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Contra vientos y mareas (Segundo premio)

Nabais Rebelo, Rita

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 70, Octubre 2015, Buenos Aires, Argentina | 118 páginas

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Prólogo

Me considero afortunada por tener varias personas en mi familia a quienes admiro, especialmente mujeres. Pero todos contamos con aquella persona especial que ocupa un lugar destacado. En mi caso no hay dudas, esa persona es mi tía.

Hermana de mi mamá, María Antonieta Pereira Rebelo (o Nêta, su sobrenombre) fue de gran influencia en mi vida: mi heroína, mi fuente de risas, mi mentora literaria y varios etcéteras más.

Mi memoria más antigua con mi tía consiste en caminatas de manos dadas por las calles de Lisboa cantando viejas canciones populares de la francesa Françoise Hardy ¡Qué momentos deliciosos! Siempre viví a varios kilómetros de distancia de ella, pero apenas llegaba a Lisboa mi ansiedad desbordaba al verla. Sabía que me aguardaba con nuevas anécdotas, nuevos libros y nuevas exposiciones en museos para visitar. Entre sorbos de café y cigarrillos, me relataba con gran entusiasmo sus historias de vida, era realmente una excelente oradora. Fue así que absorbí sus experiencias y lecciones de vida.

Tengo la creencia que cada uno de nosotros homenajea sus seres queridos de una forma diferente. En estos seis capítulos se encuentra mi homenaje a mi tía que siempre hizo hincapié en la importancia de escribir y escribir y que, esté donde esté, sepa que el secreto que mantuvo todos aquellos años no cambió en absoluto la percepción que cada uno de nosotros tiene de ella.

I. Humildes comienzos

Mi abuela (Virginia o Gina) proviene de una familia extremadamente humilde. A los seis años, a falta de comida en el hogar, tanto ella como sus cinco hermanos fueron repartidos en diferentes casas de familia cercana en diversos rincones de Portugal.

Gina fue enviada a la casa de dos tías lejanas solteronas en el campo, con el propósito de asistirlas en todo lo que fuese necesario. La prioridad era el pan en la mesa y no el estudio.

Gina aprendió a leer y escribir sola por pura fuerza de voluntad.

Se llevaba a su pieza todos los diarios que eran dejados en la basura al final del día para practicar la lectura.

A sus 19 años y embarazada, huyó de la desolación del campo hacia el movimiento de la Capital, Lisboa. Sin estudios y esperando un bebé, fue afortunada de conseguir un puesto en una fábrica farmacéutica.

El 9 de febrero de 1938 casi perece en el parto: la niña pesaba cinco kilos y en posición podálica. Nombró a la robusta niña María Antonieta Pereira Rebelo, nombre imponente, histórico y aterrador. Más tarde, Nêta le dedicaría un poema a su nombre “Yo sólo puedo leer; En letra fría y fina; El borde de la guillotina; De la palabra; Fin”.

Debido a los escasos ingresos, durante su infancia vivían en una habitación alquilada, en una precaria casa compartida con otras familias, ubicada en ese entonces en el barrio Cais do Sodré, famoso por ser frecuentado por marineros y cortesanas.

El barrio era lo menos codiciable para una joven de 20 años y una recién nacida. En las calles lúgubres, peligrosas y estrechas, reinaban los proxenetas. En el aire flotaba el vicio y la tentación. Para una mujer enormemente religiosa como lo era Virginia, la acomodación allí simbolizaba la penuria que atravesaban.

En 1939 la Segunda Guerra Mundial explota en Europa. Portugal se mantuvo neutro durante la guerra pero no era impermeable a la escasez de alimento. La familia sobrevivió como pudo. El bacalao, pescado seco conservado en sal, servía de almuerzo y cena durante esos arduos seis años. Virginia lo cocinaba con arroz, con papas, con pan, hervido, asado, en sopa, de todas maneras que se le ocurría. La sobredosis de bacalao fue tal que, por el resto de su vida, con sólo olerlo, el reflejo nauseoso se activaba en Nêta.

