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Acortando distancias. Aprovechando los momentos de la clase.

Papaleo, Juan Ignacio [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXV

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXV

ISSN: 1668-1673

Año XVI, Vol. 25, Agosto 2015, Buenos Aires, Argentina | 230 páginas

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Resumen:

Ante una cultura que elige cada vez más lo emocional por sobre los argumentos, se intentará ejemplificar cómo un buen conocimiento de los momentos que conforman una clase permite lograr un mayor acercamiento con las nuevas generaciones de estudiantes.

Palabras clave: taller – fases – inicio - desarrollo – cierre – planeamiento - programación.

Se puede comprender el desarrollo de cada ser como la consecuencia de escenarios sucesivos de seducción. (José Tordera Sáez)

Los chicos no quieren aprender. No están interesados. No traen nada. No tienen ganas. No cumplen con la tarea. Se aburren. Se distraen. No contestan. No preguntan. No hablan. No participan. No escuchan.

Nosotros, ¿Estamos interesados? ¿Qué llevamos al aula? ¿Tenemos ganas? ¿Cumplimos con nuestra tarea? ¿Nos aburrimos? ¿Nos distraemos? ¿Qué estamos dispuestos a contestar? ¿Estamos dispuestos a que nos pongan en conflicto? ¿Sabemos a quiénes les estamos hablando? ¿Con quiénes estamos dispuestos a participar? ¿Los escuchamos realmente? Las distancias parecen acrecentarse. Basándonos en este pensamiento, se podría afirmar que el contacto personal es cada vez más escaso. Desde el mismo seno de la familia, afectando por supuesto a la relación dentro del aula. Parece contagiarse a todos los ámbitos. Sobre quienes estamos distantes muy poco sabremos. Si no conocemos a alguien, ¿cómo saber como seducirlo? Se intentará en este breve ensayo demostrar cómo la buena utilización de los momentos del aula-taller es una herramienta fantástica para acortar esa brecha de intereses que parece haber hoy en día entre el profesor y los estudiantes universitarios.

A nadie le gusta aburrirse. Dejar en manos de la espontaneidad una cuestión como la presentación de contenidos es una muestra de excesiva confianza. Hasta parece en cierto punto ridículo que si ya sabemos tanto la cantidad de tiempo con el cual dispondremos así como el contenido a desplegar, no se piense y proyecte de antemano lo que pueda llegar a ocurrir en el aula.

Como lo planteó Jackson hace tiempo:

la tarea de enseñar comprende distintos momentos: la fase preactiva –aquélla en la cual tienen lugar los procesos de planeamiento y programación- la fase interactiva –que tiene que ver con el desarrollo de las acciones previstas con los alumnos en el contexto escolar- y la fase pos activa –en la cual se procede al análisis y evaluación de lo sucedido en fases anteriores. (Cols, 2004, s.p.)

Todas las fases son igual de importantes por el grado de reflexión y análisis que se puede desarrollar dentro de ellas. En este caso vamos a enfocarnos en la fase interactiva que es en dónde ponemos en juego las acciones que preparamos de antemano. Para hacer esto de la mejor manera, tenemos que reconocer los diferentes momentos que se desarrollan dentro de la misma clase.

Sabemos que existen tres grandes momentos: el inicio o apertura, la fase de desarrollo y la fase de cierre. En el inicio contamos con un tiempo acotado. Quizás se extienda esta fase en el caso de tener que reforzar algún conocimiento que creíamos los estudiantes habían ya incorporado, porque sabemos que existen saberes previos en cuanto a contenido, pero es clave el hecho de no prejuzgar y creer que ciertos temas ya no es necesario reverlos. Debemos buscar esos saberes previos y traerlos nuevamente al aula. Esto podemos lograrlo mediante la corrección de alguna tarea solicitada anteriormente o con el simple hecho de hacer preguntas en relación al tema. Necesitamos volver a poner en juego lo que ya tenemos. Saber con qué contamos. En este momento de la clase comienzan a responderse preguntas como las que presenta Ken Bain: “¿Qué modelos mentales es probable que traigan los estudiantes al aula y que desearé que cambien? ¿Cómo podré ayudarlos a erigir ese desafío intelectual?” (2007, p. 64). Trabajando esto de antemano, podremos seguramente generar un clima de confianza y entusiasmo para favorecer su disponibilidad ante la próxima presentación de nuevos contenidos.

