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El Barroco y las Pasiones del Alma

Dántola, Juliana

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº68

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº68

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición XIV Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2014. Ensayos sobre la Imagen. Edición XVI Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2014

Año XII, Vol. 68, Julio 2015, Buenos Aires, Argentina | 134 páginas

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Introducción

El propósito de este ensayo es entender el mundo que se desarrolló en la época del Barroco, siglo XVII. A través de la historia del arte y algunos de sus artistas exponentes, se analizarán las diferentes maneras de trabajo en la pintura, escultura y arquitectura, tomando como referencia principalmente el cambio del Manierismo al Barroco y las nuevas Pasiones del alma que hicieron de las imágenes religiosas mundos naturales dignos de una contemplación eterna.

Se tomarán los conceptos de espacio, tiempo y luz, y a su vez, comparando todos estos conceptos con el artista San Poggio, también creador de obras a partir de las pasiones de su alma, entendiendo el contexto del cual proviene e identificándolo a través de una breve reflexión acerca del arte contemporáneo.

Se analizará la línea comparativa de diferencias y similitudes entre un artista plástico argentino y una de las etapas de la historia del arte: el barroco y su posterior despliegue en el tiempo y en el mapa dando origen al Rococó, ambos movimientos reconocidos por sus formas y el volumen de decoración, ornamentación y estilos variados.

El barroco se desarrolla aproximadamente en el 1600 y tiene su cuna en Italia desde donde luego se expandirá a toda Europa y al mundo. El termino barroco ha sido utilizado y re versionado en el tiempo, una de las versiones originarias del nombre dice que deriva del portugués significándose ‘’perla vulgar o de forma imperfecta’’, lo que concuerda un poco con la manera en la que el barroco fue llevado a cabo. Pero a un entender más elevado esta definición pierde relevancia y el hecho más importante que determina el leve proceso de transformación del manierismo al barroco se concreta en la pasiones del alma, si bien el manierismo ya comprendía situaciones en donde el ser humano era más que un perfecto estudio de los cánones clásicos, el barroco comenzó a entender el detrás de esos cuerpos. El naturalismo barroco es un fiel testimonio de esta transformación del ser humano (Martin, 1986, pp. 21-23).

Para el hilo comparativo entre este periodo del arte y el artista contemporáneo San Poggio, hay dos factores a tener en cuenta que serán de gran ayuda a la comparativa (no solo el hecho de las pasiones del ser como ya hemos nombrado).

En ambos existe el interés por el espacio, el tiempo y la luz, así como la creación de un espacio coextenso que da lugar a la prolongación de la obra más allá de lo que el plano mismo está contando en el barroco, a través de la teatralidad de todas las decoraciones siempre aprovechando el espacio al máximo para transmitir los ideales de una época; y en San Poggio, a través de la invención de mundos que son la toma de momentos en donde el espectador se pregunta qué pasó antes y qué pasará después. La importancia de lo simbólico es una clave al momento de analizar esta comparativa, las luces y sombras utilizadas en el barroco eran contenidas por una gran carga simbólica, que según su modo de operar en el campo visual hablaba del esclarecimiento intelectual de la época, tocando temas como la razón, la verdad, la muerte, el peligro, etc. (Martin, 1986, pp. 25-27).

Para comprender mejor la comparación planteada no solo se tocará el tema del barroco y su contenido interno sino también haremos un acercamiento al concepto de arte contemporáneo para entender los parámetros del contexto en el que sitúa el artista San Poggio al crear su obra. El arte contemporáneo es hoy día un espacio híbrido donde hay mucho lugar ocupado por artistas jóvenes que se adaptan a la vorágine y los cambios que se producen cada día, en ese ámbito se desarrolla el arte de Poggio, dejando una testimonio de su ideología y del mundo que habita en su cabeza.

Desarrollo

Para definir el Barroco como cualquier otro movimiento de la historia del arte es preciso entender una cierta definición de estilo, como la que Poussin nos describe. Para entender el Barroco nos planteamos la concepción de las pasiones del alma, encontrando en la manera de crear las pinceladas en la pintura ese dinamismo helenístico cargado de expresión. Las escenas del arte barroco son de gran contenido religioso y a través de su movimiento y teatralidad hacen que el espectador entienda el sufrimiento de aquellas escenas bíblicas.

