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Cuarenta y nueve años de vida. Una gran aventura (Primer Premio)

Noble Suchinski, Alexia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 70, Octubre 2015, Buenos Aires, Argentina | 118 páginas

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Introducción

Toda familia tiene una historia. Toda familia tiene un comienzo, no todas lo conocen, pero son unas de las cuantas cosas que las distintas familias de diversas generaciones y razas comparten. Los orígenes. En lo que respecta a mi familia podría contarles cómo mis bisabuelos maternos sufrieron y soportaron un arduo viaje desde Ucrania hasta Argentina cuando las condiciones marítimas de transporte eran deplorables, o cómo mis antecesores paternos escoceses lucharon por poblar la pampa de Argentina en el momento de conflicto entre federales y unitarios en la época de Rosas, o cómo mi abuelo fundó un colegio bilingüe con el lema de Libertad con Responsabilidad en 1978 durante el período de resección estando económicamente quebrado y con cuatro hijos a cuesta. Pero en este caso me honraría contarles la historia de mi padre, que nunca tuvo que luchar por poblar la pampa argentina o resistir las condiciones inmigrantes durante 1880. No obstante, es y será un hombre con convicciones y valores bien marcados, con recursos acotados pero siempre dispuesto a brindar ayuda, con un sentido de humor único y con una historia de vida que me dejó marcada desde siempre. Un ser humano generoso y que, con sus propias dificultades, disfruta la vida en su plenitud. Malcolm Esteban Noble, el hombre que me enseñó y me sigue enseñando lo valioso de la vida.

Desarrollo

Luego de dar a luz a dos niñas y a un niño en el transcurso de una década, mi abuela, dio a luz a mi padre el 16 de noviembre de 1966 en Lomas de Zamora, Argentina. Sus primeros años de vida transcurrieron en el Colegio San Albano, en donde mi abuelo era el director de inglés. Vivían en una pequeña casa en el fondo del colegio y mi padre era reconocido por todo el mundo. Cada mañana él se despertaba y comenzaba su travesía en triciclo por los pasillos de la escuela, saludando a todo aquel que pasaba. Una tarde esas travesías terminaron, al estar paseando por el campo de deportes y accidentalmente ser lastimado por una jabalina.

Ese estilo de vida terminó en 1972, cuando se fueron a vivir a Inglaterra. A mi abuelo, Alberto Noble, le ofrecieron una beca totalmente paga para estudiar el Profesorado de Historia, el único inconveniente era que era paga para él solo, y fueron cinco personas más.

