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¿Existe una sola realidad o podemos construirla?

Wysocki, Karen Natali

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº74

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XVIII Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2015 Ensayos Contemporáneos. Edición XVI Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 74, Julio 2016, Buenos Aires, Argentina | 100 páginas

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Introducción

El tema a tratar será el del Coaching Ontológico y las herramientas que utiliza para su aplicación. A través de un análisis teórico y la elaboración de encuestas, se intentará demostrar que en la actualidad muchos presidentes, gerentes, CEO, profesionales, etc. utilizan esta práctica para la mejora personal e interpersonal en el ámbito laboral.

Según la Asociación Argentina de Profesionales del Coaching (AAPC), el coaching ontológico “es una profesión comprometida con la expansión del potencial personal, organizacional y social, basada en el Aprendizaje Ontológico dentro de un Marco Constructivista y una Perspectiva Sistémica”. La concepción de marco constructivista hace referencia a la teoría del conocimiento según la cual las personas no tienen acceso directo a la realidad con independencia de los nuestros esquemas o construcciones.

La realidad no se revela directamente sino que debe ser construida e interpretada de distintas formas. Para el constructivismo, el aprendizaje está ligado a la existencia del hombre como ser social, a partir de la interacción con otros y el entorno. Este proceso no siempre se produce de manera espontánea, sino que puede ser favorecido por la interacción con facilitadores, pero es el propio sujeto quien, desde su experiencia interna, construye o reconstruye los significados desde un rol activo y reflexivo sistémico ya que se basa en la percepción del mundo en términos de totalidades para su estudio, comprensión y accionar. En base a este paradigma de sistemas, el coach fomenta la integración, lo que permite superar la fragmentación personal, organizacional y social.

Desarrollo

Para poder abordar mejor el tema, es necesario tener en cuenta determinados significados. Ontología proviene de onto que significa “ser”, y logía “estudio”; es decir, el estudio del ser. Con el coaching ontológico se busca la transformación del ser. Por otro lado, el coaching se da en una instancia de charla llamada conversación de coaching, que es un encuentro personal y privado, entre el profesional denominado coach ontológico profesional (COP), y el “cliente” denominado coachee. Se habla de facilitar para distinguirlo de actividades como la enseñanza, la consejería o el asesoramiento. Al definir al COP como un facilitador de procesos de Aprendizaje Ontológico, se coloca el énfasis en que es el coachee quien define el rumbo del proceso, quien toma sus decisiones y asume la plena responsabilidad por los cambios que pretende efectuar y las acciones que se compromete realizar. En este camino, el coach no aconseja, no indica lo que el coachee debería hacer, ni opina sobre la conveniencia de realizar algún tipo de acción, sino que acompaña y facilita que el coachee observe desde otra perspectiva la situación declarada como quiebre, encuentre nuevas respuestas y se conecte con sus propios recursos que le posibiliten empoderarse y pasar a la acción. El coaching ontológico tampoco debe confundirse con el counselling, las capacitaciones, la psicología o la psicoterapia. Hay una gran diferencia entre ellas. El consultor es un experto que ofrece orientación e información para que el cliente desarrolle habilidades específicas, mientras que el coach es un potenciador de capacidades a través de conversaciones desafiantes. Las capacitaciones en cambio, suelen ser grupales, en una instancia de curso, taller o seminario, brindando un aprendizaje. Hay problemas que no puede atender un coach, tales como la ansiedad, la depresión, la drogadicción u otras patologías de origen mental, en cuanto en esos casos debe derivarse al individuo a otro profesional como un psicólogo, psiquiatra, neurólogo, etc.. El coach puede ser un acompa- ñante durante esos tratamientos para alcanzar objetivos determinados, brindándole herramientas del ámbito lingüístico. En el marco del Primer congreso latinoamericano de Coaches Ontológicos, realizado en la República Argentina en octubre de 2015, se presentó el “Modelo 7CCOP” de la Asociación Argentina de Profesionales del Coaching. Esto es la significación del Coaching Ontológico y las 7 Competencias Profesionales, que estandarizan las prácticas profesionales y establecen qué es coaching y qué no.

