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El arte en medios de producción masiva (Primer premio)

Glaszmit, Tali y otros

Asignatura: Taller de Reflexión Artística I

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXI Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XIX Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017

Año XIV, Vol. 80, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 258 páginas

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Resumen:

El arte pop surgió en Estados Unidos en 1950. Heredero del dadaísmo, el arte pop se caracteriza por el empleo de temáticas, iconografía y técnicas de la cultura de masas, la publicidad y la sociedad de consumo aplicadas al arte.  En Argentina, el pop también es una corriente importante. Desde 1960 en el instituto Di Tella, y pasando por los jóvenes artistas de los 90 que hicieron escuela ahondando en los terrenos de la imagen plástica, en la encrucijada planteada por los medios de difusión masiva, el espectáculo, el consumo y la industria cultural, muchos argentinos enmarcaron su trabajo en esta corriente. Dany Barreto es uno de ellos. Como tal, se remite a temas urbanos, cotidianos utilizando objetos banales e industriales.  En este trabajo analizaremos la obra OP Guarany Toy, buscando reflexionar acerca de la producción de arte a partir de objetos industriales y de la vigencia del arte pop en Argentina en el Siglo XXI.

Palabras clave: pop art - objetos industriales - sociedad de consumo - sociedad de masas - aura - dadaísmo - instalación.

Marco teórico 

Para la elaboración de este trabajo utilizaremos diferentes conceptos y teorías a fin de elaborar una reflexión acerca de la creación de piezas artísticas a partir de objetos de producción masiva y su vigencia (dentro de la corriente Pop) en la actualidad.  El primer concepto a tomar es el de industria cultural. De acuerdo a Max Horkheimer y Theodor Adorno (1998), la industria cultural es la transformación de obras de arte en objetos al servicio de la comodidad (p. 5). Tanto Adorno como Walter Benjamín consideran que el auge de la sociedad de masas es un síntoma de una era degradada en la que el arte sólo es una fuente de gratificación para ser consumida, y establecen que, si bien la autonomía de las obras de arte no ha existido jamás de forma pura, se vio abolida por la industria cultural.  Siguiendo con Benjamín, el siguiente concepto a tomar es el de aura. En La obra de arte en la época de la reproductividad técnica (2003), este autor afirma que el valor único de la obra de arte auténtica se encuentra en todo caso teológicamente fundado. Este valor único es el aura de la obra, que se percibe en la unicidad de la obra de arte, conforma su aura. Sin embargo, de acuerdo al autor, al multiplicar las reproducciones técnicamente la obra se torna masiva en lugar de irrepetible y es por eso se daña su aura, esa emanación que surge el día que se creó y llega hasta el momento en el que una persona la está mirando. (p. 15) Asimismo, tomaremos como referencia la tradición pop argentina, que arribó con fuerza en los 60 a partir de las políticas desarrollistas de la época, e invadió con sus imágenes, su espíritu y su ideología un circuito artístico alineado con este modelo y que recobró sus fuerzas con los artistas de los 90, influenciados por la falsa alegría consumista que permitieron las políticas neoliberales del menemismo. Algunos de sus máximos exponentes en el país son Dalila Puzzovio, Eduardo Costa y Juan Risuleo.

Desarrollo  El pop art es un movimiento surgido a mediados de la década de 1950 en Estados Unidos. Incluido dentro de lo que se podría denominar el postdadaísmo, tomaba elementos de la cultura popular (de consumo masivo) para transformarlos en arte. Esta corriente tuvo gran éxito en su país de origen dado que los estadounidenses vieron en él un reflejo de la sociedad en la que vivían, y una afirmación de la unicidad del sueño estadounidense. Así como el movimiento se exportó a Gran Bretaña y otros países europeos, también llegó a Latinoamé- rica, más concretamente a Argentina.  Centrado en el Instituto Di Tella, el pop argentino sumó un fuerte interés por la moda y el diseño, y una singular incorporación del arte de acción, las performances y los happenings siempre manteniendo un espíritu de juventud y rebeldía. 

Luego de un tiempo de decaimiento, resurgió, no sin un sabor amargo, en la década de los 90 cuando las políticas de libre mercado en el país reactivaron la fiebre consumista y, en consecuencia, las miradas de los artistas sobre su entorno. Los artistas de los 90 hicieron escuela a través de producciones con influencias del diseño, los nuevos materiales y las tecnologías más marcadas. En este marco, el trabajo artesanal sigue siendo un valor ponderado, como lo es también la construcción de un universo propio, incluso a partir de las imágenes más estándares y los referentes más impersonales. Sus temas son preeminentemente urbanos, con una fuerte preferencia por la cotidianidad, los momentos banales, los acontecimientos intrascendentes. Asimismo, los materiales industriales reemplazan con frecuencia a los tradicionales. Dany Barreto, nacido en 1966, puede considerarse un artista de esta escuela. Sus obras están influenciadas por artistas pop como Jorge de la Vega, Marta Minujín, Rogelio Polesello, Warhol, David Hockney y Rauschemberg. 

