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El arte de diseñar nuestro cuerpo

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº 58

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº 58 [ISSN: 1668-0227]

Cine y Moda. Cuerpo, Arte y Diseño.

Año XVI, Julio 2016, Buenos Aires, Argentina | 376 páginas

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Puppo, Cecilia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Realizar un abordaje sobre el cuerpo desde una mirada psicoanalítica nos remonta a la constitución del sujeto humano planteando la compleja trama de relación entre los distintos cuerpos: biológico, psíquico y cultural.
Cuando un ser viviente viene al mundo no viene con un cuerpo, es organismo; debemos investigar cómo se da ese pasaje organismo-cuerpo.
¿Cómo comienza el cuerpo? Cómo acontece un cuerpo? ¿Es una construcción o viene dado? ¿Es sede sintomática? ¿Por qué el cuerpo es sede de tantas afecciones? ¿Cuerpo biológico, cuerpo psíquico, cuerpo libidinizado, cuerpo (es) cultural?
La noción de cuerpo se impone de manera tan abrupta que no solemos reflexionar sobre él. Lo anecdótico del psicoanálisis, respecto al cuerpo, es que produce un efecto vivificante, es decir, el concepto cuerpo o la noción de él, existía antes del psicoanálisis, pero éste lo vivifica y prepondera siendo el escenario biográfico de cada sujeto. 
¿Que escribimos en nuestro cuerpo? ¿Cómo lo escribimos?
Cuerpo es un concepto polémico, siempre este vocablo nos plantea problemas de interpretación, debates y misterios. Abarca la existencia del ser humano, estados anímicos, sentimientos, emociones, actos psíquicos, etc.
El cuerpo ha sido objeto de estudio de diversas disciplinas. Es un tesoro inagotable admitiendo infinitas miradas, mirada biológica, psicoanalítica, cultural, entre otras.

Cuerpo biológico

Es aquel que puede estudiarse desde la anatomía, la fisiología, la antropometría, etc., por citar sólo a algunas disciplinas que lo abordan como tal. Descripto en cada una de sus partes en detalle y sus nombres que le corresponden.
Compuesto por elementos tangibles y concretos. Los especialistas en biológica, fisiología, anatomía, bioquímica, antropología explicaron el funcionamiento del organismo sometiendo a minuciosos estudios de observación.
Desde esta perspectiva se conoce al cuerpo humano como un objeto visible, manipulable, descriptible y deducible. Pero el cuerpo no se reduce a su morfología. Se relaciona con la subjetividad que es intangible, es algo que compete al desciframiento y a la interpretación de ese sujeto con su propio cuerpo.
No es algo mensurable y clasificable. Lo que escapa a todo esto es la dimensión de la subjetividad: los modos de relación que el sujeto tiene con su propio cuerpo.
Este saber es subjetivo, formado a través del entramado psíquico: deseos, placeres, marcas, primera infancia a modo de comienzo. No hay evidencias físicas para la subjetividad.
La concepción psicoanalítica enseña a pensar al cuerpo alejado del terreno biológico y dar relevancia a la sexualidad, al inconsciente y al lenguaje.
Dar cuenta de nuestro cuerpo no basta con saber detalles anatómico, fisiológicos del cuerpo, que el sujeto conoce o está al alcance en un manual, sino que la clave está en habilitar el acceso a la subjetividad que el sujeto poco conoce y poco se promociona a conocer.
Recuperar la subjetividad, es recuperar nuestra historia, novela para re-escribir lo que el sujeto no pudo por las ataduras inconscientes, sociales y culturales. Es develar otra salida superando las marcas y estigmas personales y sociales.
Reencontrarse con la biografía del cuerpo y la subjetividad a través de lo dicho, lo vivido sería de una gran riqueza.
Podemos definir al cuerpo humano como la superficie de inscripción de todos los sucesos placenteros y displacenteros. El cuerpo significa, adquiere sentidos en sus puestas en escena, sentidos de plenitud, de conflicto, de belleza, de fealdad.
Cuerpo y subjetividad establecen una relación autista, fragmentada, tanática, en el peor de los casos, o una armoniosa relación, más de encuentro que de desencuentros, dinámica y vivaz. Reflexionar sobre el cuerpo desde la concepción psicoanalítica, es ir mucho más allá de lo biológico.
Es interrogar y plantear cómo esa carne se hace subjetiva y subjetivante. ¿Cómo es que este organismo toma cuerpo?
Aquí es donde nos topamos con la cuestión “no nacemos con un cuerpo”; por la introducción del lenguaje, el viviente, el organismo se va constituyendo en cuerpo del sujeto.
A este niñito, se lo espera, se le habla, se lo nombra, se lo desea; el lenguaje precede al sujeto, es atravesado por él.