Como se mencionó anteriormente, según la Asociación Argentina de Profesionales de Coaching, el coaching

Es un método profesional por el cual se desarrolla un estilo especial de conversación que prioriza la pregunta y procura, en un contexto de responsabilidad y reflexión, evocar las respuestas del coachee. El coach asiste y acompaña al coachee en su proceso de Aprendizaje Ontológico que genere un cambio de observador y posibilite su transformación personal.

La noción del observador es un aspecto clave en el coaching ontológico. Gregory Bateson, quien fuera un precursor constructivista, señaló que “no vemos el mundo como es, lo vemos como somos nosotros”. No es posible escuchar lo que otro dice sin teñirlo con las interpretaciones de como se concibe la vida. Varias personas frente a una misma experiencia observan e interpretan de manera diferente. El desafío del coach es distinguir desde qué trasfondo el coachee escucha, mira e interpreta su entorno y en base a eso acciona para generar resultados.

El observador que somos está constituido por una combinación del estado de ánimo, más el cuerpo y la conversación (interna o externa). Es por eso que el coach profesional puede distinguir la coherencia personal que muestra su coachee a través de tres dominios: la emocionalidad, la corporalidad y el lenguaje. Esta coherencia funciona como un sistema. Ello implica que los fenómenos que tienen lugar, por ejemplo, en el dominio emocional (emociones) son coherentes con los que se pueden detectar a nivel corporal (posturas) y del lenguaje (lo que se dice o se escucha). Estas relaciones de coherencia habilitan la posibilidad de efectuar “reconstrucciones” de los fenómenos propios de cada dominio a través de cualquiera de los otros dos. Relacionándolo a la vida cotidiana o profesional, esto permite entender que otro puede pensar diferente porque entendió la situación de distinta manera, lo que condicionó su modo de actuar. Eso posibilita una mejora en la relación interpersonal, ya que permite entender que la acción tomada no tuvo como intención herir, hacer enojar o cualquier otro fin negativo, sino que simplemente la persona actuó en bajo su perspectiva (observador).

Las bases del Coaching Ontológico se pueden encontrar en los aportes de la filosofía del Lenguaje de la mano de Heidegger, Wittgeinstein y Nietzsche, la lingüística a partir de Austin y de los biólogos Humerto Maturana y Francisco Varela, entre otros. Pero principalmente de Fernando Flores y el sociólogo Rafael Echeverría. Este último, quien escribió el libro Ontología del Lenguaje, es sin duda uno de los pilares del coaching ontológico. Echeverría es socio honorario de la Asociación Argentina de Profesionales del Coaching.

Los postulados básicos de la Ontología del Lenguaje, expresados por Rafael Echeverría son: que los seres humanos deben ser interpretados como seres lingüísticos, que el lenguaje es generativo, y que los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de él.

Durante siglos se consideró al lenguaje únicamente como descriptivo y desde una concepción pasiva, mientras que en la actualidad se lo considera generativo porque permite no sólo describir la realidad, sino crear nuevas realidades. El lenguaje es acción, y para transportarlo a un hecho común de la vida cotidiana, decir “basta” puede cambiar el curso espontáneo de los acontecimientos. A partir de lo que se dice y lo que se calla, se moldea la identidad y el futuro de la persona. El individuo se crea a sí mismo a través del lenguaje, nadie es de una forma de ser determinada, dada e inmutable. Esto permite ganar dominio sobre la propia cotidianeidad, jugando un papel activo en el diseño del tipo de ser en que cada uno aspira convertirse. En la antigüedad, los filósofos metafísicos buscaban descubrir la verdad, el ser puro, con lo que la ontología difiere y explica que no hay una única verdad, sino que cada individuo produce y construye una realidad por medio del lenguaje, según ese observador. Además de estos postulados, Echeverría menciona los tres principios de la Ontología: el principio del observador; no es posible saber cómo son las cosas, puesto que éstas son interpretaciones efectuadas en base a los mundos interpretativos de cada uno; el principio de la acción, el principio de la acción, que implica que las personas no sólo actúan de acuerdo a lo que son, sino que también son de acuerdo a cómo actúan, es decir, que la acción genera formas de ser, y el principio del sistema, que indica que toda entidad es el resultado de su propia estructura y de la estructura del sistema en el que se desenvuelve.

