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La batalla de los otros (Segundo Premio)

Vargas Salas, Laura

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 70, Octubre 2015, Buenos Aires, Argentina | 118 páginas

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Introducción

La guerra ha sido siempre un tema que todos preferiríamos evitar, sin embargo es cosa de todos los días. Cada mañana, cuando estamos planificando nuestra rutina, tomamos nuestro desayuno y vamos a cumplir con nuestras respectivas responsabilidades, en alguna parte del mundo, hay un niño que también despierta, despierta y lo primero que ve es el arma que deberá empuñar otro día más.

Hay historias heroicas que no se imprimen en comics, y sus protagonistas se esconden en la cotidianidad de nuestra jornada, aquella persona que te atiende cuando subes al colectivo, o en el quiosco, o en la tienda de ropa, o en la panadería.

¿Quién habría de imaginarse que aquel panadero había sido abrazado por la muerte, desde pequeño? Ese hombre que vio caer a los suyos, a manos de otros.

Pero este relato no sólo expone dolor, en realidad, se trata de ese héroe, que aún cargando tal pasado no se rinde, no guarda rencor, ese niño pequeño que quiso escapar y que finalmente lo hace, haciendo de su vida una batalla dignamente vencida.

Capítulo I

Huila, Colombia: Un joven de 16 años corre hacia su casa, al llegar, enciende la hornalla para hervir un poco de agua, espera pacientemente a que esté suficientemente caliente y se prepara un café. Observa por la ventana a Lola, su madre, una mujer ya entrada en años, con gotas de sudor en su frente, labrando la tierra de su patio para sembrar las plantas que estaban supuestas para alimentarlos en los meses venideros.

Isaac Vargas Córdoba vive hostigado por una guerra política en la que se ha visto envuelto ya mucho tiempo, entre liberales y conservadores que lo único que hacen es destruirse bajo un odio sectario, y quizás, la única salida de esta situación es escapar.

Hay muchas cosas que la gente no sabe de Colombia, como que las mañanas en el campo huelen a fruta, que las montañas nevadas son vecinas de los volcanes, que está rodeada por tres mares, que podemos contar más nombres de flores que de soldados, que cuando uno va por la carretera y se detiene a tocarlas, algunas se cierran como durmiéndose, vulnerables y hermosas, como si el humano delante de ella no fuera una amenaza. Sin embargo, el joven no concibe vivir en un lugar donde la guerra es el pan de cada día, y un día contempla la única posibilidad de escapar que le queda, revolviendo el café ya frío, y viendo hacia la ventana lloviznada.

En junio de 1952 Isaac, apenas un niño, presta servicio militar y decide enrolarse en las filas de Corea, un destino incierto en donde lo único que lo aguarda es otra guerra; esta vez son los comunistas y demócratas quienes desde su geografía y sus intereses irreconciliables lo envuelven en la misma situación que ya él venía sufriendo.

Digamos que a cualquiera se le complica describir la soledad que puede llegar a sentir un niño que a su edad, en vez de estar viajando en un bus hacia el colegio, está en un avión junto con otros 5000 soldados rumbo a un país en Asia, del que a ese momento poco se sabe, y poco importa, porque ese niño solitario, va hacia una guerra ajena.

El escenario no era el mejor, Vargas estaba en el medio de un campo militar con apenas lo justo y necesario para sobrevivir, no había nada allí que le hiciera llenar el alma de motivación o esperanza, salvo su propio patriotismo, el cual siempre lo había caracterizado. A veces solía preguntarse por qué no se había dedicado a ser historiador y perseguir un sueño, en lugar de una fila de hombres encaminados hacia el combate.

El invierno, por romántica que suene la palabra, fue quizás el peor, no había refugio suficiente, no había comida suficiente, no había contención suficiente, a pesar de que el horizonte era todo blanco y el silencio era lo único que envolvía completamente el escenario. Vargas miraba a su compañero de carpa que observaba con nostalgia una foto de su familia, ya era un tipo grande, muy serio, casi no hablaba de hecho, y apretando un poco los párpados –mientras de fondo se escuchaba el grito del cabo mayor Gonzáles, quien lideraba la tropa en ese momento, ordenando que se formaran filas porque era el momento del enfrentamiento– se vuelve a él, asintiendo, –“como

un loco”– piensa Vargas, y largando un suspiro, el soldado le dice –Vea– acerca la foto, –por éste chino… por éste chino yo hago todo…– mientras su dedo pulgar golpea con suavidad la cara impresa de un niño pequeño que parecía ser su hijo.

La mente no paraba, ¿quién podría imaginar la sensación de estar caminando, fusil en mano, hacia una guerra que no es siquiera la propia? Isaac piensa que a esta altura lo único que importa es seguir a los demás, sin preguntas, sin pensamientos, la mejor estrategia es simplemente abrazar el destino que se impuso ante él.

