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Francisco, el jesuita argentino que ha revolucionado el pensamiento cristiano

Conti, María Eugenia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº64

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº64

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición XIII br r nEscritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2014 r n

Año XI, Vol. 64, Noviembre 2014, Buenos Aires, Argentina | 98 páginas

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Introducción

Desde siempre existieron creencias religiosas surgidas de las necesidades universales del ser humano por encontrar respuestas a preguntas existenciales. Cada una de las religiones que han ido emergiendo a lo largo del tiempo, se han convertido en un refugio para muchos. Esta actividad humana suele incluir creencias de tipo existencial y moral; las personas buscan estar bien con su Dios y agradarlo a través de sus comportamientos diarios. Pero para ello era necesario un lugar que estableciese normas y que guiara a cada uno por el camino correcto. Fue así como surgieron las instituciones sociales, que a pesar de poseer códigos de conductas, principalmente, se enriquecen de significados personales y culturales que crean costumbres y tradiciones dentro de esa parte de la sociedad creyente. La Iglesia Católica, una de las principales instituciones religiosas a nivel mundial, basa sus formas de organización y administración en las tradiciones romanas y judías. Esta comunidad católica cree en Dios como una realidad y comparte sus vidas de acuerdo con esta creencia siendo fieles a este compromiso. Cada país alberga gran cantidad de iglesias permitiendo que la gente se acerque y hable con Dios. En Latinoamérica, la Iglesia Católica siempre tuvo una gran presencia, inspirando en la población fuertes sentimientos de esperanza. Sin embargo, durante la última década, a pesar de ser la región con más católicos en el mundo (con alrededor de cuatrocientos ochenta y tres millones de creyentes), se ha observado cómo se ha ido debilitando su presencia. Esa esperanza que antes transmitía se fue consumiendo y surgió la indiferencia religiosa. Este contexto social aún hoy sigue presente pero en menor medida ya que, desde el 2013 a esta parte, se ha producido un cambio y un hito en la historia de la Iglesia Católica: la elección de Jorge Mario Bergoglio, también conocido como Francisco en honor del santo de Asís, el primer Papa latinoamericano.

Desarrollo

De nacionalidad argentina y con setenta y siete años de edad, Bergoglio hoy lleva una gran responsabilidad en su poder: revitalizar a la Iglesia Católica e invitar a aquellos creyentes que la han abandonado, a buscar su reconciliación. El Papa que llega del sur, nacido en la capital argentina el 17 de diciembre de 1936, es un hombre de oración que trae con él una historia de vida austera, sencilla, alejada de la ostentación y las apariencias. Este hombre, que está poniendo orden en el Vaticano, viene del “fin del mundo” donde creció en un hogar lleno de valores y amor, habiendo madurado durante los últimos años de su vocación en Alcalá de Henares. Asimismo, en su larga vida, construyó un alma fuerte que supo contraponerse a situaciones como guerras y la resistencia de políticos corruptos en la Argentina. Cabe destacar la particularidad de aquel nombre que eligió para ser identificado: Francisco. El mismo lo muestra de cuerpo y alma, y trae consigo una concepción y una línea que busca que la Iglesia siga bajo su pontificado “una Iglesia pobre y para los pobres”. Este camino que desea construir es un cambio muy importante para la mentalidad del Vaticano, ya que Francisco, durante el tiempo que sea pontífice, tratará temas sociales prestando mayor atención a las clases sociales bajas que se encuentran más perjudicadas. Por ese motivo, desde el primer instante en que fue elegido Papa, lució sereno y reflejó la sencillez con la que se lo identifica mostrándose al mundo como es y dándoles a conocer que la Iglesia volvía a cargarse de humanidad para ayudar al pueblo. Fue esa imagen la que revolucionó al mundo aquel 13 de marzo de 2013 cuando se anunciaba que era él quien había sido elegido sucesor de Benedicto XVI. Durante su discurso, Francisco remarcó que “se inicia un camino juntos, su obispo y su pueblo, un camino de fraternidad, amor y confianza mutua”. Sin embargo, ese camino traería consigo personas a favor y en contra de su comienzo en la historia de la Iglesia cristiana. Desde que el jesuita argentino fue elegido como “el representante de Dios en la tierra” ha provocado diversas reacciones, en su mayoría, muy contrastantes dentro de la sociedad. Están quienes han reflejado una gran fascinación por el Papa y otros que manifiestan su descontento. Asimismo, en muchos lugares del mundo se llegó a generar una euforia que es digna de catalogar como desproporcionada. Este fanatismo por el Papa se experimentó principalmente en Argentina. Famosos y políticos no tardaron en acercarse al Papa mostrándose felices y, principalmente, buscando aquella foto oportuna, ya que como la famosa frase indica, “una imagen vale más que mil palabras” y posee aún más valor si es con el Papa de la Iglesia Católica. Fue así como Cristina Kirchner, Macri, Cabandié, Carlotto, Messi, Marcelo Tinelli y hasta el equipo de San Lorenzo de Almagro, del cual es seguidor Bergoglio, se presentaron ante él con diversidad de obsequios, besos, sonrisas y más. A su vez, debido a esta popularidad desmedida, quienes no se encuentran de acuerdo con la elección del mismo, preguntan qué acciones y cambios ha hecho hasta ahora para despertar este sentimiento en la sociedad. Uno de los sectores en contra del nuevo papado latinoamericano se ha presentado ante la sociedad como el “Frente anti-Francisco”. Quienes forman parte del mismo, en su gran mayoría son obispos de Roma que consideran que todos los cambios que el Papa ha presentado, desde que ha iniciado su pontificado, pueden perjudicar seriamente a la Iglesia Católica. Este grupo se encuentra organizado por el Opus Dei, Comunión y Liberación y Legión de Cristo, entre otros. Por otra parte, aquellos sacerdotes austríacos considerados como los desobedientes de la Iglesia, contrariamente, se encuentran a favor de las nuevas reformas que Francisco buscará se vean reflejadas en la Iglesia, mostrando su voto a favor del mismo. Pero ¿cuáles son aquellos pensamientos que el Papa ha plasmado en este año que ha ejercido como jefe de la Iglesia y que tienen como meta revolucionarla? Algunos de ellos abarcan nuevas realidades; el Papa latinoamericano ha decidido que es hora de comenzar a afrontar ciertos temas que han sido delicados para la Iglesia debido a que la misma se ha mantenido siempre firme en una posición tradicionalista sin mostrar una actitud más abierta. Si bien en el caso de temas importantes como el aborto y la negatividad de que mujeres puedan presentarse como sacerdotes han sido descartados, se ha mostrado una actitud positiva ante la posibilidad de que exista la comunión para aquellos divorciados que vuelven a casarse. El hecho de que el Papa haya hablado sobre esto, es algo muy importante para que, aquellos que son fieles a la religión, puedan seguir siéndolo observando a la Iglesia como un lugar de puertas abiertas sin sentirse excluidos de la misma. Además, Francisco sostuvo que:

Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos.

Por otra parte, el Papa Francisco, haciendo referencia a otro de los tópicos que en la actualidad es tema de discusión para la sociedad como lo es la homosexualidad, ha indicado que él no es quién para juzgar. Asimismo, el jesuita argentino ha llamado a los jóvenes a “ser rebeldes” durante su viaje a Río de Janeiro.

Todo esto viene seguido de un pensamiento y una línea muy clara que consiste en el hecho de involucrarse, de acompañar, de salir al encuentro. Las palabras del Papa son sencillas, utiliza un lenguaje comprensible para todos, busca acercarse a quienes lo oyen y guiarlos por un camino distinto al anterior, aquel en que se le enfatiza a la Iglesia que debe comenzar a luchar contra la pobreza y la desigualdad que son los principales malestares de nuestros tiempos. “¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos”, señaló Bergoglio. A su vez, desde el inicio, uno de sus objetivos fue poder borrar la imagen de aquella Iglesia mal vista que se encuentra embebida de diversos escándalos como los abusos sexuales y la corrupción. Por ese motivo, nombró nuevas autoridades con perfil pastoral y desvinculó a aquellos que se encontraban involucrados con actos de inmoralidad, que habían sido revelados durante los últimos años, reflejando la búsqueda de una Iglesia libre de culpas. Entonces, ¿se puede considerar que la revolución ha llegado al mundo católico? La respuesta resulta ambigua para la sociedad. Están aquellos que consideran que Francisco ha llegado para abrir nuevas puertas y que trajo consigo una nueva “primavera para la Iglesia”. Muchos representantes de diversos países lo escuchan, es un referente distinto, es alguien que ha venido a producir un cambio que genera nuevos seguidores que desean construir sus caminos en base a los mismos ideales. Recientemente, el Papa ha llamado a la paz en Siria enviando también una carta al presidente Putín señalando la importancia de trabajar para darle fin a la violencia y concientizando que se debía descartar cualquier tipo de intervención militar a aquel país de Medio Oriente. De la misma manera, rezó por situaciones como la de Ucrania con Rusia que se encontraban al borde de un enfrentamiento armado. Estos actos, que son sólo algunos de los que se han presentado durante este último año, aún hoy siguen dando sus frutos entre los cuales se encuentra su reciente nominación al premio Nobel de la paz. A este respecto Francisco sostuvo que:

La paz tampoco se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres.

Conclusiones

Para producir un cambio se requiere de predisposición e involucramiento de aquellos todos los actores esenciales. Desde siempre existieron los defensores de sus propios ideales y, principalmente en el catolicismo, de costumbres. Francisco ha logrado, como si estuviese sembrando una semilla, plasmar un pensamiento distinto en la sociedad. Sin embargo, algunos de los puntos que el Papa ha enfatizado se deben modificar para lograr alcanzarlos, ya que no se han visto reflejados con firmeza en la Iglesia desde que ha sido nombrado pontífice. Aún así, se debe evaluar antes de juzgar, ya que los cambios profundos y serios, que de esta manera deben ser catalogados, necesitan de mucho tiempo para que den sus frutos. Una parte de la sociedad ha hablado y algunos de ellos se han mostrado en desacuerdo con la Iglesia señalando que el principal cambio debe venir de una profunda reforma en el Papado. Se debe seguir un pensamiento que guíe a la Iglesia, descentralizando el foco en el Papa en sí mismo, y haciendo énfasis en la importancia de su proyecto. Aquellos religiosos católicos no deben estar continuamente a la espera de un cambio en el Papado, sino que debe existir una única línea de pensamiento dentro de la misma consensuada en base al objetivo principal de la religión cristiana y que Jesús ha dejado plasmada en el Evangelio. Por ese motivo, tal vez sólo reste esperar que aquella semilla que Francisco ha venido a sembrar logre crecer y formarse dejando asentadas las raíces de un pensamiento y un cambio que pueden resultar beneficiosos para la sociedad y la “primavera” que se necesita logrando forjar un futuro mejor.


Francisco, el jesuita argentino que ha revolucionado el pensamiento cristiano fue publicado de la página 59 a página61 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº64

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