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Una experiencia barroca en la iluminación teatral: Shakespeare puertas adentro

Chardon, María Belén

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº65

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº65

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XV br r nEscritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2014

Año XI, Vol. 65, Diciembre 2014, Buenos Aires, Argentina | 96 páginas

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Introducción

El presente escrito analizará la relación entre el movimiento Barroco y el Diseño de Iluminación realizado por Ernesto Bechara para la obra Todos los ojos miran a las águilas, escrita y dirigida por Gabriela Ramos a partir del poema de William Shakespeare La violación de Lucrecia. Se observa en el mismo la utilización de la luz como elemento estético, aprovechando al máximo sus posibilidades expresivas. En un distinguido trabajo de claroscuros, se destacan puntos de luz intensos mediante artefactos lumínicos direccionados a zonas enfatizadas, tales como el trono o la mesa. El diseñador utiliza una paleta de colores cálidos que incluye rojos, marrones y ocres, presentes en las obras de pintores tales como Caravaggio, Velázquez, Rembrandt, Vermeer y Rubens. La iluminación teatral involucra dos aspectos: técnico y creativo. La concepción artística del iluminador se pone en juego en cada diseño, favoreciendo la generación de climas y potenciando la expresión. En el desarrollo de este ensayo se indagará acerca de las características principales del movimiento, en relación a diferentes artistas, enfatizando la utilización de la iluminación en las diversas manifestaciones pictóricas del período.

Desarrollo

Todos los ojos miran a las águilas: la iluminación

teatral y el Barroco

En pos de comprender el vínculo que se propone entre las dos partes, se comenzará exponiendo sus peculiaridades. El Barroco abarca todo el siglo XVII y comienzos del siglo XVIII. Comienza a desarrollarse en Italia, pero luego se disemina por Francia, España y el resto de Europa, adoptando características propias de cada lugar. Es un movimiento que rompe con el concepto clásico del Renacimiento y en todas sus manifestaciones artísticas busca el efectismo, trata de emocionar y conmover al espectador, busca la sorpresa y la teatralidad. Para el hombre de ese tiempo todo es espectáculo, empezando por su propia vida. Los pintores del Barroco se sirven de la luz para generar volumen a través del contraste. El juego entre la luz y la penumbra, su relación, es la que crea propiamente la ilusión de profundidad, de realidad. La pintura europea del siglo XVII muestra una amplia nómina de artistas, entre los que se encuentran Caravaggio, Velázquez, Rembrandt y Rubens. Ernesto Bechara, nacido en Buenos Aires, el 13 de julio de 1977, es Técnico y Diseñador de Iluminación de espectáculos teatrales. Se destaca su gran producción en ópera. En el diseño para la obra Todos los ojos miran a las águilas, se observa la utilización de la luz como elemento estético, aprovechando al máximo sus posibilidades expresivas. En un distinguido trabajo de claroscuros, se destacan puntos de luz intensos mediante artefactos lumínicos direccionados a zonas enfatizadas, tales como el trono o la mesa. Ernesto utiliza además una paleta de colores cálidos, presentes en las obras de pintores del Barroco. A partir de los lineamientos previamente presentados, se expondrán en el desarrollo del escrito las diversas causas por las que se relaciona la obra del artista con el Barroco. El Barroco busca la exuberancia y el estremecimiento de las emociones, es un arte efectista en el cual la luz ocupa un lugar preponderante, al igual que la sombra. El contraste provoca el realce de uno de los aspectos por el contrario. En la puesta en escena dirigida por Gabriela Ramos se instala una atmósfera barroca a partir de la connivencia entre vestuario, escenografía e iluminación. Se plasma en cada detalle una cierta textura que recuerda a aquella conceptualización del movimiento que toma el nombre que en la joyería se le otorgaba a las piedras irregulares, que no son perfectamente redondas.

La puesta en su integridad es una perla irregular, extravagante, que llega hasta lo ridículo, confuso, lo grosero de una reunión de hombres solos vista desde puertas adentro. La iluminación en la obra potencia la extrapolación, el contraste entre los diversos elementos que hacen signo en el espacio de la escena. Resulta evidente a primera vista la relación entre las diversas imágenes inmortalizadas en la diacronía de la obra y los cuadros de Rembrandt, Vermeer, Rubens o Caravaggio. Tanto en las obras de estos pintores como en la representación teatral analizada puede advertirse la utilización de la luz como elemento que realza la composición, empleando valores de claridad y oscuridad a voluntad del artista, sin atarse a las reglas de una iluminación realista. Los efectos que se buscan producir, lejos de plasmar la realidad, se vinculan más con el impacto visual del espectador, la conmoción de su inteligencia y su espíritu. Este tipo de iluminación abstracta muy propia de la pintura de Rubens, de comportamiento por demás expresivo, encuentra hoy en su manifestación el estilo personal del artista, en este caso el diseñador de iluminación, tal como lo hacía en el siglo XVII. Los efectos de luz se plasman sobre los objetos, pero también sobre la atmósfera que rodea a los personajes. En relación al procedimiento de adaptación efectuado desde aquellas imágenes estáticas de los cuadros del Barroco, en los cuales se inspiró, al dinamismo de la puesta en escena, el diseñador de iluminación expresa que logró encontrar en ellos:

Una sensación de luz natural falsa, que simula no incidir sobre los colores originales de los objetos, pero que sutilmente los afecta o tiñe (…), estos artistas se tomaban la libertad de “iluminar” de maneras poco tradicionales, dejando personajes en contraluz, o directamente a oscuras, y marcando una iluminación sectorizada y puntual: luces interiores, fuentes imposibles o inexistentes, imágenes iluminadas solo por haces que entran por una ventana sin iluminar completamente a los personajes centrales, etcétera. (Comunicación personal, 26 de junio de 2014)

Como puede visualizarse en las imágenes de la obra teatral, el juego de luces es de un atractivo visual notable por el contraste entre el color y el negro de la oscuridad, tal como se puede observar en las obras pictóricas de Caravaggio. Una luz potente que ilumina partes de los objetos contrasta en un encuadre de tinieblas. El diseñador marca en el espacio zonas en las que el actor no está directamente iluminado, sino que transita por espacios más o menos luminosos, enfrentando zonas de media sombra con zonas de alta intensidad. Hay luminarias muy puntuales en diversos espacios como la mesa central, el trono, la vasija del baño, el banco, la escalera.

