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El mandala y su significación religiosa

Kleinert, Martina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº76

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº76

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XIX Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2016 Ensayos Contemporáneos. Edición XVII Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2016

Año XIII, Vol. 76, Noviembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 108 páginas

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Introducción 

En este ensayo se analizará la definición y los elementos necesarios a la hora de generar un mandala, teniendo en cuenta, además, su significación religiosa. Dentro de la religión, se procederá a la profundización acerca de la cultura tibetana, explicando de qué forma los generan y con qué objetivo, para luego compararlo con el uso terapéutico de éstas, un movimiento psico-medicinal, que actualmente se está esparciendo por todo el occidente para tratar tanto patologías como situaciones de estrés o cambio que puede estar viviendo un paciente. Para ofrecer reflexiones más adecuada, se procederá a consultar a una psicóloga especialista en artes visuales que ayudará a adentrarse aún más en la terapia de mandalas.

Desarrollo 

Se conoce como mandala (o mándala) a toda representación circular generada a través del conjunto de diversas formas geométricas, que se utiliza como método de meditación y/o concentración. Asimismo, es claro que esta concepción es realmente básica y cuenta con elementos que pueden confundir un verdadero mandala con una representación similar. Para entender, ciertamente, qué es este principio y como distinguirlo, lo primero que debe analizarse es su significado. La palabra mandala es un término de origen sánscrito que refiere concretamente a “cerca circular”, si bien, según la cultura y el momento en el que se utilice puede conocerse también como círculo mágico, sagrado, de protección o de meditación.

Éstos son conformados desde su centro hacia la periferia (sánscrito Kilkor), a través de diagramas circulares inscriptos en un reborde cuadrado, representando al círculo como centro, tanto del universo como humano, sostenido por un soporte de concentración.  Cabe aclarar que porque se conozcan como mandalas, no significa que hayan nacido en India. En efecto, actualmente se puede afirmar que estas representaciones circulares se utilizaron desde la prehistoria, modificando ciertas características según la cultura en la que se usasen. Pero siempre con un mismo objetivo: lograr círculos concéntricos ritualistas basados en formas geométricas básicas.  Ahora sí, hablando meramente de la parte ritualista hindú y tibetana, se los puede tomar como herramientas de meditación y concentración mental que funcionan como modificadores de la conciencia, iluminando a quien lo contempla. ¿Por qué se utiliza un círculo? Tomando la definición india, el círculo representa la eternidad de los ciclos tanto naturales como humanos, mientras que basándose en la definición griega, toda forma geométrica básica remite a la perfección. 

¿Cómo se construye un mandala tradicional? Hay que tener en cuenta varios elementos obligatorios a la hora de generar un mandala. Lo primero a utilizar es la sectorización interna regida por ejes cardinales, dentro del cual se crea una serie de cuadrillas dedicadas a diferentes dioses.  Existen dos formas de subdividir el mandala, en cuatro o nueve casillas; o en sesenta y cuatro u ochenta, éste último es el más usado, colocando como deidad central a Brahma. Y simbolizando a Purusha en el cuadrado de contención. Luego se debe corroborar el uso de elementos como la cruz, que casi siempre aparece de forma implícita sobre los puntos cardinales, el cuadrado y el círculo o punto. En el caso de que alguna de estas formas no se encuentre, la representación deja de tomarse como un mandala, y pasa a ser sólo un elemento con características similares.  Por ultimo, es preciso referir al uso del color; los mandalas se generan en base a cuatro colores tradicionales usados para representar un elemento natural. Estos son: el rojo, representando el fuego, el amarillo a la tierra, el blanco al agua y el negro o azul al aire. Simbolizando, a su vez, los cuatro puntos cardinales.

