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Diego Gravinese y una renovación del fotorrealismo

González, María Pía

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XVIII Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2015 Ensayos Contemporáneos. Edición XVI Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 74, Julio 2016, Buenos Aires, Argentina | 100 páginas

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Introducción

El presente ensayo analiza la relación entre las obras de Diego Gravinese y el fotorrealismo, efectuando para ello un recorrido por su carrera y los elementos destacables de la corriente mencionada.

Desarrollo

Desde su nacimiento, en 1839, la fotografía ha marcado el ritmo de las artes visuales. Durante décadas, los artistas plásticos –desde impresionistas hasta la actualidad– se vieron obligados a cuestionar la razón de ser de su obra, dado que el papel de captura de la realidad (antes ocupado por la pintura) pasó a manos de la instantánea fotográfica (Read, 1984). De esta manera, la fotografía surge como forma de cuestionar la representación de la pintura y obliga a ésta a realizarse en sí misma. Muchas han sido las razones filosófico-estéticas encontradas para que la pintura conviva armónicamente con la fotografía. Asociados al pensamiento de filósofos de su época, muchos artistas encontraron en sus pinceladas la expresión de una “energía vital”, una voluntad de poder, la conexión entre el mundo real y el interior o –incluso, para los surrealistas– la traducción misma del inconsciente (Lucie-Smith, 1979).

Sin embargo, no fue hasta mediados del siglo XX que fotografía y pintura encontraron un refugio colectivo. Fue el estilo fotorrealista –manieristas reproducciones pictóricas de imágenes fotográficas– que conjugó ambas ramas del arte a la perfección, sin posibilidad de competencia sino más bien unión del arte en pos de un resultado superador.

Siendo cuadro y fotografía idénticos, gracias al virtuosismo del artista, surgen nuevos cuestionamientos sobre la validez del fotorrealismo, la realidad misma y el valor que posee una pintura que muestra exactamente lo mismo que la película fotográfica. A tales interrogantes responde el artista plástico Diego Gravinese, cuyo estilo redefine como “fotorrealismo del inconsciente”. Entremezclando el sueño con la realidad, el pintor cuestiona cuál es la verdadera realidad y traslada, desde su inconsciente, imágenes oníricas que, al fin y al cabo, no son más que instantáneas de la totalidad mente/ cuerpo/alma del artista. Finalmente, en una época en la que triunfa el arte conceptual y su originalidad comienza a cuestionarse, Diego Gravinese dio con un novedoso estilo, a la práctica de la vanguardia, que rescata la búsqueda interior y la belleza como valores principales del arte. El año 1839 marcó el fin de una etapa del arte. El descubrimiento de la fotografía significó la necesidad de otorgar un nuevo significado a la pintura. Guilio expone en El arte moderno:

Con la difusión de la fotografía, muchas prestaciones sociales pasan del pintor al fotógrafo. La crisis afecta (…) a los pintores de oficio y va a elevar la pintura (…) al nivel de una actividad de élite. (...).

La obra de arte deja de ser considerada un bien de consumo normal y pasa a ser considerada un arte incompleto: en consecuencia, tiende a desaparecer. (1977, p. 71)

Al contar con un sistema que proveía imágenes nítidas, precisas, concretas, veloces y a bajo costo, la pintura comienza a perder su razón de ser. A partir de ese momento, el papel del arte, el artista y su accionar, junto al actor fotográfico se transformó en el motor de búsqueda de todo artista (Read, 1984). Casi un siglo tuvo que pasar hasta que los artistas encontrasen una alternativa efectiva que conciliase su arte con la fotografía, sin posibilidades de competencia ni caminos antagónicos sino más bien una convergencia creativa. A finales de los ‘60 en Estados Unidos nació el estilo fotorrealista (término acuñado por Louis K. Meisel en 1968), evolución del Pop Art y el hiperrealismo que se oponía al expresionismo abstracto y al minimalismo imperantes en la década. Luego de medio siglo dominado por las vanguardias, y cuestionándose sobre el carácter de la realidad, el arte inició una contrarrevolución y se volcó por completo a la reproducción manierista y exhaustiva de una escena, es decir, la transcripción de la información visual de la fotografía al lienzo del cuadro (Michaux, 2007). Diego Gravinese, artista contemporáneo argentino fotorrealista, cuyas pinturas al óleo reproducen fotografías tomadas por su lente, asegura encontrar diferencias entre ambas disciplinas. “¿Por qué pintar algo que hoy podés conseguir con otra tecnología? En realidad es una premisa falsa. El engaño es pensar que la fotografía es una representación cabal de lo real”, declaró el artista al diario Página/12 (agosto de 2012). El inicio de cada una de sus obras sostiene el modus operandi del fotorrealismo: imágenes tomadas con una cámara pocket, escenas ensayadas y meticulosamente pensadas por Gravinese, son luego proyectadas sobre lienzos de gran tamaño para comenzar a realizar un boceto en lápiz. Con su estudio en completa penumbra pasa luego a rellenar las bases de la composición en acrílico, para finalmente completar los detalles al óleo. Sin embargo, la particularidad de su estilo radica en la composición de sus cuadros y el pasaje de la realidad fotográfica a aquella que capta su mirada, una observación desde su inconsciente más que retineana.