Aunque había pasado la guerra, la pobreza seguía azotando la casa. Las navidades de Nêta eran extremadamente frías, desprovistas de regalos y de comidas extravagantes. Su tradición en la mañana del 25 consistía en salir a la calle y observar a todos los niños paseando con sus nuevas bicicletas, camperas, trompos o canicas. Si bien estas imágenes parecen salidas de un libro de Dickens, Nêta siempre decía que lo que existía en abundancia era el amor. Al no tener material novedoso que ofrecer, su mamá le daba todo el cariño posible. Se notaba en cada esfuerzo que realizaba para que su hija pasara una Navidad con una sonrisa en la cara. Buscaba por toda la ciudad libros en segunda mano para regalarle, o sino escribía ella misma un cuento. Sin darse cuenta, Virginia le dio su mejor regalo: el amor por la literatura, algo que lo mantuvo por el resto de su vida.

A sus 13 años, con mucho pesar y dolor en el alma, Virginia tuvo que sacar a Nêta del colegio, simplemente porque la situación económica se había vuelto insostenible. Nêta encontró un trabajo como asistente de una costurera conocida de Virginia, no era trabajo soñado pero ponía pan sobre la mesa.

El local era chico pero al estar ubicado en el centro de la ciudad tenía trabajo constante. La dueña era amable y de una extrema paciencia. A Nêta, por su edad, sólo le interesaba jugar y realizar las travesuras que todos hacemos en ese período.

Con los pocos escudos (moneda corriente de Portugal en aquella época) que le sobraban, compraba libros escolares, literatura inglesa, portuguesa, rusa, todo lo que se le presentara.

Se sumergió en un sinfín de libros, quizás para escaparse y experimentar la vida de varios personajes, quizás para seguir adquiriendo más conocimiento.

Un buen tiempo después de trabajar con la costurera, Nêta casi terminó incendiando el local. Su tarea era planchar las prendas que la señora enmendaba, y en un final de tarde se olvidó la plancha prendida arriba de una prenda.

La costurera afectuosamente se sentó con Virginia y le indicó que debería encontrar otro trabajo para Nêta, no por la casi catástrofe, si no que notaba que la joven estaba para cosas que requerían el uso del intelecto.

II. Cambio de aires

Poco tiempo después, felizmente el viento cambió hacia mejores aires. La generosidad de la hermana de Virginia (tía Aurea) y su esposo Fernando permitió que toda la familia trabajara en la fábrica textil que poseían, Dinfer.

Nêta le otorgó el apodo de Tía Rica a la tía Aurea. El destino le había sido más favorable; al ser una de las hermanas más jóvenes, terminó en casa de una familia adinerada en Lisboa.

Recibió la mejor educación, la mejor comida y la mejor vestimenta.

Los círculos donde se movía eran de alta sociedad. A sus 17 años conoció a su esposo Fernando, un hombre delicado con buenas costumbres. Fernando venía de una familia enriquecida por la pura fuerza de trabajo de venta de bananas en la calle.

Ellos eran la antítesis de Virginia y Nêta, impecablemente vestidos con sus camperas de piel genuina, amplia casa llena de la comida más fina y abundancia por doquier. Pero valoraban a la familia y sobre todo la inteligencia de ambas; también permitieron que José Manuel (mi abuelo) trabajase en la fábrica ya que por sus problemas de salud, le resultaba difícil encontrar empleo.

A sus 15 años Nêta trabajaba en Dinfer en el área administrativa, manejaba el trato con los clientes, la contabilidad y organizaba todas las fiestas de la empresa. Era conocida por escribir piezas de teatro, tarjetas personalizadas y los famosos jingles de tono humorístico para las juntadas. Con esa creatividad, ella entregaba risas, y no se cansaba de escucharlas, sólo fomentaban su imaginación.

La combinación de un mejor sueldo entre los tres, les permitió mudarse a un departamento en un barrio de mejor fama.

En ese departamento permanecería mi abuela hasta el fin de sus días. Era pequeño pero acogedor. Con una sola habitación, Nêta dormía en el living donde cada noche abría el sofá cama para acostarse. Virginia con la cultura de campo impregnada, daba vida al hogar con las plantas y periquitos. Éstos dependiendo de la hora del día eran adorados u odiados por su canto. Era tal el exceso de flores, plantas y jaulas que desde el balcón apenas se veía la calle. Era un hogar modesto, pero feliz.

