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Cómo generar ambientes positivos y motivantes en el aula

Galanti, Antonella M.

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIX

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIX

ISSN: 1668-1673

III Congreso de Creatividad, Diseño y Comunicación para Profesores y Autoridades de Nivel Medio. `Interfaces Palermo´

Año XVII, Vol. 29, Noviembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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Resumen:

Se presenta en este escrito a la educación como uno de los principales agentes de cambio para construir una sociedad mejor. A través de un enfoque positivo se plantea cómo generar ambientes motivantes en las aulas que promuevan el proceso de enseñanza-aprendizaje, que favorezcan el desarrollo personal y emocional de los alumnos, y que los inspire a dar lo mejor de si mismos. Cuál es el rol del educador del siglo XXI, planteando que es fundamental no solo transmitir nuevos conocimientos sino también que estos vayan acompañados de espacios áulicos donde se fomente la empatía, la cooperación, la flexibilidad, la creatividad, el compromiso, el sentido de pertenencia, la innovación y el aprendizaje en acción. Los mejores ambientes de aprendizaje generan espacios donde los alumnos tienen la oportunidad de desarrollar su potencial.

Palabras claves: práctica pedagógica – espacio áulico – rol docente.

La educación está pasando por un gran debate, ¿debemos enfocarnos en la información? u ¿orientarnos también en potenciar las cualidades y talentos de los alumnos? El viejo estilo de liderazgo de arriba hacia abajo, jerárquico, conservador ha quedado agotado.

Cuando estamos enfrente de una clase somos líderes, somos un referente para los alumnos, les propongo entonces aplicar un modelo de liderazgo basado en la creatividad, en la contribución personal que llevamos dentro, que podemos hacer día a día en las aulas. Tengamos en cuenta que decimos mucho más con nuestros gestos, formas, actitudes, que con nuestras palabras, cuando hay una armonía entre ambas comunicaciones seguramente estaremos transmitiendo pasión e inspiración por aprender.

Nuestra forma de ser en clase enseña mucho más de lo que puede enseñar lo que digamos. Apuntemos a una educación para evolucionar, para que las personas sean lo que sueñen ser, de esta manera estaremos contribuyendo a una sociedad mejor, más noble, más sana, más creativa. Una educación no solo para que vaya bien en los exámenes, sino una educación para aprender a pensar, para la conciencia, para saber vivir en comunidad, para ayudar, para lograr objetivos, metas y sueños.

La persona no solo es razón, es además emoción e intuición.

Para que una persona esté sana es necesario el equilibrio de estos tres cerebros, en una sociedad misma es necesario el equilibrio de estos tres pilares. La educación tiene que tener en cuenta la razón, la emoción y la intuición.

Durante tantas crisis se ha pasado por alto la célula que es la más importante de todas: las personas. Se ha pasado por alto el cambio de las personas y para que este cambio sea posible la semilla hay que sembrarla en la escuela.

La base de la sociedad y del crecimiento sabemos que es la educación y las organizaciones. Las escuelas representan grandes esperanzas porque están formando a las personas del mañana, que son quienes pueden construir una sociedad más empática, cooperativa, creativa, innovadora.

Por el ritmo mismo de la vida, cada vez es más importante poder ponerse en el lugar del otro, trabajar de manera conectada y ensamblada, ser creativos, aprender a autoliderarse para mejorar como seres humanos, crear entornos motivantes, entornos con confianza para que las ideas fluyan y se conecten.

Pero hay algo muy importante, para ello es fundamental salir del ego individualista, cada vez nos vamos a necesitar más como seres humanos.

¿Somos plenamente conscientes del potencial que tienen nuestros alumnos? Podemos preguntarnos si somos plenamente conscientes del potencial que tienen nuestros alumnos, si sienten los alumnos pasión en las clases, en las aulas, si se sienten entusiasmados, si son creativos.

Enseñémosles a tener objetivos altos, alentemos sus sueños, enseñémosles que siempre pueden dar más de lo que dan. Al igual que los niños, los jóvenes, aunque en otro nivel de edad, también necesitan apoyo y protección.

No hay nada más estimulante que sientan apoyo, protección y reconocimiento de parte de sus profesores.