Su estadía duró tres años. Fueron años difíciles para la familia pero que lograron sobrellevar. Vivían en una casa humilde en Sacreston, a las afueras de Durham, en donde mi abuela era la ama de casa. Ella carecía del habla inglés y por ende no lograba conseguir un trabajo. Para Malcolm no fue difícil acostumbrarse al entorno, era muy pequeño, tan sólo tenía 6 años. Sacristan Primary School fue su escuela, no logró congeniar con muchas personas, pero con el cariño de su casa estaba satisfecho. Él era un niño travieso pero ingenuo, no buscaba traerles problemas a sus hermanos, pero lo hacía. Una tarde, los cuatro hermanos decidieron probar un whiskey que Alberto guardaba en la alacena, y él se sumó. Cuando su padre se enteró de lo que habían hecho los tres hermanos mayores, los regañó, pero Alberto no sabía que Malcolm había participado también, y para formar parte, muy entusiasmadamente lo contó. Recayendo a lo obvio, Andrerw, Corine y Eileen lo detestaron en el momento que abrió la boca, ya que la regañada fue aún peor. En 1976, cuando regresó, le costó acostumbrarse nuevamente al dialecto español. Ya con diez años de vida el Colegio San Albano era su hogar nuevamente. Dos años después, Alberto decidió dejar el colegio y mudarse a la capital, para luego migrar a Hurlingham y abrir su propio colegio en Pilar, el Bede´s Grammar School. En sus comienzos eran tan sólo 11 alumnos en el colegio, y mi padre era el único de 6° grado. Al ser tan pocos compartían una misma clase y la misma maestra. Malcolm era el único de sus hermanos que tenía que trasladarse desde Hurlingam a Pilar todos los días. Sus primeros tres años de secundaria transcurrieron en el Colegio San Hildas, hasta que en el tercero repitió. Él podría haber salvado el año, pero cuando reprobó una materia en diciembre, decidió ir a saltarle en el auto a la profesora por haberle dicho que era un bruto. Sus palabras textuales al relatarme el hecho fueron “momento de poca lucidez”, y sinceramente lo fue. Ese mismo año, sus padres se divorciaron y por diferencias morales mi padre no habló con mi abuelo por un año. En 1984 el San Paul´s fue su nuevo colegio. Logró adaptarse rápidamente siendo el payaso de la clase. En su primer día, se le escapó una flatulencia en clase, y todos los compañeros rieron a carcajadas. Era el nuevo cómico del salón. Al ser tan querido por todos, Malcolm gozó de dos viajes de egresados. Uno denominado como tranquilo, aunque lo dudo, y el otro en 1985 como algo descontrolado. Refiriéndonos al segundo, mi padre, volvió a tener varios momentos de poca lucidez. En los primeros días, decidió tirarse en ropa interior en pleno invierno al lago Nahuel Huapi, lo cual lo dejó en un estado de semi hipotermia y dos días después se bajó con sus compañeros de un puesto de aerosilla a otro, sin esquíes, descendiendo por una pendiente de hielo, en búsqueda de una pelota de rugby que se les había caído. La superficie rocosa hizo que el género de su ropa se deshiciera, causando quemaduras y una par de huesos rotos. La colimba era obligatoria para todos. Muchos gozaban de ser reclutados pero otros no tanto, como en el caso de Malcolm. Con el bolsito hecho, se dirigió al puesto médico para ser examinado y que le den la aprobación. Había decenas de muchachos enlistándose. El momento de la verdad estaba cerca. Todos se imaginan, como en las películas, que una tierna y dulce enfermera era la encargada de hacer las revisiones médicas, pero no era el caso. Un hombre no muy delicado lo revisó de arriba abajo. Justo cuando todo parecía estar en orden, se percataron de su horrible dentadura. Mordía mal. El enfermero que lo estaba revisando le preguntó si realmente él deseaba formar parte de la colimba, mi padre lo negó y siguió su camino. Creo que fue el día más feliz de su vida, más que mi nacimiento. Liberándose de tener que participar en la colimba, comenzó el CBC para Ciencias de la Comunicación, ya que desde siempre le apasionó la Publicidad. Al igual que a mí, el CBC no fue para él y lo dejó. Sus recursos económicos eran escasos y no podía pagar una privada y por ende no tuvo educación universitaria. Con 19 años consiguió trabajo en la aerolínea Panam en la sección de Check In. Su metodología para transportarse al trabajo era muy peculiar. Había días en los cuales simplemente hacia dedo y lo levantaban hasta llegar y había otros que simplemente tomaba el colectivo. Lo gracioso de esta historia era que las camisas de Panam eran iguales a la de los colectiveros, y no pagaba ningún pasaje ya que pensaban que era del gremio. Otra anécdota humorística era que cuando decidía ir en auto, muchas veces se olvidaba, y volvía en colectivo, y tenía que regresar a buscarlo. Despistado como él solo. En 1988, seguía trabajando en Panam, y fue ahí en donde conoció a Marcela Alejandra Suchinski, la mujer que años después fue mi madre. Él siempre la veía pasar, sin lograr hablarle, pero siempre compartía con sus compañeros y superiores cómo le gustaba el atributo trasero de Marcela. Un día su jefe los solicitó a ambos y le mencionó a Marcela lo que Malcolm andaba diciendo de ella. Días después comenzaron a salir. En 1989, él la invitó a presenciar el recital de los Rolling Stones en Miami, a partir de ese momento estaban oficialmente de novios. Nuestro pasado no se olvida y muchas veces terminamos recayendo en él nuevamente. En 1990, mi padre y cuatro amigos, decidieron emigrar de manera ilegal a Londres, Inglaterra. Era un plan que venían organizando desde la secundaria y que lograron llevarlo a cabo cinco años después. Vivían en una casa abandonada, con muebles recolectados de la calle. Al no conseguir trabajos estables por su situación legal en el país, no conseguían mucho para comer. Un paquete de pan y uno de jamón era su comida para toda la semana. En las mañanas iban y tomaban prestada la leche de los vecinos, que comían con cereales, “la comida más importante de día” dice mi padre. Tuvo distintos trabajos de medio tiempo que lo ayudaban a sobrevivir. Armaba oficinas, reponía en las góndolas de los supermercados y fue albañil por medio día, luego estuvo una semana en cama. Su último trabajo fue el mejor pago y el menos forzoso. Era repartidor en una camioneta. Pero lo bueno dura poco, un colectivo con frenos defectuosos lo embistió de costado dejando la camioneta hecha trizas y a él sin trabajo. Mi madre fue a visitarlo en dos ocasiones. Su estadía se basó en trabajos de medio tiempo y en recitales. Malcolm es amante de la música, sobre todo de la inglesa.

El recital más largo al que concurrieron fue el Clastanburry, que duró tres días en la campiña galesa.

