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La delgada línea rosa (Primer premio)

Schena, Valentina

Asignatura: Discurso Audiovisual III

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº80

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXI Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XIX Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2017

Año XIV, Vol. 80, Diciembre 2017, Buenos Aires, Argentina | 258 páginas

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Resumen:

El presente trabajo analiza la diferencia entre el erostismo y la pornografía a lo largo de la historia del cine. Comenzando con el cine mudo, se extiende hasta la actualidad ejemplificando con diferentes películas y directores cómo la sexualidad se plasmó en la cinematografía. A su vez, se tendrán en cuenta las características de la sociedad en cada instante y sus diferentes reacciones ante dichos films controversiales. El trabajo muestra cómo el cine fue variando en cuanto a concepción y métodos de realización y que ni un estricto código pudo quitar y anular la creatividad y el arte de la expresión sexual.

Desarrollo 

El ser humano es un ser curioso por naturaleza. Siempre ha tenido atracción y a la vez fascinación por el sexo. Las imágenes eróticas y sensuales pasaron por diferentes etapas hasta llegar a la cinematografía que será nuestro punto de estudio. Primero podríamos hablar de imágenes mentales, creadas en la mente de un individuo que sólo él tiene acceso. Pero desde hace muchos años atrás, los griegos, los egipcios, plasmaron esas ideas e imágenes mentales en esculturas. Luego, el arte dio un paso más y se animó a representar estas fantasías a ideas personales en la pintura. Infinitos pinceles crearon obras hoy en día memorables en donde reflejan la sexualidad humana, como por ejemplo, Egon Schiele, el gran pintor sexual. Luego pasamos a la fotografía. Un elemento que revolucionó el arte. Este sería el puntapié para la creación de las imágenes en movimiento: el cine. La cámara de cine, es como un ojo voraz, un ojo que mira y observa. Con la aparición del cine, el sexo encuentra su vehículo idóneo, el único posible, de realmente captar absolutamente toda esa idea que uno se imaginaba en la mente. Con el gran invento de los hermanos Lumière, nacen las primeras películas de pocos segundos. El cine empieza a caminar, abre una generación de posibilidades visuales, que en un futuro lejano, desencadenaría el invento de la televisión, el video y las multimedia 3D, etc.

Remontándonos a la época del cine mudo, ya desde esos años, el cine empezaba a experimentar un acercamiento a lo que era la sexualidad en pantalla. Tanto en Europa como en Estados Unidos, comienza a surgir el término de films voyeur. Esta palabra francesa deriva del verbo ver, haciendo referencia a el que ve. Son aquellas personas que buscan obtener excitación sexual al observar a personas desnudas o realizando algún tipo de actividad sexual. Aunque esto no implica ninguna actividad sexual, por parte del voyeurista, es decir, el que observa. El espectador toma un rol de voyeurista, en aquellos films en donde se ve la escena a través de un agujero de cerradura. Es en este momento en donde se empieza a conocer el término: el mirón erótico. Ejemplos de films de este estilo pueden ser: Through the Keyhole in the Door, realizada por la empresa americana Biograph en 1900.

También, Peeping Tom in the Dressing room, realizada por la Biograph en 1905. Si bien estas películas de pocos segundos no plasman explícitamente el concepto erótico, sí plantean la idea del mirón, del pícaro, aquel que mira lo que no debe, aquello prohibido por su ojo. El primer film, del cual podemos hablar que introduce por primera vez algún gesto de la sexualidad humana, El Beso, producido por Edison (1896), en donde los actores John Rise y Mary Irving reproducen ante la cámara una escena de la obra de Broadway La viuda Jones. Si bien la proyección individual en kinetoscopio de El beso no trajo problemas, la situación se complicó cuando la versión se proyectó en pantalla grande para grandes audiencias. Supuso un escándalo de moralidad en la sociedad estadounidense. Se puso en jaque por un lado los códigos morales de dicha sociedad y a su vez, las necesidades del individuo. Esta fue la primera vez que se veía a dos actores interactuando eróticamente entre sí mediante un contacto físico. Se cree que fue el poder y la fuerza del primer piano lo que escandalizó a aquellos nuevos espectadores cinematográficos, ya que no sucedió lo mismo en la obra teatral de Broadway. Este fue un film fundamental para la historia del cine erótico que se desencadenará de aquí en adelante. Otra de las películas consideradas como pionera en el cine erótico fue Le Coucher de la Mariee, dirigida por Albert Kirchner (1903), en donde la protagonista, interpretada por Louis Willy, quien hace un striptease en la intimidad de su habitación, es observada por lo que suponemos que es su marido, quien está escondido detrás de un biombo. Es a partir de estos años cuando el erotismo en el cine tiene un gran auge.