Un año después de la mudanza, el nacimiento de Cristina (mi madre) vino a completar esa felicidad. En un lugar donde todos trabajaban arduamente para llegar a fin de mes, Cristina fue criada en gran parte por su madrina, Tía Aurea. La Tía Rica le proporcionaba el espacio y acompañamiento que no hallaba en su familia. Sin embargo, Nêta, gracias a la diferencia de 16 años, impartió todo tipo de conocimiento, experiencias, ingenuidad y principalmente la pasión por la literatura a Cristina.

Fueron hermanas y compinches, en el barrio eran reconocidas como una dupla escandalosamente divertida.

Las navidades ya no eran las de antes. Había comida en la mesa, decoraciones navideñas y una casa tibia. Virginia y José Manuel se encontraban conformes con la vida que llevaban.

Ambos provenían de un pasado cargado de duros momentos y extenso hambre. Tener techo sobre sus cabezas y pan en la mesa, era a lo único que aspiraban. Pero no para Nêta.

A cada rato libre se sumergía en los libros, diarios y revistas.

Como una aspiradora, succionaba todo conocimiento y lo mantenía adentro. En un mundo donde la mayoría ve el hecho de asistir a la escuela como un fastidio y una obligación, Nêta lo veía como un privilegio.

En definitiva quería más para su vida, y si las circunstancias no lo permitían, ella misma crearía la manera.

III. Nueva página

En Portugal es común que los lavaderos se encuentren en la parte trasera del edificio, y las cuerdas para el secado se ubiquen afuera de la ventana, sin importar el piso del departamento.

Es un paisaje típico de Lisboa, pasear por sus calles angostas debajo de sábanas, pantalones, bombachas y corpiños de personas ajenas. Es la privacidad expuesta de puertas para afuera, es lo que hace que Portugal sea Portugal.

El año era 1956 y Nêta en sus ya maduros 18 años, en un sábado caluroso de verano, se dispuso a colgar la ropa que había lavado a mano. Al abrir la ventana se elevaron las voces de un grupo de muchachos recitando poemas. Una actuación novata con entonaciones exageradas que divirtió a Nêta, y para llamar la atención repetía todo lo que decían en tono alto y burlón. Logró captar la atención de un apuesto joven, Raúl, quien terminó siendo su futuro esposo.

Raúl era buen mozo, de porte elegante, apellido pomposo y carga pesada.

Pertenecía a otra liga, pero no le importaba el status quo de Nêta. Pronto se enamoró de su elegancia, inteligencia y fuerza.

Al final de cinco años de noviazgo y con apenas 23 años, decidieron casarse. Fue la unión de dos personalidades fuertes, ambiciosas y únicas. A cada uno le gustaba hacer las cosas a su manera, predominaban las fervientes discusiones pero también el amor.

Queriendo mejorar y progresar, Nêta decidió dejar su trabajo en Dinfer. Le llamó la atención un anuncio en el periódico donde se buscaba a una secretaria para asistir a un director inglés en una reconocida agencia de Publicidad: Lintas. Decidió probar la suerte y postularse para el cargo; después de muchos años de leer y practicar el inglés ya dominaba relativamente bien el idioma. Su carisma y agilidad de pensamiento los convencieron a contratarla.

Por ser extrovertida y extremadamente amigable, Nêta pronto se volvió cercana a todos en la oficina, incluso de su jefe.

Pero tenía una afinidad con el área creativa de la agencia. A cada rato se escapaba hacia el área de trabajo de los creativos para compartir anécdotas, contar un chiste o hablar de las campañas de la agencia.

El Director General de la agencia poseía total confianza en sus capacidades: le otorgó el control de componer todas las postales de fiestas de fin de año, presentaciones, newsletters internos, etc. Con una oficina repleta de redactores y licenciados fue un honor que sea elegida para encargarse de dichas tareas.

El material era recibido por cada empleado de la agencia, y la excelencia en su redacción llamó la atención de los creativos.

Unidos, fueron a solicitar al Director que ofrezca una posición en el área para Nêta ya que observaban que poseía un talento innato, además de amplio conocimiento (un requerimiento para el área creativa). Y así fue como Nêta empezó a trabajar como mujer creativa en un mundo de hombres. Hoy en día uno lo ve como algo común y corriente, pero aquellos eran los años 60 y Nêta a los 25 años ocupaba el puesto de un hombre.

IV. Una llegada al mundo

A los 27 años Nêta esperaba su primer hijo. Tuvo un embarazo extremadamente difícil, en el primer trimestre sufrió de varios desmayos provocados por la constancia de los vómitos, una situación que no mejoró durante los nueve meses. Por la incapacidad de retener la comida, le dieron licencia temprana.

