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Una historia y dos trajes (Segundo Premio)

Navarro, María Paz

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 70, Octubre 2015, Buenos Aires, Argentina | 118 páginas

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Introducción

La historia que voy a contar es algo que se desprende de una historia más grande, y hasta tal vez más emocionante. Un cuento familiar que escuché muchas veces de parte de mi mamá y mi abuela. Esta leyenda trata de que, tal vez, somos parientes del famoso escritor Ernesto Sábato. Pero a partir de saber esta verdad, es donde encontré algo que me llamó la atención y me recuerda a una película de amor y desgracia digna de la pantalla grande. Voy a hablar acerca de cómo a mi tío tatarabuelo, Amadeo Sábato, se le rompió el corazón.

I

Para empezar esta historia tengo que hacer un viaje a los Alpes de Italia a fines del siglo XIX. Ahí en una aldea de montañas con accesos complicados por caminos de ripio y cornisas, San Benedetto Ullano, vivía Francisco Sábato con su mujer Leonilda Elmo. Tuvieron tres hijos, Benjamín, Amadeo y Sofía. El futuro se les prometía tan miserable como el presente, y Francisco, con el dinero que su mujer cobró por una herencia, emprendió la aventura de Fare L´America, como se decía entonces. Terminó llegando a Argentina y poco a poco las cartas y señales de vida que le llegaban a sus hijos fueron desapareciendo.

Algunos años más tarde, con tan sólo 17 años, el mayor de los hijos, mi tatarabuelo, decidió cruzar el atlántico con un motivo diferente de la mayoría de los inmigrantes, viajó meses para buscar a su padre. Necesitaba entender qué había pasado con el hombre que en algún momento les había brindado cariño. Benjamín llega a Buenos Aires, seguramente pensando que con sólo nombrar a Francisco Sábato lo iba a encontrar, pero al arribar se topó con una ciudad ya asentada y en pleno crecimiento. Viendo cómo lo llevaba la vida y qué caminos eran convenientes terminó llegando a Olavarría, a la casa de la familia Di Marco. Ahí conoció a su esposa, su compañera de vida y única confidente Mariana Di Marco.

Aprendiendo el oficio de la casa terminó superando al maestro para convertirse en uno de los sastres más respetados de la ciudad. La sastrería Di Marco perdió su nombre y paso a llamarse Sastrería Sábato. Con Marianita tuvieron ocho hijos, cuatro de ellos fueron desgraciadas víctimas de enfermedades, accidentes y de los pocos recursos de la medicina de aquella época.

Mientras tanto en San Benedetto de Urano, Leonilda muere y su hijo del medio, Amadeo, con la ayuda de su hermano decide venir a Argentina buscando una mejor vida y con el objetivo de encontrar a su padre. Seguramente de chiquitos ya eran distintos. Imagino que Amadeo alborotaba la casa con sus travesuras y que Benjamín debía retarlo para que se comportara.

II

Ahora empieza la parte de la historia en donde siempre se me abrían los ojos y escuchaba mucho más atenta. Tengo un recuerdo de cuando era muy chiquita y mi mama nos contaba esta historia a mí a mi mejor amiga. Estábamos sentadas en la cama ya bastante emocionadas escuchando como si fuera la primera vez, era un cuento diferente hablaba de historia de cosas tan viejas tan lejanas que mi imaginación funcionaba a pleno, era imagen tras imagen, sentía todo olores, texturas sonidos. Todavía no sé por qué, pero esta es la parte que más me gusta, es lo que más me emociona contar, para mi es una película.

Con la llegada de Amadeo la casa se inundó de alegría. Era un joven divertido, distraído, bromista y bastante desprolijo.

Yo siento que era alto, falco y con buen porte, en eso igual que Benjamín, así me lo describieron. Pero algo diferente tenía, no sé si la forma que se movía, siempre lo veo más ágil, más cómodo, más extrovertido. Creo que me hubiese llevado bastante bien.

Amadeo había dejado a su noviecita en la aldea, con la promesa, como era tan común en la época, de mandarla a buscar. Él, siendo apasionado le juró que apenas llegara se iban a casar y formar una familia en Argentina.

Trabajó muy duro, y en un oficio inesperado para su carácter.

Fue toda la vida guardia en el Penal de Sierra Chica. Fusil en mano, vigilaba a los presos condenados a trabajos forzados.

Como si fuera que tuviera dos vidas era una persona ejerciendo la autoridad mientras que en la casa era el que rompía las reglas.

Dos años de trabajo le llevó a mi tío tatarabuelo poder mandar a buscar a su novia, Lucía, a Italia. Yo creo que este fue el más emocionante de los meses que vivió. Su mundo, su todo, iba a venir a estar con él. Esto es algo que me encanta, de tener algo en la vida por lo que se da todo; Amadeo era eso, era la pasión en persona. Tenía un objetivo y lo cumplía, quería traer a su novia y lo hizo. Creo que esto desde chica me gustaba, ver cómo alguien no se daba por vencido, que a pesar de los obstáculos y las dificultades, seguía.

