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La curiosidad como elemento distintivo y el diálogo como constructor de puentes

Lopez, Cristina Amalia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVII

ISSN: 1668-1673

XXIV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XVII, Vol. 27, Febrero 2016, Buenos Aires, Argentina | 192 páginas

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Resumen:

La curiosidad viene de la mano de la observación, del descubrimiento de lo nuevo, del despertar de la conciencia y de la necesaria evolución de la que todos somos partícipes individual y colectivamente. Poner el conocimiento en debate y discusión es el mejor disparador para construir nuevo conocimiento, partiendo de la premisa de una nueva forma de enseñar. Evaluando el saber hacer frente al saber tradicional, con diagnósticos que nos comprometen a generar espacios de laboratorio con praxis profesional, tomando en cuenta el nuevo perfil de estudiante y el cambio trascendental de la educación provocado por Internet, invitar a pensar la educación en perspectiva. La emoción de aprender siempre más, surge con la motivación generada en el aula, si no conversamos con nuestros alumnos, la sinergia de grupo no existe, fracasa el diálogo, por ello la importancia de rever estrategias participativas, en la calidad de las decisiones que tomamos está nuestro horizonte. Claramente lo que nos convoca no es la obligación de aprender y el deber de enseñar sino la oportunidad de esa experiencia como vivencia enriquecedora para las partes trascendiendo más allá del aula.

Palabras clave: enseñanza – aprendizaje - estrategias pedagógicas – diseño - interculturalidad

Estudiar una carrera para ambicionar poder y no para prestar servicio es satisfacer el ego y no brindar a la comunidad una oportunidad de solucionar sus necesidades.

Indudablemente si analizamos nuestra condición humana, nuestro sentido de la trascendencia, llegaremos a la conclusión que el hombre, además de ser un ser social, como humano tiene un compromiso vital con su especie, sobrevivir, y como autor de todos sus males y gestor de sus bienes debe aprender a vivir en una sociedad organizada que depende de él para transformarse y para ello es fundamental que aprenda a comunicarse.

El diálogo nos permite conocer al otro y descubrirnos en las diferencias, para encontrar aproximaciones en los valores comunes que nos unen y en lo que nos hace distintos, enriquecernos de la experiencia, para lo cual pensar en ir construyendo puentes en diversidad es apostar al entendimiento y al descubrimiento constante.

Analizando entonces los nuevos desafíos de la educación con miras al 2050, una escuela menos relevante y un aprendizaje más individual, se está convirtiendo en un enfoque nuevo pero no tanto, que necesita pensarse, y en ese camino de reflexión planteamos estas miradas distintas desde lo ecuménico y social.

Identificando puntos de inflexión: El saber hacer frente al saber tradicional Somos instintivamente curiosos cuando somos niños, pero lamentablemente muchos pierden esa cualidad y queda olvidada, se diluye con el paso de los años hasta quedar adormecida. Como el Caballero de la Armadura Oxidada1, en algún viejo rincón de la infancia buscando su esencia… llega un punto en que dejas de cuestionarte y te adormeces, llevando una pesada carga que te atormenta y dejas de volar con la imaginación, desaparece la frescura y la ingenuidad, esa hermosa capacidad de sorprendernos con los ojos abiertos, y ese lindo gesto de alegría, y todo por quedejamos de emocionarnos, situación provocada la falta de motivación y seguramente fruto del atendimiento a un aprendizaje aburrido que no nos insta a descubrir y sumergirnos en un conocimiento nuevo, sino que nos obliga a reglar lo que se debería conocer y cómo, según las normas.

