiernos abren sus fronteras a productos y capital, y gracias a la revolución tecnológica en las comunicaciones, los partícipes del mercado están utilizando el dólar como el medio común de intercambio con el fin de facilitar y reducir los costos de las transacciones. Desde fines de la Segunda Guerra Mundial, el dólar ha sido la moneda mundialmente dominante y lo sigue siendo hoy en día. La razón principal de su liderazgo está en la estructura financiera que lo soporta. Una inflación controlada desde 1980, un control riguroso de los mercados financieros, estándares contables totalmente transparentes y un sistema legal que entrega amplios derechos a acreedores y accionistas hacen de Estados Unidos un país extremamente atractivo desde el punto de vista financiero. A medida que más gente utiliza una moneda, ésta se va tornando más deseable. Esto convierte el dólar casi en la moneda invencible, y cada día se agranda la distancia con otras monedas. En la película 7 cajas se puede notar esto mismo; a pesar que se movía el dinero paraguayo, cuando se le asignó un trabajo importante al niño, para que lo haga de una manera correcta y el mismo se sienta estimulado porque iba a recibir su pago en dólares. Él no tenía el conocimiento pero se lo partieron a la mitad y luego le advirtieron que el billete roto no tenía validez. Aquí se puede dar cuenta de la importancia del dólar no sólo en el mercado 4 sino a nivel global y en el mundo del consumo. García Canclini (1995) aporta que ni la desigualdad de clases ni las diferencias se organizan ahora de la misma manera que hace cincuenta años y por eso, más que reivindicar el análisis macro sociológico de la desigualdad o las antropologías de la diferencia- se necesita replantear la mirada sobre lo que está transformándose. Él se detiene en dos cambios principalmente.

La primera se refiere a la globalización de las industrias culturales y de la convergencia digital como reconfiguradores de la diferencia y la desigualdad, así como de las articulaciones entre ellas. Por otra parte, las nuevas divisiones e inequidades, que no separan sólo entre ricos y pobres, o entre trabajadores del primer mundo y de los países periféricos, sino entre quienes tienen trabajos formales y quienes se insertan preferentemente en redes informales de trabajo y consumo. El autor sostiene que en estos tiempos la desigualdad se construye a partir de las diferencias clásicas (étnicas, de género, nacionales), por la distribución y la apropiación inequitativa de los bienes simbólicos, y también por un tercer proceso en el que es preciso detenerse: la división entre modalidades formales e informales de organización social. Si los recursos para sobrevivir o prosperar se logran usando los mapas informales de la vida social, no habría que esperar algo muy diferente en los usos de su dinero para consumir. Se está volviendo normal acceder a los bienes materiales y simbólicos apelando a vías ilegales, o al menos no incluidas en la organización oficial de la sociedad. Las dificultades para conseguir trabajo, la fragilidad de los empleos y la deserción escolar conducen a la desesperanza respecto de lo que puede obtenerse de la esfera pública regida por leyes. En cuanto a la desigualdad social que podemos notar en la película, se observa de qué manera en el mercado de Paraguay hay distintos grupos a los que las personas pertenecen. Una de las divisiones más distintivas son las que separan a las personas por clase social, y esto se observa en la escena donde una señora que tiene buen poder adquisitivo ha comprado varias cosas y busca un carretillero que le cargue su mercadería, y de la otra parte se observa a Víctor que es el carretillero que hace todo el esfuerzo de carga por unos pocos pesos. Es importante resaltar de qué manera se forman los grupos en la película; en primer lugar, se observa la importancia que tiene la familia, y cómo se ayudan entre hermanos para sobrevivir. Por ejemplo, cuando la hermana de Gus trata de sacarle información al policía para ayudar a su hermano que estaba involucrado en el secuestro; luego, cuando Tamara se va con la policía para ayudar a encontrar a su hermano y evitar que se meta en problemas. También se destaca la importancia de los grupos de amigos, y de qué manera se forman de acuerdo a los valores y creencias que comparten, y las formas de ver y estar en el mundo. La cultura y el compañerismo que tienen determinados grupos ya sea inculcado o valores propios de cada persona, no tiene nada que ver el país donde nacieron, pero sí sus creencias y su forma de valorizar al otro. Es común escuchar entre sociólogos la frase: “De que políticas culturales vamos a hablar si en mi país no existen”. Esa frase suele referirse a una falta de coordinación explícita que dé coherencia a las acciones estatales, como ocurre en las políticas económicas, de salud o vivienda. El área cultural aparece a menudo como un espacio no estructurado, en el coincidirán arbitrariamente instituciones y agentes personales muy heterogéneos” (García Canclini, 1987, p. 14).

