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Vik Muniz y el dadaísmo

Rocha Lacerda, Amanda

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº71

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº71

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición XV Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2015 Ensayos sobre la Imagen. Edición XVII Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 71, Noviembre 2015, Buenos Aires, Argentina | 98 páginas

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Introducción

A modo de introducción se señalará la época que este ensayo va a desarrollar, ubicada durante el auge del movimiento artístico Dadá, pionero en reflexionar sobre la imagen original y sus copias. Posteriormente el Arte Pop retomó este interés e innumerables veces se buscó confundir el receptor del arte que ya no podía distinguir el original de la copia. Se manipularon reproducciones de obras famosas y se las presentaron como obra de arte original. Se reutilizaron objetos del uso cotidiano y se los presentaron como arte escultórica a fin de cuestionar el mercado creado a partir de la venta de arte y el valor real de las mismas.

Como “post-dadaísta” y “post-pop”, Vik Muniz se ubica en la historia del arte como una especie de artista neo-dadapop que retoma los mismos cuestionamientos, dando un paso más allá de sus antecesores porque tiene en cuenta su realidad social circundante. Aborda el surgimiento de las comunidades alrededor de la basura como moneda de cambio, el tema del capitalismo y el creciente consumo de bienes materiales junto al abismo social del sistema de producción y consumo. Es en este terreno que Vik Muniz construye su reflexión artístico-socio-política. La re inserción de la basura en lo cotidiano por medio de un arte que pone al cartonero como un artista más adentro de un gran colectivo, genera un cambio socio-cultural impactante y replantea la mirada del arte en la actualidad.

Desarrollo

Vik Muniz es un artista plástico brasileño que produce arte oficialmente desde los años ‘90. Vik construyó su poética a partir de la combinación entre fotografía y pintura sumada a la innovadora filosofía de que absolutamente cualquier material puede ser usado como si fuera “pintura”. Es decir, cualquier material existente en el mundo es capaz de plasmar una imagen a través del control del artista.

Esta filosofía conducida por las características físicas y los significados sociales de los materiales utilizados, sentó las bases para su revolución artística en la contemporaneidad.

Aunque Vik he pasado por un camino ya frecuentado por los dadaístas y por el arte pop, logró desarrollar una poética visual en sintonía con su propio tiempo. Él logra una cohesión artística fuerte y contundente, porque aborda problemáticas muy actuales que son sociales tanto en el ámbito conceptual de sus obras como en el ámbito de la materialización de las mismas.

Incluso se puede afirmar que los materiales utilizados conforman toda su poética porque definen la temática. Vik Muniz recuerda permanentemente al observador que los materiales hablan porque encierran significados personales y sociales.

Y a la vez, estos significados intervienen en la significación de la totalidad de sus imágenes. Lo que hace el arte de Vik Muniz único es que cuando se observan sus obras siempre hace una lectura simultánea de los dos niveles de significado, el del pigmento como materia física, como objeto, y el del concepto de la imagen plasmada.

No se puede negar el deseo de Vik Muniz de reinterpretar la realidad a través del arte en el sentido que sus elementos representados son figuras y objetos reconocibles. El movimiento Dadá en este sentido hacía todo al revés; criticaba todos los valores sociales y artísticos. Nacido desde el absurdo de la Primera Guerra Mundial, de la destrucción de las ciudades, de la cultura y del arte –y gracias al contexto histórico y al éxito de la revolución meramente formal de los cubistas– sólo un arte sin sentido y basado en la casualidad podría efectivamente intervenir y resaltar los horrores de la guerra y hacer a uno reflexionar sobre su real utilidad para la humanidad. El Dadá era una vanguardia en verdadera sintonía con su realidad circundante.

El hallazgo dadaísta, que preparó el camino de artistas contemporáneos como Vik Muniz, fue presentar a la sociedad un arte que era meramente un gesto y que al final no representaba realmente nada, aunque en esta negación, lo que hacían era enseñar el observador a poner la mirada en el sujeto productor del arte y no más en el objeto artístico.