Nos adentramos así en la fase de desarrollo. Con una mayor disponibilidad de tiempo, podemos utilizar diferentes estrategias para la construcción de un nuevo contenido siempre relacionado con los saberes previos. Este es el momento en dónde generamos el espacio para el error y en dónde el caos también es bienvenido; ya que de él seguramente se desprenden muchas preguntas que son ni más ni menos que la manera de ir construyendo ese nuevo saber. El trabajo en grupo en el taller es una estrategia que nos permite sociabilizar el conflicto y es este desafío el que trae la posibilidad de modificar la realidad. Aquí podemos observar cómo se enfrenta y reacciona el grupo ante la controversia, dato fundamental para permitirnos pensar futuras estrategias. Dice Ander- Egg “En el taller todos tienen que aportar para resolver problemas concretos y para llevar a cabo determinadas tareas” (1999, p. 17).

Debemos lograr una motivación intrínseca ya que es esa participación en conjunto la que fomenta la particularidad de pensamientos. Y si no queremos ser profesores que sean meros reproductores del sistema vigente, debemos motivar a que nuestros estudiantes hagan su camino en la búsqueda de la solución de los problemas que enfrenten. Esta estrategia del trabajo en grupo no quita que sea válida la exposición monologada y dialogada. Son perfectamente compatibles ambas prácticas. La búsqueda, el objetivo final, es lo que tenemos que tener claro. Generar esa ruptura que permite una nueva construcción. Y toda ruptura y cambio se produce con tiempo.
Para acercarnos más a esa nueva idea, lograr organizarla, acomodarla y adaptarla, entendemos como fundamental a la fase de cierre. Necesitamos de alguna manera evaluar el nivel de comprensión del grupo de los nuevos contenidos. Explicitarlos y reflexionarlos. Entendiendo toda práctica como teoría, se recomienda realizar la tarea de bajar en escrito los conocimientos adquiridos recientemente. Como dice Carlino: “La escritura estimula el análisis crítico sobre el propio saber debido a que permite sostener la concentración en ciertas ideas, lo cual a su vez está posibilitado por la naturaleza de lo escrito” (2005, p. 27). Esto brindaría un nuevo aporte del grupo a la clase. Dentro de un ambiente reflexivo, de confianza y autocrítica, podríamos arribar a un nuevo conocimiento que se irá asimilando, incorporando y utilizando de ese momento en adelante. Para finalizar, y pensando ya en la fase pos activa de la enseñanza, proponer una tarea para la siguiente clase es una herramienta importante para lograr un buen diagnóstico del momento y situación de nuestro grupo.

Quizás, conociendo los momentos de la clase, estemos más cerca de lograr seducir a nuestros alumnos. Quizás de esa manera, tanto ellos como nosotros, vamos a sentirnos más cercanos, la comunicación va a ser más fluida, el miedo al error menor y el lugar para la pregunta mayor. Es un pequeño gran paso. El aburrimiento y la desidia que muchos critican en sus estudiantes, es proporcionalmente igual a su baja tolerancia como profesores al cambio y desafío. Los recursos no son obstáculo. La culpa no la tienen las nuevas tecnologías ni las redes sociales. Las diferencias entre generaciones por suerte existieron siempre, así como también existen muchísimas cuestiones que nos unen. Crear el puente de aprendizaje entre ambas es una tarea permanente. Nuestra tarea, como personas.

Referencias bibliográficas

Cols, E. (2004). Programación de la enseñanza. Buenos Aires: Talleres gráficos de la Facultad de Filosofía y Letras.

Ferrés Prats, J. (2000). Educar en una cultura del espectáculo. Barcelona: Paidós.

Bain, K. (2007). Lo que hacen los mejores profesores universitarios. Barcelona: Universitat de València.

Ander-Egg, E. (1999). El taller: una alternativa de renovación pedagógica. Buenos Aires: Magisterio del Río de La Plata. Carlino, P. (2005). Escribir, leer y aprender en la universidad. México: Fondo de Cultura Económica.

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Introducción a las Estrategias de Enseñanza a cargo del profesor Carlos Caram en el marco del Programa de Capacitación Docente.

Abstract: In a culture that increasingly chooses emotional arguments above, we will try to illustrate how a good knowledge of the moments that make up a class allows getting closer to new generations of students.

Keywords: workshop - phases - home - development - close - planning - programming

Resumo: Ante uma cultura que elege a cada vez mais o emocional por sobre os argumentos, se tentará ejemplificar como um bom conhecimento dos momentos que conformam uma classe permite conseguir uma maior aproximação com as novas gerações de estudantes.


Palavras chave: workshop – fases – início - desenvolvo – fechamento – planejamento - programação.

(*) Juan Ignacio Papaleo: Diseñador Gráfico (UBA). Profesor de la Universidad de Palermo en el Departamento de Diseño Visual en la Facultad de Diseño y Comunicación.


Acortando distancias. Aprovechando los momentos de la clase. fue publicado de la página 84 a página85 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXV

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