Pensamos que saber matemáticas, lenguaje, historia, geografía, ciencias naturales y sociales terminan siendo una consigna establecida que da inicio al proceso de descubrimientos, y a medida que fragmentamos, vamos aprendiendo a clasificar por áreas para dar orden en el caos de información (ya sea porque asumimos que el aprendizaje está pre establecido de esta forma y porque la enseñanza nos marca estos pasos obligatorios) sin embargo, es ahí donde identifico un punto de inflexión. El alumno se acostumbra a dividir en fragmentos el conocimiento y estudia sin unir las piezas del rompecabezas y se dispersa en obligaciones por cumplir, con las tareas que le marca el docente, sin generar devociones por adquirir incluso mayor conocimiento por fuera del ámbito del aula y de lo que se le pide (solo hace lo suficiente), por lo que el saber se parcializa y el alumno se conforma: Mientras su cerebro entra en estado de confort, los espacios de razonamiento y debate muestran falta de vocabulario para expresar las ideas y poder argumentar, incluso dificultades para seleccionar información, comprender textos y entender lo que lee, para realizar un resumen con sus propias palabras, y recurre al copie y pegue como una de las facilidades para cumplir con tareas rápidas y supuestamente eficaces, utilizando las herramientas que le brinda la ventana del Google. Incluso a la hora de exponer, cuando se le toma lección, recurre a la memorística con parcial o casi nada de éxito, si se le solicita dar soluciones más allá de la repetición de conceptos. Recordar información reciente con rapidez le resulta fácil, pero es claro que el alumno no retiene de manera acumulativa y asociativamentela información, y le cuesta relacionarla, reorientándola hacia nueva adquisición de conocimiento a medida que cambia la perspectiva, se frustra con facilidad frente a darse cuenta que no puede interrelacionar los conceptos que se le solicitan en un cuestionario de preguntas, sea en evaluaciones durante la cursada o en los exámenes finales. A este respecto, el ámbito educativo está teniendo una posición de flexibilidad a la hora de aprobar a los alumnos, de evaluar el uso del lenguaje técnico y calificar la selección de palabras de su vocabulario a la hora de expresar conceptos y aprender teoría, e incluso sus trabajos previamente elaborados cuentan con faltas ortográficas y uso de tiempos de verbo que confunden al lector y a la hora de calificarlos, realmente el docente invierte mucho tiempo en corrección de errores y acentuaciones e incluso la estética misma del trabajo, siendo hoy con tecnología mediante, una posibilidad a la mano la corrección de un trabajo práctico (en la mayoría de los casos se observa que no hay un cuidado estético en las presentaciones de los alumnos, atender a la prolijidad no está asimilado como parte de sus obligaciones).

Indudablemente el adaptarse rápidamente a reglas cambiantes e imposiciones sociales sobre el rol de la escuela, hace que el alterar las formas de evaluación hacia métodos de aprobación obligada para no estigmatizar a los chicos, contribuyen a una preparación deficiente para el desempeño de tareas, sobretodo hablando del mundo del trabajo y de la empresa, donde el alumno parece tener una inhibición para dar respuestas iniciales favorables que demuestren su capacidad para el ejercicio profesional futuro. Esto ya se está empezando a ver en el análisis de la mano de obra calificada que el empresariado reclama para el desarrollo de tareas específicas y cada vez es mayor la desocupación como la demanda de personas altamente capacitadas. Con esto no estamos diciendo que el aprendizaje deba ser funcional a la empresa para asegurar su futuro, sino que estamos identificando que la escuela no brinda una preparación lo suficientemente completa como para que la persona acceda a su primer trabajo con un secundario completo, o una tecnicatura (le faltan herramientas de base para desempeñar tareas complejas) y el acceso sin restricciones a la universidad, hace funcional la necesidad de mantener a los jóvenes ocupados e institucionalizados (generarles tareas mientras que no consiguen una fuente de ingresos ni siquiera mínima para costear sus gastos). Lo que hace 25 años realizaba un joven surgido de las escuelas secundarias o iniciando una carrera terciaria, hoy es un puesto de trabajo ocupado necesariamente por un universitario avanzado en la carrera o recibido y claramente con el título de grado no alcanza, la exigencia para promocionar a cargos directivos en corporaciones importantes sobre todo, requiere pos grados y masters, y cuando se accede a ellos la inversión de años de estudio en compensación con el margen de tiempo laboral (como vida útil establecida) se abrevia. Y lamentablemente esto ha afectado la elección de formar una familia y postergado la concepción, retrasando la maternidad a los 40 años (tenemos actualmente una sociedad de jóvenes eternos, padres cansados e hijos de madres mayores que no llegan a actualizarse al ritmo que el niño estimulado por factores externos al hogar, necesita y requiere y nos estamos desvinculando del factor humano perdidos en el consumo de estas nuevas realidades sociales). Es maravilloso pensar en una sociedad culta, pero sinceramente el resultado visible es que nos hemos deshumanizado e insensibilizado, fragmentando la población entre los que pueden acceder a un estudio y los olvidados, en medio existe un vacío que se acrecienta a pasos agigantados, preocupa y forma parte del universo de la pobreza, de los sin techo, contribuyendo a la delincuencia, y todo por desidia, alentada por un populismo que se ve favorecido por la ignorancia. Hablamos de una escuela inclusiva pero dista mucho de ser un espacio donde la convivencia de sectores sociales exista, porque se fragmenta según clases sociales, intereses creados y una desigualdad evidente que se marca por la situación geográfica y el alcance que se tiene para acceder a recursos básicos para poder enseñar y aprender.

Basta con mirar nuestras escuelitas de frontera para comprobar las realidades distintas y las oportunidades con sus carencias.