Necesitan nuestra confianza; la construcción día a día de un vínculo entre profesor y alumno de confianza. Los alumnos no nos olvidemos que responden del mismo modo en que se los trata.

Promover la motivación de los alumnos es la clave, hay una única fórmula para que los alumnos se sientan motivados, y es transmitiendo pasión y amor en lo que se enseña.

Cuando en las aulas creamos estados positivos empezamos asociar en el cerebro de los alumnos el aprendizaje con el placer, efecto que les va a durar toda la vida.

Tenemos que invitar a los alumnos a ser optimistas, enseñarles a formar parte de ámbitos de cooperación, de reconocimiento, motivarlos para que disfruten del aprendizaje, para que encuentren su mejor versión, su Yo excelente; si los motivamos en el día a día seguramente encontrarán esa excelente versión de sí mismos. Hoy sabemos que una simple expresión facial, una sonrisa, una mirada, genera cambios fisiológicos en nosotros mismos y en el otro, comencemos a usar estos recursos.

Ambientes positivos en el aula. Existe una correlación entre el ambiente positivo que existe en una clase con el éxito académico. Si logramos crear ambientes positivos el rendimiento de los alumnos se va a potenciar.

¿Qué tener en cuenta para crear espacios positivos? 1. Empatía: Tenemos que crear-construir un alumnado empático. No podemos ser el otro, pero será interesante enseñarles a ponerse en el lugar del otro. Tanto para los alumnos, para los profesores, como para el grupo.

2. Vínculos: Es fundamental el vínculo entre el profesor y el alumno y tiene que ser cuidado desde el primer día. No nos olvidemos que somos para ellos su referente, una figura que van a guardar en su mente para toda la vida.

3. Confianza: La confianza es la base de cualquier vínculo, se construye en el día a día, es fundamental crear lazos de confianza entre el docente y los alumnos. Entusiasmar y promover ambientes de confianza que incentiven a los alumnos en su desarrollo promoviendo un pensamiento reflexivo.

4. Reconocimiento: Promover la motivación de logro, enseñarle al alumno su propio progreso. Cuando elogiamos al alumno por su esfuerzo o actitud fomentamos su perseverancia y cuando se enfrente a tareas de mayor dificultad será más difícil que decaiga su empeño. Utilicemos el elogio específico como el elogio grupal.

5. Refuerzos no verbales: Cuando hablamos solo una parte de la información procede de las palabras, nos comunicamos en un 80% por medio de la actitud, los gestos, la mirada, las expresiones, el volumen de la voz.

No contradigas lo que digas con lo que hagas. Todas nuestras acciones, ideas, sentimientos lo expresamos por medio de nuestro cuerpo.

6. Rutinas que aporten seguridad: La realización de determinadas rutinas aportan seguridad y puede ayudar al alumno a que mejore su sentido de pertenencia al grupo. Se puede comenzar la jornada dedicando unos minutos a la lectura y reflexión de algún tema, siempre utilizando rituales adecuados a la edad del curso.

7. Conectados con la vida real: para que el aprendizaje sea significativo, la educación no puede estar desconectada de lo que ocurre en la vida real. El cerebro social de los alumnos nos va agradecer.

8. Potenciamos las fortalezas o virtudes de los alumnos, sus cualidades: es una realidad que en la educación tradicionalmente ha predominado la detección de errores en detrimento de mostrar las fortalezas o virtudes del alumno (el subrayado en rojo de los errores).

9. Fomentemos su participación: fomentemos su participación haciéndolos protagonistas activos de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Fomentemos su autonomía y seguridad.

10. El sentido del humor del profesor: Cuando se les pregunta a los alumnos qué valoran de su profesor suelen decir el sentido del humor. Los entornos aburridos dificultan el aprendizaje. Al estar de buen humor somos más creativos, resolvemos mejor los problemas y tomamos decisiones más acertadas.

11. Aprendizaje cooperativo: un aprendizaje entre todos, todos nos necesitamos. El aprendizaje cooperativo es el aprendizaje en comunidad, en el que confluyen y conectan ideas, que es lo que nos permite aprender las habilidades sociales que son tan importantes en el mundo de hoy. Se fomenta así la colaboración entre alumnos, la asertividad, el respeto o la adquisición de estrategias para mejorar la regulación emocional.