Ahora bien, a partir de año 1907, la situación comienza a complejizarse. Ese año, se estrena la película argentina El Sartorio, cuyo director se desconoce, considerada como la primera película pornográfica registrada de la época. Tiene un alto contenido de imágenes prohibidas ya que muestra explícitamente relaciones sexuales y genitales tanto masculinos como femeninos en primer plano. Trata sobre tres mujeres jóvenes que se están bañando en un río. A continuación comienzan a tener sexo entre ellas. Al cabo aparece un hombre disfrazado de diablo y fuerza a una de las mujeres a que le practique sexo oral a él. Al final tiene sexo con las tres mujeres juntas. El film mencionado anteriormente y por ejemplo el film, Le Coucher de la Mariee, no pueden ser englobados en una misma bolsa. Es aquí donde es necesario separar ambos films y catalogarlos según dos títulos: eróticos o pornográficos. Para poder realizar dichos separación, es necesario primero entender la definición de ambas palabras, y cuál es su fundamental diferencia. De manera simple, se puede decir que la distinción entre erotismo y pornografía suele consistir en que el primero sugiere y la segunda muestra. El erotismo se inserta en el arte y la pornografía roza la obscenidad. El erotismo es propio del amor y la pornografía del comercio del sexo. El erotismo es elegante y sublime, mientras la pornografía posee una naturaleza sórdida e injustificable.

El erotismo está del lado del velo, del juego con una demora en la que un símbolo estructurado en el juego de la presencia y de la ausencia se invoca. El velo del que hablamos puede, sin duda, tener la forma del vestido, pero no es ello, en todo caso, lo importante: el erotismo permanece aun cuando cae todo vestido si el cuerpo se mantiene velado, si sigue habitado por un cierto misterio Ia intimidad, con todas sus retóricas escenográficas, tiene también que ver con ello. Por eso, el erotismo participa de una relación sagrada con el sexo, la misma que hace posible el amor, es decir, el reconocimiento del otro como diferente, como no especular, como alguien que, por diferente, puede dar y recibir. (Chasqui, 1997, p. 48)

A diferencia, la pornografía, 

Está inscrita toda ella en el ámbito de lo imaginario, en una pulsión de ver hasta el final, de devorar con la mirada, no acepta, pues, ningún límite, no reconoce ningún misterio, nada sagrado ante lo que la mirada deba cesar pues no acepta, después de todo, diferencia alguna con el objeto de su mirada. (Chasqui, 1997, p. 49)

Se trata de dos términos completamente diferentes cuyos límites son separados por una delgada línea, la cual con una simple acción es fácil de cruzar. A su vez, no cabe duda de que no se puede dejar de lado los conceptos de intimidad, privacidad a la hora de entender la diferencia entre erotismo y pornografía.