Cuerpo Psicoanalítico

¿Cómo se constituye psíquicamente el cuerpo? ¿Cómo se va entramando la vida psíquica en él? El ficticio yo, que da entidad y estructura, desquicia, descentra con sus imágenes especulares engañosas. En el inicio mismo de la formación del sujeto hay drama, sumado a las exigencias que dicta la cultura, cuerpo (es) cultural, el sujeto vive alienado, preso en su propio cuerpo.
Lacan explica la constitución subjetiva como una estructura dinámica organizada en tres registros. El Psicoanalista francés formuló los conceptos de lo Imaginario, lo Simbólico u lo Real, para describir estos tres nudos de la constitución del sujeto. Estos tres registros se hallan entrelazados según la forma de un nudo borromeo: El desanudamiento de cualquiera de los tres provoca el desanudamiento de los otros dos.
El cuerpo está vinculado al Imaginario, por la imagen; al Simbólico por el significante y al Real por el goce.
Para que la individualidad orgánica se convierta en un cuerpo es preciso que el significante introduzca el Uno. No todo sucede en el yo y por el yo.

Registro Imaginario

Para abordar el concepto de cuerpo citamos a Jacques Lacan, psiquiatra y psicoanalista francés, quien fue el creador del concepto “El estadio del espejo como formador de la función del yo”; considerado uno de sus trabajos más importantes.
El estadio del espejo da cuenta el marcado interés que manifiesta el infans por su imagen en el espejo. Alienándose, el niño anticipa el dominio de su identidad corporal.
Experiencia especular, inaugural del sujeto y de la construcción yoica, a través del complejo tramado identificatorio.
La imagen, el yo, los fenómenos de ilusión, captación, apariencia, señuelo, engaño, fascinación y pregnancia son nombres del registro imaginario.
El niño, siendo dependiente del otro, aún sin dominio motor y neurológicamente inmaduro, se precipita ante su imagen de manera exaltada y alegre.
La imagen presenta una gran eficacia produciendo efectos en el terreno psíquico; es decir, la imagen tiene una función constituyente: se configura el yo.
Hay una cuestión anticipatoria: la imagen del otro antecede a la del infans, el niño reconoce primero al Otro de sus cuidados. Tiene un valor de anticipación funcional.
Se da un sorprendente inter-juego, entre lo real orgánico del cuerpo incompleto y fragmentado y en lo psíquico unidad corporal.
La teoría de la prematuración del bebe refiere que el desarrollo psíquico no comparte el mismo ritmo que el desarrollo neurológico. Lacan demuestra que algo de la imagen comienza a priori, primero, de que el niño tenga una idea cabal, exacta y fiel de su propio cuerpo y de su dominio como tal.
En tiempos cronológicos presenta incoordinación motriz e inmadurez neurológica mientras que en tiempos psíquicos y desde el registro de lo imaginario el cuerpo se reconoce como una unidad; quedando claro que la imagen cumple un papel organizador.
Continuemos investigando, aproximadamente entre los seis y los dieciocho meses de edad, el niño se reconoce por primera vez en el espejo, festeja la percepción de su imagen con un gesto de júbilo y alegría. Este deslumbramiento se entiende psicoanalíticamente como la identificación del niño con una imagen completa de sí mismo, observándose por primera vez en su totalidad como una unidad. Teniendo en cuenta que antes de esta experiencia, se vislumbraba de manera parcial y fragmentada.
Es decir, a partir de la imagen especular reflejada en el espejo, el niño se reconoce, pero este acto no es a solas, acontece con ayuda de y en relación a un otro. En principio estará signado por la madre o quien cumpla la función materna, quien alojará a este niño. Es decir, se necesita de la gestalt humana investida para que el bebé ahí se identifique.
Es en esta fase, que se desarrolla el yo como instancia psíquica. El niño puede identificar su imagen como un Yo, diferenciado de otro humano. Esto requiere una cierta enajenación estructural dado que lo designado como yo es formado a través de lo que es el otro, es decir, mediante la imagen que, en espejo, proviene del otro.
Forma su yo a través de lo que es el otro, mediante la imagen que proviene del otro. De aquí resulta que el yo es lo menos propio que tenemos, el yo se forma por identificaciones.
Concepto que retomo a continuación.

