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El viaje (Segundo Premio)

Torbey, Laial

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 70, Octubre 2015, Buenos Aires, Argentina | 118 páginas

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23 De Abril 7 en punto a.m. Como todos los jueves, suena la alarma de Priscila. Como todos los días, un manotazo la apagaba. Priscila amanecía para comenzar un nuevo día. Se lograba levantar e iba hacia el baño, se lavaba la cara, se peinaba, se maquillaba y volvía a su habitación para vestirse. Fresca y perfumada, acompañada de su música abandonaba su hogar y marchaba a ritmo hacia la parada del colectivo. Priscila llegaba a Av. Curapaligue y Av. Directorio y se posicionaba en la fila, pasaba lo que dura una canción y el 44 abría sus puertas. Como un tetris humano, el colectivo realizaba su habitual recorrido y se iba acercando a Av. Donato Álvarez y Felipe Vallese. Las calles adornadas con propagandas políticas y la gente hablando de política conformaban un mundo apartado al de Priscila que iba tarareando su canción. A pocas cuadras de su parada, Priscila lograba acercarse a la puerta y tocaba el timbre, se bajaba y caminaba. Caminaba entrando en sintonía con su personaje, con la señorita Segovia, recepcionista de E.luk producciones. Pasaba la mañana, Priscila medio sentada, entre llamados telefónicos, agenda, café y fotocopias. Pasaban las horas, caía el sol y el trabajo no aflojaba, es uno de esos días en que Priscila no se retiraba a horario, se hacían las seis, las siete y las ocho, cuando Amanda, su jefa, se presentaba ante ella y se retiraba. A Priscila le tocaba acomodar papeles, ordenar y cerrar. Pasaba el tiempo y cerca de las 9.45 p.m. Priscila salía a la calle, respiraba la noche, el silencio y la tranquilidad. Caminaba y caminaba, llegando a su parada, la parada del 44 que la llevaba devuelta a su barrio. Envuelta en la noche oscura, silenciosa y candente, le tocaba esperar…

La espera

Los segundos se hacían minutos y los minutos comenzaban a ser cada vez más largos, nada ni nadie se asomaba, la noche acompañaba pero se hacía cada vez más oscuro, era tanta la soledad que hasta el silencio le susurraba al oído. Priscila comenzaba a preocuparse. Indecisa y a escondidas sacaba a medias su teléfono celular y entre tecla y tecla escribía, comenzaba a titilar su luz, batería baja marca. Priscila movía sus dedos con más prisa y le mandaba el mensaje a su mamá: “Ma, ya salí. El colectivo no viene”.

Hiperacción

Priscila jugaba con sus pies, los miraba, trataba de no tensionarse y perseguirse. Algo le olía mal, con su chaqueta blanca, no podía dejar de sentirse un blanco para la noche. Observaba su alrededor y leía los afiches que se encontraban pegados: “El desafío es seguir transformando” Florencio Randazzo. Jefe de gobierno. Priscila llevaba una cartera puesta, frente a su incomodidad, la revisaba. Encontraba una lima y con ella comenzaba a limarse las uñas. Concentrada en sus uñas, escuchaba un ruido que rompía su estado, una pequeña ráfaga de luz, rápida, esperanzadora, emocionante, como al creer ver una estrella fugaz de pequeño, se asomaba y se derrumbaba en tan sólo un pestañeo. El mismo pestañeo que traía consigo un individuo. Sentado entre los edificios y entre la oscuridad.

Miedo

Priscila no lograba entender, ¿hace cuánto se encuentra ese hombre sentado allí? Comenzaba a caer en confusión. Ya no podía dejar de lado al individuo que la acompañaba, su contextura convencía a Priscila de que se trataba de un chico, un chico joven encapuchado, y también, de que la observaba. ¿Curiosidad, miedo o protección? Sentimientos tan opuestos y encontrados en Priscila y que la ponían alerta. Se sentía intimidada y con razón, Priscila se encontraba devolviéndole la mirada. Corría la vista, tratando de evitarlo, pero lo seguía mirando con sus oídos. El colectivo seguía sin aparecer y la noche se empeñaba en parecer que la única vida existente, fueran ellos dos. Confundida mueve sus pies cada vez más rápido, y cada vez con menos frecuencia, miraba de un lado a otro. Tenía miedo. Priscila no se sentía para nada cómoda y eso no la tranquilizaba. La noche ya no la acompañaba y el silencio se perdía, para su suerte, aparecía un perro ladrando, ladraba y ladraba, sin compasión… Priscila ya no sabía qué hacer.

En compañía

Se asomaba una y otra vez del cordón para ver si venía el colectivo. No, no venía. Pero algo se lograba ver a lo lejos, en movimiento, una pequeña sombra, que iba creciendo de a poco. Se acercaba una persona hacia Priscila, cada vez más, hasta que llegaba a su altura, la miraba, y se posicionaba detrás de ella. Otro joven que también esperaba el colectivo. Ya eran dos hombres los que rodeaban a Priscila. Los minutos seguían pasando, el perro seguía ladrando, el joven la sigue observando y el otro joven paseaba por detrás, hasta que asomaba su voz ronca: - Disculpa, ¿que colectivo esperas? - El 44 -. Repondría Priscila, sin dudarlo y de un impulso. - ¿Y hace mucho que estas esperando? - Sí, la verdad que sí. Alrededor de 40 minutos. - ¡Qué bárbaro! Volvía el compás del perro ladrando y con ello, las miradas. Priscila amagaba a mirar su reloj, levantaba el brazo, corría su abrigo y no lo encontraba, no había reloj. Impactada y pensativa, Priscila se desconcentraba por unos segundos pensando qué había pasado con su reloj. En cuento sonaba un motor que la interrumpía, dándole una gran ilusión, tan grande que no cabía en su pecho. Las luces marcaban dos cifras, que rápidamente Priscila reconocía, seguido instantáneamente a su queja. Se acercaba el 76, bajaba su velocidad acompañando la mano del hombre de atrás de Priscila que se estiraba para frenarlo.