Anteriormente, se han ejemplificado películas en donde comenzaba el auge de lo erótico, sin traspasar la línea de lo burdo, como sí lo hace El Sartorio. Hoy en día, tanto películas con escenas eróticas, como películas o cortometrajes pornográficos están al alcance de la mayoría de los miembros de la sociedad haciendo un simple click en Internet. La recepción y la visualización de la pornografía está mucho más aceptada en nuestra sociedad de consumo y del hombre narcisista, a diferencia de la época del cine mudo, en donde ya la producción de los materiales pornográficos era todo un desafío. Remontándonos a 1907 en adelante, cuando el cine mudo estaba en su gran esplendor, pero en los subsuelos, se producían las primeras películas pornográficas. “La industria pornográfica era casi inexistente y clandestina. Entre sus clientes había nobles y personas con dinero que apoyaban la producción de estos cortometrajes. Las actrices eran prostitutas y las escenas se exhibían en burdeles exclusivos”. (Pando, 2010, p. 1) Durante los años 20 el porno mudo se expandió por Europa y Estados Unidos. Siempre clandestinamente porque había pena de prisión a quien produjera o estuviera viendo este tipo de películas. En Estados Unidos, por ejemplo, estos cortometrajes se los llamaban smokers, que significa fumadores, ya que eran exhibidos en clubes privados donde generalmente se fumaba mucho. Las temáticas de los films variaban según el país. Por ejemplo, en España se utilizaban frecuentemente las sotanas, hábitos, engaños de pareja y relaciones con el personal de servicio. En Francia se tematizaron las relaciones homosexuales. A diferencia del continente europeo, Estados Unidos dejaba de lado el tema religioso. Generalmente las historias se desarrollaban al aire libre, en espacios abiertos, se mostraba el sexo como una forma inocente de diversión. Un cortometraje pornográfico muy conocido de la época era El Confesor, dirigida por Ricardo y Ramón Baños (1920), realizada en España. Según el investigador Román Gubern (1969), el rey fue un gran aficionado al erotismo y al cine pornográfico. Era tal su obsesión por la pornografía, que se lo acusa de haber financiado y hasta producido películas XXX de forma clandestina. El Confesor utiliza la temática clásica favorita de España para este tipo de films. Dura 28 minutos y muestra a una mujer que va a la casa de un cura a confesarse, pero el sacerdote termina tocándola y teniendo relaciones con ella. Según el historiador cinematográfico Ariel Testori (2004), enfocado en la pornografía en el cine mudo,

En ese momento, el porno era un entretenimiento sofisticado para el disfrute de la clase acomodada del viejo continente. Las compañías Pathé y Gaumont, pioneras del cinematógrafo, en un impulso globalizador precoz, derivaron la producción de porno a Buenos Aires, acaso porque la moral y las leyes europeas quedaban lejos o porque, debido a las corrientes inmigratorias de fines del XIX, las argentinas podían lucir como francesas y cobrar como argentinas. Cualesquiera que fueran las razones, lo cierto es que, entre 1910 y 1920, nuestro país fue la primera potencia porno del mundo. (p. 1)