El engaño de la completitud y la ilusión de la imagen

El organismo biológico, fragmentado, encuentra su unidad en la imagen. La imagen cumple una doble función, es estructural y estructurante: organiza el cuerpo. 
En el registro Imaginario, la aprehensión de su imagen es fugaz, anticipada e ilusoria.
Fugaz porque se aprehende en un instante. Anticipada, porque él ve lo que aun no es, sino lo que él será. De acá se desprende la ilusión. Es pura ficción pero necesaria ya que cumple la función de sostén, condición fundamental para que se constituya el sujeto.
La condición es el deseo del Otro que empuja y cautiva a la identificación.
No identificarse es no llegar a tener el estatuto de sujeto del inconsciente, encontraríamos fragmentación corporal, delirio, autismo.
La identificación tiene la función de estar arraigado al Otro, deseante para el Otro.
Es el proceso fundamental, esencialmente originario y constitutivo de lo psíquico, la condición para existir como sujeto.
Esta identificación imaginaria es la causa de lo psíquico, es que en su recorrido se instaura el yo (moi) como una evidencia fenomenológica, pero algo más ocurre, se constituye algo de lo simbólico y su función.
Es decir, hay un anuncio en dicho Estadio del Espejo: el de la dimensión simbólica y no puede ser otra cosa que la del lenguaje.
Avanzando, podemos indicar que la identificación opera en dos niveles que se entrelazan: nivel imaginario: el yo se mira, se identifica y reconoce en la imagen del semejante como si fuera su propia imagen y un nivel simbólico: el niño recibe las marcas del reconocimiento del Otro bajo la forma de un significante.
Resulta un yo de la imagen y resulta un sujeto a partir de un significante. Por la introducción del lenguaje, el viviente, el organismo se va constituyendo en cuerpo del sujeto.
Leamos a Lacan:

El hecho de que su imagen especular sea asumida jubilosamente por el ser sumido todavía en la impotencia motriz y la dependencia de la lactancia que es el hombre-cito en ese estadio infans, nos parecerá por lo tanto que
manifiesta, en una situa-ción ejemplar, la matriz simbólica en la que el yo se precipita en una forma primordial, antes de objetivarse en la dialéctica de la identificación con el otro y antes de que el lenguaje le restituya en lo
universal su función de sujeto (Lacan, 2007a).

