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Los cánones de belleza en el arte Griego y su comparación en el film Precious

De la Cruz, Susan

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº68

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº68

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición XIV Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2014. Ensayos sobre la Imagen. Edición XVI Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2014

Año XII, Vol. 68, Julio 2015, Buenos Aires, Argentina | 134 páginas

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Introducción

En el arte clásico griego, como en toda expresión artística, las formas se asocian a la manera de entender el mundo y la vida. Este se trasladó a formas artísticas con los principios de armonía, perfección y belleza. Justamente, uno de los rasgos que define ésta época es la exploración de un mayor conocimiento de la anatomía humana en su máxima expresión. A través de esta búsqueda, se manifestaron cánones de belleza determinados que comprendían proporciones ideales para la representación perfecta del ser humano dentro del imaginario del arte griego.

Por otro lado, es interesante contrastar este aspecto canónico con la figura de una realidad diferente, la realidad de Precious Jones en el film homónimo Precious. El film relata la historia de Clarieece Precious Jones, quien tiene 16 años, es obesa, analfabeta y es abusada por su propio padre, además de ser víctima de los maltratos de su madre. Ante los adversos episodios, Precious emprende un viaje personal que le permite cobrar valor para afrontar dichos acontecimientos.

En suma, en el presente trabajo, se analizará la figura de la protagonista del film Precious, en tanto su imagen en la película, incidiendo en el ámbito personal y físico, ello tomando como referencia los cánones de belleza esgrimidos en el arte griego, los cuales eran regidos a un ideal de perfección que comprendía un físico perfecto e ideal.

Desarrollo

El arte griego se origina a través de la búsqueda de la belleza ideal a partir de la recreación del mundo platónico, es decir mediante la imitación de la naturaleza. Es así que el arte griego contempla tres conceptos estéticos que luego predominarían en la cultura occidental: El cuerpo humano es el fundamento de toda belleza; La belleza existe a través de la armonía de las medidas, proporciones y simetría y, por último, la belleza se fundamenta en la imitación de la naturaleza pero idealizada. Estos conceptos se harían más perceptibles a partir de la escultura griega, puntualmente contemplando la de tipo clásica y la Helenística (siglos IV al II A.C.).

Dentro del imaginario de belleza griego, la simetría en el cuerpo humano llamó la atención. Es así que la conexión de aquella con el artificio de las matemáticas adquiere gran importancia a la hora de esbozar un ideal estético tan característico como la que se desarrolló en la antigua Grecia: la belleza se ideaba como el corolario de cálculos precisos, medidas proporcionales y un muy marcado cuidado por la correspondencia.

Policleto, escultor griego, es quien empieza a marcar los cánones de belleza en la escultura a través de las proporciones ideales en la figura humana asociada con las matemáticas: Siete cabezas de altura para el cuerpo perfecto en su escultura del “Doríforo”. Más tarde, Lisipo –también escultor griego-–optaría por un canon más esbelto y delicado, por lo cual utilizaría ocho cabezas de altura para su modelo de cuerpo perfecto. Correspondientemente a Lisipo y siguiendo su canon característico, Praxíteles –otro escultor griego– sigue aquella consigna pero añade la curvatura del cuerpo como un valor espontáneo para una “belleza real”. Como se observa, entonces, en Grecia se entendía a la figura humana como el ideal de belleza en la que todas las partes deben guardar una proporción armónica entre ellas: Un cuerpo es ciertamente considerado como bello cuando todas sus partes están proporcionadas a la figura entera.

Ahora bien, esta proporción, materializada en la escultura, se distinguía entre el sexo masculino y femenino a partir de diferentes tipologías canónicas. En el primer caso, el ideal masculino estaba basado directamente y exclusivamente en los perfiles de los atletas y gimnastas griegos: equilibrio, voluntad, valor, control, belleza eran sustantivos que graficaban idóneamente el canon estético de este género. Por otro lado, la representación de movimiento en el cuerpo ideal se esboza a través de la acentuación de los músculos en la escultura (por ejemplo en El David de Miguel Ángel).