12. El rol del profesor docente: En todo este proceso el rol del profesor para generar un clima emocional positivo es trascendental. Un profesor que fomenta su amor por la enseñanza, que transmite entusiasmo, que utiliza un lenguaje positivo, que mira con afecto a sus alumnos seguramente va a crear un entorno motivante e innovador.

Una persona que constituye un referente valido para los alumnos es capaz de activar las neuronas espejo del grupo.

El papel del educador debe ser crear en los alumnos curiosidad y atención por los conocimientos que les propongamos, confiando en sus posibilidades. Ocurre muy a menudo que lo que se aborda en las aulas son los síntomas, el mal comportamiento, la pasividad, y no las causas. Cuando un docente ama lo que hace, lo que el joven aprende es el espacio emocional del profesor.

Enseñar no es instruir, no es entregar datos, es proporcionar un ámbito experiencial inspirando a cada uno y a todo el grupo.

El mundo está cambiando desde una epistemología lineal causal a una mirada más sistémica, observar relaciones, matrices, en lugar de mirar la relación causaefecto.

El pensamiento divergente, estimular estas posibilidades creativas permitirá al alumno desarrollar su pensamiento lateral teniendo recursos para buscar diferentes alternativas para la resolución de un problema.

No podemos separar los procesos emocionales de los cognitivos, todo lo que nos conduce a la adquisición de conocimiento como la curiosidad, la atención, la memoria o la toma de decisiones requiere de emoción.

Somos uno, mente, cuerpo, alma, emociones, espíritu, sueños, ansiedades, frustraciones, deseos, conocimientos, debemos educar para ayudar a los niños –adolescentes - jóvenes a ser adultos íntegros.

Desde que nacemos somos seres emocionales y sociales todo el tiempo, tenemos que alentar la cooperación, la empatía, el altruismo, estos cambios los vamos a poder después medir o ver en los comportamientos y en las conductas.

Alentarlos en su capacidad de curiosidad, creatividad, flexibilidad, espontaneidad y, seguramente, de esta manera vamos a construir la sociedad del mañana creando estos entornos entre todos, día a día.

¿Cómo creamos también entornos positivos? - Explicando la importancia de lo que se enseña.

- Alentando a los alumnos a fijarse sus propias metas.

- Ser facilitadotes y posibilitadotes para que los alumnos puedan darse cuenta de los retos que plantea el mundo exterior.

- Valorando activamente a todos los alumnos.

- Incluyendo la enseñanza fuera de nuestra propia zona de comodidad.

- Ayudando a pensar de forma divergente.

- Fomentando un entorno de elevada autoestima para todos.

- Siendo explícitos con nuestras expectativas en las aulas.

El educador del siglo XXI deberá ayudar a los jóvenes a que deseen adquirir no solo nuevos conocimientos, sino a ser empáticos, cooperativos, creativos y flexibles.

La clave es la pasión, la auténtica motivación surge del interior, el trabajo de un líder consiste en inspirar, en despertar esta motivación, la motivación intrínseca.

No existe una varita mágica, tendremos que esforzarnos, es posible que debamos cambiar nuestra forma de hacer las cosas.

¿Motivarlos para qué? Para que puedan llegar a ser la mejor versión de sí mismos, no intentar ser mejor que el otro. Transmitir una forma de motivación interna de no intentar ser mejor que cualquiera que no sea uno mismo. El intento de ser mejores que nosotros mismos: “la evaluación ipsativa”.

Apostar por entornos que permitan tener energía positiva dejando de lado la competencia, la dominación, el control y la jerarquía. Hay veces que los alumnos son tan competitivos que esto les genera tanta ansiedad que no pueden dar lo mejor de sí mismos.

¿Cómo vamos a poder medir el éxito de una clase, cómo saber si estamos consiguiendo lograr un ambiente áulico motivante, si estamos inspirando a nuestros alumnos? Es muy sencillo: mirándolos a los ojos, si los ojos de nuestros alumnos brillan, entonces lo estamos consiguiendo y lo estamos haciendo bien.