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Las memorias de Lucía (Primer Premio)

Podestá, Micaela Adriana

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 70, Octubre 2015, Buenos Aires, Argentina | 118 páginas

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Introducción

Desde que alcanzó a recordar, Lucía, mi madrina, tuvo entre sus manos una agenda donde pasaba el tiempo escribiendo. Si llovía, encontraba inspiración en el agua, si radiaba el sol encontraba la inspiración también en él. Cuando el día se encontraba perfumado por las flores e iluminado por un brillante sol, Lucía se asomaba por la ventana, tomaba su agenda y comenzaba a escribir una historia nueva. Las flores y los perros le causaban más de mil motivos para llenar de anécdotas su pequeña agenda que tal vez se encontraba un poco desordenada y desbordada de papeles. Cada día soleado de primavera donde todo se llenaba de color, me viene a la mente la visión de una gran mujer con la misma imaginación que un niño. Creíamos que lo hacía para entretenerse con sus recuerdos y momentos de su vida, pero tal vez nos equivocábamos.

Relato escrito

Veinte años atrás, un 6 de abril de 1995, yo, Micaela, estaba llegando a la vida de mi familia, segunda y última hija de mis padres. Abuelos, tíos, primos y mi hermano felices se acercaron hasta el sanatorio donde mi mamá y papá me recibían en sus brazos por primera vez. Como toda familia católica se acercó el día del bautismo donde es un hecho de suma importancia ya que es el primer sacramento y es por él que nacemos a la vida cristiana. Mi papá, Daniel, se encargó de elegir al tío, apodado Chiche para que sea mi padrino, pero por otro lado mi mamá Adriana, escogió a Lucía, su prima hermana, para que fuese mi madrina y con el paso del tiempo formar lazos de confianza como si fuese una segunda madre. Por eso, mi mamá sintió que su elección era la correcta y así lo fue. Fueron pasando los años, por lo tanto fui creciendo, y así buscando nuevas aventuras, y era así como Lucía me ayudaba a recorrer barrios, ciudades, enseñándome todo lo que había en el mundo de una manera perfecta. Durante 11 años de mi vida todos los sábados, llueva, truene o el cielo estuviera a punto de caerse solíamos tomar el colectivo 327 y así recorrer de punta a punta nuestro barrio. Paseábamos por zoológicos, plazas, hasta ferias, que eran mis preferidas y hasta el día de hoy lo son, y es donde te encontrás con nuevas personas que desde sus pequeños puestos de ventas tienen un propósito más importante que ganar dinero en cantidad que es mostrar y expresar lo que sienten por medio del arte. Así, Lucy, como solía llamarla la niña que fui, me enseñó los distintos valores de la vida, sus palabras siempre fueron buenas consejeras y alejaban los malos momentos para traer la calma. Mientras el tiempo seguía pasando, ella seguía completando agendas, cada una de un color diferente a la anterior, que ella misma numeraba como si se tratase de los tomos de una enciclopedia, para así no perder el orden. Pero no todo siguió siendo tan colorido para sus historias, quizás la última imagen que se penetró en mis ojos fue cuando toda su vida plasmada en miles de hojas se encontró caída en el suelo. Parada frente a ella, callada y algo asustada, mi madrina Lucy se encontraba observando a la nada por la ventana. Ahí supimos con mi madre que el olvido quería apropiarse de su vida y así robarle los pasajes de su historia de vida uno por uno. En mi casa tanto como en la de mi madrina no supimos darnos cuenta a tiempo, y cuando los médicos diagnosticaron Alzheimer, ya había comenzado a instalarse en cada rincón de su mente. Tras el derrumbe de sus agendas, Lucy dejó de escribir, ella ya no estaba. Fue entonces que decidí reacomodarlas y sentarme horas con ellas para contarle tantas de sus historias en voz alta. Los días pasaban y lo único que causaban era el retroceso de casilleros, me ocupé de ir años atrás y ponerme en sus zapatos cuando ella era una niña como yo solía serlo junto a ella. Estaba convencida, y todavía lo sigo estando, de que cada historia era mágica y eso permitió que ella se mostrara por poco tiempo algo más lúcida. Día tras día, me la encontraba sentada mirando hacia la nada misma sobre esa ventana, la misma que solía inspirarla con tan sólo mirar hacia afuera, a su marido y sus hijos tanto con mi familia, que aunque no compartíamos la misma sangre nos sentíamos devastados al saber que nunca volveríamos a ver, a escuchar y a sentir las buenas vibras que causaba ella con tan sólo pisar nuestras casas. Aunque al pasar de los años la enfermedad seguía adueñándose de ella, algunos recuerdos aparecían en su mente, pero eso no duraba más que unos pequeños minutos, por lo tanto la situación se hacía incontrolable para su marido y ambos hijos. Tuvieron que tomar distintas medidas que dolían, pero Lucy ya no podía estar durante todo el día sola mientras su marido trabajaba y sus hijos estudiaban. Fue ahí donde decidieron contratar a una mujer que se encargara de ella durante el día, y así por lo menos lograse volver a tener contacto con el afuera. Pero nada ayudó ya que cada día se encontraba más desorientada y fue cuando poco a poco nos dejó de reconocer uno por uno, comenzó por sus hijos, luego su marido, y por último a mi mamá y a mí. Olvidando a su marido, él fallece, sus hijos devastados vivían en una oscuridad continua. Lucía seguía en su mundo donde no registraba nada de lo que pasaba a su alrededor, ambos hijos con sus familias formadas tomaron la decisión de buscar un centro que se encargara de cuidarla con tan sólo 55 años, el Alzheimer había consumido totalmente a esa mujer llena de vida. Al llegar la mañana que Lucy fue trasladada a un geriátrico, mi mamá y sus hijos se encargaron de empacar nada más que sus objetos necesarios, que no eran más que ropa y algún que otro peluche con forma de perro, esos que ella tanto amaba. Al tener todo listo, se acercaron especialistas a cargo de ese nuevo hogar donde mi madrina iba a vivir hasta su último día de vida, desgarrador fue ver su mirada perdida hacia un punto fijo sin darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Y en la actualidad ella sigue bajo la responsabilidad de un establecimiento, que se encarga de mantenerla en un buen estado, aunque ella no registre día, hora, mes, año ni a su familia. Ella se encuentra en otro mundo, otro lugar al que nosotros no tenemos acceso y que se encargó de aislarla completamente de nuestra realidad. Acostumbrados a vivir con esto, comprendimos que nos dejó en manos nuestras el mejor regalo, su vida, de la cual formamos parte en cientos de hojas escritas, las cuales podemos leer hasta sentir su espíritu lleno de buenas vibras junto a cada uno de nosotros, su familia.