Para ejemplificar fehacientemente el canon de belleza masculino, retomamos a Policleto con su escultura del “Doríforo”.

Esta obra representa a un joven atleta que porta una lanza en su mano izquierda y posa en actitud de avanzar. En primera Instancia, los músculos marcados nos remiten al naturalismo existente en el clasicismo griego, además de la acentuada línea de la cadera que muestra la diartrosis de un cuerpo humano regular. Por otro lado, es importante recalcar la ausencia de expresión en el rostro, el cual simbolizaba una belleza idealizada. Con respecto al rostro, ésta se encuentra dividida en tres partes iguales: la frente, la nariz, y la distancia de ésta al mentón. En definitiva, el modelo ideal de Polícleto fue mandatorio en su época, sin embargo, versiones futuras se harían presente en el tiempo a través de modificaciones en las extremidades (mayormente en la cabeza, haciéndola más pequeña) pero siempre teniendo en cuenta el ideal de perfección (Von Mach 2013:191).

En el aspecto femenino, las esculturas de las mujeres, aunque proporcionadas, representaban a un perfil más bien robusto y sin sensualidad. Sus ojos eran grandes, la nariz era afilada, la boca y orejas en regular tamaño, las mejillas y el mentón ovalados. Todo esto para esbozar un perfil triangular.

A partir de la etapa Helenística (siglos IV al II A.C.) los temas de género y la figura femenina desnuda en la escultura griega se hacen más prominentes. La figura de la mujer pasa de aquel modelo robusto y sin sensualidad –acaso como símbolo de fecundidad y propensión a labores de hogar y familia– hacia un modelo con formas curvas y develando más de la figura femenina. Los cuerpos femeninos en el imaginario del arte griego, a comparación del masculino, reflejan igual o más naturalismo que aquellos: Mujeres con piernas gruesas, firmes y definidas, torsos con formas de reloj de arena a partir de la cintura alta, caderas anchas pero decreciendo hacia las piernas y pechos redondos pero no grandes son muestra de aquello. La apreciación de la figura femenina, entonces, pasa a ser más observada. Se representa –mayormente– la figura de la diosa mitológica con un carácter más marcado e independiente a comparación de aquella figura femenina robusta y rolliza que había antes: la prominencia de los senos al descubierto, las manos y pies mejor esculpidos y con formas naturales, así como expresión en el rostro. Con respecto al rostro, había también un canon determinado: la boca debía tener una vez y media el ancho correspondiente a la nariz y los ojos debía estar paralelos a la distancia del ancho de uno solo.

Este aspecto se podía corroborar tanto en la escultura de la segunda etapa del período clásico como en el Helenístico.

En definitiva, el arte griego esboza una búsqueda por la belleza ideal a partir de la simetría y las proporciones. Aquellas se resaltan en la figura masculina a partir del canon de belleza atlético e imitando a una naturaleza idealizada. Por otro lado, aunque algo supeditada a la figura masculina, la imagen de belleza femenina en la antigua Grecia esboza su propia proporcionalidad particular a partir de una evolución entre los períodos clásico y helenístico: De cuerpos robustos, gruesos y formas poco sensuales, a la exaltación de la figura femenina a través de curvas, piernas firmes y bustos naturales remitentes a la idea de deidades femeninas.

Pasando al plano fílmico, nos encontramos con la imagen del personaje de Precious Jones. Ella, de 16 años, raza negra, obesa y una carrera escolar fallida a cuestas, espera su segundo hijo de su propio padre. Vive en Harlem, en la Nueva York de los 80´s junto a su madre, quien la somete a maltratos incesantes fundados en el odio que le tiene por “parecer más atrayente sexualmente” a su esposo que a ella misma.