Eso define su ámbito de acciones posibles. Dentro de ese ámbito puede estar la capacidad de introducir transformaciones en ambas estructuras Otro concepto a tener en cuenta es el de aprendizaje. Como se ha mencionado anteriormente, el coach es un facilitador de procesos del Aprendizaje Ontológico. Generalmente se relaciona el aprendizaje con la incorporación de un nuevo conocimiento. Desde la ontología se lo vincula con la capacidad de acción de las personas. En tal sentido, se destaca que “conocer” refiere a tener información sobre un determinado tema, mientras que “saber” implica tener la habilidad necesaria para poner un conocimiento en acción efectiva. O sea que, para la ontología, el aprendizaje es “la expansión de la capacidad de acción en un dominio determinado, en forma efectiva, autónoma y recurrente”. En este aspecto, podemos decir que el coach posibilitó la “transformación ontológica” del coachee cuando, por medio del aprendizaje, accedió a modificar o rediseñar su forma de ser. Al interpretar que los seres humanos son seres lingüísticos, que se crean a partir del lenguaje, el coach le confiere al lenguaje un lugar privilegiado. Ello es así en tanto desde la acción lingüística se generan constantemente resultados; cada vez que una persona ejecuta un acto del lenguaje, se asume un compromiso social; por lo tanto, es responsable de lo que esto genera.

El lenguaje no es inocente. Las palabras tienen consecuencias; abren o cierran posibilidades. El poder de cada ser humano está ligado a la capacidad de diseñar conversaciones. Por este motivo, una de las competencias del coach se basa en la capacidad de crear un espacio conversacional a partir de los compromisos lingüísticos, mediante preguntas al coachee del tipo: “¿Qué declaraciones hacen falta para lograr sus objetivos?”, “¿Qué juicios tiene respecto a los demás y consigo mismo?”, “¿Qué pedidos se requieren?”, “¿Qué ofertas son necesarias?”. Es por esto que en la práctica del coaching es importante distinguir los distintos actos lingüísticos que según la ontología del lenguaje son: afirmaciones, declaraciones y juicios; pedidos, ofertas y promesas.

Hay una gran diferencia entre las afirmaciones y las declaraciones. Las afirmaciones constituyen el lenguaje de los hechos. Son de consenso social, medibles, quien las emite puede proveer evidencia constatable. Pueden ser verdaderas, falsas o indecisas. Unos ejemplos serían “Esto es una mesa”, “María mide un 1,50 cm”, “París es la capital de Francia” (afirmación verdadera), “París es la capital de Italia” (afirmación falsa), o “Está lloviendo en Marruecos” (afirmación indecisa hasta que haya un alguien o algo que lo compruebe). Hay que tener en cuenta que las afirmaciones dependen del contexto en el que se emite: “El matrimonio igualitario está legalizado”, es una afirmación verdadera en Argentina, pero es una afirmación falsa en Colombia. En definitiva, las afirmaciones describen el mundo.

Las declaraciones en cambio crean realidades, un futuro diferente. Las declaraciones están relacionadas con el poder porque se tiene que tener la capacidad de hacerlas cumplir. Esta capacidad puede provenir de la fuerza o haber sido otorgada como autoridad. En el caso de la declaración de la independencia argentina, los españoles no tuvieron el poder suficiente para oponerse a esa declaración y tuvieron que aceptarla. En cambio un juez, por ejemplo, tiene la autoridad otorgada para declarar culpable o inocente a un individuo. Lo mismo sucede cuando un árbitro muestra la tarjeta roja en un partido de futbol, o cuando el oficial de justicia declara marido y mujer a una pareja, o cuando un maestro dice aprobado. Las declaraciones pueden ser válidas o inválidas, dependiendo de quien las emita.

Se ha sostenido que para hacer determinadas declaraciones, es necesario tener la debida autoridad. Sin que tal autoridad haya sido concedida, estas declaraciones no tienen validez y, por lo tanto, no tienen tampoco eficacia. Sin embargo, hay un vasto rango de declaraciones que no requieren de una concesión social de autoridad, sino que están asociadas a la propia dignidad de la persona humana. Toda persona tiene el poder de efectuar determinadas declaraciones en el ámbito de la propia vida personal y en cuanto ejerza tal poder asienta su dignidad como persona. Estas son las llamadas declaraciones fundamentales, tales como el “no”, “si”, “no sé”, “gracias”, “perdón”, “amor”. Decir “No” es una de las declaraciones fundamentales más importantes que un individuo puede hacer, es una de las que más compromete la dignidad de la persona. Todos tienen el derecho de decir que no ante las demandas de los demás.

