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Entre sueños (Segundo Premio)

Herro Torello, Milagros

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 70, Octubre 2015, Buenos Aires, Argentina | 118 páginas

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Introducción. En el bosque encantado

En un tiempo muy muy lejano, un grupo de niños exploraban una tierra encantada, era un bosque mágico, un mundo de hadas, sirenas, princesas y fantasmas. María Paz, Camila, Juan Manuel y Rosario eran todos uno. Vagaban por esa vasta naturaleza con tranquilidad y siempre curiosos, abiertos a encontrarse con las criaturas extraordinarias que allí habitaban. Tenían un refugio, hecho de árboles y arbustos. Era su lugar, siempre en sombras aunque con tímidos rayos de sol que se colaban entre las hojas, iluminando tenuemente ese pedacito de tierra que ellos cuidaban y amaban. A la hora de la merienda, todos entraban corriendo al jardín de invierno de su abuela Thelma, pero ellos la llamaban Nonina. Juan se sentaba en la cabecera de la mesa, le encantaba la hora del té, era su momento del día favorito, sobre todo en verano, cuando tomaba un Nesquik bien frío y comía medialunas. Aún amaba esos tiempos porque podía compartirlos con sus primas que vivían lejos. Ellas eran más grandes que él. Juan las veía como sus heroínas, todo lo que ellas decían era sagrado para él. Era el atardecer, como era verano el sol todavía iluminaba bastante. Juan estaba solo en el bosque, sus primas se habían ido. Él tenía un poco de miedo, pero a su vez disfrutaba de su soledad explorando la zona. De entre los arbustos, un gato apareció de golpe. Sus colmillos eran como los de un gato montes, enormes y filosos, en sus fauces podía entrar una persona entera. Con un cuerpo tapaba por completo el sol. Juan se asustó mucho, su corazón se aceleró. En ese momento le hubiese gustado que las chicas ya hubieran regresado. Se logró calmar, al final no era para tanto, era simplemente un gatito que lo había sobresaltado.

Capítulo I. La misión

Había pasado un rato, y Juan comenzaba a impacientarse porque las chicas no habían regresado. Pero en el instante que decidió abandonar la tierra encantada, Rosario, Paz y Camila salieron de la cueva hecha de arbustos en el fondo del patio, riendo y haciéndose comentarios. Al verlo a Juan, se acercaron rápidamente hacia él, con expresión emocionada y ansiosa en sus rostros. Paz tomó la palabra. –Juancito, vení rápido, vamos que el Fantasmín te está esperando, dijo que ya viene–. Juan estaba feliz, el Fantasmín era su amigo, aunque no podía hablar libremente con él como lo hacían las chicas. Pero en ese momento, ese hecho le era menor. Su amigo estaba a punto de presentársele. Hacía mucho tiempo que no lo veía, desde la última vez que sus primas habían ido a la ciudad, hacía meses. Rosario y Paz tomaron la delantera y corrieron hacia el fondo de la casa, Juan y Camila los siguieron a paso apurado. Al llegar a ese lugar tan recóndito como el fondo del mar, a Juan le corrió un escalofrío por la espalda, el aire allí era distinto que en el resto del jardín, la sombra hacía que todo sea más frío y haya humedad. Era el momento en el que sus primas lo dejaban solo nuevamente, ellas subían al balcón por unas escaleras de piedra. A Juan tanto no le molestaba que ellas pudiesen subir y él no, porque esa escalera, portal hacia el abismo, sí que le daba miedo. El solo pensar en los grandes espacios entre los escalones lo hacía estremecer. Miró para arriba, hacia la pared de piedra del balcón, en cualquier momento su amigo se asomaría para hablar con él. El Fantasmín por fin se hizo presente, Juan rebosaba de alegría, pero había algo extraño, la voz del Fantasmín no era la misma de siempre, se lo notaba preocupado. –Juan, gracias por haber venido hoy, necesito tu ayuda–. Juan escuchaba atento. –Debes escuchar lo que tengo que decirte con suma atención. La tarde ya casi había terminado, Juan estaba muy nervioso, no quería defraudar al Fantasmín, pero temía que su madre aparecería en cualquier momento para llevarlo a casa, y todo el bosque mágico desaparecería con solo presentir su llegada.