Tan ansioso estaba por este acontecimiento que le pidió a Benjamín que le hiciera el primero de los dos trajes que le hizo en su vida. Lo necesitaba para impresionar a su novia cuando la fuera a buscar al puerto. Y podría lucirlo otra vez, cuando se casara con ella.

Dentro de ese traje, el mejor que tuvo nunca, y que nunca volvería a usar, esperó al pie de la escalerilla del barco. Descendieron cientos de inmigrantes, todos con la misma esperanza que él había tenido, pero su novia no bajó. Acá llega el momento de tensión, el momento que más esperaba, soy un poco masoquista en sentimientos y me gusta a veces ver cómo todo se derrumba. La verdad que no estoy tan segura de por qué será pero acá es donde mi mente estalla. Emociones, colores, sonidos, todo junto.

Subió al barco para buscarla. Y le dijeron que hablara con el Capitán, que lo estaba esperando. Fue una conversación escasa de palabras. El Capitán le dijo que su novia había muerto en alta mar, luego de una enfermedad fulminante y muy contagiosa, que obligó a sepultarla en el océano, y le entregó el pequeño baúl que ella traía.

¿Qué tenía el baúl? De madera oscura, con algún detalle de flores pintados y un candado gigante, como si guardara todos sus secretos y recuerdos y eran sólo para ella. No me puedo imaginar bien a Lucía, no sé si era rubia o morocha, alta, baja, flaca o gorda. No sé nada, no me importa, es más, ella no me genera nada. El baúl me fascina. Me llamó siempre la atención y me daba ganas de viajar yo misma con un baúl en vez de una valija. Más privado, único por donde lo mires, personal y especial, todo lo que tenés está ahí.

Amadeo volvió a Olavarría con el corazón hecho pedazos. En ese momento cambió, dejó de ser una persona alegre y con ilusiones. Abocó su vida a trabajar en el Penal. Solamente vivió porque estaba vivo. El baúl llego con él a la casa pero nunca lo abrió y no le interesó, lo dejo ahí tirado. La fiesta que los esperaba a los enamorados terminó siendo un velorio que nadie entendía. No comentó lo sucedido y se encerró tratando de dejar todo atrás y sin poder compartir su duelo.

Luego de unos días, las mujeres de la casa rompieron la cerradura y empezaron a husmear el baúl. Adentro, además de las escasas y modestas cosas que solían traer los emigrantes, esperaba, tan bello como inútil, el vestido de bodas.

III

Pasaron los años y Amadeo se hundió en una fuerte depresión y se ahogaba constantemente en el alcohol. Me contaron que se convirtió en un hombre hosco, lleno de resentimiento.

Creo que terminó siendo el típico viejo cascarrabias. El estereotipo del hombre enojado, quejoso, que acaba contagiando con su malhumor a quien lo rodea.

No se sabe muy bien cuándo ni cómo, pero volvió a aparecer lo que parecía olvidado. El motivo de por qué estos dos hermanos italianos habían llegado a Argentina. Un viajante de comercio les dijo que por Rojas había un Francisco Sábato, dueño de un molino harinero y que atenida una panadería.

Pienso en la lluvia de emociones que sintieron, Amadeo sobre todo. Su vida ya no tenía sentido, había perdido el amor de su vida, era un borracho que no tenía nada más que un trabajo que mucho no le gustaba. Parecía como el momento justo para que algo lo volviera a motivar, hacerle sentir adrenalina.

Y así fue.

Amadeo, sin abundar en palabras, le pidió a su hermano que le hiciera otro traje, el segundo traje, esta vez de matar ¿Cómo es un traje de matar? Yo creo que se hace desde el más profundo odio, es algo que suma, que le da detalles al plan perfecto.

Me gusta eso de que exista una prenda para matar, un traje que tenga un único propósito en esta vida y que sea tan oscuro, tan particular, tan poco usual. Sin dudas es un traje diferente, y eso, de nuevo, no sé por qué, me encanta.

Benjamín trató de persuadir a su hermano diciéndole que era una idea totalmente absurda y que no valía la pena, que para ellos su padre ya estaba muerto. Al final lo contrario al amor es la indiferencia. “Mi vida ya está arruinada, no tengo nada que perder” dicen que le dijo Amadeo, y Benjamín le hizo el traje. Negro, por supuesto.

Conclusión

La historia sigue, para Francisco con un final feliz ya que siguió vivo por un tiempo más. Para Amadeo con la duda, o tal vez con la conciencia limpia de no arruinar más vidas. Pero voy a terminar esta historia acá, me quiero quedar con la idea de los dos trajes. El del amor, que da vida, que alude a lo nuevo, a lo luminoso, alegre, a la felicidad. Y el segundo traje, el de matar. El que le trae dramatismo, porque no siempre todo en la vida es de colores, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Me quiero quedar con este personaje que es Amadeo, que creo que se parece a mí desde el punto en que para él no existen grises. En que sea una persona tan extremada para todo. Yo soy igual o me encanta, me fascina y me enamora, o lo detesto y no lo soporto. Repito, me quedo con los dos trajes para la vida.


Una historia y dos trajes (Segundo Premio) fue publicado de la página 55 a página56 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

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