Para aumentar más problemas de los que ya tiene, resulta ser echada de su centro de estudios por resultar embarazada otra vez. Luego de ello, es reubicada en una escuela especial donde descubrirá sus fortalezas y enfrentará sus problemas gracias a la ayuda de una profesora que rescata lo mejor de ella. Siendo aquel un panorama difícil para una joven adolescente de esa edad, los factores desencadenantes de una crisis en su personaje son los siguientes: Su estadío adolescente- joven; Su condición física; Su contexto social, espacial y temporal; y finalmente, su aspecto introspectivo.

En primer lugar, la protagonista se encuentra atravesando una de las etapas más difíciles en la vida de un ser humano: la adolescencia.

Con tan sólo 16 años se ve envuelta en una situación insostenible en la cual tiene que soportar ser maltratada y acarrear con dos embarazos no deseados, fruto de violaciones sexuales cometidos contra su persona. Ello colabora, además, con la baja autoestima que tiene. Por otro lado, está su condición física. Tras presentar un cuadro severo de obesidad y ser de raza negra, Precious vive, en primera persona, el rechazo de su propia imagen, tanto por parte de la sociedad como de ella misma. Prefiere vivir en un mundo paralelo de fantasía, rodeada de flashes de cámaras y ser aceptada por todos, que vivir la devastada realidad donde es rechazada por todos y evitada por su condición física. Situando aquel aspecto en un espacio tiempo, obtenemos un panorama real de su vida. Socialmente, Precious se desarrolla en los suburbios de Nueva York, puntualmente en el barrio negro de Harlem, donde, en los 80’s, la violencia, peligrosidad y la pobreza formaban parte de su vida. Según Darryl Pinckney en un artículo llamado The Real Harlem, publicado en la web de The New York Review of Books, el barrio de Harlem se presenta como un lugar donde todo es posible: Drogadicción y violencia a pleno día, pobreza y caos en las calles, entre otros devastables panoramas.

In the late 1970s and early 1980s, the Harlem Renaissance became both a popular subject and a field of scholarship. Nothing contrasted more with the story of the glamour of Harlem’s cultural past than the paranoid ghost town Harlem mostly was at night when whole tenements were crack bazaars. Some buildings teemed with addicts, while the rest of the street held its breath behind multiple locks. Sugar Hill, West 145th Street, was gang territory. (Pinckney, 2014).

En definitiva, un espacio-tiempo difícil para sobrellevar una vida que ya de por sí tenía muchas bajas. En cuanto a su aspecto introspectivo, Precious carece de una autoestima alta.

Siendo víctima de discriminación por su raza, ella tiene que sobrellevar esa situación refugiándose en la comida, lo que le hace rechazar su realidad actual. Dentro de sí misma, encuentra que estar alejada de las personas a partir de su poca socialización facilita o hace más llevaderas las cosas para ella, ya que no tiene que abrirse hacia nadie y solo encuentra su mundo ideal fantaseando en la irrealidad.

La figura de Precious Jones no es la de una adolescente regular de 16 años. Claramente, no corresponde al imaginario ideal de una joven así en aquellos años. Comparando su realidad con otra promedio, una adolescente Neoyorkina de 16 años que se desarrolla en los años 80’s es más sociable actitudinalmente, prioriza la diversión con amigos, busca tener un novio, gusta de salir de compras, entre otros aspectos más. Sin embargo, la figura de Precious es diferente en ese aspecto. Es notable que no existe un disfrute pleno propio de su edad debido a la situación crítica por la que pasa. La enajenación que sufre se materializa a través de la vestimenta que usa (usualmente ancha y poco vistosa) y al cuadro de obesidad que tiene. Al no pertenecer al canon definido de adolescente de esa época, se aparta de la sociedad siendo así rechazada por la misma.

En un contraste de cánones, tenemos en la mesa dos realidades insoslayables una de otra: lo que es “bello” en el arte griego y lo que “no es bello” en un imaginario contemporáneo- occidental. Para empezar, sabemos que mucha de la fundamentación de la belleza estética occidental proviene de la antigua Grecia y su representación se haya mayormente en la escultura a través de la simetría y la proporción matemática.