Respecto al uso del mandala tibetano, este tipo de mandala no es un dibujo o una representación pictórica, sino que se logra a través del uso de polvos de piedras semipreciosas teñidas de diferentes colores. Los monjes tibetanos que los crean lo hacen con el objetivo de representar geométricamente el cosmos.  Este es un ritual que puede durar semanas, y que se logra a través de ciertos pasos a seguir: lo primero a tener en cuenta es colocar la arena desde las orillas hacia el centro, simbolizando así el nacimiento. Al concluir con la conformación de éste, lo que se hace es santificarlo en una ceremonia donde pueden acceder civiles. Luego de finalizar el mandala, lo que se hace es destruirlo; se barre la arena desde las orillas hacia el centro simbolizando no sólo la muerte, sino también esta idea de la existencia efímera. Al terminar con el barrido, la mitad de la arena suele repartirse a civiles como símbolo de salud y curación. Por último, se dispersa el polvo sobrante en algún cuerpo de agua cercano, difundiendo la energía curativa del mandala al mundo y, representando metafóricamente tanto el desapego a lo material como la continuidad de la vida: el nacimiento, el crecimiento, la maduración y la muerte, mostrando que nada es permanente. 

Respecto a los mandalas como terapia, ésta es una técnica muy vanguardista en occidente, actualmente cada vez más personas se acercan a este nuevo método de sanación con el objetivo de encontrar una salida natural a sus problemas. Pero, ¿a qué se llaman problemas? No todas las mandalas cumplen con la misma función, sino que se genera una mandala para cada problema específico. Éstas, según sus chakras, se derivan a una patología.  Se comprobó que cada vez hay más pacientes que buscan, a través de este método, modificar sus comportamientos y así lograr bajar el estrés. Este tipo de terapia se centra en una vertiente creativa que llama a la meditación, basado en el hemisferio derecho del cerebro (trata la parte creativa y emocional), generando un estado de quietud y relajación mental. ¿Qué son los chakras? Traducido como “rueda”, el chakra refiere a las ruedas de energía, o puntos energéticos, del alma, que da vida y regula cada parte del cuerpo físico. El cúmulo de sentimientos negativos puede llegar a bloquear los chakras, bloqueando a su vez el buen funcionamiento del organismo, y generando así diferentes patologías tanto a nivel físico como psíquico. Existen siete chakras, dentro de los cuales figuran la base de la columna, que es representada por el primer chakra junto con el color rojo, simbolizando vida, fuerza y vitalidad; esencial para problemas sanguíneos. 

El segundo, en cambio, se basa en el centro de elección sexual, representándose con naranja como símbolo de energía, esencial para lo que refiere a vitalidad y salud. Si se quiere abatir la diabetes o la constipación, el chakra a utilizar tiene que ser el tercero, este remite al amarillo y trata al “plexo solar” (sol interior), como el elemento de distribución de energías a nuestro cuerpo. El cuarto es el chakra que remite al corazón, usando el color verde trata temas como la armonía, la simpatía, la salud y la creatividad, aliviando problemas cardiacos y afecciones vasculares.  El quinto es el azul y se basa en la garganta, siendo sumamente eficaz en inflamaciones, hemorragias internas y crispación. El índigo es el sexto chakra, usado para remitir al tercer ojo y tratar enfermedades mentales. Ayudando a descubrir la visión interna y externa propia. Por último, el séptimo trata a la coronilla, es el color violeta y trata insomnio y enfermedades nerviosas que provienen de perturbaciones mentales. Laura Podio, una psicóloga y profesora de bellas artes riojana, basó su carrera profesional en la investigación del arte religioso budista tibetano e hindú; para utilizarlo como una herramienta psicológica, emocional e inmunológica, relacionándola con la salud. Su taller de arte-terapia surge de una búsqueda individual para crear un nuevo método de meditación ajeno al convencional, esta vez basado en la pintura, para así transitar estadios de conciencia aún más profundos.  Asimismo, su taller no se volvió terapéutico sino hasta que comenzó a ver cambios patológicos en sus estudiantes. Fue así que comenzó esta nueva incursión dentro del campo mé- dico, llegando, hoy, a contar con diversos libros y papers científicos explicando y analizando estos comportamientos. Para lograr este método terapéutico en su totalidad, Laura sigue diferentes caminos a la hora de enseñar, basándose tanto en la literatura védica, como en la meditación previa y la psicología freudiana. Dentro de la parte psicológica utiliza a Freud para explicar cómo las imágenes surgen espontáneamente, sin la necesidad de una experiencia previa. Volviendo al mandala un arquetipo, Jung, psicólogo suizo, tomado como figura clave del psicoanálisis, consideraba que los mandalas eran representaciones arquetípicas que cada ser humano generaba de forma inconsciente para complementar su ser. Y, refiriéndose, en este caso, al arquetipo como un modificador de la conciencia, impreso en la memoria ancestral, que, resurge en dos casos: el primero es cuando el individuo cuenta con su conciencia fragmentada por una patología grave; y el segundo caso es cuando la conciencia se ve amenazada de sufrir una fragmentación, crisis o cambio. 

