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Valores de la educación. La necesidad de un paradigma personal.

Peña, Adriel H.

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXV

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXV

ISSN: 1668-1673

Año XVI, Vol. 25, Agosto 2015, Buenos Aires, Argentina | 230 páginas

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Resumen: Los ya conocidos paradigmas de la educación, el humanista, el conductista y el constructivista, son los líderes que hoy en día responden a las necesidades de enseñanza y aprendizaje. Este liderazgo pertenece a cualquier paradigma, pero el éxito del mismo es la implicancia de un docente al convertirse en facilitador de conocimientos y no en mera autoridad del aula. No obstante, hoy día, la educación en valores es base, explicación y sustento de toda labor educativa, procesos y actividades. Por ello, quienes pretendan dedicarse a la enseñanza, deberán llevar a cabo la educación en valores a lo largo de toda su trayectoria profesional, logrando que los alumnos adquieran voluntaria y responsablemente una moral integradora, respetuosa consigo mismos, y más aun con toda la sociedad. Educar es universal, pero el aprendizaje no puede convertirse en un deber, sino que debe motivar en interesar a los alumnos con el fin de que su educación sea humanizada, valorizada, y transmitida mediante un nuevo paradigma.

Palabras clave: educación humanista - educación conductista - educación constructivista - conocimiento - educación y valores - nuevos paradigmas - progreso educativo

“Decir que los seres humanos son personas y como

personas son libres, y no hacer nada para lograr

concretamente que esta afirmación sea objetiva,

es una farsa de los estados y sus sistemas educativos.”

(Paulo Freire, 1970)

Hay dos condiciones básicas importantes frente al futuro venidero, conocimiento y valores, y los mismos se distribuyen desde el sistema educativo, desde las escuelas.

La profundidad del proceso de cambio social que tiene lugar actualmente nos obliga a reformular las preguntas básicas sobre los fines de la educación, sobre quiénes asumen la responsabilidad de formar a las nuevas generaciones y sobre qué legado cultural, qué valores, qué concepción del hombre y de la sociedad deseamos transmitir. (Tedesco, 1995).

Las escuelas democráticas de hoy en día aplican estas condiciones, buscando poner al alcance de todos los habitantes de un país, el conocimiento y los valores necesarios que los ayude a participar activamente en una sociedad competitiva y solidaria.

Producir un cambio educativo en este punto, implicaría que un sistema escolar obtenga de la sociedad el mandato para hacerlo y también los recursos para lograrlo. Una nueva educación implicaría aprender un contenido al cual atribuirle un significado, generando nuevas representaciones mentales. Y elaborar un conocimiento social nuevo, supone que una sociedad seleccione y organice la información que le estaría llegando por diferentes medios, a fin de producir también nuevas relaciones con las mismas. De modo que una transformación educativa requiere de nuevos contratos sociales referidos a la educación, lo que llevaría a redefinir los conceptos anteriores para pasar de las reformas educativas a procesos de transformación. Un nuevo paradigma educativo significaría entonces una educación para todos, de buena calidad, de nuevos significados, con equidad y a costos eficientes.

Más educación, con calidad y buena para todos, es hacia donde apunta el nuevo paradigma de la educación, y pocas personas dudarían en decir que esto es cierto; pero otras podrán afirmar con claridad que apoyan sus afirmaciones, debido a que lo primero que surge es la pregunta ¿Qué es calidad de la educación?, bastante difícil de contestar unívocamente porque la gran ventaja de este término es que es sumamente subjetivo y cambia según la época histórica y el contexto social.