Las discusiones entre ella y su marido se hicieron cada vez más constantes. De esta época surgió un altercado entre ellos que resultó ser luego una de las historias favoritas de Nêta. Raúl al no lograr entender completamente el malestar que atravesaba su esposa, le seguía machacando con los mínimos detalles de la convivencia, especialmente el de sus pantuflas. Le pedía a Nêta que le deje siempre sus pantuflas de su lado de la cama listas para ser usadas. Ella queriendo ordenar todo rápidamente las dejaba adentro del placard. A la tercera vez que esto sucedió se desató la guerra. Como ella no era de agachar la cabeza, mucho menos en un momento de malestar, su furia interna mezclada con el exceso de hormonas, la llevó a martillar las pantuflas al piso de madera.

Fue esa noche que Nêta decidió partir para la casa de unos tíos que tenían la capacidad de cuidarla. Su salud durante los nueve meses era frágil, llegó a pesar 38 kilos y apenas se podía levantar de la cama.

Al embarazo difícil le siguió un parto complicado. Tal como ella, el bebé no se había dado vuelto en la panza y empezó hacer fuerza para salir. Era tal manera la fuerza realizada por el bebé, que su cabeza se encajó en las costillas de Nêta.

“Sentía que iba a morir”, era su afirmación cuando hablaba de ese momento. Lamentablemente por la posición, el bebé dejó de recibir oxigeno y la falta de experiencia del personal en el hospital, hizo que mi primo Nuno al nacer, sufra de parálisis cerebral. Este desdichado acontecimiento hizo que Nêta y Raúl se vuelvan a reunir.

La parálisis tuvo consecuencias motrices graves en Nuno.

Virginia desesperada al ver su primer nieto sufrir de intensos dolores y dificultades, decidió abandonar su trabajo para dedicarse plenamente al cuidado de Nuno. Quizás, fue su forma de reivindicarse, poder acompañar a su nieto, cuando le resultó imposible hacerlo en la infancia de Nêta.

A pesar de intricadas y extremadamente dolorosas operaciones, el lado izquierdo de mi primo Nuno hasta el día de hoy no se desarrolló normalmente. Al no poder desenvolver su lado físico, su intelectualidad maduró notoriamente. De una agilidad mental extraordinaria, Nuno en sus prematuros ocho meses articuló sus primeras palabras (evento que luego se repitió con su hija y primera nieta de Nêta, Leonor).

Pero lo que más desconcertó a la familia no fue este evento sino otro aún más inimaginable.

Al tener una diferencia de apenas nueve años con su tía Cristina, solían pasear mientras Virginia ejecutaba los mandatos de la casa.

Una tarde, Cristina llevó a su sobrino de dos años a una salida en tranvía. En un momento determinado, mientras recorrían el centro de Lisboa, Nuno asomó su cabeza y le dice señalando el cartel de un edificio: “¡Mirá! Es el periódico el Público”.

Cristina completamente atónita, le pregunta si él leía los carteles, al cual el infante le replicó que sí. A la noche Cristina le relató detalladamente a su hermana todo lo que había sucedido.

Ésta, incrédula, objetaba: “Tiene apenas dos años, es imposible, seguramente te confundiste”.

El hecho de que podía leer fue comprobado en el momento que le regalaron un comic de Mickey Mouse para que se entretuviera apenas con las imágenes. Sin embargo su voz leyendo los diálogos de los distintos personajes de la historieta asombró a todos. De más está decir que Nêta viendo a su hijo leyendo prematuramente, le ocasionó una mezcla de infinitas emociones: orgullo, asombro e incluso miedo.

Ese momento, conjugado con el hecho de que Nuno se aburría tremendamente en la primaria indicando: “Mientras los otros chicos sólo querían jugar, yo solo quería leer”, fue sometido a una serie de evaluaciones psicológicas. Un grupo de médicos llegó a la conclusión que el niño poseía un avance cognitivo de cuatro o cinco años más que sus pares, apodándolo de genio.

Gracias a su extraordinario cerebro y a una madre exigente en la educación, Nuno se convirtió en un hombre excesivamente culto, un periodista de renombre y un escritor extremamente habilidoso.

