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Winston Churchill sobre Hitler

González, Laura Cecilia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº68

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº68

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición XIV Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2014. Ensayos sobre la Imagen. Edición XVI Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2014

Año XII, Vol. 68, Julio 2015, Buenos Aires, Argentina | 134 páginas

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Introducción

Los medios de comunicación, especialmente en el período histórico analizado, jugaron un papel fundamental en la gestión gubernamental de las opiniones. Winston Churchill fue un líder de opinión que habló a través de los medios de comunicación en la década del ’30, una década antes de convertirse en Primer Ministro en plena Segunda Guerra Mundial.

Analizar las lógicas que reprodujo Churchill en esos años es parte de la problemática que abordará este ensayo.

Desarrollo

Luego de la Primera Guerra Mundial, desarrollada entre 1914 y 1918, Alemania quedó sumida en una deuda externa enorme con los países aliados (Francia, Gran Bretaña, Imperio Ruso, Imperio Italiano y Estados Unidos, entre otros). Esta situación generó, en la población alemana, un sentimiento de desaliento importante que se manifestaba además por crecientes huelgas, altas tasas de desempleo y desórdenes sociales. El Partido Comunista y los partidos de izquierda, en general, tenían un importante papel en la arena política. En este contexto brevemente descrito, el Movimiento Nacionalsocialista logró canalizar a través de las aspiraciones de un pueblo defraudado, las ambiciones personales de Adolf Hitler. Hitler, luego de varios hitos electorales, se hace con el poder formal en 1933 tras una coalición con otros partidos. El Nazismo llega a Alemania y pronto se expandirá a través de toda Europa.

Gran Bretaña, por su parte, continuaba siendo una nación dominante a pesar de las pérdidas humanas que había sufrido durante la Primera Guerra Mundial y al haber sido, junto a otros aliados, los grandes triunfadores, se encontraba en una posición de superioridad económica frente a la devastada Alemania.

Winston Churchill, quien había ocupado varios cargos políticos y militares en Gran Bretaña desde finales del S. XIX, se encontraba durante la década del ’30 sin ejercer ningún cargo público, sin embargo, su participación en la opinión pública es innegable.

Durante estos años Churchill toma una posición de líder al querer advertir al pueblo británico sobre los peligros de la Alemania Nazi y la necesidad del rearme británico. Este liderazgo lo ejerció, incluso después de convertirse en primer ministro en 1940, a través de notas de opinión y famosos discursos transmitidos por radio y reproducidos en prensa escrita.

Hasta aquí mencioné el contexto histórico-político, en lo que refiere al contexto teórico, la Mass Communication Research ya había presentado trabajos en los cuales indagaban sobre de qué manera ejercieron el poder los medios de difusión durante la Primera Guerra Mundial constituyendo un puente entre la “gestión gubernamental de las opiniones” y los receptores de los mensajes. Según esta teoría podemos inferir que los medios unen lo que la hegemonía dominante desea que se mantenga, y lo hacen de una manera más económica que la violencia o la corrupción (Mattelart, p. 28). Si para este análisis, además, traemos a reflexión las funciones del proceso de comunicación postuladas por Laswell:

a) vigilancia del entorno, revelando todo lo que podría amenazar o afectar al sistema de valores de una comunidad o de las partes que la componen; b) la puesta en relación de los componentes de la sociedad para producir una respuesta al entorno; c) la transmisión de la herencia social. (Mattelart, 1995, p. 31).

Se puede entender así de qué manera el discurso político, administrado tanto desde el Estado a través de sus figuras públicas, como administrado desde de los medios de comunicación, a través de sus líderes de opinión, logra reproducir una lógica de división de clases y grupos.

Sir Winston Churchill provenía de una familia aristocrática del Reino Unido, fue además militar de carrera y político, artista y escritor, incluso recibió el Premio Nobel de Literatura. En los albores de la década de 1930, y políticamente desde las sombras, se vuelve más y más popular a través de sus discursos por radio y notas de opinión en la prensa escrita. Su objetivo principal es advertir a la nación británica sobre el peligro del avance Nazi en toda Europa y la necesidad de que el Reino Unido comience una política de rearme.

La primera afirmación que surge de la actividad de Churchill como líder de opinión en la prensa británica es que intentaba, asociado a los medios masivos de comunicación de esos años, y protegido por la libertad de la democracia moderna, utilizar su discurso como un mecanismo de violencia simbólica para reproducir ciertas prácticas de poder y dominación (Mattelart, p. 51). Este llamado a las armas, que en la superficie parece apoyarse en la idea de defenderse de un monstruoso régimen nazi, también perpetuaba una lógica de dominación de las políticas de los aliados signada por desigualdades de clase. El discurso de Churchill es anti-nazismo por momentos, anti-comunista por otros, y por ello es fundamentalmente pro-statu quo. Y esto es algo inevitable desde el punto de vista teórico, puesto que podríamos decir que la función de los medios de comunicación (y de quienes se comunican a través de ellos) es justamente utilizar sus opiniones para continuar el camino de unos mecanismos de dominación que atentan contra la revolución, en el sentido amplio de la palabra.

A primera vista, los discursos de Churchill podrían haber sido vistos como una acción disruptiva en ese contexto histórico: un líder de opinión que en medio de regímenes totalitaristas intenta despertar a Europa de su adormecimiento y hacerle ver que Hitler es un peligro. Así es que sentencia:

Me maravillo ante la complacencia de los ministros por la forma en que enfrentan las experiencias espantosas a las que todos tan recientemente hemos pasado. Miro con asombro a las multitudes irreflexivas divirtiéndose bajo el sol del verano, pero sobre todo miro a esta desatenta House of Commons, que parece no tener mejor cosa que animar a un ministro; [y todo el tiempo a través del Mar del Norte], en un proceso horrible que ya está en movimiento.

Alemania se está armando. (Periódico Daily Mail, de julio de 1934)

Es necesario reflexionar, en este sentido, acerca de la constante y estratégica amplificación –a través de medios masivos de comunicación– de las opiniones de Churchill. ¿No nos estaríamos enfrentamos a una integración del statu quo, en términos de Adorno y Horkheimer? (Mattelart, p. 54). Puede establecerse un paralelismo, trayendo un ejemplo más cercano en el tiempo: cuando Bush producto del ataque al World Trade Center decide invadir Irak, ¿no está reproduciendo una lógica de dominio norteamericano en el mundo? Podríamos entonces decir que lo que Churchill buscaba en sus discursos era que Gran Bretaña se armara ante la amenaza alemana y así poder conservar su statu quo como nación dominante.

Los discursos de Churchill parecían contradecirse por momentos y sin embargo la lectura entre líneas sigue dejando ver que el objetivo es siempre el mismo: reproducir y perpetuar una lógica de dominación y sometimiento del poder hegemónico, y además, de justificación de la violencia. Esos discursos que hablan de emancipación en realidad están enmascarando un sistema de dominación y sometimiento (Ma ttelart, p. 65).

Churchill fue durante toda su actividad política consistentemente conservador y anti-comunista. No es casual, entonces, que a través de sus discursos buscara que las masas se alinearan en ese orden, incluso si eso significaba negociar con los Nazis en determinadas circunstancias. Los aparatos de control del Estado de los cuales nos hablaba Althusser y los dispositivos y la gubernamentalidad de los que nos hablaba Foucault están presentes en los discursos de Churchill. Incluso cuando nuestro personaje no siempre hablaba desde el Estado, activa esos dispositivos a través de una red (Mattelart, p. 67), que en este caso está representada por los medios