Lo cierto es que, en los años que comprende el cine mudo, antes de que se impusiera el estricto Código Hays, las películas cinematográficas exploraban ampliamente la sensualidad y el erotismo. El problema está en definir hasta qué punto es aceptable semejante sensualidad y sexualidad en un film que será proyectado ante un público, el cual reaccionará de manera positiva o negativa ante dichas escenas. Tal es el ejemplo de la película Éxtasis, dirigida por Gustav Machatý (1933). Trata sobre: Eva, una mujer que tras casarse con su marido, un viejo caballero, descubre que éste está obsesionado con el orden y la tranquilidad, dejando poco tiempo a la pasión y el romanticismo que ella esperaba. Desanimada, abandonará a su marido y regresará con su padre. Un día, mientras se baña en el lago conoce a un joven del que se enamora. La cinta no es solo polémica por ser una de las primeras en hablar de una infidelidad cometida por una mujer, sino también por mostrar dos escenas muy polémicas que hicieron que Éxtasis fuera considerada en su época una película pornográfica. Primero, el desnudo en el lago de Hedy Lamarr, en segundo lugar, la grabación en primer plano del rostro de ella en medio de un orgasmo, mordiéndose los dedos, entregada al placer, rompiendo un collar dada la intensidad. Esto causó un gran revuelo en su época por la moral entonces vigente.  El cine mudo tuvo muchísimos films que rozaron la línea que separa el erotismo y la pornografía. No se puede dejar de lado tampoco el cine surrealista de Luis Buñuel. Una de las escenas más polémicas dirigidas por el director pertenece a Un perro andaluz (1929), en donde un personaje masculino manosea los senos de una muchacha que lleva ropa, pero en el plano siguiente el manoseo es directo sobre los senos de la misma mujer, esta vez sin ropa. Un film que según muchos analistas, está repleto de símbolos fálicos que aluden a la sexualidad humana. Aunque el director mismo ha negado en varias entrevistas dichas acusaciones, no se puede negar que la escena mencionada anteriormente tiene un alto contenido no solo sexual sino de vulgaridad. El hombre al tocar a la mujer se altera y su cara expresa rabia pero también placer. La película no tardó en llegar a escandalizar a la sociedad de su tiempo. La vocación subversiva que Buñuel poseía con el grupo de los surrealistas, era fuertemente disruptiva tanto de la moral burguesa convencional como del evangelio de una parte de la izquierda institucionalizada, que desconfiaba de los artistas revolucionarios que no seguían el camino clásico trazado para la superación del orden político y económico burgués. Con la llegada de los años 30, no solo vino el sonido, sino también la implementación del temido Código Hays, un sistema de autocensura que limitó la libertad de Hollywood a la hora de mostrar muchas cosas, entre ellas el sexo en el cine. Muchas asociaciones y organismos se quejaban de la inmoralidad de las películas, lo que generó que los principales estudios, temerosos de que el gobierno les impusiera un sistema de censura y regulación, se unieron y crearon la Motion Pictures Producers and Distributors Association (MPPDA). Esta asociación se encargaría de velar por los intereses de los estudios, y a la vez de regular las películas que se estrenaban, sin depender de organismos externos o dependientes del gobierno. A la cabeza de esta asociación estaba Will H. Hays. En 1927, Hays elaboró una lista de aquellos temas que, en su opinión, debían evitarse en las producciones cinematográficas, y en 1930, fue aprobado por la MPPDA. Algunas de las reglas en cuanto a la sexualidad del código eran: el adulterio no debe ser justificado o presentado bajo un aspecto atractivo. Prohibida toda alusión a algún tipo de perversión sexual. El desnudo completo no se permite en ningún caso. Los genitales del hombre no se deben delatar bajo el ropaje o algún pliegue. Los órganos genitales de la mujer no deben delatarse. Las escenas de quitarse la ropa, deben evitarse. Nunca un hombre debe ser visto quitándose el pantalón. Nunca mostrar el ombligo. Esta fue una forma de controlar a la producción cinematográfica por varios años. No solo condicionó a los guionistas que escribían las historias, sino que también la elección y el tipo de planos para llevar a cabo. Sobre todo la censura de tipo sexual, obligaba a los directores a ser realmente sutiles. El sexo se sugería a través del simbolismo, de la interpretación de los actores y de algún diálogo con doble lectura. La censura era extremadamente estricta. Si bien hubo varios casos en los que directores se animaron a desafiar el código, muchos de ellos terminaron no estrenando sus películas o siendo prohibidos. Uno de los casos más conocidos es el del director Howard Hughes, quien tuvo que pasar por fuertes discusiones para estrenar The Outlaw, estrenada en el año 1943, dada la gran sensualidad y poses prohibidas de la actriz Jane Russell en los carteles de promoción, como también los planos detalle. A partir de 1950 el código empezó a quedar anticuado, y el público empezó a demandar películas más realistas, por lo que la aplicación de éste empezó a relajarse poco a poco y se hizo una reforma, pero ya en los años 60 era ya tan obsoleto e inservible que fue abolido completamente en 1966.