Esta forma de emplear la luz recuerda las obras de Caravaggio, en tanto el pintor utilizaba un haz luminoso de corte diagonal muy marcado, que iluminaba intensamente algunos cuerpos y escondía otras áreas en una oscura sombra. La luz no tiene tanto una representación física, sino más bien una procedencia que parece sobrenatural. El dramatismo de aquella “nueva luz” creada por Caravaggio es innegable, y dicho espíritu tenebrista logra ser plasmado por el iluminador en “formas dinámicas y efectistas, con ilusiones ópticas y con golpes de efecto”. (Comunicación personal, 26 de junio de 2014) Asimismo, la estética de bodegón presente en la obra no hace más que reforzar aquella vinculación con el pintor Barroco. Caravaggio reflejaba en sus obras lo popular y lo real. Sus personajes se inspiraron en personas de su contemporaneidad, ignorando el paisaje y otorgando mayor valor a las naturalezas muertas (bodegones).

Los personajes de la obra recordaban de manera fidedigna a aquellas obras religiosas realizadas por el pintor que, en la excesiva vulgaridad de las figuras que eligió, provocaron rechazo adjudicado a la falta de respeto, tal como ocurrió con el cuadro La muerte de la Virgen. Por otro lado, la paleta de colores empleada en el diseño de Todos los ojos miran a las águilas evoca a la gama de tonos ocres y rojizos utilizada por Rembrandt. La luz en sus cuadros y en la puesta en escena se vislumbra resplandeciente y dorada, prevaleciendo la masa de luz, la mancha, que enfatiza los claroscuros. La luminosidad se independiza de la realidad, provocando una desmaterialización de los cuerpos en la penumbra. El iluminador utiliza filtros de colores sepias para las fuentes de iluminación en posición frontal y chocolates para los contraluces más generales. La luz en tonos cálidos promueve una “falsa sensación de luz de vela, que combinaba a la perfección con los colores de los muebles, las paredes y el vestuario, que navegaba entre blancos naturales, marrones y bordeaux”. (Comunicación personal, 26 de junio de 2014) Los colores rojo, naranja y lavanda teñían las paredes de ladrillo de la sala, potenciando su textura y favoreciendo los contrastes. Por último, un antiguo farol de iluminación de esquinas y calles (reflector de hierro) al que se le adaptó una lámpara reflectora Spot PAR 30 de 75W, completaba el cuadro dotando a la escena de un mayor realismo. El farol inmortaliza aquellas fuentes luminosas de los cuadros del período, cuyo máximo de claridad aparece en el nivel más próximo a la localización de la misma, estableciendo diferencias espaciales, volúmenes y profundidades a partir de luces y sombras. El diseño de luces para Todos los ojos miran a las águilas exhibió una impecable recreación del movimiento Barroco en el interjuego de la distorsión de las formas, los efectos forzados y violentos, los fuertes contrastes de luces y sombras, el desequilibrio y la exageración, tal como expresa el artista. El espíritu de toda la obra era trasladaba al espectador al interior de aquellos cuadros realizados por los maestros del claroscuro, recordando a cada momento el verdadero sentido teatral del Barroco, expresado en palabras del mismo Shakespeare: “Todo el mundo es un escenario, y todos, hombres y mujeres, son meros actores”.

Conclusiones

En el desarrollo de este trabajo se presentó la coexistencia de diferentes códigos provenientes de dos disciplinas a la vez disímiles: el Barroco y el arte contemporáneo, el arte pictórico y la iluminación teatral. Esto demuestra que en toda manifestación artística no se trata de un código puro, impenetrable, sino que se entrelazan diferentes disciplinas, enriqueciéndola y haciéndola aún más interesante. En el análisis del diseño de iluminación de Todos los ojos miran a las águilas se fueron apreciando diversos matices estéticos propios del movimiento Barroco que emergían transfigurados en la obra teatral. El dispositivo de una puesta en escena actual sirvió así a la realización de otro contexto histórico muy anterior. Esta cuestión llevaría a la pregunta acerca de la recreación cuasi cíclica de los diversos movimientos artísticos a lo largo de la historia, metamorfoseando en diversos códigos y lenguajes ajenos a los mismos. En la posición de artista que comienza su recorrido artístico, este ensayo permitió advertir la relevancia de conocer las diversas manifestaciones artísticas que se gestaron en un pasado, para así poder reconocer sus características en códigos actuales y redescubrirlas en mi propio quehacer artístico.

Bibliografía

Bazin, G. (1961).

Historia del arte (2ª ed.).

Barcelona: Ediciones Omega S.A. Navarro, F. (Ed.).

(1994).

Historia del arte (Vol. 2).

Barcelona: Salvat Editores. Ortega, V. (Ed.).

(1996).

Historia del Arte (Vol. 7).

Buenos Aires: Editorial Planeta.


Una experiencia barroca en la iluminación teatral: Shakespeare puertas adentro fue publicado de la página 64 a página66 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº65

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