En ambos casos, lo que intenta lograr este mandala arquetipado es una sensación de unidad, para, así, no sólo lograr un equilibrio interno, sino también un bienestar físico. Por último, Laura afirma que los beneficios pueden obtenerse al dibujar, pintar o, simplemente, observar un mandala, ya que las energías terminan canalizándose hacia un único objetivo, logrando una desconexión y descanso pleno.

Conclusiones 

El proceso de profundización en el conocimiento tanto en el uso de las mandalas a través de técnicas ancestrales, como en las vanguardias occidentales, permite advertir una estrecha relación basada en un mismo concepto: la curación.  Como se explicó anteriormente, los monjes tibetanos obsequiaban parte del polvo de arena santificado a civiles como símbolo de salud, además de dispersarlo, luego, en un cuerpo de agua para esparcir el poder curativo del mandala al mundo. Si bien allí se buscaba la sanación en un aspecto mucho más general, basándose en la meditación dentro del proceso y la ceremonia de santificación al finalizarlo, actualmente se utiliza como principio la misma concepción.  Cuando se habla de arte-terapia, se remite a esta idea oriental del cuerpo etéreo y, como su bloqueo puede generar diversas patologías a nivel físico, el cual puede ser sanado a través de las energías transmitidas por el mandala.  Igualmente, si bien el objetivo final es el mismo, entre estos dos referentes se pueden encontrar ciertas diferencias de por medio; la principal es el soporte. Es claro que éste es un elemento muy importante a la hora de hablar de mandalas, ya que no es lo mismo una representación gráfica a un proceso que puede llegar a tomar semanas en lograrse. 

Actualmente, el uso de mandalas impresos para colorear u observar se volvió una herramienta de gran practicidad a la hora de utilizar esta terapia, ya que no sólo invita al paciente a adentrarse en ésta por ser un tratamiento fácil y práctico, que puede lograrse en el momento y lugar donde uno quiera, sino que además es una práctica que prescinde totalmente de un instructor, permitiendo que sea una actividad tanto grupal como individual.  A diferencia de la práctica tibetana, donde se necesita un sé- quito de monjes especializados en el tema que, tras semanas de arduo trabajo, logren finalizar la tarea, usando solamente polvos de piedras semipreciosas.  Otra diferencia, nombrada en forma implícita en el párrafo anterior, es la religión. Mientras en Tíbet los únicos que pueden lograr este estado de meditación máxima son los monjes que producen este mandala, en el occidente cualquiera puede hacerlo, sin importar edad o religión. 

Es claro que el estado al que se puede llegar en cada uno de los casos y la repercusión que estos pueden lograr, es bastante disímil. Sin embargo, la idea del mandala como método terapéutico se está familiarizando cada vez más con la cultura, permitiendo especular una gran ampliación y especificación de éste a lo largo de los próximos años. 

Bibliografía 

Consuegra, D. (1992). En busca del cuadrado. Bogotá: Editorial Universidad Nacional de Colombia.  D’Alessandro, E. (diciembre 2008). Entrevista a la Lic. Podio Laura. Disponible en: http://laurapodio.blogspot.com.ar/2009/03/entrevistaque-es-un-mandala.html 

Gómez de Liaño, I. (1998). El círculo de la sabiduría: los mandalas del budismo tántrico. Barcelona: Ediciones siruela. Mandalas web (2013). Mandalas tibetanos. Disponible en: http://www. mandalaweb.com/item/mandalas-de-arena-tibetanos.html Podio, L. (2014). Terapia con mandalas. Disponible en: http://arteterapia conmandalas.blogspot.com.ar/2014/01/como-se-trabaja-en-un-tallerde-mandalas.html#more