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La viralización del arte como característica de este siglo

Lastra, Fernanda Belén

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XVIII Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2015 Ensayos Contemporáneos. Edición XVI Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 74, Julio 2016, Buenos Aires, Argentina | 100 páginas

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Introducción

En el presente ensayo se realizará un breve análisis del arte y sus características, y de la necesidad de los artistas de obtener reconocimiento y aceptación para poder expandirse. También se establecerá como la política, los avances tecnológicos y tantos otros hechos que ocurren en la sociedad influyen en la vida de los artistas, ya sea generando nuevas corrientes o estilos, dando por finalizadas vanguardias o directamente cerrándole las puertas a los artistas.

En este sentido, se intenta comprender cómo el arte, en varias de sus formas, dejó de ser algo que sólo se halla en museos, ateliers, galerías, o centros especializados, y se transformó en un modo de expresión popular, que se encuentra al alcance de toda la población y que cuenta con los detalles necesarios para que cualquier individuo pueda interpretarlo. Para ello se tomarán las obras del artista argentino Milo Lockett y se observará cómo algunas de sus características se relacionan con las vanguardias estudiadas. Este artista ha generado un acercamiento entre las personas de todos los niveles socioculturales y las artes.

Desarrollo

Se podría comenzar estableciendo ciertos parámetros de comprensión. En principio, se entenderá por arte a la capacidad que tiene el ser humano para plasmar conceptos, ideas y sentimientos en creaciones que son llevadas a cabo con una infinidad de recursos disponibles.

Pero no es lo único que determina que una obra sea llamada “arte” debido a que uno de los requisitos es que dicha obra tome un sentido público, para que a partir de su difusión pueda ser reconocida.

En relación con esta cuestión, los profesores Lobeto, Wechsler y Sánchez de la Universidad de Buenos Aires, han realizado un estudio acerca de la relación entre la cultura y el arte, analizando las palabras del sociólogo francés Pierre Bourdieu, donde establecen que “el artista debe `enfrentar la definición social de su obra` lo que implica ver en qué medida interviene la sociedad en el `proyecto creador` imponiendo al artista sus exigencias o rechazos” (s/f). Se observa, de esta manera, la necesidad que tiene el artista de hacer pública su creación y de insertarla en el “campo intelectual” que según Bourdieu es el “espacio social diferenciado en que se insertan los productores y los productos de la cultura ilustrada en las sociedades modernas” (1984), para conseguir, ni más ni menos, que la legitimación, o no, de su proyecto creador.

Si se efectúa un recorrido por los primeros movimientos artísticos, se observa que en ese entonces también estaba la necesidad de reconocimiento y aceptación, pero el campo intelectual era más reducido y crítico, lo cual impedía una apertura a nuevas formas y estilos de expresión. Los consagrados, aquellos que ya tenían renombre y peso, no tenían problemas para conseguir un mecenas, pero quienes buscaban generar cambios o rupturas en los estilos tradicionales, eran rechazados, cuestionados y en ocasiones relegados al olvido. Pero estas rupturas no venían solas, sino que eran producto de eventos externos que afectaban la creatividad de los artistas.

La política, los avances tecnológicos y científicos, fueron disparadores para muchas mentes creativas, y en varias oportunidades resultaron ser el puntapié inicial para un nuevo movimiento o vanguardia. Pero hoy en día, con siglos de por medio, se observa cómo ciertos elementos del pasado, ya sean técnicas o bien las obras de arte ya consagradas, conviven con el presente y toman un carácter popular. En palabras de la investigadora Esther Díaz “La destrucción del pasado nos reduciría al silencio” (1999). Si bien ella hace referencia a la posmodernidad, es inevitable no relacionarlo con las creaciones actuales, puesto que son muchos los artistas contemporáneos que surgieron al buscar una oposición a la modernidad, época en la que parecía rechazarse el pasado. Con respecto a estas diferencias, Díaz establece lo siguiente:

El experimento elitista y refinado coexiste con la empresa de divulgación popular. Desaparecen las dicotomías, no sólo entre lo culto y lo popular sino también entre lo distinguido y lo chabacano. Incluso acerca de la noción de tiempo existen equivalencias. El artista moderno apuntaba al futuro y se esforzaba por omitir o negar el pasado. El artista posmoderno, a semejanza del medieval, se fusiona con el pasado. El pasado puede tener futuro. Ahora se trata de actualizarlo, de leer el pasado desde la ironía y la recreación. Pero ya no se cree únicamente en una continuidad progresiva.