Capítulo II

El 10 de marzo de 1953 casi pierde la vida, fue herido en una acción llamada Operación Bárbula, le faltaban cuatro meses para cumplir los 18 años. Su rostro quedó desfigurado gracias a una bala que le rozó la nariz, pero aun así logró escapar. El ruido a sus espaldas era casi insoportable, sentía cómo el polvo le llenaba las fosas nasales, las manos cubiertas de sangre y sus piernas desplomándose sobre la tierra, la vista se le iba nublando, y de pronto… sentía el cuerpo levitar, y hacia arriba lograba divisar un movimiento violento que le llenaba de aire los pulmones y le dibujaba una sonrisa en el rostro, un helicóptero venía en su búsqueda para transportarlo más tarde a una sala de cirugías.

Se temió por su vida, ya que su estado de salud era precario.

Se podría decir que Isaac logró experimentar todas las sensaciones que humanamente es posible sentir.

Días después llega a Estados Unidos, despierta sobre una camilla, con un respirador auxiliar, mirando alrededor se encuentra con su cabo, que le cuenta que con apenas 18 años ya es un héroe de la guerra, pero mientras tanto, en su lugar nativo, la batalla continuaba poniendo cruces todos los días y a toda hora. La batalla eterna, la batalla demencial, la batalla vil y devastadora que desde el inicio de los siglos no abandona al hombre.

De regreso en Colombia, a Isaac lo reciben con honores. En el hospital militar lo operan del rostro y viaja de nuevo a Estados Unidos para recibir una atención más especializada; un tratamiento que duró ocho años.

Después de toda esta experiencia, se retira como Sargento Segundo, y permaneció un año sabático en la vida civil, con cicatrices en el rostro y con amor por los símbolos patrios.

Pasado el tiempo, nadie le da trabajo - Ni para barrer siquiera –cuenta– porque la gente piensa que el que tiene alguna cicatriz en la cara es un bandido.

Capítulo III

En 1965, con 30 años de edad, finalmente funda una pequeña panadería llamada El Arbolito, al sur de la ciudad de Bogotá, proyecto que inicia con 1 millón y medio de pesos colombianos prestados (aproximadamente 1000 dólares), tras seguir el consejo de un amigo, quien dos años antes le había aconsejado aprender a hacer pan, y aún sin saber nada del oficio, a medida que el tiempo avanzaba, vio que sus esfuerzos se traducían en progreso.

Al paso de los días, sus ventas se multiplican de manera sorprendente adquiriendo una bodega propia en la zona industrial; entre sus clientes estaban Colsubsidio, Cafam, Carulla, grandes líderes de marca gastronómica, y ya para esa época contaba con nueve carros distribuidores.

Sus vínculos con dos entidades líderes del subsidio familiar, llevaron a que Vargas formulara una propuesta para canalizar los recursos de estas hacia la educación de los hijos de los afiliados, mencionando el sentido burocrático que allí existe, y mandando al frente una crítica contra las obras suntuarias.

Como represalia por esta propuesta y esta denuncia, ambas entidades cancelaron los contratos para el reparto de pan producido por El Arbolito. De paso, anoto que El Arbolito auspició tres concursos literarios, muy celebrados en su época, cuyo propósito era encaminar las bondades del pan. El superintendente del Subsidio Familiar ante el cual el panadero luchador expuso sus inquietudes sobre las cajas de compensación era Germán Bula Escobar. A raíz de este incidente, Vargas Córdoba pierde el 90% de sus ventas. Y llega a la quiebra.

Conclusión

Aun quebrado, no pierde la esperanza. Sigue luchando a brazo partido. Se vinculó a la Sociedad Bolivariana y a otros centros académicos, y con frecuencia vemos cartas suyas, con sentido social, publicadas en el foro de lectores de reconocidos periódicos colombianos.

Hoy es dueño de un negocio emblemático en la carrera 24 con calle 45, en Bogotá, que ha bautizado con el bello nombre de Bendito el Pan.

Cuando uno entra, el olor a chocolate y pan de yuca es envolvente, es como si uno, de cierta manera, se sintiera en casa, hay libros con tortas increíbles que el panadero diseña, con diferentes motivos, pisos y colores. Dentro del mismo lugar existe un mercado de pan y sillas para tomar algo caliente mientras se soporta el frío capitalino, y uno se siente abrazado por las múltiples fotos de Bolívar, Salavarrieta, entre otros líderes de la independencia, y sus frases célebres.

Vargas trabaja en el segundo piso, en una oficina modesta, donde lo primero con lo que uno se topa es con sus medallas de guerra y una bandera de Colombia. De vez en cuando viaja a Corea del sur, ya que su gobierno lo venera como un líder, como un combatiente, como lo que fue y dejó de ser a causa de las acciones ejecutadas allí y recuerda, como también de vez en cuando le invade la memoria la barbarie fratricida que se vivió, y se vive aún, en las parcelas del Huila y de otros lugares de Colombia.

“Dichosísimo aquel que corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y de las desgracias públicas, preserva su honor intacto”. Simón Bolívar


La batalla de los otros (Segundo Premio) fue publicado de la página 69 a página71 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

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