Sintetizando, la ilusión y el engaño reside en que la completud que el experimenta se halla afuera, en el exterior de él, que no le pertenece, no está en su cuerpo, sino en el espejo. Lo que reconoce es sólo una imagen de él. Esta percepción de completud es engañosa.
Esta dimensión no-lingüística de la psique se funda en el pensar con imágenes, pensamiento más arcaico y primitivo si los hay. Imaginario significa efecto de una imagen; también decir que el cuerpo es imaginario, es decir que la imagen es asumida por el sujeto a través de una serie de identificaciones.
En el registro imaginario, la aprehensión de su imagen es fugaz, anticipada e ilusoria. Fugaz porque se aprehende es un instante. Anticipada, porque él ve lo que aun no es, sino lo que él será. De acá se desprende que la ilusión, es pura ficción. Pero necesaria, ya que cumple la función de sostén del sujeto, condición fundamental para que se constituya como tal.
La condición es el deseo del Otro que empuja y cautiva a la identificación. No identificarse en no llegar a tener el estatuto de sujeto del inconsciente, encontraríamos fragmentación corporal, delirio y autoerotismo.
La identificación tiene la función de estar arraigado al Otro, deseante para el Otro. Proceso fundamental, esencialmente originario y constitutivo de lo psíquico, condición para existir como sujeto.
Esta identificación imaginaria es la causa de lo psíquico, es que en su recorrido el yo (moi) como una evidencia fenomenológica, pero algo mas ocurre, se constituye algo de lo simbólico y su función.
Es decir, hay un anuncio en dicho Estadio del Espejo: el de la dimensión simbólica y no puede ser otra que la del lenguaje.
Avanzando podemos indicar que la identificación opera en dos niveles que se entrelazan: nivel imaginario: el yo se mira, se identifica y se reconoce en la imagen del semejante como si fuera su propia imagen; y un nivel simbólico en el que el niño recibe las marcas del reconocimiento del Otro bajo la forma de un significante. Resulta un yo de la imagen y resulta un sujeto a partir de un significante.

Registro Simbólico

El cuerpo se construye en la relación con el Otro del significante.
Antes de nacer, a este organismo se lo espera con un nombre, un sexo, esperanzas, anhelos, ideales, es decir, comienza a circular discursivamente. En consecuencia pierde la condición de cachorro humano para constituirse en sujeto.
El Otro primordial, encarnado en la función materna, irá erogeneizando a partir de determinados significantes, caricias, voces, afectos, miradas, etc, que irán marcando su cuerpo.
El cuerpo se prestará como superficie de inscripción a recibir la marca significante y en el que se irán privilegiando ciertas zonas erógenas y circuitos pulsionales.

Registro Real

Si bien no me extenderé en el concepto de lo Real, resulta necesario referirme someramente sobre el mismo.
Este registro, da cuenta de aquello que escapa del orden simbólico. Lo real es aquello que no se puede expresar como lenguaje, lo que no se puede decir, no se puede representar, porque al re-presentarlo se pierde la esencia de éste, es decir, el objeto mismo.
Dirá Lacan, la cosa se escapa al ser nombrada y queda por fuera de lo nombrado.