V. Arribar a la cima

Con su único hijo prosperando y bajo el cuidado constante de su abuela, Nêta triunfaba en su carrera.

Luego de un arduo camino hasta la mesa de los redactores en la agencia de publicidad, Nêta en sus 30 y pico de años se consagró como una de las primeras mujeres Directoras Creativas de Portugal.

Trabajó para Lintas (su alma mater), DDB y McCann Erikson.

Hasta el día de hoy sus creaciones perduran. Como señaló Olga, una compañera de trabajo “Desde la campaña de Bic Naranja que hoy en día la gente sigue comentando, el spot de BMW con el slogan ‘El placer de Conducir’ que fue retomado hace poco tiempo, el slogan que sigue siendo utilizado en Kodak ‘Momentos para más tarde recordar’, hasta los nombres de los helados Olá que aún se usan actualmente, todo esto y mucho más, salió de su talento”.

Su cabeza y creatividad dominaron la escena publicitaria. Hasta el día de hoy, cada vez que retorno a Portugal y veo los carteles de los helados Olá esparcidos por las ciudades como una plaga, no puedo evitar sonreír. Sus creaciones están allí a la vista de todos. En mi infancia, cuando oía alguien pedir un Epa o un Perna de Pau en los cafés, me era inevitable acercarme y decir orgullosamente que el nombre del helado lo había creado mi tía Nêta.

Una carrera en ascenso pero un matrimonio en declive. La relación con Raúl había alcanzado su punto límite. Dos personalidades incompatibles combinando con una vida laboral demandante, dieron fin a una vida en común de 21 años. Nêta había llegado a un momento crucial de su vida.

A sus 50 años, divorciada y con fuertes incompatibilidades con otras mujeres en la oficina (se rumoreaba que la envidia hacia Nêta predominaba), llevaron a abrir su propio estudio creativo freelance con sus amigos más allegados.

Fue el comienzo de una nueva etapa. Además de su propio negocio, Nêta decidió anotarse en la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa. Quiso estudiar Filosofía, no por el hecho de finalmente obtener un título, sino para adquirir más conocimiento. Al no tener título secundario, la Universidad le exigió realizar una serie de exámenes. Estos exámenes son conocidos por filtrar a los ingresantes y son temidos por su rigurosidad. Las pruebas consistían en varias disciplinas, incluso matemática. Nêta no había tenido la oportunidad de aprender más allá de las tablas de multiplicar y encima era incompatible con los números. Después de unas semanas de intenso estudio, recibió la noticia que había aprobado cada uno de los exámenes, ingresando así finalmente, al mundo universitario.

La libertad de horarios le permitió a Nêta escribir. Escribía sus memorias para la familia, novelas, cuentos, etc. Pero con el nacimiento de Leonor, su primera nieta, se emprendió en un nuevo proyecto: escribir libros para niños.

Dichos libros fueron publicados por una pequeña editorial.

Hoy en día, algunos de esos libros son lectura obligatoria en la enseñanza primaria. Una persona con educación formal interrumpida, tiene ahora su nombre en la lista de lecturas obligatorias.

Una de las tantas vueltas que la vida le ofreció: una persona que quiso seguir aprendiendo, ahora ayuda en el aprendizaje de nuevas generaciones de portugueses a través de sus libros.

VI. Final inesperado

Nêta mantuvo esta etapa de su vida entre libros, redacción, traducciones y el cuidado intensivo de su mamá.

Virginia había sucumbido a la demencia senil y durante varios años se encontró postrada a la cama. Con la hermana viviendo con su familia en la Argentina, y un hijo ocupado con los suyos, cuidaba sola de Virginia.

Fueron años emocionalmente y físicamente agotadores. Ver a su propia mamá frágil y perdida en su mundo no debe ser tarea sencilla.

En febrero del año 2007 Virginia falleció a sus 89 años. Este hecho conmovió a todos los miembros de la familia, pero es pecialmente a Nêta. El vínculo entre ellas era inquebrantable y para muchos inexplicable.

Poco tiempo después, el 14 de marzo de 2007, mi madre me comentaba la rareza de no haber recibido el llamado de cumpleaños de parte de su hermana. “Puede ser que se haya olvidado sin querer”, le decía yo. A la medianoche recibí un llamado en mi celular de un número desconocido. Del otro lado, mi primo con una voz quebrada, solicitó a mi mamá.