En muchas ocasiones, sin embargo, el precio de decir “no” es alto y depende de cada uno pagarlo o no. Cada vez que un “No” sea pasado por alto, se podrá considerar que esa persona no fue respetada. Esta declaración define el respeto que se tiene una persona y, en consecuencia, el que le tendrán los demás.

Otro punto a presentar es aprender a aceptar un “No”, comprender esa decisión y no sentir que hay un “No” hacia esa persona o algún tipo de problema personal, sino un simple “No” a aquel pedido determinado. De hecho, siempre será mejor aceptar un “No” desde un principio, a que luego la persona salga defraudada al no tener una solución posible a esa situación. En efecto, la aceptación del “No” ofrecerá la oportunidad de hacer nuevos pedidos y negociaciones con otras personas.

En cuanto a la declaración del “Sí”, no siempre se deberá decir “Sí” sino que se podrá cumplir con lo acordado; se perderá confiabilidad y respeto y se le quitará a la persona que hace el pedido la posibilidad de generar nuevos vínculos y lograr el “Sí” de otra persona. Con respecto a determinados pedidos y/o propuestas, muchas veces por temor o vergüenza, las personas no son capaces de declarar el “Sí”, perdiendo así pequeñas o grandes oportunidades.

Por su parte, la declaración de ignorancia o el “no sé” es trascendente para el ser humano. Declararlo puede abrir puertas para nuevos conocimientos. Sin embargo, uno de los problemas del aprendizaje es que frecuentemente “no sabemos que no sabemos”. Declarar “no sé” es el primer eslabón del proceso de aprendizaje. Y a partir de allí, se puede declarar “voy a aprender”. Esta declaración es una de las más poderosas en el proceso de transformación personal y de creación. Declarar el amor y la gratitud es algo de gran significación, darlo o recibirlo. No es lo mismo decirlo que no decirlo, puesto que genera contextos nuevos. No es lo mismo que una persona graduada de su facultad no reciba unas felicitaciones por sus padres a que no, o que una novia le diga siempre “Te amo” a su novio, y él nunca lo haga, construye la relación.

Es importante reconocer el poder generativo de la acción de decir “Gracias”. Pero no sólo a las personas, sino a la vida misma. Algunas sociedades celebran el día de “acción de gracias”. Al declarar nuestra gratitud participamos en la generación de nuestras relaciones con los otros y en la propia construcción de nuestra vida. También se puede hacer referencia a la declaración del perdón, que incluye tres actos declarativos diferentes: “Perdón”, “Te perdono” y “Me perdono”. Cuando una persona no cumple con aquello a que lo que se ha comprometido o cuando sus acciones, sin que se lo propusiera, le hacen daño al otro, cabe asumir la responsabilidad por ello. La forma tradicional y común es decir “Perdón”. Cuando uno dice “Te pido perdón” o “Perdoname” delega en el otro la responsabilidad y obligación de perdonarlo. El perdón del afectado no exime la responsabilidad del otro. El haber dicho “Perdón” aunque el otro no lo perdone, es de mayor importancia y construye un mundo distinto. Muchas veces un “Perdón” no es suficiente para solucionar las cosas, y habrá que responsabilizarse con otras acciones para solventar la situación y relación. Si luego de lo sucedido la persona responsable no se hace cargo de las consecuencias de su acción, el afectado se sentirá víctima de una injusticia, y al pensar así justificará su resentimiento con ella. Sin embargo, al caer en el resentimiento se ha puesto en una posición de dependencia con respecto a quien hace responsable y ese sentimiento lo seguirá atando como esclavo a ese otro, afectando no sólo su felicidad sino también la libertad como persona. Por eso “Te perdono” o perdonar es un acto declarativo de liberación personal.