En la proyección Occidental contemporánea, este canon de belleza se refleja en la realidad espacio-tiempo del film a través de la no-figura de Precious Jones y en lo que ella pretende llegar a ser en un mundo paralelo y fantástico. En otras palabras, lo “bello” aceptado socialmente no corresponde a la realidad de la protagonista. Por otro lado, se tiene el panorama desde la posición de Precious: 16 años, obesa, negra, con dos hijos a cuestas, un hogar fracturado y una enfermedad mortal que la devora: el VIH. Ante este entorno, la crisis del personaje rebasa –ciertamente– muchos aspectos y se hacen material en la figura “no bella y aceptada socialmente” de la protagonista.

Independiente una de otra, se diría que cada realidad posee un propio canon regidor. En primer lugar, el contexto griego y su exaltación por la belleza perfecta conllevan una idealización que no se aparta, ergo, de lo natural. Parte por ser un naturalismo algo enajenado de la realidad (sobreestimación de los músculos y proporciones superiores a lo normal), y evoluciona a un idealismo espontáneo, que refleja la realidad (Curvatura del cuerpo, proporción y simetría promedio).

Aunque llevándose más a cabo en los hombres, cobra más sentido en la figura femenina a partir de su develamiento hacia finales del período clásico hacia el Helenístico. El cuerpo femenino pasa de simbolizar la fecundidad a través de sus formas robustas y poco sensuales, hacia adquirir formas curvas y exaltar su sexualidad a partir del no uso de ropas y el predominio de desnudos: Ello para, de algún modo, simbolizar a las diosas griegas y plasmar en ellas su majestuosidad.

Por otro lado, el canon existente en la Harlem Neoyorkina de los 80’s, pieza importante de aquel Estados Unidos que albergaba grandes cambios sociales, se hacía cada vez más notorio: la difusión de las prácticas físicas en aras de cultivar un físico envidiable, el culto al cuerpo, el inicio de la llamada etapa “saludable”, la expansión del cuerpo delgado como significado de una belleza ideal, y la revalorización de la virginidad Femenina (Huffington Post, 2014). Aquellos cánones determinados en los que, claramente, Precious Jones no encajaba.

Siendo ella de contextura robusta y piel morena, se alejaba del canon mandatario de esa época, encarnando así lo “no bello”, físicamente hablando.

Conclusiones

Oscar Wilde, en el libro El retrato de Dorian Gray, refiere lo siguiente:

Los que encuentran significados feos en cosas hermosas están corrompidos sin ser encantadores. Se trata de un fallo. Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son los cultivados. Para éstos hay esperanza.

Ellos son los elegidos para quienes las cosas bellas significan únicamente belleza. No hay tal cosa como una moraleja o un libro inmoral. Los libros están bien escritos o mal escritos. Eso es todo. (Wilde, 1890, p. 25).

Era notable que la idea de relativizar la belleza no existía en dicha obra, como cuanto no existe actualmente en la sociedad.

Vemos, hoy por hoy, que las ideas implícitas y explícitas que forman parte del imaginario de belleza pertenecen o a un bando o a otro, no correspondiendo a actuar bilateralmente.

Y es que hablar del concepto belleza y el canon que esgrime detrás no solo es contundente en cuanto a su valía, sino también con respecto a la época en que se desarrolla. Para muestra de aquello, se tiene como referencia la estética en el arte griego y sus cánones de belleza. El mandatario en ese tiempo-espacio era la exaltación de lo perfectamente bello a través de la simetría y la proporcionalidad, belleza que se haría evidente tanto en la representación escultórica como arquitectónica. Si bien en la figura masculina se ejecuta un canon de belleza totalitario (uniformemente bello de principio a fin en la línea de tiempo), en la figura femenina actúa diferente: Se esgrime una evolución que parte desde el período clásico (mostrando cuerpos femeninos gruesos y robustos) hacia el helenístico (cuerpos con curvas, desnudos y exponentes de sensualidad). Si bien esta evolución adquiere un estilo naturalista, ello también responde a la idealización de perfección en el imaginario griego: el perfil de deidades femeninas griegas en el ámbito mitológico. Correspondiendo al canon femenino en ese contexto, la imagen de perfección se materializa en la escultura sacando a relucir las nuevas formas corporales de la mujer: Ya no vista totalmente como medio de fecundación para la procreación y cuidado de hijos, sino vista como una obra de arte que impacta a través de la sensualidad que emana a través de sus formas y por el paradigma mágico-mitológico que la rodea. La diosa Griega.