Las obras despliegan un robusto naturalismo, característico de la época, las formas se abren en el espacio generando una teatralidad digna de contemplación.

La prolongación en las primeras décadas del siglo XVII de una idea de imagen religiosa ligada a unas funciones emocionales y expresivas ha de explicarse, por ello, no tanto desde presupuestos ideológicos ‘barrocos’, sino más bien como una continuación de la teoría de la imagen sagrada del Manierismo. (Checa y Morán, 1994, p. 21) El arte de esta época evoca la aceptación al mundo, de esta manera busca representar al hombre y a la naturaleza de una forma realista, pero no a través de las formas clásicas sino mediante la real percepción del ser humano y su constante intercambio con el mundo que lo rodea. El artista barroco busca que su obra tenga la apariencia de la realidad, realidad que se expande y naturaleza del hombre que existe en un hoy y ahora. La manera naturalista que pretendía el Barroco surgió al contraponerse con los deseos que el Manierismo tardío venía teniendo, en 1610 Bredero, artista y poeta holandés decía: (expresando su desacuerdo con la forma en la que el manierismo estaba llevando su obra adelante) Pues como pintor, me he adherido al lema del artista que dice: son mejores pintores los que más se aproximan al natural, y no aquellos que consideran emocionante escoger posturas antinaturales, y retorcer y mezclar los miembros y huesos, que a menudo escorzan y contorsionan de manera absurda y contraria al decoro. (Martin, 1986, p. 46) Si bien se puede hablar de un estilo particular Barroco, se debe reconocer que una característica distintiva propia de su expansión por los diferentes territorios de Europa es la mezcla de estilos según el país en donde se desarrolló. Por ejemplo es muy diferente el realismo sobrio de los pintores holandeses como Rembrandt, contrapuesto con las osadas figuras de Caravaggio en un temprano Barroco situado en Italia (Martin, 1986, pp. 30-33). Básicamente al referirnos al estilo pretendemos hablar de imaginación y manera de operar de cada artista, interpretando en cada país y en cada etapa del Barroco las influencias de la sociedad de aquel tiempo, pasada por el filtro de su consciencia como civil y sus emociones.

El Barroco siempre fue impulsado por un envión de renovación a partir de lo clásico, no buscaban renacer el arte grecorromano sino que utilizaron la combinación de estilos para generar todo un nuevo mundo en lo que refiere a obras de arte, es por esto también que el término Barroco fue asignado tiempo después, considerando a este periodo como grotesco y bizarro ya que combinaba las formas clásicas con otras que no se correspondían en estructura y equilibrio como en el arte grecorromano. (Gombrich, 2007, p. 387).

La pintura Barroca se retoma desde donde deja el Manierismo sus formas, pero más que una influencia se ve un cambio, las formas Barrocas buscan las composiciones complicadas pero creando cierta armonía a través de un manejo culto de la luz y el modelado del color. Uno de los grandes exponentes de estas técnicas fue Caravaggio, un precursor del Barroco temprano, ‘’Lo que él deseaba era la verdad. La verdad tal como él la veía. No sentía ninguna preferencia por los modelos clásicos ni ningún respeto por la belleza ideal’’. (Gombrich, 2007, p. 392) Los artistas del Barroco eran grandes aficionadas al dibujo, el estudio de las formas al que podían llegar a través de la repetición y la copia en un papel con grafito, les servía para crear esta capacidad de composición óptima en la obra y generar acabados propios de un estudio de los cánones clásicos, esta manera de trabajar el dibujo como la quintaesencia del arte podemos entender que es una evolución que viene desde mucho antes, como los estudios de Da Vinci en el renacimiento; siguiendo la evolución, convirtiéndose el dibujo en un gran precursor al grabado, técnica que varios artistas barrocos usaran y sobre todo Rembrandt quien brindo gran cantidad de material de este tipo a través de la técnica de aguafuerte. (Martin, 1986, pp. 42-43) La escultura del renacimiento quizá demuestre más naturalismo que la pintura, si bien la influencia es clara, no denota una perfección clásica sino la típica gracia y soltura natural propia del Barroco. Bernini fue uno de los mayores exponentes, haciendo del mármol una figura que parecía haber sido formada con una masa mucho más maleable. En este caso rige la capacidad de la que hablamos de darle vida a la piedra más firme: el mármol. Así como la escultura, estas formas se repitieron a lo largo del período y los expertos han de comparar las ramas de pintura y escultura con la arquitectura, y descubrieron que muchas de las fachadas creadas tienen entradas y salidas propias a las curvas del cuerpo humano.