Una gran cantidad de alumnos se ven frustrados al salir al mercado y no conseguir trabajo, sumado a ello, al emprendedor también se le dificulta encontrar líneas crediticias y financiamiento para sus proyectos (aportamos un documento que nos muestras dichas estadísticas2).

Lamentablemente muchos jóvenes terminan sus estudios con serias deficiencias también, no logran alternar y relacionar el conocimiento adquirido entre tareas de manera eficiente, para la resolución de problemas hipotéticos que se les plantean como posibles al momento de comprobar si han entendido los contenidos de cada materia, para aplicarlos en un hecho concreto y esto obliga a tener que repetir nuevamente conceptos ya dictados con anterioridad que parecían sabidos y que se comprueba que no es tanto así. Culturalmente nuestros alumnos llegan a la universidad carentes de conocimientos universales (que eran parte del bagaje de apropiaciones que sí teníamos los que estudiamos en años “a” y leíamos con regularidad, de manuales y de libros, no teniendo la facilidad de Internet que para muchos de los de entonces, hoy esto es una panacea, un ágora a la mano que nuestros alumnos no llega a apreciar realmente) y muchos viven desinformados (no leen diarios ni miran el informativo, ¿viven… aislados?, esa es una pregunta que uno se hace , o ¿viven en su micro mundo?). Esto nos lleva a que la selección de temas a abordar sin lugar a dudas y necesariamente tiene que hacerse desde un ejemplo aplicativo de la actualidad, para captar la atención de los alumnos y desarrollar todos los aspectos posibles con explicaciones sencillas, para con estas habilidades adquiridas en un ejercicio en clase, puedan aprender a resolver problemas,no como un desafío de competencia por la nota sino como parte de la capacitación que se da y recibe para entender complejidades que surgen de las exigencias de avance de las sociedad del conocimiento (recomendamos seguir leyendo 3).

A diferencia de lo que ocurría décadas pasadas donde hacer cálculos mentales, estimaciones con rapidez y precisión y utilizar el razonamiento lógico, o bien obtener respuestas históricas acertadas o análisis sostenidos en la citación de un autor estudiado en clase, era común, hoy, la dependencia de la computadora o del elemento tecnológico para dar respuestas se ha hecho imprescindible para planificar respuestas eficientes. Si es bueno o malo, lo estamos descubriendo. Sin lugar a dudas, uno aprende que lo importante no es recurrir a la memoria para tomar decisiones y resolver, sino saber dónde encontrar la información y a partir de allí tomar buenas decisiones (esto lo aprendí de un jefe de máquinas del buque de exploración alemán Hanseatic cuando viaje a la Antártida en 1996 y al recorrer la sala de máquinas nos mostraba los circuitos que interconectaban al barco, explicándonos que existía un manual de procedimientos para cada situación y en ese instructivo, con solo seguirlo se podían resolver desde cuestiones básicas hasta imponderables que habían sido previstos con antelación, dada la infinita cantidad de pruebas previas a que el barco fue sometido, para que pudiera ser autorizado a navegar). Seguramente no basta con tener información a la mano sino saber qué hacer con ella.

Este nuevo paradigma nos pone en la necesaria posición de revisar nuestra manera de enseñar y de aprender.

Ciertamente también deberíamos plantearnos ¿si aprendemos cuando estamos motivados o lo que nos motiva, es el ámbito en el que aprendemos? ¿La interrelación de aquello que somos capaces de entender nos permite realmente comprenderlo y llevarlo a la práctica, sino aplicamos praxis? Indudablemente que en esto vamos a coincidir que la enseñanza necesariamente tiene, o mejor dicho debe plantearse un espacio de laboratorio con praxis profesional para estudio de casos, porque la innovación surge precisamente a prueba y error, y esto nace a consecuencia de la investigación permanente y de la inversión en ciencia aplicada, en verificaciones de campo (por ello la estrategia de investigación se aplica en nuestra querida Universidad de Palermo de manera constante, reflexionando sobre nuestras prácticas4). Es en el hacer donde aprendemos y donde descubrimos nuestras acefalías, y nuestras propias ignorancias se hacen evidentes en un trabajo de campo, surgen inmediatamente a la hora de resolver problemas, al tener que tomar decisiones. Cuando reflexionamos sobre ello, nos damos cuenta que es la escuela el mejor sitio para aprender, equivocándose y acertando, buscando las soluciones para confirmar certezas y sin duda, esa vinculación con la realidad es ventajosa como mecanismo de contacto con la temperatura de la empresa, de la organización, de la calle, de las verdades desnudas.