Al afirmar el concepto de calidad de la educación, ya no pasa por destrezas e instrumentos de sabiduría, sino en la producción de valores fuertes que permitan a los seres humanos verse como tales y construir proyectos históricos a nivel personal y social, teniendo en cuenta que uno es la consecuencia del otro y la construcción de ciudadanía se basa en derechos y obligaciones en el presente, que abren el camino de un futuro en comunidad. Actualmente la sociedad se mantiene en puertas del tercer milenio, pero ha evolucionando de manera acelerada perdiendo la par de su sistema educativos, logrando así, que este colapse. Sin embargo hay una fiel creencia que la educación sigue siendo el elemento clave que podrá enfrentar los desafíos del futuro, mejorar la producción y la distribución de los bienes y servicios que la sociedad produce. De igual manera se piensa que resolverá conflictos internos como la pobreza, la carencia de productividad, la ausencia de cultura individual, social y muchos otros problemas de la organización humana. Con estas ideas, aparece la necesidad de un verdadero proceso educativo, que se sostenga con contenidos que aborden las incertidumbres actuales de las sociedades acerca del tipo de cambio que desea obtener, el futuro social que quiere y de la forma de participación individual para construir ese cambio. Y por supuesto que enseñe a la utilización adecuada de los aparatos o medios de producción y comunicación, entre ellos la informática y el conocimiento tecnológico como los principales elementos dominantes del tercer milenio.

Una idea compartida y romántica sería que todos los hombres, niños y jóvenes, tengan un mismo derecho a la educación, pero esta idea y la posibilidad de hacer efectivo este derecho no puede clarificarse ya que extiende el concepto superficial de la educación debido a que sus problemas se encierran en cuestiones económicas y/o políticas; poca inversión, salarios bajos, diferencia de clases o universidades con puertas abiertas a alumnos con carreras inconclusas, entre otras.

La educación social deberá responder a las exigencias de la sociedad a la que es útil, siempre partiendo exclusivamente de una necesidad. Necesidad que debe ser reconocida como un valor indispensable por sobre los demás valores y concebir aspiraciones morales que logren el desarrollo integral de la persona-alumno, formarlos con valores de una sociedad que aspira a una realidad más humana o simplemente más realista.

Se mantiene entonces el concepto de educación como valor, recurso indispensable en la elaboración de proyectos de vida individual y social. Pero no basta con aceptar este concepto por mero bien que de este se obtenga, el objetivo del proceso educativo es transformar, humanizar y asumir los ideales de vida de la sociedad que uno desea. Desde esta perspectiva, la enseñanza de valores en las instituciones resulta hoy más que nunca un tema inevitable. Las demandas de la sociedad actual, entre ellas la necesidad de aprender a convivir y ser más solidarios, hacen imposible que la escuela renuncie a la enseñanza de estos contenidos. Tal como lo señala Juan Carlos Tudesco (1995), pensamos en la solidaridad para resolver eficientemente los problemas, y no la que sólo se reduce a compartir carencias o fracasos. El problema de la educación sería inherente a un problema de convivir y proponer valores.

La educación en valores promueve un gran interés social y educativo hasta el punto de estar presente como un contenido específico en los currículos de todos los niveles educativos. El contrapunto es que los valores no se pueden imponer, inculcar ni adoctrinar, los estudiantes deben asumirlos y hacerlos suyos por su propia construcción y determinación para así ponerlo en práctica dentro de las aulas educativas. En la actualidad un profesor exhibe un determinado estilo de enseñanza, y aunque no se muestre como tal, este estilo también forma parte del contenido. Del mismo modo que un estilo puede afectar el desarrollo moral de un estudiante, también transmite al alumno el valor natural de la disciplina que está estudiando. El estilo del profesor se transforma en ejemplo de gran valor. En este nivel el docente es tomado como modelo para el alumno, a través de su formación, que considera que podrá proporcionar la mejor enseñanza, haciendo que la práctica de dicha enseñanza, se estructure de una manera particular. “El docente realiza un recorte disciplinario personal, fruto de sus historias y perspectivas. Los docentes llevan a cabo planificaciones, rutinas y actividades para el logro de los objetivos planteados en su asignatura”. (Edith Litwin, 1998).