Si se toman otras características de la posmodernidad como la globalización, el consumismo, la participación de los medios de comunicación en la mayoría de los ámbitos y la cultura de lo popular, se hallará un nuevo universo de posibilidades para el mundo creativo, ya que dichos conceptos no sólo han influenciado a los artistas, sino que en muchos casos, le han dado una repercusión a sus creaciones que en otras épocas hubiese sido imposible.

Esta difusión masiva de las artes y el carácter popular de sus creadores, pareciera ser algo propio de estos tiempos. Se puede afirmar que hay arte en todas partes; en plazas, murales, shoppings, hospitales, skins para dispositivos, tazas, almohadones, etc. Y si aún se lo desea, se puede tener el tradicional cuadro en el living, estudio, o en cualquier otro ámbito. Ya no hay límites, por lo cual se puede afirmar que la reproducción masiva de objetos de arte ha devaluado el concepto de originalidad y exclusividad. Si se toma como ejemplo las obras Milo Lockett, se advertirá una clara correlación con las reflexiones aquí propuestas.

Este artista, de origen chaqueño, comenzó su carrera luego de trabajar por muchos años en la industria textil. Cuando dejó sus actividades empresariales, comenzó a dedicarse a la pintura. Es un autodidacta, y su obra ha generado diferentes opiniones y críticas, pero aun así, el público en general ha recibido con agrado sus creaciones, que no resultan pretenciosas y que están destinadas a todas las edades (Una vida dedicada al arte, 2015).

Si bien es difícil encasillar a Lockett dentro de un movimiento o vanguardia, es posible observar que cuenta con características propias de muchas de éstas, como por ejemplo el facetado de los rostros en alguna de sus pinturas, algo recurrente en las obras del Cubismo o los colores vibrantes como se observan en el Fauvismo.

También se debe mencionar que desde que inició su labor como artista, se ha dedicado a proyectos solidarios, subastas a beneficio y contribuciones de distinta índole en todo el país, especialmente en su Chaco natal. Pero más allá de todas estas características, lo que resultó ser un disparador para este ensayo, es el hecho de que se puede encontrar un “Milo” en todos lados.

Muchas personas compran sus obras para exhibirlas con orgullo en sus hogares o lugares de trabajo, pero cuando salen de allí, encuentran un Lockett original en la fachada de un shopping. Sin ir más lejos, sus creaciones están plasmadas en todo tipo de soportes y objetos de uso cotidiano, algo que ni los más reconocidos artistas y visionarios del pasado hubiesen pensado como una posibilidad. El hecho de que una original fuese accesible a cualquier persona o el poder contemplar obras de arte a cielo abierto, no es algo común a cualquier década. Los medios de comunicación y la globalización han jugado un rol protagónico en la vida de los artistas para propagar sus creaciones.

Y no se debe considerar este último punto como algo negativo, puesto que para los artistas, el poder mostrar sus obras, como por ejemplo en blogs, redes sociales, o diferentes foros que tratan esta temática, le da al ellos una difusión “viral” sin la necesidad de tener que esperar años para ser reconocido. Después de todo, cuando uno desea transmitir una idea, concepto o creencia, cuanto más rápido se pueda hacer, mejor.

Conclusiones

Para finalizar, si se tienen en cuenta las características mencionadas en este ensayo como “arte”, se puede sostener que en la actualidad hay una gran cantidad de obras en circulación. Ya no es necesario ir a un museo o galería para apreciar las creaciones de un artista, ya que si se busca en los celulares a Mondrian, a Georges Braque, a Manet, o si se busca a Marinetti, Kandisky o Pollock, se podrán visualizar sus obras sin necesidad de viajar kilómetros o limitarse a un horario de visita. Incluso artistas relativamente nuevos, como Milo Lockett, lograron una gran exposición gracias a los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, y obtuvieron reconocimientos que pueden disfrutar en vida, a diferencia de quienes no lo han conseguido, sino hasta después de su fallecimiento.

Esta viralización de las artes se puede considerar como un plus para la cultura popular, la cual se ha visto enriquecida desde que la pintura, la música, la fotografía, entre tantas otras formas de expresión, están al alcance del público sin hacer distinción de edad, sexo, religión o posición socio-económica.

Bibliografía

Bourdieu, P. (1984). Campo Intelectual y Proyecto Creador (2da Edición). México DF: Siglo XXI.

Díaz, E. (1999) Posmodernidad (1ra Edición). Buenos Aires: Editorial Biblos.

Lockett, M. (2015). Una vida dedicada al arte. Recuperado en Octubre de 2015 de: www.milolockett.com.ar/vida_resenia.html


La viralización del arte como característica de este siglo fue publicado de la página 57 a página58 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

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