Muchos amigos y conocidos surgieron gracias a ese viaje, en su mayoría neozelandeses y australianos. En 1991 fue su gran regreso. Era ayudante de cocina en el Colegio Barker en el turno de la mañana, mientras que en la tarde vendía telas a retacerías. Al año siguiente entró a Baeza, Pepsi, como supervisor de ventas. Y en ese mismo año se casó con Marcela en una noche lluviosa el 28 de noviembre en la iglesia St. Marks, y la fiesta transcurrió en el Colegio Bede´s. Las fotos demuestran que el barro era inmanejable, el vestido blanco de mi madre se tornó marrón, y los ojos de mi padre, rojos. Un año después dejaron Lomas de Zamora atrás para volver a Hurlingham. Y en 1994 se mudaron a Capital Federal luego de mi nacimiento, el 22 de agosto. Martinez fue nuestro siguiente hogar, en 1996. Vasco da Gama y Yapeyú fueron las calles que intersecaban la casa que recaía en la esquina. Ese mismo año mi padre comenzó a trabajar con su hermano Andrew, en imagen corporativa y diseños, y al año siguiente se pasa a Gráfica Digital como gerente de ventas. En el año 99, el 30 de junio, Malcolm fue bendecido con una segunda niña llamada Jana. Ojos marrones e infinitos, cara redondeada pero inigualable. Se le podía ver el orgullo y alegría en la mirada. A la par del crecimiento de Jana, papá también iba creciendo. En el año del milenio, abre su primera empresa de insumos gráficos, Sakura. El inconveniente fue al año, cuando perdió gran parte de los equipos al inundarse completamente la oficina, teniendo que darle el cierre definitivo. Sin trabajo y con dos hijas y uno en camino mi padre estaba desesperado. Mi madre comenzó a trabajar nuevamente sin tener mucho éxito en conseguir muchas pinturas para restaurar. Hasta que por fin en el 2002, año en el que nace mi hermano Angus, abrió Novaprint. La situación económica de la familia pudo haber mejorado, pero los conflictos maritales no cesaban. Todo pendía de un hilo, pero con Angus siendo tan sólo un bebe, decidieron resolver sus diferencias por el momento. El ocho de diciembre de 2003, tras una larga lucha contra el Alzheimer, la madre de mi padre encontró la paz. No fue un momento gratificante para nadie, pero sí liberador ya que sabíamos que su sufrimiento había terminado. En el 2008 las discusiones con Marcela llegaron a un punto crítico y Malcolm, por el bien de la familia, decidió abandonar la casa. Vivió dos meses en la oficina. Los días de visita eran días de camping. Él siempre intentaba hacer todo de tal manera de que no sea un día más durmiendo en la oficina, sino una aventura. Villa Morra, Pilar, fue el paso definitivo de la separación. Ya que por fin se declaró independiente en su propia casa. Todo parecía que por fin iba encontrando su rumbo, pero los problemas recién comenzaban. Marcela no estaba conforme con que Malcolm haya optado por la separación, y lo dejó bien en claro en sucesivas ocasiones. Ya a fines de 2010 mi padre estaba con una prohibición de acercamiento de 120 días hábiles hacia mis hermanos, luego de que yo decidí ir a vivir con él definitivamente. Peleas legales sin éxito alguno transcurrieron. Llegaron a un acuerdo de visitas, que nunca se respetó. Anteriormente, él había decidido vender sus acciones de Novaprint para incorporarse a INX Digital como gerente de ventas en toda América Latina. Y, por otro lado, conoció lo que es el amor verdadero. En enero de 2010 se reencontró con Silvina Cecchi, eran conocidos de la infancia, y se volvieron a conectar vía Facebook. El amor floreció y lo ayudó a combatir las pesadillas que estaba viviendo en el momento. En el 2011 mi padre y yo nos mudamos a Tortugas 2, un conjunto de condominios en Garín, para luego incorporarnos a la familia de Silvina en una casa en Mayling Golf Country Club en el 2012. Asimismo, en el 2012 Malcolm desistió a la postura opositora hacia las psicólogas y comenzó terapia, una de las mejores decisiones que tomó en su vida. Ya para el 2013 Silvina y Malcolm se habían casado en Las Vegas, y su hija mayor, yo, había comenzado la facultad. “Pude cumplir mi sueño” expresó mi padre al relatar el hecho del viaje que pudimos hacer en diciembre 2013 y enero 2014 a Estados Unidos por un mes aproximadamente. El viaje fue familiar, éramos un total de 20 personas. Momentos maravillosos de los cuales estoy muy agradecida. Al no tener respuesta legal en cuanto a mis hermanos, Jana y Angus, Malcolm decidió dimitir la pelea judicial por mis hermanos, limitándose a ser paciente y esperar por su regreso. En cuanto al 2015 no hay mucho que contar, mi padre simplemente opinó: “En curso”.

Conclusión

Una historia de vida impactante, que merecía la pena relatar. Malcolm es y será un individuo que siempre luchó por todo lo que tiene y por lo que quiso, nunca se dio por vencido y nunca desistió en la persecución de las cosas que aspiraba. Logró superar distintas dificultades y seguir creyendo en el amor. Un hombre que dentro de todo esta cuerdo, que es divertido y amistoso. Y por sobre todo, que nunca dejó de vivir. Fue un gran honor haber logrado relatar su historia, ya que me enorgullece el mero hecho de ser su hija. Es mi forma de agradecer tu empeño y desempeño a lo largo de estos 20 años. Gracias.


Cuarenta y nueve años de vida. Una gran aventura (Primer Premio) fue publicado de la página 84 a página86 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

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