Capítulo II. La luz mala

Eran las 9 de la noche, Juan había recibido una clara misión por parte del Fantasmín. Debía encontrar una espada mágica oculta en el bosque encantado, porque tiempos difíciles se asomaban. El fantasma negro acechaba desde su inalcanzable escondite. No se sabía cómo ni cuándo iba a entrar en acción. Caída la noche, la tarea de encontrar al poderoso instrumento se había vuelto muy dificultosa para Juan, ya que no podía ver casi nada y la maleza era muy espesa. Cansado, se dejó caer en el pasto. En ese momento se percató de que las estrellas estaban más brillantes que nunca. Las tocó y sintió el sonido del espacio sideral en sus manos ¿Querrán decirme algo?, se preguntó a sí mismo. Cerró los ojos y comenzó a soñar. Una lluvia muy intensa cae sobre él. Las gotas son enormes y le nublan la vista. Son como baldazos de agua que caen del cielo sin dar tregua. Juan está empapado, no puede encontrar ningún lugar para refugiarse.

Capítulo III. La bolita

Está quieto, casi conteniendo la respiración. Una sensación de extremo peligro invade de repente su cuerpo. Una presencia, eso es lo que deduce de su sensación de pavor. Un relámpago parte el cielo en dos. Todo se ilumina, tanto que lo enceguece. Recuerda las palabras del Fantasmín: “Tiempos difíciles se asomarán”. Decide echarse a correr. Corre y corre por la profunda oscuridad. El terreno es barroso y resbaladizo. Sin dejar de correr Juan se percata de que está perdido. No se anima a parar, está seguro de que la presencia lo persigue, puede sentir su aliento en su nuca. Teme lo peor, es el fantasma negro, y él aún no ha encontrado su espada, el único elemento que puede vencer a ese detestable y aterrador fantasma. Se tropieza con una raíz que sobresale. Al caer decide hacerse una bolita en el suelo. Se toma la cabeza y cierra los ojos con todas sus fuerzas.

Capítulo IV. La realidad

Juan, Juan… oyó a lo lejos. Juan pensó: ¿cómo sabe el fantasma negro mi nombre? No quiere escuchar nada que esta entidad malvada quiera decirle. Gabriela: ¿Juan, hijo que haces tirado acá? Levantate, vamos que es tardísimo -. Juan: No, no es tarde todavía quiero quedarme un rato más. Gabriela: No, ya es hora. Juan, absolutamente confundido se levantó con dificultad del pasto. No se había terminado de parar que su madre ya lo estaba arrastrando del brazo a una velocidad infernal. Pensó que ella tenía demasiada energía y que no era necesario que se lo llevase a los tirones, como a una oveja que no quiere moverse. Antes de abandonar por completo el patio de Nonina, Juan miró a su alrededor atentamente. La presencia se había ido. Todo parecía estar muy quieto y en paz. Las luciérnagas cantaban dándole vida a la noche. Se tranquilizó. Se convenció de que todo había sido una simple pesadilla. Pensó que quizás ya estaba demasiado grande para seguir siendo amigo del Fantasmín. Ese pensamiento lo entristeció.

Capítulo V. La visita

Al llegar a su casa, Juan entró a paso cansino. Deseó con todas sus fuerzas que hubiese milanesas con puré de papas para cenar. Se tiró en el sillón a esperar a que su madre lo llamase a la mesa. Prendió la televisión pero no pudo concentrarse en ella. Sus pensamientos habían quedado cautivos por el aterrante sueño que había tenido, y por el pedido del Fantasmín, que no había cumplido. Anhelaba que su madre lo dejara volver a lo de su abuela al día siguiente y que sus primas también fueran. Ya casi había terminado enero y ellas debían volver a su pueblo. Ese pensamiento lo acongojó, y decidió evitarlo. Ensimismado, no se percató que su madre lo estaba llamando a comer. Gabriela se paró frente a él, con ambas manos en la cintura y lo apuntó con un dedo acusador. Gabriela: A comer, ¡Ya! Juan, sin responderle nada se levantó y se acercó a la mesa. Su madre le arrimó el plato. Milanesas con puré. Su alma se alegró. Se dispuso a degustar esa deliciosa comida, cuando su madre lo interrumpió. Gabriela: Mañana a la tarde tenemos que ir a visitar al tío Martín. Automáticamente, el mundo de Juan se derrumbó. Detestaba a ese tío. No entendía por qué su madre insistía en visitarlo cada vez. Además, se dio cuenta de que no podía volver a lo de su abuela a ayudar al Fantasmín. La comida dejó de importarle, su estómago se había cerrado. Sintió mucha bronca. Su madre le ordenó que comiese, ya que era tarde y debía ir a acostarse. Comió un par de bocados casi sin masticarlos, se levantó y subió a su habitación, muy enojado.