Como hablamos, el Barroco se desarrolló en el auge de la iconografía religiosa, justo donde el manierismo la había dejado, pero una de las consecuencias de esta implantación del naturalismo fue justamente el giro que se les dio a las composiciones de los relatos bíblicos, haciendo a estas seres sacros lucir como seres humanos auténticos de carne y hueso. Para cumplir este propósito los artistas debían valerse de su imaginación para crear las escenas religiosas y pasarlas por el filtro del naturalismo que destacaba el estilo de cada uno, ‘’Un elemento especialmente notable –y que seguramente encendería la imaginación de los artistas– es la ‘composición de lugar’, cuya finalidad es ver con la vista de la imaginación el lugar corpóreo donde se halla lo que quiero contemplar’’. (Martin, 1986, pp. 54-55) El hecho de que el siglo XVII haya sido un momento de descubrimientos de mucho interés en la ciencia, también queda plasmado al momento de entender esos hechos físicos de una manera filosófica, este pasaje se ve en las obras del Barroco, a través del uso del espacio, el tiempo y la luz.

En cuanto al espacio, la idea del infinito reinó en la cabeza de los artistas de la época, la principal búsqueda de los artistas era romper cada vez un poco más la barrera entre lo real y la obra en sí, para generar esto el espacio de marco de la obra era cada vez era más inconcluso, se buscaba que el espectador sea parte conexa de la misma obra que esta observando, dejando una idea de imágenes que comienzan, pasan y terminan en un espacio que no se reduce solo al campo visual.

En lo pictórico de buscaba generar atmósfera, dando aire a la composición y dejando las cuestiones de movimiento de las formas en los planos de atrás. Lo mismo sucede en la escultura, sobre todo con los relieves de Algardi, donde se observa que las formas redondeadas quieren salir de la pared como si fueran a seguir moviéndose alrededor del espectador, como en la obra Encuentro del Papa León I con Atila. En la arquitectura, esta partición del espacio sucedía a través de los recovecos dados con esta intencionalidad naturalista de la que hablamos y sobre todo, de la decoración con pinturas y esculturas, abriendo ventanas en los espacios y generando techos falsos donde las historias de los relatos bíblicos tomaban vida, el propósito de todos estos actos de ilusión en las obras no era asombrar sino que buscaba persuadir al espectador para que centre su atención en las posibilidades eternas del espíritu más que en la realidad en la que vivían.

Un ejemplo de esto es la obra de A. Pozzo en la bóveda de la Iglesia de San Ignacio, una pintura que es una invitación al cielo. (Martin, 1986, pp. 129-162).

En cuanto al tiempo, el hombre del Barroco se encontró con la idea de que el infinito formaba parte de una cualidad del universo y no de un mandato de Dios y la incertidumbre que esto generaba también se veía en el arte y su utilización de la temporalidad en la obra. Un claro ejemplo para ver la temporalidad en la obra Barroca es la escultura Apolo y Dafne de Bernini. Como hemos dicho de este artista, nos asombra su capacidad de transformar la piedra en arcilla maleable, en esta escultura se ve el instante que se sucede de una seguidilla de momentos en donde Apolo alcanza a Dafne y la ninfa quizás inconsciente de que su plegaría había sido escuchada va transformándose en laurel, sus pies comienzan a echar raíces y sus manos se convierten en ramas mientras se nota una leve rigidez en las formas de cuerpo provenientes quizás de la idea de corteza.

‘’En el ciclo sempiterno de la noche y el día, los artistas Barrocos vieron una ilustración del Tiempo como principio cósmico que gobierna el ritmo mismo de la existencia humana’’. (Martin, 1896, pp. 163-176)