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El artista de la Edad Media… ¿Era realmente un artista?

Giarrocco, Josefina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XVIII Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2015 Ensayos Contemporáneos. Edición XVI Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 74, Julio 2016, Buenos Aires, Argentina | 100 páginas

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Introducción

En el siguiente ensayo se estudia el arte y la sociedad durante la Edad Media. Se analiza si los artistas representantes de aquella época, eran realmente artistas, ya que según el teocentrismo, paradigma del momento, la única creación era de Dios, todo lo demás era reproducción. Para responder a este interrogante se toma en cuenta la sociedad medieval y también la concepción de artista contemporánea comparándola con la de aquel momento, para analizar cómo el contexto influye y acompaña a la cosmovisión de la época.

Todas las sociedades se rigen por una visión del mundo, establecida por referentes de sus respectivas épocas. El hombre lleva adelante una vida en base a ese modelo de pensamiento hegemónico.

En la Edad Media, por ejemplo, el modelo teocéntrico establecía que todas las explicaciones parten de la injerencia divina; Dios era el centro del universo, el creador de todas las cosas, todo se explicaba a través de su intervención. Esto también se aplicaba al arte. Por lo que el artista no era digno de creación, sino de representación, recreación o reinterpretación; no era autor de su propia obra, ya que Dios era el único capaz de crear.

Este hecho lleva a los siguientes interrogantes, ¿cómo es posible que el artista haya sido considerado como tal, cuando, en realidad, su obra no era considerada fruto de su propia creación?, ¿hasta qué punto el artista de la Edad Media era realmente un artista?

Desarrollo

La Edad Media se sitúa al finalizar la antigüedad (Siglo V) y finaliza con el comienzo de la Edad Moderna (Siglo XV). Al comienzo de la Edad Media, se lo relaciona con la desintegración del Imperio Romano de Occidente, mientras que su finalización se da con la caída de Constantinopla. Durante este período rige un contexto socio-histórico marcado por la idea de un Dios todo poderoso.

Esta época en la historia de la humanidad, se caracterizó por tener una visión del mundo teocéntrica. Esto implicaba que el centro de todo era Dios, el mundo se veía a través de la religión, que era la institución con el poder supremo. La sociedad de la Edad Media vivía ante un gran dogmatismo. A pesar de que no se permitían cuestionamientos al poder de la Iglesia, al final de este período se empezó a poner en tela de juicio la visión teocéntrica con la aparición de personajes como Menocchio, quien fue el primero en plantarse ante esta cosmovisión con su relato del queso y los gusanos. Sin embargo, previo a esto, la sociedad no había tenido una necesidad de buscar nuevas respuestas ante la pregunta ¿quién es el centro de todo?

Por primera vez la concepción del mundo y de la historia del más grande filósofo del Romanticismo, Hegel, acertó el verdadero significado de todo progreso histórico, que consiste en el hecho de que el periodo posterior supera al precedente en tanto que asimila lo que aquel tenía por propio, lo asimila y lo anula al mismo tiempo.

Esto comprueba el hecho de que durante la Edad Media, los pobladores no eran conscientes de cómo iban a pensar con el correr de los años, apoyaban la cosmovisión del momento y vivían rodeada de ella, dejando atrás la ideología de la antigüedad y haciéndose del cristianismo. Luego, va a suceder lo mismo en el Renacimiento, de a poco se van a ir dando cuenta, como Menocchio, que el paradigma de la época ya no responde a todas sus preguntas y necesidades actuales, por lo que necesitan ir en busca de nuevos ideales y respuestas para poder satisfacer a las personas en el nuevo contexto que se les va presentando.

En todos los ámbitos de la sociedad se pudo encontrar la influencia teocéntrica que reinaba sobre la población, política, cultura, arte, sociedad, etc. La Edad Media fue la etapa oscurantista en la que el conocimiento era cercenado y controlado por las estructuras religiosas.

En la Edad Media las monarquías progresivamente dan lugar a la aparición del feudalismo, sistema económico y político donde los campesinos trabajaban las tierras de los nobles a cambio de protección. La sociedad estaba dividida en estamentos estancos. La pertenencia a éstos, se creía, estaba definida por Dios; por ende, precedía al nacimiento del individuo y era irrefutable.