Capítulo VI. La sombra

Juan se dejó caer pesadamente sobre su cama, hacía mucho calor. Comenzó a quedarse dormido. Estaba allí otra vez. La oscuridad se había apoderado completamente del bosque mágico. La lluvia había cesado, pero la humedad aún era muy intensa, la transpiración corría por su espalda. De entre los árboles podía oír unos gruñidos monstruosos que lo atemorizaban por completo. Algo se movía entre los arbustos. Juan se quedó muy quieto pensando que de ese modo nadie podía percatarse de que estaba allí, completamente solo y atemorizado. Sintió unos pasos que retumban fuertemente. Pudo oír a lo lejos una conversación entre dos hombres, pero no le fue posible entender nada de lo que estaban diciendo. Se acercó con cautela a los árboles, pretendió espiar, pero no vio nada. De repente su tío salió de entre los árboles. Era él, el fantasma negro. Siempre había sido él ¿Cómo no se había dado cuenta de esto antes? Su tío se acercó e intentó tomarlo del brazo, Juan echó a correr a toda velocidad. Su tío lo perseguía. La lluvia comenzó a caer de nuevo, los rayos iluminaron el cielo y los truenos lo ensordecieron. El gato gigante se atravesó en su camino y le gruñó. Juan no podía contener las lágrimas, continuó corriendo pero su tío lo seguía muy de cerca y estaba a punto de atraparlo.

Capítulo VII. La habitación

Agitado y cubierto en sudor Juan se despertó. La habitación se encontraba completamente a oscuras. Su corazón latía tan fuerte que lo podía sentir en sus oídos. Se incorporó en la cama e intentó calmarse. Hizo un esfuerzo por respirar más despacio. La puerta de su habitación se abrió lentamente emitiendo un ruido muy molesto. Juan observó y pudo ver una extraña luz verde que se asomaba por la puerta entreabierta. Cundió el pánico. La puerta se abrió con furia y la luz verde inundó la habitación. Una sombra oscura se hizo presente frente a él. Juan se tapó con las sábanas y cerró los ojos. No podía ser real, era sólo un juego, se intentó convencer a sí mismo. Su tío estaba allí, le quitó las sábanas y le pasó sus fríos dedos por el rostro. Juan comenzó a gritar mientras su tío reía a carcajadas.

Capítulo VIII. La mente

Los gritos de Juan despertaron a su madre. Ella entró corriendo en la habitación y se encontró con su hijo sentado en la cama, tapándose los ojos con las manos, gritando sin control. Ella se acercó a él y lo abrazó. Juan se aferró a ella con todas sus fuerzas y lloró. Ella rompió en llanto. En ese momento Juan se dio cuenta de que estaba fuera de peligro. Pero no podía comprender por qué su madre también lloraba. Juan se recompuso y le preguntó qué había pasado. Su madre le contestó con congoja que su tío había muerto durante la noche. Juan se quedó completamente estupefacto ¿Habría sido él culpable de la muerte de su tío? ¿Aún seguiría soñando? Su madre se retiró de la habitación para alistarse para el velorio, y le ordenó a Juan que hiciese lo mismo. Juan no podía moverse, estaba completamente desconcertado. Su mente era como un nido de serpientes que había sido perturbado. Juntó fuerzas y se puso de pie. Se dispuso a vestirse. Abrió el placard y allí frente a sus ojos estaba la espada que el Fantasmín le había encomendado encontrar.

Epílogo

Imaginación limitada, niño prisionero, el chico quiere ser libre pero no lo dejan. Lo limitan los adultos, es la representación de la sociedad que oprime a las personas y construye una ficción permanente.

Colofón

Esta historia es anecdótica, y producto de la memoria de un joven de 22 años que reproduce un fugaz recuerdo de su infancia. Mi presencia en esa anécdota me ayudó a crear un mundo a partir del bello relato de ese joven que por un rato, volvió a ser un niño fantástico.

Conclusiones personales

La intención de la historia es hacer ver el poder de la mente y la imaginación, sobre todo en la infancia, y cómo es de suma importancia no dejar que el mundo de los adultos se lleve nuestro niño interno que es el que nos puede ser de gran ayuda en momentos difíciles donde la conciencia no alcance y debamos recurrir a nuestra imaginación para escapar de un mundo que no nos permite explotar al máximo nuestra creatividad.


Entre sueños (Segundo Premio) fue publicado de la página 95 a página97 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº70

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