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El último verano (Primer Premio)

González, Esteban Jorge

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 70, Octubre 2015, Buenos Aires, Argentina | 118 páginas

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Año nuevo

Eran las 00.02 del 1 de enero de 1995. Eliseo, un niño de sólo 12 años, originario de la ciudad bonaerense de Quilmes, brindaba con su copa de sidra junto a su familia. Pasaba el año nuevo en el enorme departamento alquilado por el verano en la ciudad de Mar del Plata, donde tradicionalmente el clan familiar se reunía. Las copas sonaban y los colores de los fuegos artificiales se sentían sobre el mar. Si bien se encontraba toda la familia (primos, abuelos paternos y madre), su padre y sus tíos siempre se destacaban por sobre el resto. El papá de Eliseo, Mateo (trabajador y siempre dispuesto a sudar la camiseta por su familia), y sus hermanos, Abel y Román (ventajeros y con grandes contactos en el mundo de la política), eran como el agua y el aceite. Eliseo era muy similar a su padre, tranquilo e introvertido. Aunque, jamás logró llegar a establecer un vínculo cercano con su progenitor. La similitud entre ambos parecía alejarlos. Apenas había pasado media hora desde las 00.00. Eliseo se quedó dormido en un sillón del living luego de pasar un tiempo dibujando en soledad. No acompañó al resto de la familia a los festejos por el nuevo año en la calle y se despertó entre sueños. Oyó gritos de sus tíos y vidrios que se rompieron. El alcohol ya había afectado la lucidez de Abel y Román. Temeroso y creyendo que se había quedado solo, junto a sus dos tíos borrachos, cerró los ojos con fuerza.

Ajeno

Sólo se oía el silencio. Eliseo seguía recostado en el sillón, con la tranquilidad de saber que su padre estaba allí, pero con la curiosidad sobre lo que sucedida. De pronto, fuertes carcajadas se escucharon. Eran sus tíos quienes reían con cierto tono de burla. El padre de Eliseo, furioso, pregunta a sus hermanos qué les causaba tanta gracia. Abel y Román dijeron: “¿Cómo un extraño, una persona ajena a la familia, se atreve a callarnos?”. Eliseo, no podía comprender las palabras de sus tíos.

Calma

Sin saber por qué, Eliseo (quien seguía recostado en el enorme y blanco sillón del living), empezó a sentir cómo las lágrimas empezaban a correr por su cara, a la que sentía ardiente como el fuego, seguramente producto de los nervios que le provocaba ser testigo involuntario de la situación que atravesaba. La pelea de sus grotescos y burlones tíos con su introvertido y tranquilo padre. Tratando de bajar su ansiedad, Eliseo se concentró en la vista que tenía desde el sillón donde se encontraba. El mismo se encontraba frente a un enorme ventanal que daba a una visión panorámica de la ciudad feliz. Se enfocó en ver cómo explotaban aún los fuegos artificiales sobre el mar. Observaba cómo cada partícula de pólvora se desvanecía en el cielo. Cómo los colores pasaban de un intenso rojo, azul, verde y amarillo a unos tonos apagados que luego desaparecían en la noche. Respiraba profundamente esa mezcla de pólvora, aire de mar, olor a puerto y comida navideña que invadían el departamento, buscando allí algún aroma que lo calmara.

Sangre

Un estruendoso ruido sobresaltó a Eliseo, la tensión se apoderó de nuevo de él. Su padre no paraba de insultar y cuestionar a sus hermanos, quienes ante tanta verborragia no tenían tiempo de contestar. En un impasse, Román, sin anestesia, sólo dijo “No compartimos la misma sangre, no eres nada nuestro”. Pero Abel, aportó una nueva luz al asunto al desmentir a su hermano. “Sólo compartimos la mitad de la sangre con Mateo”.