Cuerpo (est)ético

El cuerpo estético es un cuerpo vislumbrado sólo por el exterior, por su apariencia, ¿Un cuerpo estético por si sólo es un cuerpo ético?
La auto-imagen
La imagen corporal depende más de la mirada del otro que de las seguridades físicas que otorga el manejo de habilidades motoras.
La obsesión por la producción corporal es un rasgo distintivo de nuestro tiempo. Lo demuestran las apariencias físicas y la proliferación de empresas dedicadas a la belleza del cuerpo capitalista. Todo parece anclarse en la estética corporal. La apariencia parece incidir en la aprobación o rechazo social de los observadores.
El mercado del cuerpo: las lecturas de las necesidades insatisfechas del cuerpo producen un armado de productos para las urgencias. Necesidades ilusorias que intentan completar al sujeto, cuando el sujeto es incompleto por definición. Ilusión de confeccionar cuerpos a la carta, simplemente hay que escoger el gran menú.
Es necesario resituar al sujeto, contextualizarlo y abordarlo desde una concepción integral, para combatir las lecturas tan parciales y fragmentadas que crean verdades únicas y absolutas sobre él.
Hablar de estética, si o si, me hace pensar en los espejos, objeto tan preciado en los tiempos que corren para preguntarle espejito, espejito, ¿Cuan bello soy? Si hay algo que no podemos evadirnos es la sentencia que día a día nos dicta este objeto.
Uno, ingenuamente, en voz muy baja, se pregunta, ¿Cómo me veo hoy? Y ahí aparecen una cascada de adjetivos, bello(a), feo(a), gordo(a), flaco(a) y no termina aquí la cuestión, anudado a esto asociamos juicios de valor, conquistador(a), inteligente, seductor(a), ganador(a) y los infaltables, todos sus contrarios.
Es ineludible, nos confrontamos con nuestra imagen a diario.
Existe una imagen visible, lo que vemos y otra imagen, que es la mental, lo que siento y vivo. Es decir, a nuestro cuerpo lo experimentamos a través de lo que veo y siento.
Cómo hemos visto, el infans construye su yo; el yo da unidad e identidad; es la representación mental de nuestras experiencias corporales, que a la vez se encuentra influenciada por la imagen que nos devuelve el espejo.
Las imágenes mentales que nos formamos de nuestro cuerpo, son imágenes subjetivas, cambiantes, errantes, por momentos verdades, son contradictorias, esta es la esencia de la subjetividad. Complejizando la cosa, el yo es el resultado de la interpretación personal y afectiva de lo que sentimos y de lo que vemos de nuestro cuerpo. No puede hablarse de cuerpo si no hablamos de afecto, amor y odio; ¿cómo sentimos, vivimos y vemos a nuestro
cuerpo? ¿Es temido o deseado?
Considero ético hablar de afecto, amor nuestro cuerpo lo necesita. Deberíamos recubrir nuestro cuerpo primero con amor y aceptación de quienes somos.
No podemos borrar nuestra subjetividad, quienes somos, que valores tenemos, hacia donde vamos; borrarla es borrar a nuestro deseo. Es situarnos tanáticamente.
Como hemos visto, Lacan aborda la cuestión de los señuelos, las trampas y los engaños de la personalidad. En suma, es el gran peligro del discurso moderno, quedar atorado y atascado en el registro imaginario.
Es muy interesante como Freud y luego Lacan realizan girones que pretenden sacudir al sujeto. Y queda demostrado que el sujeto no desfallece a causa de presiones sociales, sino que en realidad él mismo existe por la alienación del deseo.
El registro imaginario aparece como un universo de ilusiones distorsionadas. Incluye imágenes y engaños que se constituyen a través de una superficie reflejante, el espejo.
La entrada al registro simbólico permite romper esa sala de espejos imaginaria y así prevé de la psicosis a los sujetos.
Aquí entramos es una dimensión gloriosa ya que se abren puertas y con ellas salidas posibles: lo simbólico es el registro de la diferenciación y la individuación. La función del lenguaje es esencial para que el sujeto ingrese en lo simbólico y se separe de lo imaginario.
A través del lenguaje, se puede simbolizar.
Lacan hace referencia de la dialéctica del amo y del esclavo hegeliano. Parafraseando a Elliott dice al respecto ()… vuelve con frecuencia sobre la exposición hegeliana de la dialéctica del amo y del esclavo y las oscilaciones de reacción mutua en las que ambos pugnan por el reconocimiento del deseo y la autoconciencia….
Luego, continua diciendo ()…”Lacan no transa con el postulado hegeliano de la autorrealización ..… ni con la idea de una reciprocidad humana que se alcanzaría por reconocimiento mutuo y entendimiento consciente. Más aún critica con energía el privilegio que Hegel concede a la consciencia.”
…..El otro es prerrequisito del desarrollo de un sentir del propio cuerpo, al mismo tiempo, que es un recordatorio permanente de aquella falta y alteridad que moran en el corazón de la subjetividad…..()
¿La mirada del otro pesa en el proceso de construcción de la propia imagen corporal?
¿El juzgamiento incide en la producción y diseño corporal?
¿Aprobación y elogio para el reconocimiento de su belleza