De esta forma, Gravinese (2010) manifestó que la técnica del óleo le permitió llevar el fotorrealismo a un punto que nunca consideró querer llevarlo. Al pasar la realidad captada por su cámara fotográfica al lienzo, le permitía llevar la anécdota al cuadro, dotarla de su propia mirada, por momentos cercana al inconsciente. De este modo, lo onírico y la realidad fotográ- fica, bajo la mano de Diego Gravinese, se combinan para dar con imágenes –a primera vista– realista, que en una observación detenida denotan características cercanas a lo mágico, mediante la inclusión de elementos de fantasía, propia del inconsciente. En La duración de las promesas, óleo sobre tela que data del 2009, queda en evidencia esta fusión: al centro de la composición, una pareja de amantes –con manierismo retratados– se entrelazan sobre una cama en una habitación ordinaria, delante de un ventanal y un aire acondicionado.

Rodeando la escena, el artista colocó prismas y estalagmitas de cristal, como si de una caverna se tratase. También en Hércules, un segundo óleo sobre tela contemporánea al anterior, se sugiere la presencia del elemento onírico: dos universos aparecen entrelazados y alineados en perspectiva, confundiendo al espectador. Por un lado, una mujer de espaldas sobre una roca, observando al infinito. Y sobre ésta, se puede observar una escena que pareciese de guerra, con un planeador disparando proyectiles hacia la superficie.

Conclusiones

En base al análisis de estas piezas y las declaraciones del pintor, ambas correspondientes al período 2009-2011 de su pintura, puede entreverse una clara referencia al surrealismo. Más allá del concepto, también la manufactura de sus obras expresa una empatía con dicho período artístico. La ambición por el detalle, la utilización del óleo (retomado por los surrealistas), la descontextualización (inclusión de elementos de otros ámbitos, como se puede observar en las obras de Magritte y Dalí) y la investigación fotográfica –ligera alusión a Man Ray y su “laboratorio” de imagen– enlazan al artista con dicha vanguardia. En referencia a este último, puede mencionarse también la obra Pool side de Gravinese, en la cual utiliza como centro de la composición a una mujer desnuda, sentada de espalda hacia una piscina, con su parte baja al descubierto, clara alusión a la fotografía L’Violon d’Ingres de Man Ray.

Llegado a este punto, con el repertorio de Diego Gravinese, una nueva relación se ha trazado entre la fotografía y la pintura. En esta década en la que, gracias a los avances tecnológicos, la imagen fotográfica ha llegado a límites de nitidez y definición nunca antes imaginados, el literal fotorrealismo pareciera estar destinado al olvido. Sin embargo, el valor agregado del artista en la traslación del papel al lienzo resulta fundamental para conservar ambas disciplinas en reunión. Gravinese ha sabido desarrollar un estilo que conjuga métodos del siglo pasado, incursiones –casi espiritistas– en su universo del sueño, con estados de plena consciencia.

Su culminación resulta una pintura moderna y, al mismo tiempo, atemporal, que escapa al arte contemporáneo (conceptual y abstracto, lo que Yves Micheaux supo definir en El arte en estado gaseoso como una pérdida de la obra de arte a favor de un éter estético, que aplica a desde tragos de dise- ño hasta instalaciones incomprensibles para un espectador neófito) para rescatar la experimentación y búsqueda estética de la vanguardia y destacar, entre sus coetáneos, como el embajador de un valor, muchas veces, olvidado en la escena artística actual: la búsqueda de la belleza.

Bibliografía

Argán, G. (1975). El arte moderno. Del Iluminismo a los movimientos contemporáneos. Valencia: Arte y Estética.

Gombrich, E. (1992). Historia del Arte. Madrid: Alianza.

Gravinese, D. (2015). Diego Gravinese, página oficial. Disponible en: http://www.diegogravinese.com

Hauser, A. (2002). Historia social de la literatura y el arte. Debate: Buenos Aires.

Lucie-Smith, E. (1979). Movimientos en el arte desde 1945. Buenos Aires: Emecé.

Michaux, Y. (2007). El arte en estado gaseoso. Buenos Aires: Fondo de cultura económica.

Read, H. (1984). Breve historia de la pintura moderna. Madrid: Editorial Del Serval.

Stangos, N. (1974). Conceptos del Arte Moderno. Barcelona: Destino.


Diego Gravinese y una renovación del fotorrealismo fue publicado de la página 23 a página24 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

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