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Un titán no tan héroe (Segundo premio)

Spagnuolo, Antonella Belén

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº79

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº79

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2017 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIV, Vol. 79, Octubre 2017, Buenos Aires, Argentina | 182 páginas

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Antes de comenzar con mi historia me gustaría recordar la historia de mis padres. Alberto Spagnuolo y María Soledad Benito Quiroz se conocieron cuando eran jóvenes, aproximadamente a los 15 años en el barrio de Villa Urquiza, Buenos Aires. Ella hija de españoles que llegaron al país años atrás y él hijo de italianos. Ambos vivían en el mismo barrio desde muy chicos pero nunca se habían encontrado hasta este día. Era martes por la tarde y mi madre iba a realizar las compras al almacén del barrio para ayudar a su madre Celestina. Ella le había encargado que compre unas verduras y carne para realizar la cena. Era un día importante en la casa de los Benito Quiroz ya que el padre de María volvería de un viaje a España esa misma noche y Celestina quería prepararle una agradable cena sorpresa junto a su familia. Mientras ella buscaba el mantel y la vajilla adecuada para la ocasión María fue al almacén. Camino a la tienda de Toto, uno de los personajes más famosos y queridos del barrio, se encuentra con Alberto; un joven alto, flaco y buen mozo como suele repetir mi madre cada vez que cuenta esa historia. El caminaba con una bolsa de compras en la mano, y María supuso que venía de la tienda de Toto entonces le preguntó si aquel tan famoso almacén seguía abierto ya que era el horario próximo a cerrar. Se acercó a él y le pregunto con mucha vergüenza si venía de allí. Alberto, con su picardía tan característica, le respondió que sí. Luego le preguntó amablemente si necesitaba ayuda para ir a hacer las compras y ella accedió. Camino hacia el local comenzaron a charlar y a preguntarse sobre la vida de otro. Fue ahí cuando se dieron cuenta que vivían ambos en el mismo barrio desde pequeños. María comenzó a preguntarle sobre su familia, si tenía hermanos, padres, abuelos, incluso hasta si tenía mascotas en su casa. Eso a Alberto le causó gracia y le gustó. Comenzó a mirarla de otra manera, se dio cuenta que no era una charla más con alguien conocido del barrio sino que ella se convertiría años más tarde en la madre de sus dos hijos. Al llegar a la tienda ella realizó la compra que necesitaba su madre y volvieron caminando juntos hasta su casa. La acompañó con las bolsas en la mano, le dio un beso en la mejilla y se alejó gritándole: nos vemos pronto preguntona. Ella abrió la puerta y entro riendo a su casa. María entró contenta a su casa pero no quiso contarle nada a su madre ya que esa noche sería la cena sorpresa para su padre y no quería poner nerviosa a Celestina de ninguna manera.  Pasan los días y María no se había cruzado a Alberto por el barrio y se preocupó hasta que esa tarde en la plaza de la cuadra lo ve jugando al futbol con sus amigos. Al verlo desde lejos tuvo la idea de ir en busca de su hermano menor, Mariano, para llevarlo a jugar a la plaza. Al terminar el partido él la ve jugando con su hermano menor en el sube y baja, se acerca riendo y le pregunta: 

Alberto: ¿Cómo estas María?, hace unos días que no te cruzo por el barrio. 

María: Muy bien y vos, ¿Cómo estás?, eso mismo me preguntaba, hace unos días que nadie me acompaña a hacer las compras al almacén. 

Alberto: (Ríe) Apenas nos conocemos y ya me estas extrañando María. Estuve entrenando con los muchachos porque tenemos un partido importante este fin de semana. ¿Te gustaría ir a vernos? Podes venir con tus amigas y después del partido vamos a merendar. ¿Qué te parece?

María: Me parece una buena idea, tengo que consultarlo con mi madre y con mi padre que volvió de viaje y te aviso. 

Alberto: Dale, en unos días paso por tu casa y de paso me presento a tus padres. 

María: Está bien, te espero. 

Alberto: Hasta luego María.

María: Nos vemos Alberto. 