Cuerpo (es) cultural

La apariencia se relaciona con la manera de representarse y presentarse. Es un modo de ponerse en juego socialmente a través de un modo de mostrarse. Se muestra un aspecto, el físico: talle, peso, cualidades estéticas, para orientar la mirada del otro y ser clasificado en alguna etiqueta social y moral.
La presentación física parece valer socialmente como una presentación moral. Valgo en tanto encajo en la cultura imperante. Pregunto, ¿Hay tantos moldes para cada subjetividad?
Encierra una gran paradoja que linda con lo siniestro y perverso del discurso imperante.
Hallamos un sistema implícito de clasificación y rótulo de las apariencias que excluye toda inocencia en ella. Lo efímero parece tejer sus trampas y el sujeto humano muy poco hace al respecto. Y es así como nos entregamos a la mirada evaluativa del otro. ¿Damos cuenta el alto precio que tiene esta entrega?
Los estereotipos se establecen sobre la base de apariencias físicas transformándose en estigmas, en signos fatales de pertenencia o exclusión. Se privilegia el buen parecer a través de lo externo, la forma y la juventud de este cuerpo estético, cuerpo objeto de la que se extrae un beneficio narcisista y social.
El discurso del cuerpo estético promueve la delgadez y la juventud como características positivas conduciéndonos a un estado de perfecta completud, que sabemos que no existe.
Belleza universal para todos desdibujando la singularidad y subjetividad y el tramado de historicidad de cada sujeto.
Parece que tener un cuerpo escultural, no es garante de nada; porque en la vida psíquica no existen las garantías y la completud.
El cuerpo se erige como el protagonista de las sociedades modernas, emblema de belleza, prestigio y perfección.
El físico pasa a ser una valiosa materia manipulable para la persona que lo encarna. Hacer del sujeto un producto negociable, un ha(cer) negociable; se negocia, se pacta y se suprime el ser, aquello que nos hace únicos, bellos y distintos.
En el discurso corporal impera y manda, consumo y valor estético del cuerpo sobre el valor simbólico, aquel que da entidad a nuestra historia y los recursos para simbolizarla.
Parece más fácil tener un cuerpo esculturalmente bello, bronceado, delgado, joven y esbelto para ser y existir. La belleza se trasladó y se instaló en la dimensión física.
Ha ocurrido un traslado, la definición de belleza se ha impregnado de marketing, pasa a representar un capital que puede adquirirse, perderse o comprarse. Entonces la belleza, la delgadez, se vende en packaging estéticos.
Pagés-Delon citado por Le Breton, p.82 “… sostiene que las apariencias personales son una especie de capital para los actores sociales. Capital apariencia cuyos recursos conviene administrar de la mejor manera para que el rendimiento sea mayor o, simplemente, para no quedar anulado por un desaliño demasiado importante”.
Los medios de comunicación patrocinan un arquetipo de belleza, delgadez, cuerpo mágico, escultural; todas características de autonomía, sociabilidad, éxito en todas las dimensiones, social, profesional, personal y erótico.
Hay un gran mercado donde este sujeto puede consumir-se: gimnasios, productos dietéticos, fármacos, internet, fotografía, photoshop.
No sólo nos muestran que hay que pensar y apreciar de la estética corporal, también nos dictan cómo hay que pensarla y valorarla. Se toma al cuerpo como objeto de consumo, imponiendo sus normas.
La era del culto al cuerpo es una nueva forma de consumo que se llama consumo cultural.
La gran mercancía es el cuerpo es-cultural. El control de que este cuerpo se convierta y sea escultural pasa a ser el eje de la vida. Comienza la gran maratón: la carrera contra el tiempo y la perfección. Buscar mayor aprobación. Los estereotipos señalan qué es normal y qué no lo es, qué es bello y qué es feo, adjudicando valor igual a bueno, bueno igual a bello, bello igual a flaqueza, flaqueza igual a juventud, etc. Alejarse de esta belleza es ser
estigmatizado y castigado por la sociedad.
La rigidez de los cánones estéticos que impone la cultura occidental impone una batalla contra el tiempo para ser aceptados socialmente produciendo problemas de inseguridad y de no aceptación del propio cuerpo. Las probabilidades de sentirse incomodo en el cuerpo de uno, son tanto más fuertes, impulsando el desconocimiento del propio cuerpo, el padecimiento y sufrimiento, síntomas, malestares y enfermedades psicosomáticas.
Dicen que el cuerpo bello goza de prestigio, ahora bien, ¿El cuerpo es bello? ¿O nosotros hacemos bello a nuestro cuerpo? Se prepondera a la belleza como ideal de verdad.
Quieren hacernos creer otra ilusión que promueve el consumo. El mercado busca que la concepción de la imagen personal, nuestro propio cuerpo, sea un reflejo que determina nuestro éxito y que su prolijidad irrumpa como algo infalible para competir con los demás.
El éxito radica en perfeccionar el cuerpo. El sujeto hoy se exterioriza por medio de lo que posee. Es el propio sujeto el que se auto-vigila, auto-castiga y auto-controla.
Los discursos estéticos que operan en el actual sistema no ven al cuerpo como un todo, sino como partes.
Esta presión por poseer atractivo físico por mantener la figura, así como de ajustarse a las normas estéticas, ha desarrollado trastornos de la conducta alimentaria. Pero muy pocos hablamos y denunciamos estas cuestiones.
En esta lucha campal de presión social se les impone a los individuos tácticas de disciplinas, normas culturales de belleza física que se van entrometiendo, inmiscuyendo en lo más íntimo de las personas.