Op Guarany Toy, la obra analizada, no escapa a esta tendencia. Tal como lo hizo Duchamp a principio del siglo pasado cuando realizó el primer ready made, la obra toma objetos producidos industrialmente, estéticamente anestesiados. Este término, acuñado por el mismo Duchamp a principios del SXX hace referencia al proceso a través del cual se titulaban artísticamente objetos producidos industrialmente, con una mínima o ninguna intervención, elevándolos de esta manera a categoría de obra de arte por la sola decisión del autor. En este caso, estos objetos anestesiados serían los autitos de juguete, que se revalorizan y resignifican al haber sido dispuestos en la obra.  La misma (además de un ready made al estilo Duchamp) puede ser definida como una instalación, un tipo de obra ligada a la reflexión sobre el museo y los espacios de exposición y vinculan la creación a un lugar específico, otorgando valor a ese espacio y constituyéndose en él. Se basa no solo es el diseño y montado de objetos producidos o intervenidos en un determinado espacio; sino también en las ideas que conciben los artistas y lo que provoca en los espectadores. 

Por otro lado, e internándonos en los aspectos conceptuales, se ve la influencia de la generación de artistas argentinos pop de los 90, al elegir como elemento central autitos de juguete retoma una de sus temáticas principales: lo urbano ¿Qué elemento define más a la ciudad que decenas de autitos? ¿Qué más cotidiano, lúdico e industrial que eso? Es decir que Dany Barreto no sólo se apropia del tema sino que lleva a su máxima expresión mediante la elección de un objeto clásico y representativo de la sociedad de masas y de la sociedad industrial (de hecho, fue Henry Ford quien creó la línea de ensamble, promoviendo la especialización en cuanto tareas, la transformación del esquema industrial y la reducción de costos).

Además de lo urbano, otra temática trabajada hace referencia a lo lúdico y a la niñez. Si bien los autos remiten a las grandes ciudades, no se puede esquivar el hecho de que son de juguete y, por lo tanto, que si no pertenecieran a la obra podrían ser utilizados por niños para jugar. 

En cuanto el tratamiento del color, utilizó principios propios del pop art: colores puros, brillantes y fluorescentes, inspirados en los empleados por artistas como Andy Warhol (que hizo famosas en todo el mundo las latas de sopas Campbell) o Robert Rauschenberg y Roy Lichtenstein, que mezclaron diferentes elementos y objetos volcándolos en texturas y colores, nunca antes usados, convirtiéndolos en verdaderas obras de artes. En general, los representantes del pop art utilizaron diferentes recursos en la realización de sus obras que iban desde el silkscreen, el óleo, algunas técnicas de la publicidad y de la producción masiva además de utilizar collages y fotografías, todas ellas cargadas de ironía e irreverencia frente a una sociedad cada vez más industrializada. Esta ironía y el hecho de hacer referencia a una sociedad cada vez más industrializada tampoco escapa a la obra de Barreto. Por último, una cuestión interesante sobre esta obra hace referencia al concepto de aura. En los años 30, Walter Benjamin afirmaba que el valor único de la obra de arte auténtica (su aura) se encuentra en todo caso teológicamente fundado. Para él, así como para Adorno y otros críticos de la Escuela de Frankfurt, la industria cultural es la transformación de obras de arte en objetos al servicio de la comodidad. Ellos consideran que el auge de la sociedad de masas es un síntoma de una era degradada en la que el arte sólo es una fuente de gratificación para ser consumida, y establecen que, si bien la autonomía de las obras de arte no ha existido jamás de forma pura, se vio abolida por la industria cultural. La conclusión es que las obras de arte perdían su aura, su unicidad y el valor que se transmitía desde el momento en que el artista realizó su obra hasta que el espectador la contemplaba. Sin embargo, la obra de Barreto (así como el pop y el dadaísmo en general) nos hace preguntarnos por una nueva posibilidad: la creación de obras sin aura. La idea de la obra de Barreto no es demostrar su valor por su carácter único, sino por los planteos y temáticas que podemos encontrar como espectadores: lo lúdico (a través de los autitos de juguete), así como lo cotidiano y lo urbano.  En conclusión, podemos afirmar que si bien la obra se define dentro de la corriente Pop (área en la que el mismo Barreto afirmó sentirse más cómodo) convergen en ella diferentes temáticas con las cuales se busca tanto la identificación del autor como de los espectadores. Con respecto a las temáticas pop más habituales, busca la reflexión sobre las grandes ciudades, de sus aspectos sociales y culturales pero también remite a lo lúdico. Asimismo da cuenta de un intento de poner el arte en contacto con el mundo y la realidad objetual, al construir la obra como si fuese una instalación con autos comerciales de juguete.

Referencias bibliográficas 

Adorno, T. y Horkheimer, M. (1998). Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos. Madrid: Trotta.