Días después Alberto se presenta a la casa de los Benito Quiroz para pedirle permiso a la madre de María. Él estaba muy nervioso y ansioso por que tenía ganas de que ella lo fuera a ver entonces tomó coraje y fue a visitarla. Los nervios pasaron a otro plano cuando se dio cuenta que la madre de María era una señora muy dulce y amena la cual aceptó que María lo fuera a ver pero con la condición de llevarla e ir a buscarla ella. Llegó el fin de semana y ganaron el partido tan importante por lo tanto fueron a festejar con bombos y banderas a la plaza donde después tomaron mates con bizcochitos de la panadería del barrio. Los meses pasaron y ellos comenzaron a verse seguido, a enamorarse sin pensar que años más tarde se convertirían en marido y mujer. Ella conoció a la familia de Alberto y comenzó a ser parte de ella así como él se ganó a su familia. Luego de unos años se comprometieron, él tenía 20 y ella 19. Eran chicos, pero como dice mi madre siempre, en esa época las parejas se comprometían y se juntaban desde muy jóvenes. Cuatro años después mi mamá queda embarazada del primer Spagnuolo, de mí. Nací y cambié la forma de vida de esta pareja ya que tuvieron que buscar un lugar donde vivir los tres, como familia. Los meses pasaron y por el momento vivíamos en lo de mi abuela Celestina. Al año y después de mucho trabajo por parte de mis padres pudieron alquilar un departamento en el barrio donde vivimos durante tres años. Era hijo único hasta el momento, según dice mi madre nunca me gustó la idea de tener un hermano o hermana hasta el día que nació. Mi madre queda embarazada de Andrea, mi hermana menor. Entonces mi padre decide mudarse. Tenía en mente una casa, algo más grande ya que la familia se agrandaría en unos meses. Gracias a la familia de él y de ella y unos ahorros consiguieron una casa en el barrio.

Cuando me contaron que tendría una hermanita me enojé y mucho, supongo que fue un capricho de niño. El día que me dejaron conocerla y la cargué en mis brazos conocí a mi compañera, a la segunda mujer de mi vida después de mi madre. Con los años cada uno fue formando su personalidad y sus hábitos. Andrea siempre fue más rebelde que yo, siempre fui seria como mi padre. Mi grupo de amigos del barrio siempre me cargaban por que seguía vistiéndome igual que hace cuatro años, con la camisa dentro del pantalón y la gomina. 

Íbamos todos juntos al mismo colegio, así que ellos fueron parte de la historia que hoy tengo ganas de escribir.  Aquel 8 de julio de 1971, el día anterior al hecho, estaba con mi mamá, María Soledad, mi abuela, Celestina alias Bibi y mi hermana Andrea unos años más chica que yo. Estábamos en el living de casa preparando mi traje y las cosas que tenía que llevar para el día siguiente. Mi mamá y mi abuela me habían preparado un traje hermoso, negro y me compraron la galera y el bigote para que estuviera igual a él.  En ese momento asistía al Colegio León XIII años más tarde me cambié a distintos colegios pero eso no tiene importancia ahora. La maestra había armado una parodia de Titanes en el ring el programa favorito de todos los niños de esa época y sobre todo el mío. A mí me tocaba actuar de Joe Galera. 