Arte y diseño subjetivo

¿Por qué hablar de arte y de diseño? ¿Cuál será el entrecruzamiento con el cuerpo?
El discurso moderno, como ya hemos visto, produce e incita a la fragmentación, marginación y destrucción de las diferencias. Como agente de salud y educadora, cuestiono e interrogo dicho discurso propulsando otra salida: la bella subjetividad.
Hay dichos que nos constituyen, pero vale la pena resaltar que no todo está dicho y hay mucho por hacer en tanto tenemos vida.
Tomo del arte y del diseño el don supremo de la creatividad. Y a raíz de esto quiero invitarlos a que sean co-creativos con su propio cuerpo, permitiendo que aflore la subjetividad propia de cada quien.
Los cuerpos hablan, comunican y conversamos, metafóricamente, a diario con él. ¿Sabemos que dice nuestro cuerpo? ¿Nos animamos a preguntarnos? ¿Qué deseamos de él? ¿Trabajamos para alcanzar nuestros anhelos? ¿O nos perdemos en las ilusiones trabajadas en este escrito?
Claro está que hay cuestiones que se heredan: tamaño, estatura, contextura física, forma de cuerpo, color de pelo, ojos; pero además claro está, o debería serlo, que no todo es arrojado por lo dado; y la cosa se va complejizado porque encierra al sujeto con su propia verdad. 
¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy?
No sólo se heredan las características físicas, hay todo un contenido que nos es dado y transferido en nuestra primera infancia, como ser: mandatos, maneras de ser, de responder, ideales por derribar, entre otras cuestiones.
Aquí comienza el gran trabajo artístico. Que tomo de lo transmitido y que dejo para reformularlo, crearlo y diseñarlo a nuestro modo. Dejar de repetir para construir.
El problema surge cuando el tema empieza y termina en cuestiones estéticas generando así un reduccionismo, tan reductor que el sujeto termina en objeto, cosificación del sujeto, aplastamiento y muerte. Muerte de ese cuerpo deseante.
Hay salida porque hay una construcción posible, y las grandes oportunidades, muchas veces, radican en poner en duda, cuestionar nuestros propósitos, nuestra misión de paso por aquí, aquietando las voces que tenemos internalizadas del Otro, que tratan de inmiscuirse generando muchas veces, confusión, desconsuelo y miedos, entre otros.
¿Quién se mira cuando me miro?
El primer espejo es nuestro espejo interno, no el objeto exterior, -el espejo que podemos comprar y colocar donde quisiéramos-; es nuestra mirada, que por cierto, se conforma de aquellas primordiales y primarias miradas, (cómo me miraron, de qué manera peculiar me fui subjetivando), que luego se entrelazarán con los vínculos venideros significativos en el transcurrir de nuestra existencia.
El espejo, pero también el medio social y por sobre todo la familia, son escenarios de permanente producción y devolución de imágenes. Que algunas seguramente serán tóxicas y otras no tanto. Cada uno deberá lidiar con el Gran Otro, tesoro de los significantes; recordemos que nos constituimos en el campo del Otro, este Otro nos impregna con su propia historia, ideales y batallas, que cada uno tendrá que ir limpiando, vaciando para construir
nuestra propia imagen psíquica y así nuestra historia y bella subjetividad. 
El gran desafío es construir salud.
En primer lugar tenemos que comenzar con la aceptación. Es imposible, como arquitectos de nuestro propio cuerpo, trabajar sobre algo que no aceptamos o negamos. Un arquitecto nunca tiene el terreno ideal, en el sentido de laboratorio o maqueta, justamente acepta el terreno para edificar la casa. Ahora hay que crear y aquí somos libres para implicarnos o no en esta tarea de desarrollar el arte.
No existe persona alguna que se perciba todo el día, todos los días como estéticamente fea, y tampoco existe lo contrario, es decir alguien que constantemente todos los días, todo el día se perciba estéticamente perfecta.
En consecuencia sea cual fuere el grado de belleza en el que nos percibimos, siempre es necesaria la aceptación, para emprender el camino elaborativo.