Ante este aspecto, podemos eclipsarlo con la realidad de Precious Jones en el film homónimo. En principio, el canon de belleza perteneciente a su espacio-tiempo (New York, Harlem, 1980) idealiza la figura de la mujer como un símbolo sexual y estilísticamente agradable a través de la buena salud y el ejercicio. En el caso de la protagonista, ello no se lleva así.

A partir de la imagen que ella percibe que tiene –la cual infiere que no pertenece al canon mandatario–, empieza a negar su realidad a través de su baja autoestima y empieza a idealizar un mundo paralelo donde usa las mejores ropas, es amada y admirada por todos, es una gran artista, y encuentra al amor de su vida. Sin embargo, su figura humana sigue siendo igual, lo cual indicaría que, dentro de todo, está dispuesta a aceptarse a sí misma tal como es:

My name is Clareece “Precious” Jones. I wish I had a light-skinned boyfriend with real nice hair. And I wanna be on the cover of a magazine. But first I wanna be in one of them BET videos. Momma said I can’t dance. Plus, she said who wants to see my big ass dancing, anyhow? (Daniels, 2009).

El canon de belleza femenino que se desprende del ideal griego choca con la realidad de la protagonista en el contexto de la película en el sentido que los dos son diferentes uno de otro. Mientras uno simboliza lo que es “aceptado socialmente”, lo otro vendría a ser “lo no aceptado”. Dimensiones corporales en simetría y proporción no corresponderían a la imagen de Clarieece Precious Jones, ni tampoco el cuadro vivencial que la atañe.

En definitiva, esto nos muestra que, independientemente de los contextos temporales y espaciales, siempre se ha buscado un canon ideal, estéticamente bello. Las sociedades han materializado la belleza a partir de figuras canónicas en imágenes “dignas de referencia”, dejando de lado el contenido sustancial de la persona en tanto pensamiento y carácter. Es verdad que ello se ha dado y ha ido cambiando con los años, sin embargo es notable rescatar que siempre se ha apelado a buscar, sobre todo en los últimos años, la belleza real: representar a la persona tal como es y aceptarla, no obstante, sus defectos y alabando sus virtudes. En un contexto Occidental, finalmente, tenemos luces de lo que devendrá en unos años, sin embargo, es válido albergar en nosotros que el verdadero canon de belleza no solo se fundará en contextos superficiales, sino también en aspectos interpersonales.

Bibliografía Daniels, L. (dir.), (2009), Precious: Based on the Novel ‘Push’ by Sapphire. [Película]. Estados Unidos: Lions Gate.

Pinckney, D. (2014). The Real Harlem. The New York Review of books. Vol. 61. Num. 6. Disponible en: http://www.nybooks.com/articles/archives/2014/apr/03/real-harlem/

The Huffington Post (2014). Canon de Belleza Ideal: Cómo cambia la idea del “cuerpo perfecto” en un siglo. The Huffington Post. Disponible en: http://www.huffingtonpost.es/2014/02/11/canon-de-belleza-asicambia_n_4766627.html

Von Mach, E. (2013). Escultura Griega. Londres: Parkstone.

Wilde, O. (1890). The picture of Dorian Gray. Trad. Sastre A. y J. (1969). El retrato de Dorian Gray. Madrid: Editorial EDAF.


Los cánones de belleza en el arte Griego y su comparación en el film Precious fue publicado de la página 110 a página113 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº68

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