Entrando en los años 60, las películas americanas tenían poco para hacer frente a las producciones europeas en cuanto a la libertad de representación del desnudo y el sexo. No obstante, la creciente demanda de imaginación erótica asociada a la revolución sexual de los años 60 fue una gran oportunidad de negocio para productores. De esta mezcla de público ansioso, emociones fuertes y oportunismo comercial, surge el género de explotación sexual o sexplotation. La sexplotation es una etiqueta que abarca numerosos subgéneros, todos ellos con el denominador común de incluir las escenas eróticas o de desnudos femeninos que son su verdadera razón de ser. Se caracterizan por ser películas baratas de hacer y su calidad final es algo secundario ya que lo que se busca principalmente es enseñar el máximo sexo posible.  Los años 70 y 80 fueron testigos de la aparición de un nuevo subgénero de la sexplotation que iba a revolucionar la forma en la que el sexo se presentaba ante los espectadores: el cine softcore o cine S. Los cines empezaron a llenarse de historias con alto contenido erótico que rompían las taquillas. Ejemplos de estas películas son Emmanuelle de Just Jaeckin (1974) o El último tango en París de Bernardo Bertolucci (1972). El softcore es una de las variantes que mejor parece haberse adaptado al paso del tiempo, porque es una fórmula que admite numerosas variantes. Basta con enseñar escenas con alto contenido erótico entre actores atractivos.  Si bien el Código marcó una época en la historia del cine, en donde no se pudieron ver películas completamente eróticas como sí en el cine mudo, abrió las puertas a la realización de nuevas formas de hacer películas eróticas rozando la pornografía. Probablemente todas las películas catalogadas como pornográficas tienen una relación fuerte y directa con el erotismo. Incitan deseo sexual de los espectadores y a mil y un pensamientos. Con el uso actual de la palabra pornografía podemos decir que las películas que serán catalogadas bajo este sello son aquellas que no se enfocan en el elemento artístico, sólo prestan atención al engaño y falsedad de los actores que participan en esas obras. Ahora bien, posicionándonos en la actualidad, las diferencias entre la pornografía y el erotismo en el cine son notables cuando conocemos los trasfondos y conceptos completamente. Lo artístico puede ser pornográfico, pero puede liberarse de ser definido por esa característica. Todo depende de la percepción individual y del contexto que se le dé a los temas que se presentan en dicha obra. Los significados cambiarán. Hoy en día, hay muchos films en donde no solo en la pornografía hay sexo real. Muchos directores trabajan con actores y escenas sexuales de forma realista ya que en varias entrevistas han afirmado que su intención es únicamente que el film sea lo más realista posible. Este estilo que surgió en Europa, ha sido utilizado por varios directores. Películas como Último tango en París y Nymphomaniac de Lars Von Trier (2013), son algunos de los ejemplos en donde directores optaron por realizar las escenas de alto contenido sexual de forma verdadera, sin dobles ni extras, sino con los mismos actores para que la reacción y la actuación sea completamente real. 

El gran problema está en querer convertir el sexo en arte. Por lo general, cuando alguien ve una película pornográfica o un video pornográfico, lo hace en la intimidad y sin la intención de que los demás sepan de ello ¿Existe entonces algún límite entre la pornografía y el erotismo? Más allá de las sustanciales diferencias en cuanto a significado de ambas palabras, lo que las separa es una delgada línea que se puede cruzar muy fácilmente. Con lo mencionado anteriormente, puede considerarse que no hay límites a la hora de rodar una película con escenas de sexo si los directores pretenden llevar a cabo de una forma realista dicho acto. Una forma realista sería ya cruzarse a la pornografía, siendo totalmente explícita. El erotismo insinúa el acto sexual, no lo reproduce tal cual es. Porque en ese caso, los actores que realmente llevan a cabo alguna escena sexual real, si bien se encuentran en una situación de set, están llevando a cabo una acción que es propia de la intimidad de una persona, y al ser realizada en vivo, frente a tantas personas se pierde el erotismo y la delicadeza de dicho acto. La producción pornográfica va a seguir existiendo lo mismo que las películas eróticas. Es algo que demanda el público. Que ciertos espectadores necesitan. Se puede intentar separar una de la otra, intentar no rozar o pasar la delgada línea de lo vulgar o de lo vulgar a lo sensual, pero al fin y al cabo, más allá de lo expresado hasta aquí, la gran diferencia entre erotismo y pornografía, radica en la actitud de las personas ante el sexo.

Referencias bibliográficas 

Gubern, R. (1969). Historia del cine. Buenos Aires: Anagrama Editorial S. A.