En la Edad Media, no existe una polis concreta, existe tan sólo la humanidad como conjunto, no existe un ciudadano, sino el hombre como ser espiritual, un dualismo profundo divide a los hombres en afirmadores y negadores de la religión. Se reniegan las antiguas leyes de la naturaleza, ahora la historia cumple una ley propia, puramente espiritual, la voluntad del único, omnipotente y omnisciente de la divina providencia. El arte no pudo escapar a esta visión del mundo, lo que generó que el concepto de artista que se conocía hasta el momento difiera del de la Edad Media, mostrando un concepto difuso y contradictorio. Se planteará un paralelismo entre un artista real y un artista medieval.

La Edad Media comienza con la desintegración del Imperio Romano de Occidente y finaliza con la caída del Imperio Romano de Oriente, Constantinopla. Durante todos los siglos que se sitúan entre estas dos fechas, se pueden apreciar manifestaciones artísticas basadas en la religión, mayormente encontradas en las instituciones religiosas. La Iglesia, era la dueña de la cultura y del arte ya que su finalidad era didáctica, pero para aprender sobre religión, como también para narrar hechos en los que la religión demuestra su poder y gentileza ante la sociedad. Si esto era de esta manera, y la única creación era de Dios, las temáticas a tratar en arte eran hechos que ya habían sucedido, no había un desarrollo creativo de por medio, porque todo ya había sido creación de Dios.

A lo largo de la Edad Media, el mundo parece hacerse grande, dominado por un cielo profundo. Todo pensamiento conduce en su dirección, está orientado hacia lo alto y no hacia la tierra, en lugar de la subjetividad atomística de la Antiguedad, que lleva en si la consciencia del espíritu, pero de un espíritu limitado, que contiene el elemento natural como ingrediente indispensable aparece ahora el ilimitado señorío del espíritu, una nueva trascendencia llevada hasta sus consecuencias extremas.

Durante la Edad Media, no era posible hacer una distinción entre arte y artesano, todas las obras de expresión se situaban en un mismo plano, cuando en realidad, el artista no es lo mismo que el artesano.

En ambos se veía al mero ejecutor de un encargo al que recibía de un señor, sacerdote o príncipe, el proyecto de la obra. La autoridad eclesiástica insistía en que no era al pintor a quien correspondía inventar las imágenes; la Iglesia las había construido y transmitido; al pintor le incumbía únicamente poner en práctica el ars, es decir, los procedimientos técnicos que permiten fabricarlas correctamente; eran los prelados quienes decidían su ordenación, o sea, el asunto, de las figuras y su disposición.

Los llamados artistas lo único que hacían era representar lo que los poderosos le pedían, ya que todo estaba asignado por la religión. A los artistas se les designaba una tarea, una obra que debían representar, pero el proceso creativo por el que pasa todo artista, ya había sido realizado por Dios, a quien se le asignaba la creación del todo.

Uno de los temas nuevos en el arte cristiano había sido la ilustración de la fuente de la revelación divina, del texto sagrado donde no era posible tener una interpretación individual. La imagen, que cobra un nuevo significado, fue utilizada para difundir la palabra de los conductores espirituales del cristianismo entre las personas a las que ellos llamaban pobres de espíritu (es decir, individuos que no tenían total conocimiento acerca de la religión).

También el arte, tenía que estar bajo la mirada de Dios, y nunca nada iba a llegar hacer tan bello como si se lo colocaba bajo la mirada del Todopoderso y para agradarle había que emplear los materiales más puros, los más suntuosos y trabajarlos con lo mejor de la inteligencia, sensibilidad y habilidades humanas. La obra de arte era una afirmación de autoridad. Todo era

Una idea de Dios realizada por el verbo, el mundo es un libro inmenso, escrito por la mano de Dios, en el que cada ser es una palabra llena de sentido. El ignorante contempla, ve figuras, letras misteriosas y no comprende su significado. Pero el sabio se eleva de las cosas visibles a las invisibles: al leer la naturaleza lee el pensamiento de Dios.

Esto quiere decir que todo era creación de Dios, incluyendo el arte. Aquellos que no lo entendían de esa forma eran considerados como ignorantes. Hoy en día, ese hecho se vería como un caso de autoritarismo. En cambio, en esa época, era algo sumamente normal.