Al microsegundo de cortar el teléfono, mi madre empezó frenéticamente a armar su valija, me indicó que Nêta había sufrido un ACV y se encontraba en coma. A más de diez mil kilómetros de Lisboa y con escaso dinero, se hizo todo el esfuerzo posible para que mi madre viajara esa misma noche.

Su hermana y compinche tenía que estar de su lado sosteniendo su mano.

Veinte y cuatro horas después de que mi madre emprendiera viaje, recibo la temida llamada. Esa espantosa llamada que corta respiración, que hace temblar las piernas, que calla al mundo. Mi adorada tía se había muerto a sus jóvenes 69 años. Las anécdotas cesaron, los paseos llegaron a su fin, su carcajada contagiosa se extinguió.

Dos semanas después del velorio, entierro y llantos, mi madre volvió a Buenos Aires diciéndome: “Te tengo que contar algo”. Sorpresivamente y nerviosamente, me senté en la mesa de la cocina con un café en mano mientras escuchaba mi madre largar el secreto familiar.

Cristina se había enterado por un desliz de su madrina (la Tía Rica) varios años antes, que Nêta era hija de otro hombre y no de José Manuel, su padre, como siempre había creído y como le hicieron creer.

Virginia había quedado embarazada de un hombre de identidad desconocida. Ese vil hombre no reconoció su aporte al embarazo y dejó a mi abuela desamparada. La joven de 20 años se escapó a Lisboa con la esperanza de recibir apoyo y cariño familiar. Pero ese no fue el caso. Durante muchos años se negaron a extenderle una mano. Le prohibieron la entrada a sus casas e incluso al encontrarla en la calle, cruzaban de vereda para no tener que enfrentarse con la hermana que ya pertenecía al rebaño. Seguramente las palabras promiscua y bastarda volaban en esa época.

Las miradas prejuiciosas ciertamente reforzaron la certeza de que el descuido de Virginia tendría que mantenerse en secreto, en la bóveda de sus memorias. La llegada de mi abuelo José Manuel las socorrió adoptando a mi tía como propia y así terminando de cerrar la bóveda con llave y tirarla para siempre.

Esta revelación produjo un shock en mi sistema, no por el hecho en sí, sino que mi mente no lograba entender por qué una persona tan abierta y precursora, pudo esconder este secreto durante toda su vida. La verdad es que esta revelación vendría a llenar agujeros importantes en la historia de ellas dos. Ahora entendía el porqué de su cercanía, el porqué del hambre, el porqué de la extensa ayuda de la Tía Rica en años posteriores.

Pero un porqué jamás fue contestado y jamás lo será. Hasta el día de hoy no logro comprender por qué decidieron llevar tal secreto hasta la tumba, porque en definitiva al enterarnos de esta operación encubierta, nuestro amor, afecto y admiración hacia Nêta no cambió en absoluto. Sólo puedo pensar y creer que fue su manera de proteger a su familia de los escrúpulos que ambas sufrieron.

Este descubrimiento sólo vino a reforzar que María Antonieta Pereira Rebelo, tuvo un comienzo, un desenlace y un fin doloroso.

Aún así, extrajo jugos importantes de la vida. Fue creadora de sonrisas y risotadas, tocó personas con su varita mágica de sabiduría. Era bella por dentro y por fuera, creativa sin límites, abrió puertas cerradas y voló alto hacia el horizonte.

Luchó, superó y triunfó. Tal como cantaba Françoise Hardy: secó sus lágrimas y vivió, contra vientos y mareas.

Conclusiones personales

Tengo la creencia de que de cada persona y su historia podemos siempre aprender. De la historia de María Antonieta, extraemos la perseverancia. Si uno mucho desea, lo conseguirá.

Sí se puede atravesar obstáculos y romper barreras.

Sí se puede armar una vida y crecer de un trasfondo empobrecido.

Sí se puede mantener el humor a través de difíciles situaciones que presenta la vida.

Otra lección que viene a la par de mi creencia, es que la literatura brinda mundos y experiencias infinitas. Nos hace crecer, nos alimenta. En una sociedad como la de hoy, donde los libros están quedando en el olvido, acá está una historia verídica donde los libros sirvieron de trampolín hacia la cima.

Nunca hay que dejar de adquirir más conocimiento.


Contra vientos y mareas (Segundo premio) fue publicado de la página 58 a página62 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

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