Por otro lado, se puede hablar acerca del desarrollo de la televisión como medio globalizado y de cómo la misma tiene presencia en la película. Hacia fines del siglo XX, y en estos primeros años del siglo XXI, los avances de la ciencia y de la tecnología, sobre todo los referidos a los medios de comunicación, han permitido que las relaciones entre los diferentes lugares del mundo se hicieran cada vez más cercanas. Este proceso de vinculación intercontinental, se conoce como globalización, y en él se internacionaliza la información, la economía y la cultura.

Lo que diferencia la internacionalización de la globalización para este autor, es que en el tiempo de internacionalización de las culturas nacionales se podía no estar contento con lo que se tenía y buscarlo en otra parte. Pero la mayoría de los mensajes y bienes que consumíamos se generaba en la propia sociedad, y había aduanas estrictas, leyes de protección, a lo que cada país producía.

Ahora lo que se produce en todo el mundo está aquí, y es difícil saber qué es lo propio. La internacionalización fue una apertura de las fronteras geográficas de cada sociedad, para incorporar bienes materiales y simbólicos de las demás. La globalización supone una interacción funcional de actividades económicas y culturales dispersas, bienes y servicios generados por un sistema con muchos centros, en el que importa más la velocidad para recorrer el mundo que las posiciones geográficas desde las cuales se actúa. (García Canclini, 1995, p. 1)

La radio, la prensa, Internet y la televisión han ido creciendo gracias a la globalización, los cuales han alcanzado un desarrollo a pasos agigantados y se han convertido en herramientas de expresión inmediata. Si estos medios fuesen bien manejados o tuviesen un eje, no desde la comercialización sino desde la educación, podrían sacar adelante a una sociedad que está inmersa en un capitalismo de consumo, el cual se vale de estos medios de comunicación para generar mayor rentabilidad, colmando a la sociedad de productos y objetos innecesarios que no son para nada productivos para la vida ni para la sociedad.

La televisión de hoy es uno de los medios de comunicación más influyentes y altamente masivos de este mundo globalizado, ya que llega a millones de lugares en el mundo y está expuesto a su vez a millones de personas desde niños hasta ancianos. Desde la mirada de Víctor se puede analizar su actitud frente a la televisión. Para él es un ejemplo de perfección, una especie de rol a seguir. Cualquier personaje que aparece en novelas, programas informativos, o de otros géneros, es una figura respetable, perfecta que experimenta un modo de vida muy lejano al suyo. En la película, se observa cómo la televisión atrapa a Víctor, en este mundo construido, perfecto, utópico que proyecta. En los pequeños fragmentos en donde se captura a la televisión y a Víctor mirándola obsesivamente, casi adorándola, se resaltan los contrastes de su pobre y amenazante realidad, contra el “mundo maravilloso” de la ficción. Se ejemplifica la clase social a la que este pertenece, como es su entorno de pobreza completamente distinto a lo que se muestra en la televisión y como éste se deslumbra con lo que pasa en ella.

Conclusiones

Para concluir, se puede advertir que la película 7 cajas abre los ojos a realidades que se ignoran y que quizás, en los Estados Unidos, nunca lo hubiesen imaginado. Es una película sobre la importancia de la miseria y la pobreza, y sobre la capacidad del medio y la ambición, que pueden hacer cualquier cosa para extraer lo peor de cada individuo, pero también permite comprender a cada personaje y poder entender la situación y el porqué de la manera en la que actúan frente a sus vivencias cotidianas.

Bibliografía

García Canclini, N. (1986).

Desigualdad cultural y poder simbólico. México DF: Grijalbo. García Canclini, N. (1987).

Políticas culturales en América latina. México DF: Grijalbo. García Canclini, N. (1995).

Consumidores y ciudadanos: conflictos multiculturales de la globalización. México DF: Grijalbo. López Saavedra, L. (junio 2011).

Bourdieu y Canclini. Sus enfoques frente a la globalización cultural. En Contribuciones a las Ciencias Sociales. Disponible en: http://www.eumed.net/rev/cccss/12/lls2.htm Saborido, J. (2003).

El mundo frente a la globalización. Buenos Aires: Eudeba.


Análisis del film 7 cajas fue publicado de la página 24 a página27 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº64

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