Los valores morales son aquellos valores que perfeccionan al ser humano en lo más íntimamente humano, haciéndolo más humano, con mayor calidad como persona. Pero no hay que olvidar que los valores morales nacen primordialmente en el individuo por influencias en el seno de una familia. Para lograr una transmisión de valores es de vital importancia la calidad de las relaciones que un individuo produce con otras personas significativas en su vida, padres, hermanos, parientes y posteriormente amigos, maestros y profesores. Es además indispensable el modelo y ejemplo que estas per sonas significativas muestren al individuo, generando coherencias entre lo que se dice y lo que se hace, y de qué manera es trasmitido y enseñado entre sus pares.

Un nuevo paradigma podría convertir los buenos ejemplos en valores morales, formando alumnos moralmente buenos, con valores como la honestidad, la integridad, la solidaridad, etc. Procurando que los alumnos adquieran conocimientos que les permitan potenciar pensamientos reflexivos y críticos. Las instituciones educativas deberán reconocer la importancia de servir de medio por excelencia para la construcción de valores positivos, además de educar para la captación o aprehensión de estos valores. Un nuevo paradigma implicaría cambiar la ecuación conocimiento-docente-alumno haciendo pasar los valores por sobre nuevas competencias. Este deberá superar las restricciones del actual paradigma y ser capaz de saldar las deudas del pasado y poder dar respuestas adecuadas a las necesidades sociales del futuro, un futuro formado moralmente. Y esto sólo puede ser posible si se toma conciencia, y se redefinen los ejes básicos que subyacen al actual modelo educativo.

Referencias bibliográficas

Bain, K. (2007). Lo que hacen los mejores profesores universitarios. Barcelona: Universitat de Valencia.

Litwin, E. (1998). El campo de la didáctica: la búsqueda de una nueva agenda. Buenos Aires: Paidós.

Litwin, E. (1998). La evaluación: campo de controversias y paradojas o un nuevo lugar para la buena enseñanza. Buenos Aires.

Tedesco, J. C. (1995). El nuevo pacto educativo. Madrid: Grupo Anaya.

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Introducción a la Didáctica a cargo de la profesora Karina Agadía en el marco del Programa de Capacitación Docente.

Abstract: The well-known paradigms of education, the humanist, the behaviorist and constructivist are leaders today meet the needs of teaching and learning. This leadership belongs to any paradigm, but its success is the implication of a teacher to become a facilitator of learning rather than mere authority of the classroom. However, today, values education is based, explanation and support of all educational work processes and activities. Therefore, those who intend to go into teaching should conduct the values education throughout his career, making students acquire voluntary and inclusive moral responsibly, respecting themselves, and even the whole society. Education is universal, but learning can not become a duty, but must motivate students’ interest so that their education is humanized, valued, and transmitted by a new paradigm.

Keywords: humanistic education - education behaviorist - education constructivist - knowledge - education and values - new paradigms - educational progress.

Resumo: Os já conhecidos paradigmas da educação, o humanista, o condutista e o construtivista, são os líderes que hoje em dia respondem às necessidades de ensino e aprendizagem. Esta liderança pertence a qualquer paradigma, mas o sucesso do mesmo é a implicação de um docente ao converter-se em facilitador de conhecimentos e não em mera autoridade do sala de aula. Não obstante, hoje em dia, a educação em valores é base, explicação e apoio de todo labor educativo, processos e atividades. Por isso, quem pretendam dedicar ao ensino, deverão levar a cabo a educação em valores ao longo de toda sua trajetória profissional, conseguindo que os alunos adquiram voluntária e responsavelmente uma moral integradora, respeitosa consigo mesmos, e mais ainda com toda a sociedade. Educar é universal, mas a aprendizagem não pode ser convertido em um dever, senão que deve motivar em interessar aos alunos com o fim de que sua educação seja humanizada, valorizada, e transmitida mediante um novo paradigma.

Palavras chave: educação humanista - educação condutista - educação construtivista - conhecimento - educação e valores - novos paradigmas - progresso educativo.

(*) Adriel H. Peña: Diseñador Gráfico (UBA)


Valores de la educación. La necesidad de un paradigma personal. fue publicado de la página 39 a página41 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXV

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