El tercer acto declarativo es perdonarse a sí mismo. Si alguien hizo algo irreparable, no es necesario cargar con la culpa por el resto de la vida. Sin que ello permita eludir la responsabilidad de las acciones y evite actuar para hacerse cargo de los actos. Hay que tener en cuenta que las acciones pasadas están condicionadas por dicho contexto. Y las personas no son de un modo definitivo permanentemente.

Estas declaraciones en el coaching son de suma importancia ya que crean realidades diferentes, modificando la dignidad de las personas, su credibilidad y su confianza. Cabe destacar que le brindará la oportunidad de su crecimiento personal y laboral, fomentando así relacionas más limpias y transparentes. Claro está que en cualquier tipo de empresa siempre habrá pequeños o grandes conflictos entre pares o de mayor jerarquía, pero pudiendo aplicar de forma correcta todos estos puntos, los vínculos y el ambiente, junto con la cultura y la imagen de la empresa, mejorará.

Un juicio es un tipo particular de declaración que constituye una opinión o interpretación de quien lo emite. Se da en un espacio declarativo, ya que permite crear una nueva realidad, que solo existe en el lenguaje. Comprometen nuestro futuro. Los juicios no describen la realidad, la califican de manera particular según el observador que las emite. No son ni verdaderos, ni falsos. Aquí el compromiso de quien lo emite no es proporcionar evidencia. Son discutibles. Pueden ser fundados, según la forma en que se relacionan con el pasado. Aunque un juicio fuera fundado no se transforma en una afirmación. Si se afirma que Juan mide 1.70 m. es una afirmación, pero decir “Juan es alto” es un juicio. Porque una persona que mide 1,50 m. puede considerarlo alto, pero una mujer que mide 1,80 m. seguramente no pensará lo mismo. Si una comunidad ha otorgado autoridad a alguien para emitir un juicio, este juicio puede ser considerado como válido para esa comunidad. Por ejemplo, una calificación dada por un profesor. La gente, sin embargo, está continuamente emitiendo juicios, aun cuando no se les haya otorgado autoridad. Por ese motivo, los que las escuchan siempre pueden descartarlas. Con nuestros juicios se afecta la identidad de las personas, empresas, países, etc. Los juicios permiten anticipar el futuro y las consecuencias de las acciones propias o de otras personas. Debido a su fuerte relación con el pasado, los juicios suelen ser muy conservadores. Usualmente se asume que el pasado es un buen consejero del futuro, que lo que sucedió alguna vez, podría volver a pasar. Los líderes y quienes son responsables de diseñar el futuro, deben evitar convertirse en prisioneros de sus juicios o del pasado que esos juicios traen consigo. Siguiendo los principios de la ontología, es posible crear una realidad diferente: “la acción genera ser”. En la medida en que se modifiquen las propias acciones (como resultado del aprendizaje ontológico), se puede modificar la identidad: transformar el ser.

Toda acción revela el tipo de ser que la ejecuta. De la misma manera, cada vez que se afirma algo (teniendo en cuenta que hablar es una acción), de alguna forma la persona revela quién es. El juicio tiene una “doble cara”. Un aspecto fundamental de la disciplina del coaching ontológico consiste en aprender a tratar los juicios que las personas hacen, de los demás o de sí mismos, para llegar a su ser. Es por ello imprescindible distinguir que lo que se ha pensado o dicho es un juicio, y que no es inmutable.

Las otras declaraciones fundamentales son: la promesa, el pedido y la oferta. Las promesas son aquellos actos lingüísticos que permiten coordinar acciones con otros. Cuando alguien hace una promesa, él o ella se comprometen ante otro a ejecutar una acción en el futuro. Mediante esa promesa, el otro puede tomar compromisos y ejecutar acciones que antes hubieran sido imposibles. Este no es solamente un compromiso mutuo y personal sino social. El trabajo, el matrimonio, la educación, el sistema político, etc., se generaron porque había personas que hacían promesas a otras. La promesa no se completa con solo decirla. El otro debe aceptarla. Y tampoco cierra cuando quien cumple considera que ha cumplido con las condiciones de satisfacción que fueron estipuladas, sino cuando el oyente declara su satisfacción. No saber pedir no solo condiciona la identidad, también define qué tipo de vida se puede esperar.