Conclusión

Contar la historia de mi familia, elegir a un familiar, causa sensaciones imposibles de explicar. Es como volver a leer un mismo libro dos veces, los sentimientos que fueron causados en ese periodo donde todo transcurrió vuelven a salir, y acá tenemos la posibilidad de dejarlo escrito. Mi madrina creyó en mí desde el primer día de mi vida, en mi valor, en mis sueños y en mis metas, siempre se mostró discreta. Supo escuchar con atención mis problemas aunque en mi niñez no tenían el mismo peso que el de un mayor, pero aun así se encargó de sanar mis heridas muchas veces. Luego de la investigación realizada, aprendí y hoy con 20 años puedo ver que Lucía fue una mujer que hasta sus 55 años llenó de vida a todos nosotros. A través de sus historias, que quedaron en sus agendas, puedo comprender la importancia del día a día que a uno le toca vivir, y a pesar de que algunos momentos se vuelvan complejos, siempre hay una forma de solucionar y así dar vueltas las cosas.

Todavía en su mirada ida, logro notar que nunca me va a dejar de amar y fue mi mamá quien eligió que sea ella quien se encargue de abrir su corazón de par en par, para cuidarme y consentirme, porque para mí una madrina es una mujer maravillosa, la cual es sumamente importante para nuestras vidas.


Las memorias de Lucía (Primer Premio) fue publicado de la página 88 a página89 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

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