Los artistas de la Edad Media plasmaban a figuras cristianas como los santos, en los cuales tenían que representar una virtud diferente para cada uno de ellos. Debían representar las almas transparentes y mostrar fuerza, caridad y justicia en sus rostros (las mismas características con las que Dios los había creado, o con las virtudes ya asignadas por la religión). No existía ningún tipo de abstracción.

El arte de la Edad Media estaba apartado de todas las cuestiones políticas, indiferente a las derrotas y a las victorias, solo conocía acontecimientos teológicos y de los sueños místicos. Esto es lógico que suceda, debido a que era su realidad, el contexto que presenciaban, en lo que creían y respetaban. Por eso, podemos relacionar al artista de la Edad Media con la concepción del artista de Bourdieu: “es el agente creador increado creado socialmente, porque en su mismo campo se le llama así, y es legitimado en su campo como tal”. Además, el autor explica que la obra de arte solo adquiere sentido para aquel que posee un código específico para decodificarla; para comprenderla es necesario ubicarla dentro de una red de relaciones que se establecen entre los agentes que están en contacto directo con la producción de la obra y la comunicación. Esto aplica correctamente a lo que sucedía con el arte en la Edad Media. El arte se basaba en la religión debido a que las iglesias eran los principales centros donde se podía apreciar esa manifestación. La gente que concurría veía las obras y aprendían sobre los hechos religiosos, alimentando el modelo teocéntrico en el cual vivían.

Los creadores de la Edad Media eran considerados como artistas por los pobladores de su tiempo, debido a que eran legitimados como tal por Dios, el poder supremo. Sin embargo, no hay que olvidar que ellos representaban temáticas establecidas por la religión, sus obras eran una extensión de lo que Dios pedía que representarán, ellos únicamente utilizaban sus habilidades para realizarlo.

Este concepto de artista que se presenta en la Edad Media, difiere del concepto de artista que se conoce actualmente. Hay una gran diferencia entre el artista medieval y el contemporáneo. Este último expresa sus emociones y las plasma en su obra, mientras que el artista de la Edad Media realizaba lo que le pedían, no lograba expresar lo que realmente deseaba ni de la manera que deseaba.

Actualmente se considera arte a muchas manifestaciones no convencionales que antes no hubiesen entrado dentro de esta categoría; muchas veces si el espectador no sabe de qué se trata la obra, no logrará entenderla. En la Edad Media, los espectadores de las obras eran las personas que acudían a la Iglesia, por lo que es lógico que sí entendieran las obras, y si no conocían de donde venían, aprendían a través de ellas, insertándolos cada vez más, en el mundo de la religión. Asimismo, en el presente, a través de una obra de arte se pueden aprehender un sinnúmero de aspectos de la vida cotidiana, incluyendo también a la religión. Los artistas contemporáneos muchas veces buscan generar controversia, mostrarse en contra de lo establecido y lo convencional, situación completamente impracticable para los creadores medievales.

Conclusión

Frente a la mirada de los pobladores medievales y en función de la actividad que desempeñaban, los creadores eran considerados artistas.

Sin embargo, desde la perspectiva contemporánea, no podrían ser calificados de esta forma, debido a que su lógica de acción distaba mucho de la actual. Plasmaban en sus obras aquello que les era requerido por la Iglesia, siendo simplemente reproductores y Dios el gran creador de todo. No había proceso creativo, ni expresión de su interior, de sus sentimientos y sus conocimientos en las obras. Su desempeño se adecuaba a la sociedad medieval en la que vivían: dogmática, cerrada, conservadora, que no daba lugar a la expresión individual ni en el arte, ni en otros espacios de la vida cotidiana. Si bien, en la actualidad de ninguna manera podrían ser considerados artistas, puede concluirse que el contexto histórico es el que marca definición válida de arte para cada época, como también para todo lo demás que lo rodea.

Bibliografía

Male, E. (1952). El arte religioso. México DF: Fondo de Cultura Económica.

García, D. (2013). Breve acercamiento a la teoría de Pierre Bourdieu y el campo literario. Utopismo cultural. Disponible en: http://metaliterarias. blogspot.com.ar/2013/05/breve-acercamiento-pierre-bourdieu-y-el. html

Von Schlosser, J (1981). El arte de la Edad Media. Barcelona: Gustavo Gili.

Duby, G (1998). Arte y sociedad en la Edad Media. Buenos Aires: Taurus.


El artista de la Edad Media… ¿Era realmente un artista? fue publicado de la página 55 a página57 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

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