En el contexto artístico y social de los últimos veinte años, la objeción de Vik Muniz es social, en un nivel muy similar al que recién vivieron los dadaístas en el comienzo del siglo XX. El artista brasileño trató de representar la ansiedad de una sociedad con su política, economía y cultura movidas por el capital, la producción, el consumo y la consecuente deshumanización del individuo. Hasta hoy este sistema persiste de manera muy contundente y sigue la misma lógica, si bien nace desde una nueva necesidad: “compro y luego existo”.

En un sistema capitalista super desarrollado, deshumanizado y derrochador, Vik Muniz plantea su poética artística. Propone que las personas busquen el arte en lo imposible y que no se olviden de la realidad social en que viven. Todo esto para que vuelvan a sentir emociones verdaderas (sin encontrarse anestesiado) y humanizarse a través del arte.

Una de las características dadaístas de Vik Muniz es que su arte no trata de la producción de objetos, sino de la producción de fenómenos. O sea, a la manera de los dadaístas, el arte es un gesto, es la acción del artista. El resultado artístico materializado y exhibido como obra en una galería o museo no es más que un registro o indicio de esta acción.

Si el Dadaísmo representaba una vanguardia de contestación negativa por medio de la negación de todo sistema de arte desde la concepción hasta su recepción, el arte de Vik Muniz pretende convocar la sociedad usando un atractivo lúdico que son los materiales con los que se puede hacer arte. Desde esta base positiva el artista denuncia distintas realidades sociales e invita a la reflexión. Invita a ponerse los anteojos artísticos y con la mirada lúdica re humanizar una sociedad en un contexto de producción/consumo/desecho.

Los dadaístas tenían dos distintos niveles de gesto artístico.

Uno era la acción artística sin fin y sin valor, el otro era intervenir en grandes obras maestras aclamadas por el público con la intención de cuestionar el absurdo al que se llegó al valorar una tela pintada. Hay muchas semejanzas en Duchamp como poner un bigote en La Gioconda y Vik Muniz pintarla usando como pintura mermelada y crema de maní. Ambos cuestionan el valor del objeto artístico y ponen valor en qué piensa el artista y cómo revela su proceso artístico. El proceso del arte es un terreno fértil porque habla con el espectador de una manera universal. Lo que realmente motiva y da sentido al arte del final del siglo XX y comienzo del XXI es el final, y reemplaza el arte como objeto de valor mensurable por una experiencia inmensurable y personal.

De acuerdo con la filosofía dadaísta no es que el ambiente en su totalidad presenta una calidad estética, pero sin duda cada cual puede sentir y apreciar estéticamente las cosas que forman parte del mismo desviando estos objetos de su función utilitaria. Desde este punto de vista, el artista ya no es un profesional con experiencia técnica. El artista es cualquiera que se pone a pensar libre de todas reglas y procedimientos impuestos a él. El artista juega y, adentro de este juego, crea sus propias reglas libremente.

En la serie “Imágenes de Basura” Vik Muniz dejó su taller en Nueva York para meterse en una comunidad de cartoneros que vive alrededor de una montaña de basura en Río de Janeiro. Realizó un proyecto social que empezó con la introducción de la mirada artística en esta comunidad. Coordinó el grupo para que ellos pudiesen ordenar la basura con una mirada estética y producir un arte que los retrataba literal y socialmente, ya que se auto representaban en las imágenes (previamente encuadradas y producidas y fotografiadas por Vik) y a la vez toda la basura utilizada como material para realizar la obra de arte final, (plasmada a partir de las fotografías) representaban su rol en la sociedad.

El grupo de cartoneros que participaron del proyecto fueron afectados positivamente en el sentido de que ellos como artistas ahora son sujetos creadores capaces de interferir en la sociedad no solamente con su trabajo, sino con sus ideas.

Visto que el sistema de producción/consumo/desecho no prevé el trabajo del cartonero/reciclador y tampoco lo valora por el carácter simbólico de la basura, es casi nula la oportunidad social de esta camada.

Al hacer una mirada panorámica en relación a este proyecto, él como un todo es una obra de arte. Desde este punto de vista, lleva a crear un tercer nivel de comprensión. El nivel del impacto del proyecto artístico-social en la realidad (tomando el primer nivel como siendo el carácter simbólico del material utilizado, el segundo nivel como siendo conceptual, o sea, la temática) que probablemente Vik concibió desde el punto de vista dadaísta de que no hay separación entre el espacio real y del arte y la obra no es únicamente un lugar donde terminan o se incrustan las cosas.