El patio del colegio era inmenso, tan inmenso que parecía que estuviéramos en un teatro realmente. El acto era por la tarde, a las 17:00 hs. Entonces, por la mañana, con mis compañeros, tuvimos que preparar la escenografía y nos disfrazarnos cada uno de lo que nos tocaba actuar. Nos disfrazamos y practicamos la obra varias veces ya que nunca la habíamos practicado en el escenario. El colegio había armado un escenario enorme aprovechando la inmensidad del patio y teniendo en cuenta que en cada grado había aproximadamente entre 25 y 30 chicos. El evento era por el 9 de Julio para conmemorar La Independencia, entonces el patio estaba lleno de banderas de Argentina, habíamos ayudado a los señores de mantenimiento a colocar sillas y los bancos para los padres y sobre el escenario nuestras compañeras habían hecho unos carteles que nosotros pegamos. Como todo acto los nenes más chicos, como los de primer grado, se disfrazaron de aguateros, damas antiguas, soldados y todos juntos cantaron el himno nacional. En ese momento se utilizaba ser o tener un padrino/ madrina en el colegio. Esto generaba que puedas tener un amigo más grande que vos, era sobre todo para los nenes que pasaban de jardín a la primaria. Mi ahijada se llamaba Luciana, Lulita, como ella le gustaba que la llamáramos. Cuando estaba en tercer grado me ofrecieron elegir una ahijada de salita de cinco y como siempre fui sociable y me gustaba interactuar con chicos más chicos, ya que mi hermana es más chica estaba acostumbrada a los más pequeños, la elegí a ella. Teníamos una relación de padrino y madrina muy linda ya que ella contaba conmigo cuando tenía un problema y yo la ayudaba. Charlábamos en los recreos, la cuidaba si algún nene o nena la molestaba, era como tener una hermanita en el mismo colegio. Entonces a ella le tocaba actuar por primera vez en el escenario y estaba nerviosa y yo también por ella ya que quería ver como actuaba delante de todos los padres del colegio. 

Pero a nosotros nos tocó la parte divertida. Actuar y representar a nuestro programa preferido Titanes en el ring. Entonces se nos ocurrió armar una especie de ring arriba del escenario, con palos y sogas, donde cada uno lucharía con su contrincante, tal cual lo veíamos en el programa. Era algo fácil y divertido de representar, no debíamos acordarnos mucho de la letra ya que solo nos presentaban y entrábamos con una canción. A mí me tocaba hacer de árbitro y presentar a cada uno de los personajes.  Llegó la tarde y entonces arrancó el evento. Como en todo acto patrio, cantamos el himno y luego los maestros leyeron frases sobre La Independencia. 

La maestra nos ayudó a pintarnos y disfrazarnos. Estábamos listos para salir a actuar. Como yo era el réferi era el primero en salir a escena con la canción del programa. Entonces estaba ahí, parado frente a todo el colegio, mi familia, padres, madres, abuelos, alumnos, todos. Agarre el micrófono y presente a la primer pareja: en una esquina el Caballero Rojo y en la otra esquina el Indio Comanche. Mis compañeros entraron en escena y lucharon sobre el ring. Luego me tocó presentar a la segunda pareja y así sucesivamente. Pero en el momento que presenté a una de las últimas parejas pasó algo increíble. Estaba sobre el ring, arbitrando la lucha como lo venía haciendo, pero detrás de mi apareció la famosa Momia Blanca, el personaje más temido del programa, a la cual yo le tenía terror. No la vi hasta que puso sus manos vendadas sobre mis hombros, cuán grande fue mi horror cuando giré la cara y pude verla, sobre mí. El pánico se apoderó de mi persona y salí corriendo como si de ello dependiera mi vida mientras gritaba: La momia, la momia, como en un ataque desenfrenado de locura. 

Terminada la obra fui a saludar a mi familia y mi madre entre risas me dijo: hijo no te preocupes quedó bien que hayas salido corriendo, pareció actuado, todo el público se rió. En cierta forma es verdad, la mayoría de los personajes salían corriendo cada vez que la momia aparecía en escena o luchaban contra ella. Pero también sé que me lo dijo porque es mi madre. Es algo raro de explicar lo que me pasó en ese momento porque yo sabía que la momia era uno de mis compañeros, pero salí corriendo como si tuviera la momia verdadera detrás de mí. Siempre le tuve miedo, con mi hermana cada vez que veíamos el programa sabíamos que en algún momento iba a aparecer y generalmente cuando se apagaban las luces y ponían música de miedo, la momia entraba al show y entonces con Andrea nos íbamos a esconder debajo de la mesa de la cocina y espiábamos la tele hasta que la momia se iba.  Aunque pasaron 40 años, esta anécdota sigue viva hoy en día ya que en cada encuentro con mis amigos lo recordamos con una carcajada y yo aguanto sus bromas desde aquel entonces. Es increíble cómo funciona la cabeza de un niño, el mundo de fantasía en el que viven, ojalá pudiera volver el tiempo atrás para vivir jugando.


Un titán no tan héroe (Segundo premio) fue publicado de la página 135 a página137 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº79

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