Hermanos

-Mateo: “¡Habla Abel! ¡Hablen los dos! Si el chupi les dio el coraje para hablar, ahora sin él, sean hombres y terminen de decirme qué saben…” -Román: “Tranquilo Mateo, era una joda… relájate” (riendo) -Abel: “Eso, nada… sólo fue un chascarrillo de borrachos” (riendo) -Mateo: “¡No les creo nada! ¡Hablen!” -Abel: “…” -Román: “…” -Mateo: “¡Hablen ahora!” -Román: “¡Yo te voy a decir la verdad! Hace años que por pedido del viejo y la vieja tenemos que guardar este secreto. ¡No sos hermano nuestro!” -Abel: “Al menos no en su totalidad, compartimos la sangre de papá, pero no la de mamá” -Mateo: “…” -Román “¡Ahí tenes tu verdad!”

Poder

Eliseo, ya incorporado del sillón y oculto tras una columna que lo tapaba de la visual de los adultos que discutían en el comedor, vio cómo su padre se marchaba confundido a la cocina. Abel y Román esperan a que Mateo se aleje y empiezan a cuchichear, pero no lo suficientemente bajo como para que su escurridizo sobrino no los oiga. El niño descubrió una nueva verdad: todo había sido una farsa. Sus crueles tíos, junto a sus abuelos, habían planeado esa mentira para, según lo oído por el niño, repartir unas propiedades de su madre (no declaradas) entre ellos. Dejaban a Mateo afuera por su baja condición social y sus pocos contactos en el mundo de la política y el poder. La familia quería mantener sus particulares vínculos y sabían que luego de semejante descubrimiento Mateo desaparecería y dejaría el camino libre para los negocios. Los políticos son todos iguales.

Padre e hijo

Con esa verdad en su poder, Eliseo se escabulló por los pasillos del departamento y llegó a la cocina donde su padre contenía las lágrimas y la bronca. No tardó más que unos pocos segundos en repetir palabra por palabra lo que había oído de boca de sus tíos a su padre. Mateo, abrazó a su hijo y le pidió que no se mueva de la cocina. El hombre se dirigió con rapidez al comedor y propinó un golpe a cada uno de sus hermanos, dejándolos en el piso. Atónitos, Abel y Román, oyeron de boca de Abel su plan y cómo este se derrumbaba. En ese mismo instante, entraron al departamento los abuelos del niño y su madre.

Principios

Eliseo se encontraba ahora resguardado a un costado entre los brazos de su madre, nuevamente como testigo. Mateo, no paraba de enrostrarles en sus caras su bajeza y la ambición de poder que tenían. Abuelos y tíos no decían ni una palabra. Una frase final del padre de Eliseo remató las ambiciones de la familia: “No usaré un mango de esas propiedades, pero tampoco dejaré que ustedes las gocen para obtener poder”. Mateo tomó a su esposa y a su hijo Eliseo, agarró las llaves del auto, bajaron a la calle dejando sus pertenencias y tomaron la ruta.

Retorno

Cerrado: La familia tomó la ruta de nuevo a Quilmes, a su humilde casa. El sol de la mañana iluminaba el interior del auto. Eliseo miró el rostro de su padre con el pecho inflado y la cabeza en alto, atravesando un sentimiento que lo elevaba de su asiento. Mateo observó a su hijo. Sus miradas se cruzaron, ambos sonrieron. Una conexión entre ellos se había establecido. Eliseo sabía que ese sería su último verano con toda su familia reunida, pero no le importaba, había aprendido el valor de la verdad y la dignidad.

Abierto: La familia tomó la ruta de nuevo a Quilmes, a su humilde casa. El sol de la mañana iluminaba el interior del auto. Eliseo miró el rostro de su padre con orgullo. El celular de Mateo sonó y el niño llegó a ver en la pantalla quién era: su tío Abel. El padre del niño contestó. De pronto, un volantazo cambio la dirección del auto. La familia estaba volviendo a Mar del Plata.

Extremos

A veces, situaciones extremas nos hacen descubrir o cambiar la idea que tenemos sobre alguien, acercándonos a ciertas personas y alejándonos de otras.


El último verano (Primer Premio) fue publicado de la página 89 a página90 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

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