Desde la casualidad de qué material se va encontrar en la basura hasta el hecho de que cuando están metidos en la obra los objetos de la basura se ven “truncados” y son “disociados testimonios de una crónica cotidiana que es opaca y desordenada”, Vik es visto como un artista dadaísta. Desde el proyecto social que resulta en una muestra colectiva de cartoneros-artistas planteado en su totalidad como su obra de arte personal, Vik es visto como un artista contemporáneo.

El proyecto social de Vik Muniz es en su totalidad una poética artística, porque no se queda en la acción social y en cómo esto afectó positivamente a los cartoneros. Toda la obra fue realizada de manera efímera porque la basura no estaba pegada sobre ninguna superficie sino que apoyada al suelo y era gigante, por ese motivo se registró tanto el proceso como el resultado final. Para un artista post dadaísta como Vik Muniz, el proceso importa más que el resultado final. Incluso el registro fotográfico final de las imágenes producidas con la basura sobre el suelo tuvo suma importancia porque pudo trasladar el hecho artístico a una galería justamente por la naturaleza del proceso, y proporcionar visibilidad social y artística al grupo de cartoneros. Para él cualquiera es capaz de adquirir la mirada artística y producir arte.

En primera instancia, a la manera de Schwitters, Vik hace con la ayuda de los cartoneros lo que siempre fue su investigación poética. Producir arte a partir de fragmentos de la realidad y con eso, mirar la obra y darse cuenta de que el carácter simbólico de los objetos tirados por la sociedad se unen para conformar una nueva realidad, la de la imagen.

La mejor explicación para todos los distintos niveles del proyecto “Imágenes de Basura” son las palabras de Giulio Argan.

Al hablar de la obra de Schwitters, el teórico afirma que en una sociedad consumo que separa lo que hay que consumir con lo que ha sido consumido nada hay de piadoso ni de patético en el gesto de quien las recoge. Y no lo hacen como si quisieran revelar una supuesta belleza ignorada. Dado que son cosas “vividas”, la imagen formada es una especie la trama visual legible de la existencia.

Este nivel simbólico se aplica tal y cual a las Imágenes de Basura de Vik Muniz. El todo es una reunión casual de piezas, con la diferencia de que por medio de una consecución lógica y ordenada conforman una imagen preconcebida. Este orden interno del arte que resulta en imágenes con figuras retratadas de manera clara y legible, es sin duda un carácter reconfortante para un arte surgido desde el contexto de la fealdad y del caos en que viven los cartoneros. Mirar la dura vida de esta gente en la basura es algo tan fuerte e impactante como los horrores de la guerra que vieron los dadaístas a comienzos del siglo pasado.

Conclusiones

La relación entre Vik Muniz y el Dadaísmo está en la re significación de los materiales y en el énfasis en el proceso artístico.

Hay similitud en su filosofía y la del movimiento Dadá en el carácter libre de la mirada artística que es universal y democrática. Cualquiera puede hacer arte si mira desde la libertad, con los ojos de un niño que crea su propio juego y no titubea al cuestionar la realidad.

Pero Vik Muniz investiga estos tiempos desde los cambios en la sociedad. Construyó un nuevo arte en sintonía con la oferta de un material en gran abundancia en la sociedad de consumo, la basura.

Desde una comunidad que sobrevive al margen de todo lo que se tira, Vik pudo replantear el sentido de su arte, humanizar la mirada hacia el cartonero y hacer que se vea a la basura como bellas piecitas de un gran rompecabezas para que al final tenga la base para efectivamente reflexionar sobre qué se hace con lo producido, con lo que se consume y con lo que se tira. El arte de Vik Muniz vino para unir lo útil a lo placentero.

Bibliografía

Argan, G. El arte moderno. Del iluminismo a los movimientos contemporáneos. Barcelona: Arte y Estética.

Wechsler, D. (2015) Catálogo de la muestra. Centro de Arte Contemporáneo. Buenos Aires: MUNTREF - Universidad Nacional Tres de Febrero.


Vik Muniz y el dadaísmo fue publicado de la página 85 a página87 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº71

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