Bibliografía

Lacan, J. (2007a). Función y campo de la palabra (1° Ed.). Buenos. Aires.: Paidos.
(2007b). La ética del psicoanálisis (1° Ed.). Buenos Aires: Paidos.
(2007c). Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis( 1° Ed.). Buenos Aires: Paidos.
(2007d). El estadio del espejo como fundador de la función del yo(je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica, (1° Ed.). Buenos Aires: Paidos.
Le Breton, D. (2011). La sociología del cuerpo, (1° Edic.). París: Nueva visión.
Pagés-Delon, M. (2007). Le corps et ses apparences. L’envers du look (1° Ed.). París: L´Harmattan.
Elliott, A. (1992). Teoría social y psicoanálisis en transición (1° Ed.). Buenos Aires: Amorrortu.

Summary: The approach to the body from a psychoanalytic point of view takes us back to the constitution of the human subject considering the complex network of relationships between biological, psychological and cultural bodies. The fictional self gives entity and structure to the body and decenter it with its deceptive mirrored images. In the beginning of the formation of the subject itself there are drama and the various demands dictated by culture; the subject lives alienated, imprisoned in his own body. The modern discourse produces and encourages fragmentation, marginalization and destruction of the differences. In this article not only discourse is questioned but as well we propose the concept of beautiful subjectivity.

Keywords: aesthetic - art - body - culture - design - image - psychoanalysis - simbolic - speculate - subjectivity.

Resumo: Fazer uma abordagem do corpo desde a mirada psicanalítica remonta à constituição do sujeito humano mostrando a complexa trama de relações entre os diferentes corpos: biológico, psíquico e cultural. O fictício eu, que da identidade e estrutura, desequilibra, descentra com suas imagens especulares enganosas. No início da formação do sujeito há drama, adicionado às exigências da cultura, corpo (es) cultural, o sujeito vive
alienado, preso no seu próprio corpo. O discurso moderno produz e incita à fragmentação, marginação e destruição das diferenças. Como agente de saúde e educadora, questiono esse discurso impulsionando outra saída: a bela subjetividade.

Palavras chave: arte - corpo - cultura - design - especular - estético - imagem - psicanálise - simbólico - subjetividade.



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  • El arte de diseñar nuestro cuerpo fue publicado de la página 231 a página242 en Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº 58
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