De vuelta

Priscila lo único que quería era que ese colectivo sea el suyo, que ese colectivo sea el 44 que la regresara a su casa. El colectivo se detenía haciendo sonar sus frenos y el joven se subía. El 76 se ponía nuevamente en marcha y la mirada del señor volvía a aparecer, a medida que se va. A Priscila se le arrugaba el corazón cada vez que se cruzaba con esa mirada. Priscila se volvía a desestabilizar, como en el primer momento y demás.

Se acerca

A los 48 minutos, nada mejoraba para Priscila. Ya con la cabeza baja, rendida, no miraba y evitaba la presencia de aquel joven. Los minutos se convertían en 60, se cumplía una hora esperando el colectivo, una hora esperando el 44 que seguía sin aparecer y que Priscila esperaba con tanto deseo. El joven comenzaba a emitir movimiento, Priscila sólo lo presentía, un escalofrío envolvía su cuerpo y no podía evitar observarlo. El joven se había levantado de aquel escalón, y se encontraba parado, revisando sus bolsillos como verificando que no se le haya perdido nada. Los 60 minutos se convertían en 61, y el joven ya se encontraba detrás de Priscila. Priscila tomaba aire, completamente dominada ya por la cercana presencia del joven. Invadida y sumisa, los minutos no pasaban. Priscila sólo pensaba “que sea lo que dios quiera”. Iban 78 minutos y Priscila se arriesgaba a sacar su celular, ya no tenía noción real de la hora, pero le urgía avisarle a su madre de su situación. “Ma, el colectivo no viene hace como una hora”, escribía. 90 minutos y el celular volvía a emitir sonido, Priscila no lo reconocía y miraba. Un cartelito asomaba entre poca luz, alternando “batería baja”, Priscila no lo duda e iniciaba una llamada con su madre que no contestaba. 105 minutos y el celular nuevamente emitía sonido, esta vez no se trataba de una advertencia. El celular se apagaba, Priscila se encontraba incomunicada. Priscila ya no soportaba tanta presión y sospechaba que aquel joven comenzaba a notarlo, ya no lo podía callar, ya no lo podía disimular.

Deseo cumplido

Le comenzaba a nacer un impulso, un impulso de empezar a caminar, el mismo no llegaba a conectar con su cuerpo, en cuanto aparecía nuevamente una luz, una luz que se aproximaba rápidamente, tan rápidamente que el mismo impulso que había nacido en Priscila cambiaba de rumbo encimándose al colectivo que finalmente llegaba.

Priscila respiraba hondo y se subía, se dirigía hacia el colectivero y mientras sacaba el boleto, insinuaba: “Más vale tarde que nunca”. Las luces del colectivo no sólo iluminaban su vista, sino también su alma. Priscila se había agobiado entre tanta oscuridad. En cuanto terminaba de subir los dos pies, una pisada más que suena detrás de ella. El señor seguía estando detrás de ella, incluso cuando Priscila decidía en qué asiento sentarse, el señor seguía detrás de ella. Las cuadras pasaban, Priscila lograba estirar sus dedos, sus manos, sus pies. Ya se encontraba camino a casa. Las calles pasaban a ser barrios recorridos y llegaba la hora de bajarse.

Realidad

Un semáforo la separaba de su parada. Priscila comenzaba a acomodar sus cosas y a medida que tomaban fuerza sus piernas para pararse, volvía a sentir esa presencia por detrás de ella. El señor seguía ahí, firme detrás de ella. El señor se paraba con ella y se encontraban juntos dirigiéndose a la puerta. Priscila tocaba timbre, y por encima de su dedo, se apoyaba otro. Sonaba un ruido, Priscila reconocía el sonido de alarma y fruncía sus cejas pensante “si mi celular se apago” Seguía sonando… Priscila despertaba. Priscila despertaba, en su casa, en su cama, lista para comenzar un nuevo día.

Epílogo

Este relato narra la vuelta a casa de Priscila. Después de un largo día de trabajo, Priscila se dirigía a la parada del colectivo número 44. Todo iba normal, hasta que la encandilante noche ya no era compañera, los minutos se hacían cada vez más largos y un perro ladraba. Mientras tanto, nada aparecía.

Colofón

La información utilizada en este relato es real. La historia contada es producto de una experiencia lo cual no implica garantías, ya que es anecdótica.

Conclusiones personales

Qué bello trabajar sobre lo real y poder jugar con la imaginación, deseos o sueños y emociones, concluyendo con grandes creaciones.


El viaje (Segundo Premio) fue publicado de la página 93 a página95 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

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